Capítulo 12 #4
Solo cuando llegaron al puerto reparó mejor en lo que Tim llevaba en la parte trasera de la camioneta.
Entre las bolsas recién compradas había una hielera grande que ella había visto al subir, aunque entonces no le había prestado demasiada atención.
Tim estacionó cerca del muelle, bajó y abrió la parte trasera para sacar primero los envases de pintura y después la hielera.
Em cerró la puerta de la camioneta y se quedó observándolo mientras él empezaba a caminar hacia el muelle con las cosas en las manos.
A su alrededor se mezclaban el olor del agua, la madera calentada por el sol y el combustible de las embarcaciones amarradas más adelante.
Ella lo siguió, mirando a ambos lados hasta que reparó en una embarcación más grande que las que había imaginado durante el trayecto.
Se detuvo unos pasos detrás de Tim y abrió los ojos con una sonrisa.
—Guau... esto es muy Forrest Gump . Cumpliendo el sueño de Bubba con un barco camaronero.
Tim volvió la cabeza hacia ella y empezó a reírse, acomodando mejor la hielera que llevaba en una mano.
—¿Un barco camaronero? —repitió, divertido—. Es bastante más que eso, Em.
Ella volvió a mirar la embarcación, todavía sonriendo, mientras intentaba distinguir desde el muelle las redes, la estructura y todo lo que había alrededor de la cubierta. Tim siguió avanzando y le hizo un gesto con la cabeza para que lo acompañara.
—Sígueme.
Tim levantó la vista hacia ella y apoyó una mano sobre la borda.
—Paso aquí todo el tiempo que puedo.
Había comprado recientemente aquella embarcación usada y todavía la estaba restaurando, pero el barco ya era suyo.
Em lo entendió por la forma en que se movía sobre la cubierta, sin detenerse a pensar dónde había dejado una cuerda o qué compartimento debía abrir.
Después de guardar la pintura y la hielera, revisó algunas cosas antes de soltar amarras, y ella prefirió mantenerse a un lado mientras observaba.
No necesitó preguntarle qué debía hacer; cuando llegó el momento de subir, Tim le tendió una mano y esperó a que estuviera firme antes de continuar con las maniobras.
Poco después dejaron atrás el muelle. El motor cambió de sonido cuando salieron a una zona más abierta y el puerto comenzó a quedar a sus espaldas, sustituido por agua, vegetación y embarcaciones dispersas a lo lejos.
Em se acomodó cerca de la cabina con el cabello agitándose alrededor del rostro y los lentes de contactos todavía puestos.
Sonreía mientras miraba hacia ambos lados, siguiendo las aves que se levantaban desde la orilla y los canales que se abrían entre los árboles.
Durante aquella mañana descubrió una versión de Tim que rara vez aparecía en la casa.
Allí no era el hermano menor que hacía bromas durante el desayuno ni el muchacho que podía entrar a una fiesta y salir acompañado unas horas después con mujeres guapas.
Conocía el agua, las corrientes, los accesos y el comportamiento del barco con una seguridad que se notaba en cada movimiento.
Sabía cuándo reducir la velocidad antes de entrar en un paso más estrecho y dónde debía mantenerse alejado de zonas poco profundas sin necesidad de consultar nada.
En un tramo despejado, Tim disminuyó la marcha y le hizo sitio junto al timón.
Em lo miró con una mezcla de interés y desconfianza cuando entendió lo que pretendía, pero terminó ocupando su lugar después de recibir unas instrucciones breves.
Al principio sujetó el timón con demasiada rigidez y corrigió cada movimiento más de lo necesario, hasta que Tim le indicó con la mano que dejara de pelear contra la embarcación y permitiera que respondiera.
Em tardó poco en encontrarle el ritmo. Cuando consiguió mantener el rumbo sin que Tim tuviera que corregirla, una sonrisa se extendió por su rostro y permaneció allí mientras avanzaban.
Él se quedó a su lado, atento a la ruta y a sus manos, interviniendo solo cuando era necesario.
A Em le gustó mucho más de lo que había esperado y, después de unos minutos, ya miraba hacia adelante en lugar de comprobar cada dos segundos si estaba haciendo algo mal.
Cuando Tim recuperó el mando, ella se apartó todavía sonriendo y volvió a sentarse para contemplar el paisaje.
Habían dado una vuelta bastante amplia antes de internarse en una zona donde la vegetación se acercaba más al agua y el ruido del motor parecía propagarse entre los árboles.
Allí Tim redujo la velocidad y comenzó a preparar parte del equipo que llevaba en cubierta.
Em lo observó mientras sacaba una red y revisaba las líneas con una atención que contrastaba con la facilidad con que solía hacer casi todo.
—¿Qué vas a hacer?
Tim terminó de acomodar la red sobre un brazo y miró hacia el agua.
—Conseguir nuestra cena.
Em se acercó para ver mejor. Él le explicó únicamente lo necesario mientras ordenaba la red y comprobaba que nada pudiera enredarse durante el lanzamiento.
Ella siguió cada movimiento con atención, inclinándose un poco para observar cómo distribuía el peso, y durante un buen rato el resto de Louisiana dejó de importarle.
Allí Tim conocía perfectamente lo que hacía, y Em estaba empezando a comprender por qué pasaba allí todo el tiempo que podía.