Capítulo 28 #3
Terminaron en un restaurante pequeño cerca del campus donde ya habían comido varias veces durante el semestre.
Ocuparon una mesa larga junto a una ventana y pidieron suficiente comida para compartir, mientras Em dejó la carpeta cuidadosamente apoyada contra la pared para evitar que alguna bebida terminara sobre el certificado antes de llegar a casa.
La conversación no tardó en regresar a los primeros meses del intercambio. Steve recordó la noche de las Épsilon Perseidas.
—Ustedes sí que daban vergüenza —dijo Em mientras cortaba un trozo de comida—. Fuimos a ver la lluvia de meteoros y ustedes llegaron vestidas como si fueran a una sesión de fotos.
—Tú vivías con ellos —replicó Gina—. Nosotras solo teníamos una noche. Estábamos en clara desventaja.
Entre una historia y otra llegó el postre, y con él la conversación empezó a perder parte del entusiasmo inicial. Luise miró la carpeta azul apoyada junto a la pared y después a Em.
—Entonces, ¿cuándo te vas exactamente?
Em dejó el vaso sobre la mesa.
—En dos semanas. Ya tengo el pasaje comprado.
Por primera vez desde que habían entrado al restaurante, nadie respondió de inmediato. Gina apoyó un brazo sobre la mesa y movió lentamente la cabeza.
—Dos semanas es nada.
—Lo sé.
—¿Y tienes todo preparado? —preguntó Sam.
—Ni siquiera cerca. Estoy clasificando ropa, regalos, libros y demasiadas cosas que no recuerdo haber comprado. Penny está convencida de que voy a volver con el doble de equipaje.
—Probablemente tenga razón —dijo Dean.
Em sonrió, aunque la fecha permaneció instalada entre ellos después de aquella respuesta.
Dos semanas significaban apenas un par de fines de semana, algunos turnos más en Holler y una cantidad limitada de noches en Cypress Bend Road.
Había comprado el pasaje hacía días, pero pronunciar la fecha delante de sus amigos conseguía que pareciera bastante más próxima.
—Vas a seguir en el grupo —dijo Gina—. Ni se te ocurra desaparecer cuando vuelvas a Michigan.
—No pienso desaparecer.
—Más te vale —añadió Steve—. Necesito a alguien que siga encontrando errores en los cálculos de Dean.
Dean levantó la cabeza.
—Tus cálculos fueron los que estaban mal la última vez.
—Y esta discusión demuestra exactamente por qué el grupo debe continuar —respondió Luise.
Em se rio con ellos y prometió mantenerse en contacto.
Habían creado el chat para organizar un trabajo durante las primeras semanas del semestre y, desde entonces, el nombre había cambiado tantas veces que ninguno recordaba cuál había sido el original.
Permanecía lleno de fotografías, enlaces, mensajes enviados de madrugada y conversaciones que empezaban con alguna duda sobre astrofísica y terminaban con Steve enviando imágenes de animales vestidos con batas de laboratorio.
Cuando empezaron a levantarse para marcharse, Gina detuvo a Em antes de que pudiera recoger la carpeta.
—Espera.
Sacó un sobre grueso de su bolso y se lo entregó mientras los demás observaban.
—Esto es de todos.
Em abrió el sobre con cuidado. Dentro había una fotografía impresa de la noche de las Perseidas.
Los seis aparecían delante de los telescopios, algunos sentados sobre las mantas y otros de pie, con los termos, los cuadernos y la pequeña parrilla de Steve desperdigados alrededor.
Tim se había colado en uno de los extremos de la imagen con una sonrisa enorme y un malvavisco clavado en un pincho.
Em pasó el pulgar por el borde de la fotografía.
—No sabía que habían impreso esto. Gracias —dijo Em antes de abrazarlos ella primero.
Cuando finalmente salieron del restaurante, permanecieron varios minutos más hablando en la vereda antes de separarse.
Sam y Dean se marcharon juntos hacia el estacionamiento, Steve salió en dirección contraria y Luise y Gina acompañaron a Em hasta la parada que utilizaría para regresar a Cypress Bend Road.
Antes de despedirse, Gina miró la carpeta que Em llevaba bajo el brazo y después la fotografía guardada nuevamente en el sobre.
—¿Y Kain?
Em levantó los ojos.
—¿Qué pasa con Kain?
—Me refiero a ustedes dos —aclaró Gina con suavidad—. Ya no les queda tanto tiempo juntos.
Em observó durante unos segundos el tránsito que avanzaba por la calle.
Habían hablado sobre ello con Kain, aunque ninguno había conseguido convertir los meses siguientes en un plan completamente definido.
Michigan seguía estando donde siempre y Louisiana tampoco iba a acercarse únicamente porque ambos quisieran.
—Todavía no sé exactamente qué vamos a hacer —respondió.
Luise la miró con atención, pero no insistió.
—Entonces supongo que tendrán que averiguarlo. Pero estoy segura de que lo harán… ya lo verás.
Cuando Em regresó a Cypress Bend Road, llevaba el certificado bajo un brazo y la fotografía protegida entre los documentos. Entró en su habitación, dejó la carpeta sobre el escritorio y colocó la imagen junto al mapa celeste que todavía tenía colgado cerca de la pared.
La maleta permanecía abierta junto a la cama. En uno de los costados ya había ropa doblada, varios regalos comprados con Megan y algunas cosas que no utilizaría durante las dos semanas restantes. Em se quedó mirándola mientras dejaba las llaves sobre la cómoda.
Faltaban menos de catorce días.