Un intercambio de locos Capítulo 30 #3
98%

Capítulo 30 #3

Penny caminaba a su lado sujetándose del brazo de Laura mientras comentaba alguna parte de la ceremonia, y Em asentía de vez en cuando mientras buscaba las llaves dentro del bolso.

Habían dejado el automóvil bastante lejos porque los estacionamientos cercanos estaban completos desde temprano.

El frío de Michigan todavía se sentía entre los edificios y varios montículos de nieve vieja permanecían cerca de las aceras, de modo que Em cerró un poco más el abrigo sobre la toga mientras avanzaban hacia la siguiente fila de vehículos.

Fue Laura quien disminuyó el paso primero mientras Em continuaba dos pasos antes de darse cuenta y volvió la cabeza hacia su madre, que había dejado de hablar y miraba hacia delante con una sonrisa demasiado amplia.

Penny siguió la dirección de sus ojos y también se detuvo, aunque tardó algunos segundos en comprender qué estaba viendo entre las personas que cruzaban el estacionamiento.

A pocos metros, apoyado junto a un automóvil, Kain esperaba con las manos ocupadas por un ramo de flores.

El cabello casi blanco se agitaba ligeramente con el viento y contrastaba con el abrigo negro que llevaba cerrado sobre un suéter oscuro y una bufanda gruesa alrededor del cuello.

Había abandonado por una vez las botas de trabajo, los jeans gastados y las camisetas que Em asociaba con Louisiana, y verlo vestido de aquella manera en medio del invierno de Michigan consiguió que se quedara completamente quieta.

Entre las flores asomaba además una pequeña cabeza de peluche, blanca y despeinada, con unos enormes ojos verdes y el cabello levantado en todas direcciones.

Kain sonrió cuando sus miradas se encontraron.

El birrete casi se le cayó de debajo del brazo.

—¡Dios mío, Kain!

Em dejó de pensar en la toga, en los zapatos que no estaban hechos para correr ni en las personas que cruzaban entre los automóviles.

Le entregó el birrete a Laura sin comprobar siquiera si lo había recibido y recorrió la distancia que los separaba mientras Kain dejaba apenas tiempo para apartar el ramo antes de abrir los brazos.

Em chocó contra su pecho, le rodeó el cuello y sintió cómo él la levantaba del suelo mientras enterraba el rostro contra su abrigo, riéndose con una mezcla de incredulidad y felicidad que le impedía organizar cualquier otra palabra.

La distancia de los últimos meses se redujo en ese abrazo de una forma que ninguna videollamada había conseguido.

El perfume de Kain, el roce del cabello contra su frente y la fuerza de sus brazos alrededor de la cintura pertenecían a recuerdos demasiado precisos para haber desaparecido, pero tenerlos nuevamente allí hizo que Em se aferrara con más fuerza.

Cuando volvió a tocar el suelo, él apenas la dejó separarse antes de besarla, y Em sostuvo su rostro entre las manos mientras el frío, el estacionamiento y la gente que seguía pasando alrededor perdían importancia frente a la certeza física de tenerlo otra vez delante.

Laura contempló la escena con una sonrisa que ya contenía demasiadas preguntas, mientras Penny mantenía los ojos fijos en el hombre del cabello casi blanco que acababa de besar a su nieta en medio del estacionamiento.

Em necesitó algunos minutos para realizar las presentaciones que había pospuesto durante meses y explicar, con bastante menos seguridad de la habitual, quién era realmente Kain Ferman.

La reacción de ambas fue mucho menos dramática de lo que había imaginado.

Laura observó primero a su hija y luego a Kain con tranquilidad, casi evaluándolo a partir de todo lo que Em ya le había contado sobre él.

Kain había reservado una mesa para los cuatro y se negó a permitir que ninguna de ellas pagara la cena.

La velada terminó extendiéndose bastante más de lo previsto porque Laura descubrió demasiado rápido que él compartía su gusto por molestar a Em y ambos comenzaron a intercambiar historias desde lados diferentes de su vida.

Cada vez que su madre se reía de alguna ocurrencia de Kain, Em miró de uno a otro con creciente sospecha, pensando que aquella alianza podía darle más de un problema durante el fin de semana.

Con Penny ocurrió algo diferente. Kain moderó las provocaciones cuando se dirigía a ella, le sostuvo el abrigo al salir del restaurante y le ofreció el brazo para caminar por una acera donde todavía quedaban zonas húmedas y restos de nieve.

Penny aceptó después de una breve vacilación y terminó avanzando junto a él mientras Laura y Em caminaban unos pasos detrás.

La imagen hizo que Em redujera el paso, observándolos hablar mientras Kain se inclinaba ligeramente para escuchar mejor a su abuela y Penny mantenía una mano apoyada sobre su brazo.

El pequeño peluche continuaba asomando entre las flores que Em llevaba contra el pecho.

Cada vez que bajaba la vista hacia aquella cabeza blanca y desordenada, después hacia las tres piedras de Orión sobre su cuello y finalmente hacia Kain caminando junto a Penny, la sonrisa regresaba antes de que pudiera evitarla.

Al terminar la cena, Kain insistió en acompañarlas hasta el automóvil.

Penny caminaba todavía tomada de su brazo, mucho más cómoda con él que al comienzo de la noche, mientras Laura avanzaba al otro lado haciendo preguntas sobre Louisiana, el trabajo y la casa de los Ferman con una curiosidad que Em empezaba a considerar peligrosa.

Habían congeniado demasiado rápido y, cada vez que Kain conseguía hacerla reír a costa suya, Em tenía la desagradable impresión de estar presenciando la formación de una alianza que podía perseguirla durante años.

Junto al automóvil, Penny buscó las llaves dentro del bolso mientras Laura acomodaba el ramo y el pequeño peluche en el asiento trasero.

Kain permaneció junto a Em con una mano apoyada en su cintura y esperó hasta que ambas terminaron de ordenar las cosas antes de aclararse la garganta con una solemnidad que hizo que ella lo mirara inmediatamente.

—Señoras, antes de que se vayan necesito pedirles permiso para llevarme a Em —dijo mientras dirigía una mirada primero a Penny y después a Laura—. Todavía tengo que darle otro regalo.

Laura abrió mucho los ojos antes de mirar a su hija, y Penny levantó lentamente las cejas. La expresión de Em cambió tan rápido que ambas empezaron a reírse antes de que ella pudiera decir una palabra.

Kain volvió la cabeza hacia ella.

—Em... Michigan, qué mal pensada eres.

—Yo no dije nada —contestó atropelladamente Em.

—Tu cara acaba de escribir una novela de adultos completa.

Laura ya se cubría la boca intentando dejar de reír, mientras Penny negaba con la cabeza sin conseguir mantener la seriedad.

—Es solo un libro —continuó Kain, llevándose una mano al pecho con fingida indignación—. Elantris , de Brandon Sanderson. En tapa dura. Pensé que una mujer graduada merecía algo un poco más respetable que otro peluche.

Em lo miró con una mezcla de sorpresa y sospecha.

—¿De verdad?

—Sí, de verdad. Aunque ahora lo estoy reconsiderando después de descubrir la clase de pensamientos que tienes delante de tu madre y tu abuela.

La carcajada de Laura terminó de arruinar cualquier posibilidad de que Em conservara la dignidad. Penny se acercó a darle un beso en la mejilla y después miró a Kain con una expresión que mantenía todavía algo de la autoridad con que había supervisado a su nieta desde niña.

—Tráela mañana a una hora decente.

—Lo prometo.

—No prometas por mí —protestó Em.

Penny le dio otro beso antes de abrir la puerta del automóvil.

—Ya eres adulta. Puedes llegar a la hora que quieras. Yo solo estoy comprobando qué clase de muchacho tenemos delante.

Kain le ofreció una sonrisa impecablemente educada.

—Uno muy respetable —agregó Kain, divertido.

Laura soltó otra carcajada desde el otro lado del automóvil y Em cerró los ojos durante un momento, convencida de que aquel fin de semana iba a ser mucho más largo de lo que había previsto.

* * *

El hotel quedaba a pocos minutos del campus.

Durante el trayecto, Em mantuvo una mano enlazada con la de Kain sobre la consola central y apenas prestó atención a las calles conocidas que pasaban al otro lado de la ventana.

Había imaginado muchas veces cómo sería volver a verlo después de tantos meses y, sin embargo, ninguna videollamada había preparado del todo su cuerpo para tenerlo allí, suficientemente cerca para rozarle los dedos con el pulgar o inclinarse hacia ella cada vez que se detenían frente a un semáforo.

La habitación era sencilla y cálida, con una cama amplia junto a la ventana y el equipaje de Kain abierto sobre una silla. Encima de la mesa esperaba un paquete rectangular envuelto en papel oscuro. Em lo miró antes incluso de quitarse el abrigo.

—Así que realmente existe el libro.

—Pero claro, jamás me arriesgaría a mentirte delante de unas damas tan encantadoras.

Kain se acercó a la mesa, tomó el paquete y se lo entregó. Dentro estaba una edición en tapa dura de Elantris , de Brandon Sanderson. Em pasó los dedos sobre la cubierta y levantó la mirada hacia él con una sonrisa que perdió parte de la burla que había mantenido durante toda la noche.

—Te acordaste.

—Me acuerdo de muchas cosas que dices, aunque finja lo contrario.

Se abrazaron durante largo rato antes de besarse, recuperando mediante el contacto todo aquello que la distancia había obligado a reducir a imágenes y palabras.

Después hicieron el amor con la intimidad de quienes ya se conocían y, al mismo tiempo, llevaban demasiado tiempo esperando volver a tocarse.

Más tarde permanecieron juntos bajo las mantas, Em apoyada contra su pecho mientras Kain jugaba distraídamente con un mechón de su cabello y ambos hablaban de asuntos pequeños hasta que el cansancio terminó venciendo a los dos.