Capítulo tercero #2
“Fue una reacción instintiva, no me di cuenta de que eran vigilantes oficiales. Podían haber sido los mismos neonazis que pintaron la esvástica.”
Herr Wachter frunció el ceño como si no se creyese mi historia, pero mi reputación hacía difícil creer que me dedicase en mi tiempo libre a pintar símbolos nazis en un monumento al Holocausto en Berlín, con lo que no insistió.
Mientras tanto, el tipo estirado permanecía callado, observándome fríamente.
“Bueno, ya que estamos aquí,” continuó Herr Wachter, “aprovecho para ponerle al corriente de un detalle. Las más altas instancias han decidido ganar tiempo para investigar el caso, con lo que por ahora vamos a exponer una copia del busto sin informar al público, pero no estoy seguro de por cuánto tiempo vamos a ser capaces de mantener el engaño. Herr Schmidt Toledano, hay que detener a esos Justos Ladrones lo antes posible.”
“Ya veo,” dije. “Bueno, si no le importa ¿puedo irme ya a mi hotel? Soy un poco claustrofóbico y tengo muchas ganas de salir de esta jaula.”
“Por supuesto.”
Durante toda la entrevista, el tipo estirado no había abierto la boca, pero al salir de la comisaría se dirigió a mí con un perfecto inglés de clase alta.
“Mr. Schmidt-Toledano, permítame que me presente. Me llamo Archibald James Willoughby y trabajo en la embajada británica como agregado cultural. Los colegas alemanes han tenido la gentileza de invitarme a esta reunión para tener informado de la situación al gobierno de Su Majestad.”
Agregado cultural, es decir, espía del MI-6.
“Tras los incidentes de la Mona Lisa y de Nefertiti,” continuó, “el Reino Unido se ha unido a un grupo de trabajo junto a nuestros colegas franceses y alemanes para investigar a esta banda de fanáticos. Y claro está, agradeceremos toda ayuda que Usted pueda proporcionar.”
“Haré lo que pueda.”
“Estaremos en contacto,” me dijo, dándome un apretón de manos.
Después del intercambio de cortesías varias, me despedí de mis nuevos amigos y me dirigí al hotel a pie.
Necesitaba refrescarme la mente tras aquella nochecita tan agitada.
Pero, sobre todo, había un par de preguntas que me daban vueltas en la cabeza y que me iban a mantener despierto toda la noche.
¿Quién era el tal Monaguillo y qué quería de mí?
¿Y qué escondía en realidad aquel espía británico con nombre de novela de Jane Austen?
5
De regreso al hotel, me senté inmediatamente en la mesa que hacía oficio de despacho y abrí el sobre del Monaguillo. Dentro encontré un segundo sobre con la mención sólo para tus ojos. Al abrirlo encontré una única página mecanografiada con el texto siguiente:
Consejo de Agravios
Resolución 1 de 2025
Considerando que los imperios coloniales de Francia, Gran Bretaña y Alemania han expoliado sistemáticamente el patrimonio histórico y cultural de los pueblos colonizados;
Estimando que es absolutamente necesaria la restitución de los objetos robados por las potencias coloniales a sus legítimos dueños, y en particular a los pueblos de Egipto, India y Grecia;
Teniendo en cuenta que las susodichas potencias coloniales se niegan a restituir los objetos mencionados;
Los abajo firmantes, constituidos como Consejo de Agravios, deciden poner en obra todos los medios a su disposición para obligar a los gobiernos de las potencias coloniales a restituir los objetos mencionados a sus propietarios legítimos;
En este sentido, el Consejo de Agravios adopta el plan de acción siguiente y que forma parte integrante de la presente resolución.
ANEXO
Plan de Acción del Consejo de Agravios
1. El Consejo de Agravios decide la creación de un grupo de intervención llamado “Los Justos Ladrones” cuya labor será realizar toda acción de presión necesaria conducente a los objetivos expresados en la presente resolución.
2. Las intervenciones de los “Justos Ladrones” tendrán lugar en estadios sucesivos:
2.1. advertencias sin sustracción de propiedad;
2.2. sustracción de objetos expoliados sin violencia;
2.3. amenazas de represalias;
2.4. sustracción o destrucción de propiedad de las potencias coloniales, con violencia si es necesario;
3. El paso de un estadio al siguiente será determinado por el Consejo de Agravios tras analizar la respuesta que los gobiernos de las potencias coloniales den a cada intervención de “Los Justos Ladrones”.
4. La sustracción de propiedad con violencia indicada en el punto 2.4. del presente anexo se realizará en base a los fines perseguidos y sin límites en cuanto a los medios a utilizar o los daños causados.
Por un momento me quedé mirando aquella hoja de papel sin saber qué pensar.
El Monaguillo me estaba enviando las líneas generales de un plan para forzar a tres grandes países europeos (Francia, Reino Unido y Alemania) a restituir piezas de su patrimonio histórico y cultural a sus supuestos legítimos dueños, y en particular a Egipto, India y Grecia.
¿Podía fiarme del contenido de aquel papel?
¿Y quiénes eran los miembros del Consejo de Agravios? Los “abajo firmantes” no aparecían por ninguna parte.
Luego estaba la cuestión de los diversos estadios de intervención de los Justos Ladrones.
Haciendo caso al Plan de Acción, el primer estadio ya habría tenido lugar con la bromita del bigote de la Mona Lisa.
Teniendo en cuenta que el busto de Nefertiti había sido sustraído sin violencia (por utilizar el lenguaje del Plan de Acción), eso parecía querer decir que el Consejo de Agravios habría decidido pasar al estadio siguiente y eran de esperar otros robos en el futuro próximo.
Lo cual me llevaba lógicamente a plantearme otra cuestión.
¿Hasta cuándo iba a esperar el Consejo de Agravios para pasar a estadios más violentos?
6
Tras tanta emoción acumulada no iba a haber manera de dormir, al menos sin apoyo etílico, así que llamé a la recepción y pedí que me enviaran una botella de Tignanello de precio indecente y un poco de queso y pan con el que bajarlo.
Estaba sentado en la cama perdido en mis pensamientos cuando alguien sonó a la puerta.
Al abrir me encontré de nuevo con el mismo botones y su traje azul claro y gorra con visera a juego.
Con cara de sueño y mala leche, dejó una bandeja con el vino y el queso en la mesa, tras lo que me entregó un sobre de papel satinado con mi nombre escrito en el frente y en el dorso el escudo de armas del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.
¿Más sorpresas?
En el interior del sobre había una invitación personal del embajador británico en Francia para tomar el té.
Y no en la embajada precisamente, no.
En su residencia oficial.