Un hombre de honor V #3
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V #3

—Mi padre... —Movió la cabeza de un lado a otro, con un gesto de dolor marcado en el semblante—. Mi padre quiere que siga con Brooks Sheridan...

Se volvió hacia él.

—¿Y tú qué quieres?

—Yo... —balbució con voz trémula—. Yo quiero estar contigo, Frank, es lo que más deseo en el mundo.

—¿Cuál es el problema, entonces? Se trata de tu vida, deberías decidirlo tú.

—El sábado Brooks me pidió matrimonio.

La expresión de Frank se ensombreció, incluso el tono de su voz se tornó tosco.

—¿Y tú... aceptaste?

—Frank..., me lo ha pedido mi padre, hay mucho en juego, y yo... —Negó con la cabeza gacha, incapaz de enfrentarse a su mirada—. Lo siento... No puedo negárselo.

Frank permaneció en silencio, los brazos sobre los muslos como si de repente se hubiera quedado sin fuerzas, pensativo y aturdido por una situación que no acababa de encajar.

—¿Estás enamorada de Brooks Sheridan? —preguntó conteniendo el enfado que le iba creciendo en las entrañas como un volcán en erupción.

—Estoy enamorada de ti —respondió contundente—. Pero Brooks siempre ha estado en mi vida... Estaba antes de que tú llegases y lo llenases todo.

—La pregunta es clara, Nicole: ¿le amas o no?

—No... —Ella se removió, inquieta, como si en su interior se librase una feroz batalla entre dos fuerzas opuestas, consciente de que solo una podía sobrevivir—. No le amo, eso lo tengo claro, y más después de conocerte a ti... Es otro sentimiento..., le quiero. Él es seguridad, futuro...

—No sabía que no te sentías segura a mi lado —añadió decepcionado.

—No es eso, Frank... —protestó—. Es... —Apretó los labios, buscando las palabras que pudieran definir lo que sentía—. Es lo que siempre he tenido.

Un silencio gélido pareció adueñarse del ambiente. Los pensamientos confusos chocaban en la mente de ambos como bolas de billar impulsadas por la absurda situación.

—A ver si lo entiendo, Nicole... Me dices que me amas a mí... Y, sin embargo, me dejas para casarte con un hombre al que no amas, solo porque te lo ha pedido tu padre y porque es... —movió la cabeza sin comprender— ¿lo que siempre has tenido?

—Sé que es difícil de entender, pero es mi padre, le debo mucho, no puedo negarme.

—¿Cómo que no puedes negarte? —Por primera vez, Frank alzó un poco la voz. La irritación iba acrecentándose a medida que avanzaba aquella delirante conversación—. Eres una mujer libre... O al menos, eso creía.

—No es tan fácil —respondió, irritada por la duda—. Se trata de mi familia, es lo que esperan de mí. No puedes entenderlo.

—Inténtalo —replicó airado—, trata de explicarme algo tan ilógico como lo que me estás planteando. Dices que me amas y me vas a dejar para arruinar tu vida con otro hombre...

—Estaba con Brooks antes de conocerte —repitió—, me habría casado con él si no hubieras aparecido en mi vida.

—¡Pero estoy en tu vida! —clamó exasperado, en un tono más dolido—. Al menos eso creía... —se removió confuso y enfadado—, hasta hace un rato.

Un silencio tenso e incómodo los embargó a ambos.

—Estás en mi vida, Frank, pero... —Tragó saliva para poder continuar—. Me lo ha pedido mi padre... —repitió con un hilo de voz, como un mantra—. No puedo fallarle.

—No lo entiendo, Nicole.

—Brooks tiene sus defectos, pero es un buen hombre... —Se dio cuenta que estaba hablando como lo hacía su padre—. Aprenderé a quererlo, tengo que aprender a quererlo. —Su voz se quebró con estas palabras.

—Aprender a quererlo —dijo Frank jocoso—, parece que estés hablando de un curso de mecanografía.

Su risa irritó aún más los nervios de Nicole.

—Si no hiciera lo que mi padre me pide, tú y yo estaríamos condenados a una vida de incertidumbre.

Frank rio socarrón.

—¿Tú te estás oyendo?

Un aplastante mutismo se instaló entre ellos, un silencio que duró demasiado para los nervios de Nicole.

—Frank, lo siento... Lo siento.

Se levantó, buscó su bolso, sus zapatos, andando de un lado a otro nerviosa, conteniendo las lágrimas, con la idea de salir de allí lo antes posible, porque sabía que, si él se lo pedía, se quedaría, y no podía, no debía quedarse.

Frank la observaba sentado, en una calma tensa.

Cuando tuvo todo, bolso, zapatos y chaqueta, Nicole se volvió hacia él.

—Lo siento —repitió, y se fue hacia la salida.

Frank se levantó y, antes de que llegase a la puerta, la alcanzó y se puso frente a ella. La atrajo hacia sí y con los rostros muy juntos, le dijo:

—No pienso renunciar a ti, Nicole, estaré esperando para cuando necesites amar de verdad. No lo olvides nunca, ¿de acuerdo?

Ella esbozó una sonrisa, le acarició la mejilla, le besó dulcemente en los labios y, con un largo suspiro, salió al rellano.

Le dio la espalda y descendió las escaleras sin volver la vista, sintiendo la mirada del hombre al que amaba con más fuerza de lo que estaba dispuesta a admitir.

Aquella decisión le iba a costar mucho más de lo que ella imaginaba.

Tras la ruptura con Frank, Nicole trató de seguir con su vida sin él.

Solía salir a cenar con Brooks los viernes, pero los selectos restaurantes que antes le resultaban perfectos le parecían ahora tediosos y demasiado afectados, nada que ver con los que solía frecuentar con Frank, desenfadados, sin aquellos impolutos manteles de hilo, donde los camareros que voceaban las comandas lucían enormes tripas ceñidas por delantales llenos de lamparones, siempre con una sonrisa abierta y sincera dibujada en el rostro.

Todo era diferente con Brooks pese a que siempre había sido así antes de que Frank apareciera y transformara por completo su forma de ver y sentir la vida.