Capítulo 1 #2
Kelsey miró a Ben, que observaba a su hijo con una expresión curiosa.
Tenía las manos apretadas bajo la mesa mientras su mirada iba de Ben a Chris, esperando que Ben no se alejara de nuevo. Que no lo rechazara.
—Este es el Sr. Dempsey —dijo Kelsey en tono neutro—. Trabajaba con tu papá.
Chris lo estudió un momento más y entonces cayó en la cuenta. —Te conozco —dijo con una mirada triunfante—. Mi mamá tiene una foto tuya con mi papá.
—¿Ah, sí?
Chris asintió. —Estáis todos de pie junto a una excavadora. Una excavadora grande. —Recalcó lo de «grande» extendiendo las manos para mostrar el tamaño.
—Creo que recuerdo ese día —dijo Ben, mirando a Kelsey.
Para su sorpresa, una leve sonrisa asomó en una comisura de sus labios bien perfilados. Desapareció tan rápido como había llegado.
Una vez más, Kelsey sintió aquella atracción inoportuna hacia aquel hombre desconcertante. Se preguntó qué podría haber pasado entre ellos si no tuviera a Chris.
En cuanto ese pensamiento se coló en su mente, lo apartó y lo enterró. Amaba a Chris y no podía imaginar su vida sin su querido hijo.
—Aquí tienes tu café, Ben. —Cory dejó una taza delante de Ben y se tomó un momento para revolverle el pelo a Chris—.
Oye, campeón. Supongo que querrás helado, ¿no?
—Cory miró a Kelsey buscando permiso. Aunque Kelsey habría preferido no quedarse a solas con Ben, la culpa por ver a su pequeño trabajando pudo más que sus propias necesidades. Asintió dando su consentimiento.
Con seis años, Chris era demasiado pequeño para trabajar en un restaurante después de clase, por pequeña que fuera la tarea.
Pero los padres de Kelsey estaban de vacaciones y ella no podía permitirse una canguro en ese momento.
Más que nada, Kelsey anhelaba darle a su hijo la normalidad de una vida familiar.
Durante tres años de su corta vida, Chris había tenido dos padres y seguridad. Eso terminó cuando murió Carter.
—¿Puedo sentarme contigo y con el Sr. Dempsey cuando me traigan el helado? —preguntó Chris, dubitativo.
—Sí, si quieres.
—Quiero —dijo Chris con timidez, y se marchó.
—Se ha convertido en un buen chico —dijo Ben.
—Lo es, y es una verdadera bendición —dijo Kelsey con énfasis. Cogió una cuchara y la golpeteó suavemente sobre la mesa.
Ben se rascó la frente con un dedo, mordiéndose el labio mientras el silencio entre ellos se alargaba.
—¿Cómo estás, Kelsey? ¿De verdad? —preguntó Ben por fin.
La pregunta, tan repentina, la pilló desprevenida. Alzó la vista y se encontró con los ojos serios de Ben clavados en ella.
La sinceridad de su voz le hizo un nudo en la garganta. Se sintió torpe mientras daba vueltas a la cuchara, preguntándose cómo reducir todo lo que sentía a algo tan pequeño como las palabras.
—Estoy bien. Chris y yo vamos tirando —dijo al fin.
—Kelsey, nunca tuve ocasión de decirte bien cuánto sentí lo de Carter. No he sido muy considerado en ese aspecto.
Se detuvo, mordiéndose el labio, como si se contuviera. Respiró hondo, se inclinó hacia ella y pareció a punto de volver a hablar.
—El funeral no fue buen momento...
—¡Mira lo que Cory me ha puesto en el helado!
La repentina aparición de Chris cortó en seco lo que Ben fuera a decir. Esta vez, se alegró de que él se apartara. Aquel acercamiento la había dejado sin aliento. Se preguntó qué habría estado a punto de decirle.
Su hijo plantó el cuenco de porcelana con helado sobre la mesa con un golpe seco y se encaramó a la silla, radiante.
—Gracias, Cory —dijo Kelsey, lanzándole una mirada de agradecimiento.
—¿De dónde eres, Ben? —preguntó Cory, tomando con soltura las riendas de la conversación mientras volvía a sentarse.
—Soy de Prince George. Ahora tengo el negocio en Abbotsford.
—Eso queda bastante al oeste. Estás lejos de casa —comentó Cory.
Ben se encogió de hombros.
—Solo tengo allí un depósito de maquinaria y la oficina central. Paso mucho tiempo viajando.
Cory miró a Kelsey como invitándola a participar, pero Kelsey ignoró la petición silenciosa de su amiga. Aún se sentía alterada, sin conseguir encontrar su equilibrio emocional con aquel hombre tan desconcertante.
—Tendrás que disculpar a Kelsey —Cory se volvió hacia Ben tras darle una patadita a Kelsey por debajo de la mesa—. Normalmente es mucho más animada y alegre, pero anda con la cabeza en otra parte.
Kelsey fulminó a Cory con la mirada, preguntándose qué mosca le había picado.
—Cory, basta —dijo con un tono de advertencia inconfundible.
—¿Ves? —dijo Cory, meneando la cabeza—. Sí que sabe hablar. Solo hay que saber cómo tocarle la fibra.
Kelsey sentía la tensión oprimiéndola, retorciéndola por dentro. Por mucho que lo intentase, no conseguía mantener una conversación trivial con Ben. Estaba demasiado ligado a sus recuerdos de Carter, y no sabía cómo desenredar esos hilos.
Para compensar, lo miró con lo que esperaba que fuese una sonrisa amistosa.
—¿Dónde fue tu último trabajo? —preguntó, mientras se preguntaba si pasaría el resto de su vida allí sentada, intentando mantener una conversación cortés.
—Estuvimos ocho meses en un trabajo a unos veinte kilómetros por la autopista de Alaska. A ambos lados del río Liard. Viví allí mismo, en la obra.
—¿En aquel remolque viejo que tenías? —preguntó Kelsey.