Capítulo 18 #3
Durante unos segundos Megan pareció debatirse entre aceptar y recordar que Piers estaría allí. Em no añadió nada; se limitó a esperar con las bolsas contra el costado mientras observaba cómo la otra mujer mordía brevemente el interior de la mejilla antes de responder.
—Entonces vienes ahora conmigo y me ayudas a preparar todo.
Megan abrió un poco los ojos.
—¿Ahora?
—Sí. Si te vas a tu casa, vas a tener tiempo para pensarlo demasiado y terminarás inventando una excusa.
La otra mujer la observó durante unos segundos, entre divertida y contrariada, antes de soltar una pequeña risa.
—Eres bastante mandona para alguien que llegó hace unos meses.
—Estoy aprendiendo de la familia con la que vivo.
Megan negó con la cabeza, pero ya estaba caminando con ella hacia el estacionamiento.
La camioneta entró por Cypress Bend levantando grava y frenó frente a la casa con bastante menos delicadeza de la que Piers habría aprobado.
Kain apagó el motor, abrió la puerta y bajó antes de que sus hermanos terminaran de hacerlo; llevaba el cabello platinado completamente revuelto por el viento de la ventanilla y avanzó hacia el porche a grandes zancadas.
Empujó la puerta principal con suficiente fuerza para hacerla golpear contra el tope y atravesó el recibidor sin anunciarse.
Desde la cocina llegaban música, voces femeninas y una carcajada que reconoció enseguida, aunque lo que encontró al doblar el corredor no se parecía en nada al escenario que había construido durante el camino.
Em y Megan estaban alrededor de la isla, terminando de preparar una cena que ocupaba buena parte de la superficie.
Habían dispuesto tortillas, carne, pollo, distintos quesos, tomates, cebolla, cilantro, aguacate, salsas y varios recipientes con acompañamientos para que cada uno armara sus propios tacos.
Una fuente permanecía cubierta cerca de la cocina, las bebidas estaban enfriándose y un parlante pequeño reproducía música mientras ambas discutían entre risas sobre cuál de las salsas iba a resultar demasiado picante.
La aparición de Kain hizo que las dos levantaran la cabeza al mismo tiempo.
Em todavía sostenía un cuchillo sobre una tabla con limones cortados y Megan tenía un bol entre las manos; ambas se quedaron mirándolo mientras él recorría la cocina con los ojos, después a ellas y finalmente la mesa preparada.
—No hay olor a sexo —declaró.
Em parpadeó y dejó el cuchillo sobre la tabla.
—¿Qué dices? —preguntó, mirándolo entre sorprendida e indignada, mientras Megan empezaba a entender que acababan de perderse una parte bastante importante de aquella historia.
Desde el recibidor llegó la voz de Tim antes de que Kain pudiera añadir otra barbaridad.
—¡Deja de ser un gilipollas, Kain!
Piers apareció detrás de él y alcanzó a dar un par de pasos hacia la cocina antes de detenerse al ver a Megan junto a la isla.
La expresión se le endureció durante un momento, sorprendido de encontrarla allí, mientras ella permanecía con el bol todavía entre las manos y lo miraba con una atención demasiado fija para fingir cierta indiferencia.
Em, en cambio, ya se había acercado a Kain con el cuchillo que acababa de dejar sobre la tabla todavía en la mano.
—¿Qué demonios estabas esperando encontrar?
Él la recorrió con la mirada sin la menor vergüenza.
—Cero sonrojez y sigues teniendo cara y cuerpo de niña. Falsa alarma, chicos.
—Serás idiota —soltó Em, levantando apenas la mano antes de recordar que todavía sostenía el cuchillo.
Fue entonces cuando reparó en Piers detrás de ellos.
—Oh, Piers. —La irritación desapareció con la rapidez con que había llegado. Señaló la cocina con la mano libre—. Mira lo que hemos preparado. Quería invitarlos a cenar y me encontré con Megan, así que la invité también.
Antes de que él pudiera responder, Em se acercó, le tomó el brazo y lo condujo hacia uno de los asientos de la isla.
—Ven, siéntate.
Piers apenas tuvo tiempo de dejarse llevar antes de quedar sentado frente a Megan y durante varios segundos, ninguno de los dos pareció encontrar una forma razonable de empezar.
Megan dejó el bol sobre la isla y se pasó una mano por el cabello mientras Piers acomodaba el cuerpo en la silla, todavía demasiado consciente de tenerla justo enfrente.
—¿Cómo estás? —preguntaron al mismo tiempo.
Los dos se quedaron en silencio. Megan bajó la vista hacia las tortillas y estiró una mano hacia el plato.
—¿Te preparo una tortilla? —dijo Piers a la vez.
Em los miró desde un costado con las cejas ligeramente levantadas y buscó a Tim con la mirada, pidiéndole ayuda sin decir una palabra.
Él entendió enseguida y se acercó riéndose, dispuesto a romper aquella incomodidad antes de que Piers y Megan siguieran ofreciéndose la misma tortilla durante el resto de la noche.
—Gracias, Em. Veníamos con mucha hambre, ¿no es cierto, Kain? —dijo mientras apoyaba una mano en la espalda de su hermano y lo empujaba hacia la isla.
Kain le lanzó una mirada de fastidio, pero terminó avanzando hasta uno de los asientos mientras Em volvía hacia la comida.
Después de los primeros minutos, la tensión alrededor de la isla empezó a ceder.
Megan y Piers dejaron de medir cada palabra y terminaron conversando con una familiaridad que parecía no haberse perdido del todo; se interrumpían, recordaban pequeños detalles de otras épocas y discutían sobre ingredientes como si aquella mesa improvisada les hubiera devuelto, por un rato, una forma de entenderse que ambos conocían demasiado bien.
—¿Y a qué se debe todo esto? —preguntó Piers al cabo de un momento, señalando la cena con la mano antes de mirar a Em—. Esta mañana parecías haber ganado la lotería.
—Algo parecido —respondió ella, tomando una tortilla del montón.
Tim la observó con una sonrisa, apoyado cerca de uno de los extremos de la isla.
—¿Tiene que ver con esos artículos que escribes? Los que me contaste hace tiempo.
Em tardó apenas un segundo antes de asentir.
—Sí. Podría decirse que fue un pequeño golpe literario.
Kain levantó la vista.
—¿Literario?
—Sí —respondió ella mientras empezaba a servirse—. He estado trabajando con partículas, cuerpos celestes, fluidos, interacción entre fuerzas... ese tipo de cosas.
La mano de Kain se detuvo a medio camino del plato. La miró por encima de la comida con una expresión cada vez más desconfiada.
Em continuó con absoluta seriedad.
—Dinámica de cuerpos, transferencia de energía, fricción... fenómenos de contacto.
Tim asintió sin detectar nada extraño.
—Claro, lo que estás estudiando.
—Si... —Em tomó una cucharada de salsa y evitó mirar directamente a Kain—. Es material bastante técnico.
Él entrecerró los ojos.
—Ajá.
—Bueno, esos son los temas en los que me estoy perfeccionando —añadió ella, ya demasiado ocupada con su tortilla para ofrecer más explicaciones.
La cena se alargó entre platos vacíos, tortillas que todavía quedaban apiladas y conversaciones que saltaban de un tema a otro.
Piers terminó observando a Megan más de una vez.
Había llegado preparado para la tensión de siempre, alguna provocación o una frase capaz de arruinarle el humor, pero ella se había mantenido relajada durante toda la cena: reía con Tim, respondía a Kain sin seguirle el juego y hablaba con él sin intentar llevar cada conversación de vuelta a lo que había ocurrido entre ambos.
Cuando miró la hora, Megan se apartó de la isla y recogió su bolso.
—Será mejor que me vaya. Mañana tengo que levantarme temprano.
Em la acompañó hacia la entrada mientras los hermanos empezaban a recoger parte de la mesa. Antes de abrir la puerta, Megan se acercó y le habló junto al oído.
—Gracias.
Em sonrió y le apretó brevemente el brazo.
Piers ya se había levantado.
—Yo te acompaño.
Megan volvió la cabeza hacia él y negó con una sonrisa.
—No es necesario. Nos vemos. Lo pasé increíble.
Se acomodó el bolso sobre el hombro y miró otra vez a Em.
—La próxima invito yo.