Capítulo 21 #3
Kain dejó la botella que todavía tenía en una mano y se acercó sin protestar.
Lydia apenas alcanzó a abrir los brazos antes de que él la levantara del suelo y la estrechara contra el pecho, provocándole una carcajada mientras ella le rodeaba el cuello.
Cuando volvió a dejarla en el suelo, Kain le dio un beso sonoro en la mejilla y mantuvo un brazo alrededor de sus hombros.
—Este es el más apasionado de mis hijos, Em —explicó Lydia con absoluta tranquilidad mientras le daba unas palmadas en el pecho—. Debe de ser porque lo concebimos en Miami.
—Mamá —protestó Piers desde unos pasos más atrás, cerrando los ojos mientras apoyaba una mano sobre el asa de la maleta.
Tim empezó a reírse antes de que Kain pudiera responder. Él, en cambio, pareció considerar la información con bastante seriedad y terminó asintiendo junto a Lydia, todavía con el brazo alrededor de sus hombros.
—Tiene sentido —dijo—. Por eso te estoy tan agradecido, mamá.
Em se llevó una mano a la boca para contener la risa mientras Piers negaba lentamente con la cabeza. Lydia, lejos de arrepentirse, sonrió satisfecha y le dio otro beso a Kain en la mejilla antes de dirigirse hacia la casa.
* * *
Durante los días siguientes, la casa cambió bastante con Lydia instalada otra vez entre sus hijos.
Las reuniones imprevistas desaparecieron por completo y ninguno pareció echarlas de menos; Piers terminaba el trabajo y regresaba directamente, Tim evitaba organizar salidas largas y hasta Kain dejaba pasar invitaciones que en cualquier otra semana habría aceptado sin pensarlo demasiado.
Lydia solo permanecería siete días en Louisiana y los tres parecían haber decidido, sin necesidad de ponerse de acuerdo, que durante ese tiempo la casa volvería a girar alrededor de ella.
Em no quedó fuera de aquella reorganización.
Al principio procuró respetar el tiempo familiar y se refugió varias tardes entre la universidad, Holler y el ático, pero Lydia encontraba siempre alguna razón para incluirla: la llamaba para cenar, le preguntaba por las clases mientras preparaba café o aparecía en la puerta del ático para anunciarle que nadie necesitaba estudiar durante todas las horas disponibles del día.
Al tercer día, Em ya había desistido de explicar que podía comer más tarde o que no era necesario esperarla; cuando regresaba de la universidad encontraba cuatro platos alrededor de la mesa y uno de ellos estaba reservado para ella.
Las cenas eran probablemente lo que más disfrutaba Lydia.
Sentaba a sus hijos alrededor de la mesa y los interrogaba sobre obras, clientes, cuentas, amistades y cualquier asunto que hubiera ocurrido durante su ausencia, saltando de uno a otro con una facilidad que dejaba a Em escuchando más que hablando.
Piers intentaba responder con orden, Tim convertía cualquier pregunta en una historia mucho más larga de lo necesario y Kain elegía precisamente los detalles capaces de hacer que su hermano mayor lo mirara con fastidio.
Cuando Lydia dirigía la conversación hacia Em, lo hacía con la misma falta de ceremonia, interesándose por Michigan, Penny, Laura, las clases y cuánto faltaba para que terminara el intercambio.
El sábado decidieron quedarse todos en casa.
Piers compró carne durante la mañana, Tim sacó varias cosas para la parrilla y Lydia apareció con una cantidad de comida que ninguno de sus hijos consideraba necesaria, aunque no consiguió que devolvieran nada al refrigerador.
A diferencia de los viernes habituales, no llegaron automóviles durante la tarde ni aparecieron desconocidos alrededor de la piscina; las hieleras eran para cinco personas, la música sonaba desde un altavoz junto a las puertas francesas y las únicas voces que cruzaban el patio pertenecían a quienes vivían allí.
El calor había subido desde antes del mediodía y terminó empujándolos hacia la piscina mientras Piers esperaba que la parrilla alcanzara la temperatura adecuada.
Lydia ocupó una reposera bajo la sombra con un vaso frío y un sombrero ancho, desde donde podía vigilar indistintamente la carne o a sus hijos.
Tim ya había entrado al agua y nadaba de un extremo al otro mientras discutía con Piers sobre el punto exacto en que debían poner los costillares; Piers respondía desde la parrilla sin molestarse en comprobar si su hermano lo escuchaba correctamente entre el agua y la música.
Kain llevaba un traje de baño oscuro y unos lentes de sol que ocultaban buena parte de su expresión.
Había encontrado uno de los flotadores grandes de la piscina y permanecía tendido boca arriba, con las piernas estiradas y los brazos descansando a ambos lados mientras el movimiento del agua lo desplazaba lentamente por el sector más profundo.
Cada cierto tiempo empujaba con una mano el borde para corregir la dirección y evitar terminar contra Tim, aunque parecía bastante satisfecho dejando que los demás trabajaran mientras él flotaba.
Em se había sentado en el borde después de cambiar los shorts por un traje de baño sencillo y mantenía únicamente los pies dentro del agua.
Había dejado los lentes de contacto puestos, el cabello recogido en una cola alta y una toalla extendida junto a ella, preparada para secarse apenas decidiera levantarse.
Desde el flotador, Kain giró la cabeza en su dirección.
Los lentes oscuros le permitían mirarla sin que Em pudiera saber exactamente dónde tenía puestos los ojos, y durante unos segundos dejó de prestar atención a Tim, a la música y hasta al movimiento lento que lo llevaba hacia el otro extremo de la piscina.
El traje de baño le quedaba demasiado bien; marcaba una cintura que él conocía mejor de lo que debería después de aquel baile en el barco y dejaba al descubierto unas piernas que ya le habían dado problemas unos días antes mientras recogían latas alrededor de la terraza.