Capítulo 24 #2
Cuando llegaron al mostrador, el vendedor parecía casi tan entusiasmado como Steve.
La elección había terminado bastante por encima de los modelos que habían revisado al principio y, por la forma en que el hombre comprobaba una vez más los accesorios incluidos, Kain sospechó que aquella venta le alegraría bastante la semana.
—¿Empacado para regalo? —preguntó el vendedor mientras preparaba la documentación.
Kain miró hacia Steve.
—Buena pregunta. ¿Qué opinas?
Steve observó la caja y negó con la cabeza.
—Solo con su embalaje normal. Mejor que se lo dejemos armado.
Kain levantó las cejas.
—¿Armado?
—Sí. Así puede usarlo apenas lo vea y evitamos que tenga que pasar una hora montándolo. —Steve sonrió, todavía bastante más entusiasmado de lo necesario—. No te preocupes, yo te ayudaré.
Kain apoyó un antebrazo sobre el mostrador mientras el vendedor terminaba de registrar la compra. Pasó la tarjeta por el lector, esperó la confirmación y guardó el comprobante en su billetera.
—Primera parte, lista —dijo Kain, frotándose las manos con autosuficiencia.
—Solo asegúrate de que Em no llegue a la casa durante unas horas —añadió Steve—. Quiero montarlo con calma. Estas cosas requieren paciencia.
Kain soltó el aire por la nariz y miró otra vez la enorme caja.
—Entonces necesitaré ayuda para mantenerla lejos de la casa.
Al final terminó enviando a Steve con el telescopio en un Uber directamente a la casa.
Antes de que el automóvil partiera, le explicó que le avisaría con tiempo qué tarde podía ir a montar todo con calma y que se encargaría de mantener a Em lejos durante las horas necesarias.
Steve aceptó encantado, todavía demasiado entusiasmado con el equipo que acababan de comprar, y se marchó con la caja mientras Kain esperaba otro vehículo para regresar a la obra donde Piers continuaba trabajando.
Se quedó junto a la acera con el teléfono en la mano, mirando de vez en cuando la aplicación mientras calculaba cuánto tardaría el conductor en llegar.
Una brisa cruzó la calle y le movió el cabello sobre la frente, y sin saber muy bien por qué aquello le hizo pensar en Em con el suyo suelto, cayéndole por la espalda mientras lo miraba con esa expresión que aparecía justo antes de llamarlo engreído, narcisista o alguna combinación de ambos.
Respiró hondo y desvió la mirada hacia el tránsito, aunque la imagen no desapareció.
Todo aquel esfuerzo había empezado a tomar forma de manera más concreta varios días antes, después de escuchar una conversación que nunca debió oír.
Había regresado a la casa en un horario en que Em creía estar completamente sola y, cuando pasó cerca de la escalera del ático, escuchó su voz al otro lado de la puerta.
Hablaba por teléfono con su madre y mencionaba el baile del barco, intentando explicar algo que Kain no alcanzó a escuchar completo al principio.
Se había detenido sin intención de hacerlo y terminó reconociendo su propio nombre.
Em hablaba de cómo habían bailado, de lo extraño que le resultaba no entender por qué había querido acercarse tanto a él y de la forma en que todavía podía recordar aquel momento.
Después cambió de tema y terminó contándole a Laura cosas que Kain jamás habría imaginado que ella reparara: sus dibujos, los patrones que diseñaba para azulejos, las combinaciones de color que preparaba para los clientes y la pasión con la que lo realizaba.
Kain se había marchado antes de escuchar demasiado, incómodo con la idea de seguir espiando una conversación que no estaba destinada a él, pero desde entonces algo se había movido en su interior.
Ya era bastante difícil controlar la manera en que el corazón empezaba a golpearle cuando Em aparecía en una habitación, obligándolo a hacer un esfuerzo casi absurdo para no quedarse mirándola como un imbécil; saber que ella también pensaba en el baile no había ayudado precisamente a recuperar su tranquilidad mental y física.
Volvió a mirar el teléfono, pero el automóvil todavía tardaría unos minutos.
Entonces recordó la risa de Em cuando algo conseguía sacarla de sus infinitos cálculos, la forma en que podía quedarse completamente metida en su propio mundo mientras estudiaba y aquella costumbre de acomodar el cabello hacia atrás cuando estaba concentrada.
Una sonrisa empezó a aparecerle sin que se diera cuenta.
Un claxon sonó a pocos metros y lo hizo levantar la cabeza, sobresaltado. Junto a la acera había un automóvil detenido; Tim estaba al volante y Kimberly ocupaba el asiento del copiloto, mirándolo con curiosidad.
Tim bajó la ventanilla.
—¿Por qué estás sonriendo como un idiota en medio de la calle?
Kain lo miró durante un segundo, todavía regresando de dondequiera que se hubiera metido su cabeza, y la sonrisa desapareció con demasiada lentitud para salvarlo.
—Ya que estás de preguntón, voy a cancelar el viaje y me llevarás donde está Piers —respondió Kain mientras sacaba el teléfono para anular el Uber.
Tim frunció el ceño.
—No jodas, vamos a otro lado.
Kain ya había abierto la puerta trasera.
—Cambio de planes, hermano —agregó Kain.
—Yo no cambié nada.
—Pues yo creo que sí.
Se acomodó en el asiento de atrás antes de que Tim pudiera seguir protestando y cerró la puerta con absoluta tranquilidad. Kimberly giró un poco desde el asiento del copiloto para mirarlo, divertida por la facilidad con que acababa de apropiarse del trayecto.
Kain guardó el teléfono en el bolsillo y se inclinó apenas hacia delante.
—Además, necesito un favor de ustedes.
Tim lo miró por el espejo retrovisor con abierta desconfianza mientras escuchaba la explicación: necesitaba que llevaran a Em a dar una vuelta en el barco durante una tarde, solo unas horas, para mostrarle algo y mantenerla lejos de la casa.
Apenas entendió lo que le estaba pidiendo, empezó a poner trabas, mientras Kimberly reaccionaba con bastante más entusiasmo y parecía dispuesta a cooperar incluso antes de conocer todos los detalles.
—Seguro que no es nada malo para Em —dijo Tim.
Kimberly se metió de inmediato.
—Claro que no. Míralo —respondió, negando con la cabeza.
—Gracias por tu voto de confianza, Kim. Deberías hacer lo mismo, hermano.
Tim volvió a mirarlo por el espejo.
—Recuerda que te vi persiguiéndola por el jardín.
—Eso fue un exabrupto de mi parte —respondió Kain, quitándole importancia con un gesto—. Bueno, ¿lo harán?
Miró primero a Tim y después a Kimberly.
—Me avisan. Todavía tengo que mover un par de hilos.
—Claro —dijo Kimberly—. Déjamelo a mí.
* * *
Tal como Kain lo había planeado, dos días después Tim y Kimberly consiguieron llevarse a Em a dar una vuelta en barco por los bayous.
Habían organizado la salida con suficiente naturalidad para que ella no sospechara nada y, apenas la camioneta desapareció por el camino de grava rumbo al puerto, Kain empezó a mirar el teléfono con tanta frecuencia que todos terminaron notándolo.
En la casona solo estaban Piers y Beau, instalados en la sala mientras Kain iba y venía entre la entrada y las ventanas, esperando que Steve apareciera.
Habían calculado varias horas para montar el telescopio con tranquilidad, pero la idea de que Em pudiera regresar antes de tiempo parecía tenerlo mucho más inquieto de lo que estaba dispuesto a reconocer.
Cada ruido de motor lo hacía levantar la cabeza, mientras Piers lo observaba desde el sofá durante un rato sin decir nada, y Beau terminó siguiendo sus movimientos con creciente diversión mientras Kain revisaba otra vez el teléfono y miraba hacia el acceso.
Finalmente, un automóvil apareció por el camino de grava y Kain se volvió de inmediato.
Steve venía al volante de su propio auto.
Estacionó cerca de la entrada y bajó poco después, mientras Kain ya se acercaba para ayudarlo con todo lo necesario para instalar el telescopio antes de que Michigan regresara.
Como el telescopio debía subir por varias escaleras y Steve había repetido más de una vez que algunas piezas necesitaban bastante cuidado, Kain decidió que no iba a arriesgarse a moverlo entre dos personas.
Reclutó a Piers y Beau sin pedirles opinión, aunque antes de tocar una sola caja les explicó con precisión qué quería hacer y dónde debía quedar instalado todo.
No lo llevarían al ático.
Kain había elegido una de las habitaciones desocupadas del segundo piso, una que tenía un balcón bastante más amplio orientado hacia el patio delantero.
Durante los días anteriores había sacado las pocas cosas que permanecían guardadas allí, retirado algunas cajas, limpiado el polvo acumulado y dejado las ventanas abiertas durante horas para ventilar el cuarto.
También había despejado por completo el balcón, asegurándose de que hubiera espacio suficiente para el telescopio y para que Em pudiera trabajar alrededor de él sin tener que mover muebles cada vez que quisiera observar el cielo.
No había dicho nada a nadie mientras lo hacía. Simplemente había ido vaciando la habitación hasta dejarla lista para que Em pudiera instalarse allí si quería, con mucho más espacio que en el ático y un acceso bastante más cómodo al exterior.
Ahora, con Steve dando instrucciones sobre qué caja podían inclinar y cuál debía permanecer siempre en posición vertical, Kain organizó el traslado como si estuvieran moviendo algo mucho más delicado que una pieza de equipo astronómico.
Piers tomó uno de los extremos y Beau el otro, Kain permaneció pendiente de cada escalón mientras Steve subía detrás de ellos vigilando que nada recibiera un golpe.
Cuando finalmente dejaron todas las cajas dentro de la habitación, Kain miró alrededor para comprobar que todo siguiera exactamente como lo había preparado.
La cama estaba limpia, el escritorio despejado y las puertas del balcón permanecían abiertas hacia el frente de la propiedad, dejando entrar aire y suficiente luz para que Steve pudiera empezar a trabajar.