Capítulo 11 #3
—¿Qué nueva calamidad vienes a echarme encima? —preguntó Ben, dejando caer la bolsa en el suelo junto a la mesa de dibujo.
—Nada. Buenas noticias, en realidad. Acabo de hablar con el ingeniero. Va a autorizar un pago parcial por el trabajo.
—Esas sí son buenas noticias.
—Pensé que eso te arrancaría una sonrisa, pero veo que no lo he conseguido.
Ben lo ignoró. Cogió el móvil y lo metió en el maletín de cuero.
—Me han dicho que estuviste en el pueblo anoche —continuó Drew, acomodándose como si se preparara para una conversación íntima.
—Vaya, qué bien informado estás —dijo Ben con sequedad—. ¿También te han dicho que estuve en el pueblo esta mañana?
Drew sonrió.
—Sí. Otra vez en la iglesia. Creo que esa Kelsey es una buena influencia para ti.
Ben prefirió no hacer comentarios.
—¿Qué planes tienes?
—No te rindes nunca, ¿eh? —preguntó Ben mientras cerraba la cremallera de la bolsa.
—¿Por qué iba a hacerlo? Nunca te había visto tan interesado en una mujer.
—Interesado, dice. Solo hemos salido un par de veces.
—Has traído a su hijo aquí.
—¿Tenías algo más que decirme sobre el trabajo o algo importante antes de que me vaya? —espetó Ben.
—Estás a la defensiva —Drew se reclinó y entrelazó las manos detrás de la cabeza—. Creo que te estás enamorando de esa mujer.
Las palabras de Drew lo sacudieron, pero tuvo la prudencia de no decir nada.
—¿El infame Carter Swain sigue siendo un obstáculo para ti? —la expresión de Drew era seria.
Ben pensó en las tarjetas que Kelsey había colocado en la repisa de la chimenea. Ella había dicho que las había puesto Chris, pero él tenía sus dudas.
—Tiene recuerdos muy arraigados de él.
—¿No te preocupa que alguien de la cuadrilla pueda contarle la verdad algún día?
—No todos lo saben.
—Creo que debería saberlo.
Ben respiró hondo mientras Drew volvía implacable al mismo tema.
—¿De qué serviría?
Drew no dijo nada.
—Murió en mis brazos gritando el nombre de una mujer que no era su esposa, Drew —dijo Ben apretando los dientes—. ¿Crees que voy a contarle eso?
Drew observó a su amigo con mirada inflexible.
—Carter no era ningún santo, Ben. Todos lo sabíamos. Algún día ella descubrirá más cosas.
—Pues no será por mí.
—Vamos, Ben. Veo lo que está pasando. ¿Pensabas que podrías pasar tiempo con ella y después marcharte sin más? ¿Y qué pasa con su hijo? ¿Cómo te recordará?
Las palabras de Drew le provocaron una punzada de dolor. Chris era un niño tan animoso. Cada día que pasaba con él, Ben lo apreciaba más.
—Claro, esta devoción por un marido muerto te viene muy bien, ¿no?
—¿Qué quieres decir?
—Te resulta fácil —Drew se puso de pie—. No puedes estar a la altura de ese supuesto santo. Ella puede conservar sus recuerdos y tú puedes seguir protegiendo ese corazón que guardas con tanto celo. Es muy conveniente.
Ben se volvió y clavó la mirada en su amigo.
—¿Por qué iba a necesitar hacer eso?
—Porque eres un hombre de paso, Ben. Porque tienes miedo de echar raíces, de creer que en algún momento o lugar podrías crear lo que nunca tuviste con tus padres. Un hogar. Una familia.
Ben cogió la bolsa y descolgó el abrigo de la percha. Se detuvo un momento y se volvió hacia su amigo.
—¿Qué ejemplo de familia he tenido yo, Drew? ¿Un padre al que le daba igual pegarme que sentarme en su regazo? ¿Una madre que me ignoraba porque gastaba toda su energía en intentar complacer a un hombre al que era imposible complacer?
Drew lo miró con compasión reflejada en el rostro.
—Eres un buen hombre, Ben. No te valoras lo suficiente. Serías un buen padre y un marido maravilloso, porque sabes lo que no quieres que sea una familia. Y sé que te entregarías por completo.
Ben escuchó a Drew, y cada palabra despertaba un nuevo temor en él. ¿Podría hacerlo? ¿Podría ocurrir?
—Te llamaré desde Drayton —dijo de forma abrupta, ahuyentando aquellos pensamientos. Y se marchó.
Mientras conducía, las palabras de Drew seguían resonando en sus oídos. Las preguntas le cruzaban la mente tan rápido como los postes que desfilaban a su lado. Sentía que estaba llegando a un punto en el que tenía que tomar una decisión.
Sabía que no podía ser el hombre que Carter había sido, al menos a ojos de Kelsey. Pero quería que ella lo quisiera por sí mismo. Por quien era de verdad.
¿Lo que sabía sobre Carter causaría un problema? ¿Acaso necesitaba contárselo? Como le había dicho a Drew, no serviría de nada.
Sin embargo, ¿podría respetar a una mujer que, como su madre, había estado tan ciega ante la realidad de su marido?
¿Y qué pasaba con su fe? ¿Qué sabía él de servir a Dios? Cuando Ben se enfrentó a su padre y Sam Dempsey se volvió contra él, ¿estuvo Dios allí? Ben tuvo que enfrentarse solo al hombre enfurecido. Tuvo que tomar sus decisiones por su cuenta.
Ben siguió conduciendo, debatiéndose y rezando, la confusión en guerra con la vulnerabilidad de soltar el control. Desde que se enfrentó por primera vez a su padre, Ben nunca se había permitido estar en una posición en la que otra persona tuviera poder sobre él.
Sin embargo, lo que sentía por Kelsey, por Chris, requeriría rendirse.
La palabra lo asustaba. ¿Se atrevería?