Un hombre de honor V #4
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V #4

Durante todo el verano, Nicole siguió muy de cerca la investigación y el procedimiento contra Sirhan Bishara Sirhan, el único acusado del atentado que acabó con la vida de Robert Kennedy.

Se sabía que, en un principio, se había negado a colaborar con la policía, también que afirmaba una y otra vez no recordar nada ni ser consciente de haber disparado al senador, ni a nadie, a pesar de que la evidencia desmentía sus afirmaciones.

Las imágenes que se difundieron de él transmitían una inquietante mezcla de apatía y desconcierto; el rostro impasible, carente de emociones visibles, sin rastro de arrepentimiento, enojo o miedo.

Nicole observaba las imágenes que aparecían de él en la televisión o en la prensa, esa expresión ensimismada, a veces perdida, evitando el contacto visual con los que le rodeaban; siempre rígido, algo encorvado, desconectado del entorno.

La prensa, en general, lo retrató como un asesino motivado por el odio político y, poco a poco, se fue consolidando el relato de que se trataba de un fanático solitario.

Algunos expertos empezaron a perfilar lo que más tarde se convertiría en el eje de su defensa: su conducta mostraba indicios de un posible estado alterado de conciencia, como si, en el momento de disparar contra el senador, hubiera estado en trance o bajo una fuerte disociación mental.

Fueron varios los artículos sobre las consecuencias derivadas del asesinato de Robert Kennedy.

Su muerte sumió al Partido Demócrata en un hondo desconcierto y una marcada fractura interna.

El mensaje contra la guerra de Vietnam y a favor de la justicia social del senador Kennedy había conseguido galvanizar a jóvenes, afroamericanos y sectores progresistas, proyectándolo como la figura capaz de unir a un país profundamente dividido.

Su desaparición dejó al partido sin un líder carismático y sin una alternativa clara.

Con estos ingredientes, los demócratas se enfrentaron a la tormenta perfecta: protestas masivas contra la guerra, tensiones raciales alimentadas por el reciente asesinato de Martin Luther King y un distanciamiento con la clase política.

Movimientos antibélicos, organizaciones juveniles y grupos contraculturales anunciaron que llevarían su protesta directamente a la Convención Nacional Demócrata en Chicago, con la intención declarada de presionar al partido para adoptar una postura firme contra la guerra.

La respuesta del alcalde de Chicago fue anticiparse a posibles disturbios y, en los días previos, militarizó la ciudad, lo que caldeó el ambiente aún más.

El resultado final fue una convención que, lejos de unir a los demócratas, dejó al partido más dividido que nunca.

Las imágenes de violencia en Chicago y la elección de un candidato asociado a la política oficial de Vietnam provocaron una fuga de votos hacia opciones independientes, como la candidatura de George Wallace, y alimentaron la apatía entre los votantes jóvenes.

La fractura interna, la pérdida de legitimidad del proceso y el desencanto generalizado contribuyeron a la derrota demócrata en noviembre frente al republicano Richard Nixon, quien capitalizó el deseo de «ley y orden» en un país exhausto por el caos político y social.

Nicole estuvo al pie de todas estas noticias y cubrió algunos de esos acontecimientos. Sin embargo, a medida que transcurrían los meses, se afianzaba en ella la angustiosa certeza de que al parecer nadie más era consciente de lo que en verdad había ocurrido en aquella cocina del Ambassador.

Tras comparecer ante el gran jurado del condado de Los Ángeles, Sirhan Bishara Sirhan fue acusado formalmente de asesinato en primer grado con resultado de muerte del senador Robert Francis Kennedy y de cinco cargos de asalto con intención de cometer asesinato.

En los meses siguientes se realizaron audiencias preliminares, evaluaciones psiquiátricas y preparación de la defensa.

A finales de año se anunció que el juicio comenzaría el 12 de febrero de 1969, en el Tribunal Superior del Condado de Los Ángeles.

Todo parecía cerrado y casi visto para sentencia, que se esperaba que concluyese con la condena a muerte o la cadena perpetua.

Pero Nicole no había dejado de darle vueltas a lo que vio.

Había hecho algunas averiguaciones y había sabido que no era la única que había declarado la existencia de otro tirador, ni la presencia de esa chica del vestido de lunares.

Tal y como había augurado su hermano, el New York Times propuso la candidatura de Harold Becker al Pulitzer.

Nicole le felicitó y aprovechó para pedirle que la enviase a cubrir el juicio de Sirhan Sirhan.

Becker le dijo que haría lo posible. En el fondo, sabía que la había traicionado en varios sentidos, no solo en la entrevista, sino también en lo que ocurrió en la cocina del Ambassador la noche del 5 de junio.

No habían vuelto a hablar del tema, pero desde aquella conversación en el despacho de Philip Sanders, algo se había quebrado entre ellos.