Un héroe de corazón (Dulces corazones de Sweet Creek nº 5) Capítulo 12 #2
77%

Capítulo 12 #2

Sabía lo que encontraría después de esas retiradas. Pagos al banco sin efectuar. Intereses crecientes. Impagos a otros acreedores. Otro préstamo a un interés más alto para pagar lo que debían. Ese era el comienzo de una espiral descendente.

La mala racha a la que su padre había achacado sus desgracias había ocurrido justo después de aquello. El restaurante podría haber superado ese bache si no hubieran desaparecido ochenta mil dólares.

Con dedos temblorosos, dobló el extracto, metió los cheques y los volvió a guardar en la carpeta marcada con una fecha de hacía cinco años. Llamó a su padre. Por suerte estaba en casa, y su madre y Chris habían salido a hacer recados. No perdió tiempo en subirse al coche e ir hasta allí.

Su padre le abrió la puerta y, una vez dentro, ella fue directa al grano.

—Necesito hablar contigo de algo —dijo, desplegando los extractos sobre la mesa de la cocina.

—¿A qué viene tanto revuelo, hija?

—Esto —dijo, señalando las cantidades que había marcado con bolígrafo rojo—. ¿Puedes explicarme qué son?

Su padre se rascó la cabeza con un dedo y frunció el ceño.

—No hace falta que te pongas así conmigo.

El tono defensivo de su voz le indicó que necesitaba hacer precisamente eso.

—Me estás vendiendo el restaurante. Creo que tengo derecho a ponerme así cuando se trata de los resultados del pasado.

—Tú fuiste quien quiso comprarlo —respondió su padre—. Y te dije que no lo hicieras. Que no merecía la pena.

—De todos modos, me gustaría saber de qué va esto —dijo ella.

—Le presté el dinero a Carter para ayudar a Ben.

Kelsey se quedó mirando fijamente a su padre; una parte de su mente procesaba la información mientras la otra la negaba.

—¿Hablaste con Ben sobre esto? ¿Te lo pidió él?

—No directamente, no. Ya te dije que le di el dinero a Carter. Dijo que él y Ben lo necesitaban para la entrada de un equipo. Estaban esperando que les aprobaran una línea de crédito. Cuando eso ocurriera, dijo Carter, me lo devolverían.

—¿Qué equipo? —preguntó ella con la voz débil por la conmoción.

Bill se encogió de hombros, evitando la mirada de su hija.

—No pregunté. Es mi yerno.

—Era tu yerno —recalcó Kelsey.

—En fin, confié en él. Confié en ese socio suyo.

El rostro de su padre se iba poniendo cada vez más rojo, y Kelsey temió que le diera un infarto.

—Carter dijo que Ben vendría a redactar un contrato de préstamo. Pero no vino. Confié en ese hombre. Fue un error. Ben debió de pensar que, al morir Carter, ya no tendría que devolverlo.

A pesar de su desconcierto, a Kelsey le molestó lo que dijo sobre Ben. No podía creer que estuviera implicado en aquello.

—Si Ben hubiera tenido algo que ver con esto, habría hecho algo al respecto —dijo en tono defensivo.

—Ben llamó aquí una vez —continuó Bill—. Después de que muriera Carter. Para preguntar por ti. Le dije que te habías ido, pero no adónde. No podía creer su descaro. Le pregunté por el dinero. Se hizo el desentendido.

Lo que le contó su padre la sacudió. Ben había llamado. Por ella. Y durante todo ese tiempo, ella había creído que él nunca pensaba en ella. Si su padre no le había dado su nuevo número a Ben, no había forma de que pudiera haberla localizado.

Esa información chocaba con lo demás que había dicho.

—¿Qué quieres decir con que se hizo el desentendido?

—Me dijo que no sabía de qué le hablaba.

—¿Y si no lo sabía?

—Claro que lo sabía. Carter me dijo que dejara los cheques en blanco.

—¿O sea que no los rellenaste?

—No. Carter dijo que Ben quería poner el nombre de una sociedad numerada. Por motivos fiscales. Nunca vi los cheques.

—¿Dónde están ahora?

—No lo sé. Los quitaron de los extractos bancarios cuando me llegaron. Solo cuadraba las cuentas una vez al año. Pudieron desaparecer en cualquier momento.

Bill entrecerró los ojos, como si anticipara las siguientes palabras de Kelsey.

—Y no me vengas con que llevo una contabilidad descuidada, ¿vale?

Kelsey cerró los ojos. ¿De qué serviría reprenderlo? Todo el daño estaba hecho desde hacía mucho. Se preguntó si Carter habría sacado los cheques. Porque intuía qué había pasado con el dinero. Sintió una oleada repentina de ira hacia Carter, y la bilis le subió por la garganta.

Sabía que tenía que hablar con Ben sobre ese dinero, averiguar si sabía algo. Y preguntarle directamente qué sabía de Carter.

—Tengo que irme, papá. Ya hablaremos de esto.

Recogió los dichosos extractos y se detuvo un momento, mirando a su padre.

Él rehuyó su mirada.

Había sido imprudente al confiar en quien no debía. Le había costado caro. Todo lo que Kelsey tenía que perder, si el restaurante se hundía, era el tiempo invertido en intentar salvarlo y un empleo.

Estaban a punto de perderlo todo.

La compasión luchó con la frustración.

El amor por su padre venció. Se inclinó y le besó la coronilla.

—Te llamo luego —dijo antes de marcharse.

Mientras Kelsey conducía de vuelta al restaurante, miró el reloj. Todavía le quedaban un par de horas de trabajo, y luego recogería a Chris.

¿Y después?

Ir a hablar con Ben. Averiguar por qué nunca quería hablar de Carter.

Aparcó frente al restaurante y salió del coche. Justo entonces, una camioneta redujo la velocidad junto al letrero y entró en el aparcamiento.

Era Ben.

Kelsey se detuvo en seco y el corazón se le hundió en el pecho. Todavía no. Es demasiado pronto. No estoy lista.

Mientras la camioneta se detenía junto a ella, Kelsey forzó una sonrisa con los labios rígidos. Apenas se atrevía a pensar en por qué Ben estaba allí otra vez. Después de lo de ayer, pensó que estaría demasiado ocupado para pasarse.

Ahora estaba allí otra vez. Pero ahora ella tenía más información que ayer. Esta vez no iba a dejar que le diera largas. Necesitaba saber qué pensaba y qué recordaba de Carter.

Se pasó los dedos temblorosos por el pelo rebelde y se miró la ropa: vaqueros y camisa abotonada. Súper informal, pensó mientras se metía bien la camisa por dentro de los vaqueros. Tendría que valer.

Respiró hondo y, rezando para que él no oyera los latidos de su corazón, caminó hacia la camioneta.

Ben aún no la había visto. Estaba trasteando con algo en el asiento de al lado, con el ceño levemente fruncido. Kelsey se permitió un momento para contemplarlo. Como si sintiera su mirada, se volvió.

El ceño se desvaneció y su boca se curvó en una sonrisa que le provocó esas sensaciones tontas en el estómago. Y en el corazón.

Abrió la puerta y saltó fuera.

—Hola —dijo con sus ojos oscuros clavados en ella mientras cerraba la puerta. Cuando se plantó frente a ella y le sujetó los brazos, a Kelsey le temblaban las rodillas.

La recorrió con la mirada, con una sonrisa acogedora.

—Te estaba buscando.

Kelsey tragó saliva mientras sus emociones luchaban con sus dudas. Sabía tan poco de él.

—¿Qué pasa? —preguntó él, y le apartó un mechón de pelo de los ojos.

Kelsey no estaba acostumbrada a esa naturalidad por parte de él, y eso la confundía aún más.

—Tenemos que hablar.

Ben ladeó la cabeza como si la estuviera estudiando. —Qué interesante, porque yo también estoy aquí por eso.

Kelsey tragó saliva, preguntándose qué querría decirle.

—¿Qué te pasa? Pareces un poco tensa.

—Lo estoy, Ben —dijo ella, apartándose de él.

Su sonrisa se desvaneció. Para Kelsey, fue como si el sol se hubiera ocultado tras una nube.

Quería borrar el leve ceño fruncido de su frente. Volver a sentir la conexión que había sentido el día anterior. No quería otra cosa que olvidarse de todo aquello. Pero sabía que, por el bien de ambos, tenía que descubrir lo que él sabía.

—Esta mañana estuve revisando unos extractos bancarios —dijo, jugueteando con el pelo. Respiró hondo, confundida por las palabras airadas de su padre—. Encontré retiradas de grandes sumas de dinero de la cuenta del restaurante. —Se detuvo.

Ben guardó silencio y ella no se atrevió a levantar la vista hacia él.

«Al final, deberíamos haber hecho esto dentro», pensó. «Esto es tan impersonal». Pero ya había empezado y no podía parar ahora. Tomó aire con cuidado, con el corazón latiéndole con fuerza mientras intentaba encontrar la manera adecuada de formular la pregunta que le quemaba en la mente.

—Acabo de hablar con mi padre sobre eso. Me dijo que le dio el dinero a Carter. Para ti. —Entonces se atrevió a mirarlo.

Él se echó hacia atrás, apretando los labios, con los ojos oscuros como la noche... y igual de herméticos.

—¿Qué se supone que debo saber yo de eso? —Parecía enfadado. Kelsey supo que lo había dicho mal.

—Quiero saber qué hizo Carter con el dinero, Ben. Creo que lo sabes. Creo que sabes más sobre Carter de lo que estás dispuesto a contarme.