Capítulo 20 #3
Em seguía a Sebastián sin dificultad, con la falda moviéndose alrededor de las piernas y el cabello levantándose cada vez que el viento atravesaba la cubierta.
Cuando él la hizo girar otra vez, ella regresó riendo y apoyó brevemente una mano en su hombro para recuperar la posición; Sebastián aprovechó el siguiente cambio del ritmo para sujetarla por la cintura y acercarla, y Em respondió al movimiento sin tensarse, dejando que él marcara el paso mientras sus caderas acompañaban la música con una soltura que Kain jamás le había visto.
La mirada de Kain descendió hacia la mano de Sebastián sobre aquella cintura desnuda y permaneció allí mientras Em retrocedía, volvía a acercarse y dejaba que la falda se abriera sobre una pierna con cada desplazamiento.
Cuando Sebastián la hizo girar de nuevo, la recibió otra vez por la cintura y ella regresó hacia él moviendo las caderas al compás, riéndose mientras levantaba un brazo para seguir la vuelta.
Kain apretó los dedos alrededor de la botella.
Había esperado verla trastabillar y estaba contemplando exactamente lo contrario.
El corazón empezó a golpearle con tanta fuerza que terminó sintiéndolo en la garganta.
Bebió, pero la cerveza no alivió la presión que empezaba a cerrarle el pecho mientras seguía viendo las manos de Sebastián deslizarse hacia la cintura de Em para guiarla y el cuerpo de ella responder sin esfuerzo a cada movimiento.
La mujer que tenía al lado continuó hablándole y Kain dejó de entender buena parte de lo que decía; apenas podía escucharla por encima de la música y del pulso que le retumbaba en los oídos.
Cuando Sebastián volvió a atraer a Em hacia él y ella acompañó el movimiento de sus caderas antes de apartarse entre risas, Kain sintió que necesitaba salir de allí antes de seguir mirando.
Se separó despacio de Triss, procurando que el movimiento no llamara la atención de nadie, y caminó hacia la borda con la botella todavía entre los dedos.
Apoyó ambas manos sobre la barandilla y respiró profundamente, buscando aire mientras fijaba los ojos en el agua que se abría junto al casco.
La música continuaba a su espalda y, aunque no se volvió, seguía sabiendo exactamente dónde estaba Em.
El aplauso apareció cuando Sebastián terminó una de las vueltas y soltó la mano de Em para dejarla recuperar el equilibrio, aunque la canción continuaba sonando por los altavoces.
Steve levantó ambos brazos como si acabara de presenciar una demostración imposible, Luise silbó desde cerca de la cabina y Tim se rió al verla apartarse con las mejillas encendidas y el cabello revuelto por el viento.
Incluso Dean, que había pasado buena parte del baile intentando no pisar a nadie, la señaló con abierta aprobación mientras Gina se acercaba a Sebastián reclamando su turno.
—Ahora yo —dijo ella, tendiéndole una mano.
Sebastián la aceptó encantado y empezó a explicarle el paso mientras el resto aprovechaba el cambio para reorganizarse por parejas. Em se retiró todavía riéndose, pero la música no perdió fuerza y siguió acompañándola mientras buscaba su vaso y se alejaba poco a poco del centro de la cubierta.
Recordó una de aquellas tardes en Holler en que Sebastián había intentado corregirle la posición de los pies durante una práctica. La memoria volvió ahora acompañada por otra sonrisa. Encontró su vaso cerca de una hielera y bebió un poco antes de abanicar el rostro con una mano.
—Uf, qué calor...
Había tomado más cerveza de la que acostumbraba, aunque no era suficiente para marearla. Solo sentía el cuerpo más ligero y el rostro sonrojado. Dio otro trago mientras contemplaba a Steve, completamente pletórico, intentando seguir el ritmo frente a la acompañante de Kain.
Entonces reparó en que Kain ya no estaba dentro.
Em recorrió la cubierta con la mirada. Lo buscó cerca de Tim, después junto a Beau y Piers, pero tampoco estaba allí.
Sin pensarlo demasiado, avanzó hacia uno de los laterales del barco, apartándose del grupo mientras la música continuaba detrás de ella y el viento se volvía más fuerte cerca de la borda.
Lo encontró allí. Kain permanecía inclinado sobre la barandilla con una botella entre las manos y la vista puesta en el agua.
El viento le había desordenado todavía más el cabello, que había dejado crecer durante las últimas semanas y ahora formaba ondas irregulares sobre la frente y alrededor de las orejas.
La camisa blanca seguía abierta en los primeros botones y las mangas remangadas dejaban los antebrazos descubiertos mientras sostenía la botella contra el metal.
Em disminuyó el paso sin darse cuenta. Era irritante que pudiera verse así de guapo con esa camisa blanca simple, jeans y el cabello revuelto por el viento, pero siguió avanzando hasta quedar a pocos metros de él sin saber muy bien qué la había llevado hasta ese lado del barco.
Había salido buscando aire después de bailar y, en algún punto del trayecto, sus pasos parecían haber decidido por ella.
Kain volvió la cabeza al sentirla acercarse.
La botella que tenía junto a los labios descendió lentamente hasta dejarla en el suelo y sus ojos verdes se clavaron en Em con una intensidad que ella reconoció de inmediato.
Era la misma mirada de aquella tarde en el pasillo, cuando habían quedado frente a frente demasiado cerca y, durante unos segundos, ninguno había sabido qué hacer con la tensión que había aparecido entre ellos.
Esta vez no había una discusión que pudiera interrumpirlos ni una puerta detrás de la cual escapar.
Em dejó de caminar. Kain tampoco se movió al principio, pero la recorrió con los ojos desde el rostro hasta la piel descubierta de la cintura, la abertura de la falda y de regreso a sus ojos.
La manera en que la miraba le aceleró otra vez el pulso que apenas empezaba a recuperar después del baile; no había burla en aquella expresión, ni una sonrisa preparada para irritarla, sino una atención tan abierta que por un momento la hizo olvidar que se pasaban buena parte de la semana provocándose.
No sabía por qué había ido hasta él. Tampoco entendía por qué Kain empezó a separarse de la borda al mismo tiempo que ella avanzaba otro paso.
La canción seguía llegando desde la cubierta, amortiguada por las voces y el viento, mientras la distancia entre ambos desaparecía poco a poco. Em dio otro paso y Kain hizo lo mismo, atraídos el uno hacia el otro con una fuerza que ninguno intentó frenar.
La canción seguía llegando desde el centro de la cubierta, mezclada con las voces y el golpe regular del agua contra el casco.
“Si en una rosa estás tú…” alcanzó a distinguir Em mientras Kain terminaba de acortar la distancia y le rodeaba la cintura con una mano.
Ella no retrocedió; levantó el brazo casi al mismo tiempo y pasó los dedos por detrás de su nuca, entre las ondas claras que el viento había desordenado, hasta dejar la palma apoyada allí.
Este inclinó la cabeza porque la diferencia de altura lo obligaba a hacerlo y sus frentes terminaron encontrándose antes que cualquier otra parte del rostro.
Ninguno apartó la mirada. Em comenzó a seguir el ritmo apenas él movió la cintura, primero con un desplazamiento lento que ella acompañó sin dificultad y después con un balanceo más marcado que hizo que sus cuerpos quedaran prácticamente unidos desde el pecho hasta las caderas.
La mano de Kain se afirmó sobre su cintura desnuda y la guió con la misma seguridad con que Sebastián había dirigido el baile unos minutos antes, aunque allí cada movimiento parecía mucho más cercano.
Durante los primeros pasos todavía intentó entender qué demonios estaba haciendo.
La idea desapareció rápido. Ya no podía ordenar ninguna explicación mientras sentía el cuerpo de Em adherido al suyo, el brazo alrededor de su cuello y los dedos hundiéndose ligeramente entre su cabello cada vez que cambiaban de dirección.
La falda rozaba sus piernas con el movimiento y, cuando Kain la acercó un poco más para acompañar el siguiente compás, las caderas de ambos encontraron el mismo ritmo.
Em tampoco parecía interesada en interrumpirlo.
Mantenía la frente apoyada contra la suya y seguía sus movimientos con los ojos abiertos, tan cerca que Kain podía distinguir el color marrón de sus iris y el rubor que todavía conservaba después de bailar.
Él tuvo que inclinarse otro poco para mantener aquella posición, pero la diferencia de altura dejó de resultar incómoda en cuanto Em volvió ajustar el brazo alrededor de su nuca y se acercó más; de esa manera encajaban demasiado bien para que ninguno quisiera corregir nada.
Desde la popa, Piers había terminado de conversar con Beau cuando la música y el movimiento junto a la borda llamaron su atención.
Al principio creyó que Kain simplemente había ido a buscar aire, pero entonces vio a Em frente a él, con un brazo alrededor de su nuca y la frente apoyada contra la suya mientras ambos seguían el ritmo de la canción.
Una sonrisa comenzó a formarse en su rostro cuando comprendió que ninguno parecía pendiente del resto del barco; había demasiada concentración en aquella mirada y demasiada cercanía entre los dos para atribuirlo únicamente al baile.