Capítulo 22 #3
Kain atravesó la sala sin prestar atención a Piers y llegó hasta la cocina, deteniéndose al otro lado de la isla.
Em seguía sentada con el bol delante y el vaso todavía en una mano, de modo que entre ambos no quedaba más que la superficie de piedra y una distancia suficientemente corta para que ella comprendiera que no pensaba dejar el asunto pasar.
—Así que soy un personaje literario —dijo Kain, apoyando ambas manos sobre la isla mientras la miraba fijamente.
Em abrió la boca para responder, pero él continuó antes de darle oportunidad.
—Y, por lo que acabo de descubrir, soy una especie de actor porno de segunda convertido en personaje literario.
Beau había abandonado por completo el partido.
Se volvió en el sofá para ver mejor hacia la cocina, con una sonrisa que crecía a medida que intentaba entender qué demonios estaba ocurriendo entre los dos.
Tim también miraba por encima del respaldo, aunque Piers seguía sentado con el control remoto en una mano y una expresión que empezaba a perder paciencia con el volumen de la conversación.
Em dejó el vaso despacio junto al bol y levantó la mirada hacia Kain, consciente de que cualquier explicación iba a resultar bastante complicada cuando él ya había conseguido relacionar al Sr. Maligno y todas aquellas mujeres que lo habían rodeado en la librería.
—Es un malentendido —consiguió decir Em después de tragar con dificultad, todavía intentando recuperar el ritmo normal de la respiración y terminar de digerir el cereal antes de que Kain volviera a lanzarle otra acusación.
—¿Un malentendido? —repitió él, rodeando uno de los extremos de la isla.
Em bajó del taburete al instante y se desplazó hacia el lado contrario, manteniendo la encimera entre los dos.
Kain cambió de dirección y ella hizo exactamente lo mismo, de modo que durante varios segundos quedaron avanzando alrededor de la isla como si ambos hubieran aceptado sin discutir que aquel mueble constituía la única frontera razonable entre ellos.
Beau ya ni siquiera fingía mirar el partido, mientras Piers continuaba siguiendo el juego como si escuchar a sus hermanos perseguirse por la cocina formara parte del ruido habitual de la casa.
—Kain, espera, déjala que se explique…—intentó intervenir Tim, incorporándose del sillón.
Kain levantó una mano sin apartar la vista de Em.
—Ni se te ocurra, Tim. No hay ayuda en este mundo para ella.
Tim puso los ojos en blanco y levantó ambas manos en señal de rendición, dejándose caer otra vez contra el respaldo.
—No seas dramático tampoco.
Em aprovechó aquella distracción para retroceder otro paso, manteniendo la isla entre los dos, pero Kain ya había retomado el movimiento para cerrarle el paso por el otro extremo.
Beau seguía la escena fascinado, girando la cabeza de uno a otro como si el partido hubiese dejado de existir, mientras Piers apenas apartaba los ojos de la pantalla.
—No saben lo que hizo —continuó Kain, señalándola mientras Em volvía a cambiar de dirección—. Además, me dejó tirado sin ayuda con un montón de mujeres cachondas.
Beau soltó una carcajada.
—Eso no suena precisamente como una tragedia tratándose de ti —agregó Beau.
Kain le lanzó una mirada breve antes de volver a concentrarse en Em, que ya empezaba a calcular qué lado de la isla le ofrecía una salida más rápida.
—Pensé que lo estabas pasando bien —respondió Em, intentando contener la risa mientras retrocedía otro paso.
Aquello terminó de encenderlo. Kain la miró durante un segundo y se lanzó alrededor de la isla hacia ella.
Em soltó un grito, abandonó cualquier intento de mantener una conversación civilizada y salió corriendo hacia el garaje mientras detrás escuchaba los pasos de Kain acercándose con rapidez.
Atravesó la puerta del garaje casi sin detenerse, esquivó una caja apoyada junto a la pared y salió por el acceso lateral hacia el exterior.
El aire caliente le golpeó el rostro apenas puso un pie fuera, pero siguió corriendo por el costado de la casa con Kain detrás, bordeando el muro hasta alcanzar el patio trasero.
Tim se incorporó de golpe al verlos desaparecer por el garaje y dejó la cerveza sobre la mesa.
—Piers, debemos hacer algo.
Sin esperar respuesta, salió detrás de ellos, todavía escuchando los gritos de Em y la voz de Kain alejándose por el costado de la casa. Beau, en cambio, permaneció hundido en el sofá, muerto de la risa mientras intentaba seguir la escena desde donde estaba.
Piers ni siquiera apartó la mirada del partido.
—No le va a hacer nada. Está pillado por ella.
Beau dejó de reír durante un momento y giró la cabeza hacia él.
—¿En serio?
Piers se limitó a encogerse de hombros mientras seguía la jugada en la pantalla. Beau miró hacia el corredor por donde acababan de desaparecer y volvió a soltar una carcajada.
—Sí... puede que tengas razón. Nadie sale con ese ímpetu a perseguir a alguien que le da igual.
Tim alcanzó a escuchar parte de la conversación entre Piers y Beau antes de cruzar el garaje, pero no se detuvo a preguntar nada.
Salió al exterior y echó a correr detrás de Kain justo cuando Em alcanzaba la cerca del fondo.
Para sorpresa de Kain, vio que Em apoyó un pie, se impulsó como pudo y consiguió pasar al otro lado antes de que él lograra sujetarla.
Kain llegó demasiado rápido y terminó estampándose contra la cerca, agarrándose de la parte superior mientras Em ya corría hacia los árboles.
—¡Te va a comer un aligátor! —le gritó.
—¡No me importa! —respondió ella desde algún punto entre la vegetación.
Tim llegó hasta su lado unos segundos después, jadeando por la carrera y por el calor que caía con fuerza sobre el terreno. Se apoyó un momento en la cerca mientras intentaba distinguir a Em entre los árboles, pero ella ya había desaparecido de su vista.
Desde el bosque volvió a escucharse su voz.
—¡Te tengo más miedo a ti! —remató Em.
Tim giró lentamente la cabeza hacia Kain. Él seguía aferrado a la cerca, respirando con fuerza y mirando hacia el lugar por donde Em había desaparecido, como si todavía estuviera calculando si valía la pena saltarla detrás de ella.