Un hogar para dos y medio Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

—¿Y si me pregunta algo que no sé cómo responder?

—Entonces dices que no lo sabes. No pasa nada por no saber algo.

—¿Y si me pregunta si de verdad creo que Teo es la pareja de la tía Renata?

Renata se quedó un momento sin saber qué decir, porque aquella pregunta, formulada por Coral en la penumbra de su habitación antes de dormir, no era exactamente la que había estado esperando.

—Dices lo que tú creas de verdad. No lo que hemos escrito en ningún cuaderno.

—¿Y si lo que creo de verdad cambia según el día?

—Entonces dices lo que crees ese día concreto. Nadie te va a pedir que sea lo mismo para siempre.

Coral se quedó pensando aquello con la seriedad que reservaba para los problemas de verdad, no para los que fingía tener a la hora de la cena, y al final asintió, satisfecha con la respuesta, aunque Renata se quedó despierta un buen rato más preguntándose qué habría respondido ella misma si alguien le hubiera hecho la misma pregunta esa noche, sin guion, sin estrategia, solo la verdad del día concreto en que se encontraba.

El jueves, Teo llegó a casa una hora antes de lo habitual, con la excusa de "asegurarse de que todo estaba en orden", aunque Renata sospechó, por la manera en que se paseó por el salón enderezando cojines que ya estaban derechos, que la excusa escondía un nerviosismo que él mismo no estaba dispuesto a admitir en voz alta.

—¿Estás nervioso?

—No especialmente.

—Estás enderezando el mismo cojín por tercera vez.

—Es un cojín mal hecho de fábrica. Se tuerce solo.

—Teo.

—Vale, sí, estoy nervioso. No por mí. Por si algo sale mal por mi parte y eso os afecta a vosotras dos, que sois las que de verdad tenéis algo en juego aquí.

Renata se acercó y le quitó el cojín de las manos, dejándolo tal cual estaba, torcido o no, y por un momento se quedaron los dos de pie en mitad del salón, más cerca de lo que la conversación estrictamente requería, hasta que el timbre de la puerta sonó y ambos dieron un paso atrás casi al mismo tiempo, como si acabaran de recordar, con cierto sobresalto, que tenían una visita esperando.

Nayara llamó esa misma noche, después de que Renata le mandara un mensaje resumiendo cómo había ido todo, y esta vez su tono, normalmente medido y profesional, sonó genuinamente aliviado.

—Almudena no suele sonreír en las visitas. Que Coral la haya hecho reír dos veces, según me cuentas, es mejor noticia de lo que probablemente imaginas.

—¿Y ahora qué? ¿Cuándo sabremos algo más?

—Ella redacta su informe en las próximas dos semanas. Se incorpora al expediente junto con el de la parte de Fermín, y con eso el juzgado fija fecha para la vista. No va a ser inmediato, pero cada pieza que sumamos juega a nuestro favor.

—¿Sabes algo de la parte de Fermín? ¿Cómo va su informe?

Nayara dudó un segundo, lo suficiente para que Renata notara que había algo que no quería soltar sin más.

—Su abogado ha pedido acceso al expediente completo, incluyendo detalles sobre la relación de convivencia. Es un movimiento estándar, no significa necesariamente que sospechen nada concreto. Pero sí significa que van a mirar con lupa cualquier detalle que no cuadre.

—¿Qué tipo de detalles?

—Fechas, sobre todo. Cuánto tiempo lleváis juntos según lo que has declarado, comparado con cuánto tiempo lleva Teo empadronado en tu dirección, si es que ha llegado a estarlo, comparado con lo que digan los vecinos si alguien decide preguntarles directamente.

Renata sintió que el alivio de la tarde se enfriaba un grado con cada frase, recordando la conversación en la escalera con Marisol, la ceja levantada, el "luego hablamos" que todavía no habían tenido del todo.

—Marisol sabe que esto empezó hace mucho menos tiempo del que hemos declarado.

—¿Confías en ella?

—Confío en que no quiere hacerme daño. No sé si confío en que sepa mentir bien si alguien con carpeta y bolígrafo se lo pregunta directamente.

—Entonces habla con ella. Antes de que alguien más lo haga por ti.

Colgó con la sensación, otra vez, de que cada problema resuelto abría paso a otro ligeramente distinto, como si el proceso entero funcionara según una lógica de capas que nunca terminaba de pelarse del todo.

Se lo contó a Teo esa misma noche, ya en la cocina, mientras él terminaba de fregar los últimos platos de la cena.

—Tenemos que hablar con Marisol.

—¿Sobre las fechas?

—Sobre las fechas, sobre lo que sabe, sobre lo que puede llegar a decir si alguien se lo pregunta directamente. No quiero que se entere de golpe, en mitad de una pregunta oficial, que llevamos semanas construyendo una historia con fechas que no coinciden con lo que ella vio con sus propios ojos.

Teo se secó las manos en el paño de cocina, pensativo, y asintió despacio.

—¿Confías en que lo entienda?

—Confío en que, si se lo explicamos bien, entienda por qué lo hicimos. No sé si confío en que sepa guardarlo con la misma disciplina que Nayara nos exige a nosotros.

—Entonces hay que asegurarse de explicárselo muy bien.

Quedaron en hacerlo el sábado, después de cerrar la pastelería, cuando Marisol tuviera tiempo de sentarse sin la presión de la caja registradora abierta ni clientes esperando en la puerta.

Hasta entonces, el peso de aquella conversación pendiente se sumó a la lista ya larga de cosas que Renata cargaba consigo cada noche antes de dormir, justo detrás del informe de Almudena y justo delante del silencio, todavía sin resolver, de lo que fuera que estaba empezando a sentir cada vez que Teo se quedaba más cerca de lo necesario frente al fregadero.

Antes de que Almudena llegara, hubo un pequeño incidente que casi desbarató toda la preparación cuidadosa de los dos días anteriores: Coral, revisando su propia habitación con el mismo rigor con el que revisaba las condiciones del trato, decidió que su cuarto "no parecía suficientemente de niña con vida estable" y se puso a redecorar las paredes con dibujos nuevos veinte minutos antes de que sonara el timbre.

—Coral, no hay tiempo para esto ahora.

—Es importante. Una niña con vida estable tiene dibujos en la pared, no la pared vacía que tengo desde que llegué. Lo he pensado bien.

Terminó pegando tres dibujos hechos deprisa con ceras de colores —una casa con dos chimeneas, un pez que se parecía sospechosamente a Boro, y una figura que se negó a explicar del todo pero que Renata sospechó, por el pelo rizado, que era un intento de retrato familiar con los tres incluidos— justo cuando el timbre sonó, dejándole a Renata exactamente cero segundos para procesar lo que acababa de ver antes de tener que abrir la puerta con una sonrisa que esperaba que no resultara tan forzada como se sentía por dentro.

Almudena, por supuesto, se fijó en los dibujos nada más entrar en la habitación de Coral durante el recorrido de la casa, y preguntó, con genuina curiosidad profesional, quién aparecía en el tercer dibujo.

—Nosotros —respondió Coral, sin ninguna vacilación, señalando las tres figuras con el dedo—. Yo, mi tía, y Teo. No hace falta que se note tanto quién es quién, la idea general ya está clara.

—¿Y por qué decidiste dibujarlo justo hoy?

—Porque me pareció que faltaba en la pared, y hoy me acordé de arreglarlo. No tiene más misterio.

Almudena anotó algo en su carpeta con una expresión que Renata no supo interpretar del todo, pero que, a juzgar por el resto de la visita, no pareció jugar en su contra en absoluto.

Después de que Nayara colgara aquella noche, Renata se quedó un rato más despierta de lo que había planeado, dándole vueltas a la parte de la conversación sobre el abogado de Fermín pidiendo acceso al expediente completo.

Al día siguiente, sin decírselo a nadie todavía, buscó el número de Fermín en el teléfono y estuvo un buen rato con el pulgar suspendido sobre la pantalla, debatiendo si llamarlo directamente, sin abogados de por medio, para preguntarle qué necesitaba de verdad que le convenciera de que Coral estaba bien donde estaba.

Al final no llamó. Escribió un mensaje corto, sin acusaciones ni reproches, preguntando simplemente si le gustaría ver a Coral algún fin de semana, sin condiciones legales de por medio, solo como tío.

Fermín respondió dos horas después con un mensaje igualmente corto, agradeciendo la oferta pero declinándola "hasta que las cosas estén resueltas del todo, para no confundir a la niña con idas y venidas".

Renata leyó la respuesta tres veces, buscando algo entre líneas que le confirmara si aquello era cautela legal o simplemente indiferencia disfrazada de prudencia, y no encontró una respuesta clara en ninguna de las lecturas.

Se lo contó a Teo esa noche, mientras cerraban la cocina después de la cena, y él escuchó sin interrumpir, con la misma atención con la que escuchaba las explicaciones complicadas de los dueños de mascotas nerviosos.

—¿Te sorprende que haya dicho que no?

—Un poco. Pensaba que si de verdad quisiera a Coral tanto como dice en los papeles legales, aceptaría verla aunque fuera incómodo para el proceso.

—O quizá lo que de verdad quiere es ganar el proceso, y ver a Coral fuera de ese marco no le sirve para nada en ese objetivo concreto.