17. Reunión femenina #3
No le sentaba nada bien dormir tanto durante el día; luego tenía todavía más sueño y, por lo general, le costaba más volver a ponerse en marcha.
Se detuvo un momento para orientarse. Sí, esa noche la tenía libre.
Y el día siguiente también, constató con alivio.
¿Por qué no daba el día por terminado y ni siquiera bajaba con los demás?
¿No sería buena idea dedicarse a no hacer nada y ocuparse solo de sí misma?
Sin pensarlo dos veces, llenó la bañera de agua, le añadió un poco de una sal marina que Álvaro había aromatizado con hojas de romero, encendió unas velas y se metió en ella.
Julia estiró con placer sus cansadas extremidades y cerró los ojos.
Intentó evocar la agradable atmósfera de su sueño, pero no lo consiguió porque no paraban de interponerse otras imágenes.
Visualizó el jardín de sal y enormes olas que lo inundaban.
Vio peces muertos flotando boca arriba en el agua.
Una detonación enorme que hacía temblar incluso la roca sobre la que se alzaba la finca.
Desilusionada, se incorporó. ¿De dónde salían todas aquellas ideas?
¿Tanto la habían asustado los planes de Jens y de Marcos que incluso sufría visiones aterradoras?
Salió del agua y se secó. Al menos le había servido para desvelarse del todo. ¿Quizá debería ir a dar una vuelta con sus amigas? ¿O con Álvaro? Cualquier cosa sería mejor que sucumbir a aquellos pensamientos funestos.
Salió a buscar a los demás y constató que, a excepción de Tanja, se habían marchado todos.
—Toto ha pasado a recoger a Amelie —le dijo esta—. Y Álvaro no sé dónde está —añadió algo abatida.
—¿Te parece bien si me enseñas ahora lo que has hecho? —le propuso Julia, y a la joven se le iluminó la mirada al instante.
—Ay, sí, estoy impaciente por ver qué te parece —exclamó con entusiasmo—. ¿Vamos al despacho? Así podré mostrártelo todo en el ordenador.
La pequeña habitación, bañada por la luz azulada de la gran pantalla, parecía un acuario. Julia tuvo que concentrarse mucho para escuchar las explicaciones de Tanja.
—Deberíamos empezar por el logotipo —dijo la joven— porque será la base para todo lo demás.
En la pantalla apareció un dibujo dividido en tres niveles: debajo había una franja estrecha con un pez y unas algas estilizadas.
Encima Julia vio la salina de Álvaro representada con pocos trazos, con sus estanques geométricos.
Arriba del todo Tanja había dibujado la forma característica de las rocas que coronaban la finca.
—He pensado lo siguiente —dijo—: tu restaurante se llama Flor de Sal.
Podemos verlo aquí arriba. Debajo está el nivel en el que se encuentra el jardín de sal, que, en cierto modo, es la base de todo.
Pero la sal surge del mar, por eso lo he añadido debajo.
El éxito de tu restaurante se basa en la armonía de los tres elementos.
Julia miró fijamente el estilizado dibujo.
El conjunto como logotipo tal vez quedaba demasiado recargado, pero, aun así, las palabras de Tanja la conmovieron.
El mar, el jardín de sal, el restaurante...
, todo debía estar en armonía. Y de repente volvió a temer que esa armonía pronto pudiera irse al traste.
—¿Qué te pasa? —preguntó Tanja, mirándola con preocupación—. ¿No te gusta? Dime la verdad, tengo otros diseños.
—Sí, sí, creo que... —empezó a decir Julia, que tuvo que aclararse la garganta—. Es que lo que has dicho es muy cierto. Yo no lo habría sabido expresar mejor.
—Pero hay algo que te molesta. Espera, te enseñaré otras opciones para el logotipo.
Tanja cambió rápidamente de archivo y le presentó tres diseños más.
Uno consistía en una vajilla estilizada, otro estaba basado en la idea del origen volcánico de la isla y mostraba un campo negro y estructurado que recordaba a la roca volcánica con el nombre del restaurante escrito encima con letras plateadas.
Ese era elegante, igual que un tercer diseño, en el que aparecía el arco de piedra con el drago en primer plano.
Los tres estaban muy bien, cada uno a su manera, pero ninguno de ellos le gustó tanto como el primero.
—Estás preocupada por algo —constató Tanja al fin cuando encendió la luz—. Espero que no sea por culpa mía —añadió con tristeza, de nuevo con la mirada perdida, como los primeros días que había pasado en la finca.
—No —respondió Julia para intentar tranquilizarla—. En absoluto. Estoy totalmente abrumada por tus propuestas. Has trabajado mucho...
—... pero no hay ninguno que te guste —dijo Tanja para terminar la frase, desilusionada.
De repente Julia sintió la necesidad de contárselo todo. Desde el asunto de la estación de buceo y los bidones con veneno que habían confiscado hasta las maquinaciones de Marcos y los esfuerzos de Toto por proteger el paisaje costero.
—Y encima Emil me ha contado que para eso tendrán que volar una roca submarina —dijo para concluir su relato—, lo que sería una catástrofe. Álvaro teme que pueda poner en peligro el jardín de sal.
—Entonces seguro que no les concederán los permisos —opinó Tanja.
—Aparte de que Marcos dispone de medios y contactos para influir en los ministerios de Madrid, tememos que Jens y él simplemente lleven a cabo el proyecto con autorización o sin ella.
Y, una vez destruido el ecosistema, la costa nunca será declarada zona protegida, y mucho menos parque nacional.
Entonces no habría impedimentos para la estación de buceo.
Y vete a saber qué ocurrirá con la salina...
Julia no pudo seguir hablando.
Tanja también guardó silencio con la mirada perdida. Julia ya lamentaba habérselo contado todo. ¿Y si le daba por correr a buscar a Jens para informarlo de que estaban al corriente de sus planes?
—¿Y estás segura de que Jens está involucrado en ello? —preguntó la joven.
—Completamente —respondió Julia—. Va por ahí hablando de ello. Lo que me extraña es que tú no lo supieras.
—¿Yo? —exclamó Tanja, abriendo mucho los ojos y soltando un resoplido—.
A mí nunca me contaba sus planes. Me decía que no los comprendería —constató, negando con la cabeza—.
La verdad es que ahora mismo no me explico cómo pude permitir que me tratara de ese modo —dijo, arrugando la frente como si estuviera pensando en algo muy intensamente.
Entonces se puso a teclear en el ordenador y en la pantalla volvió a aparecer el primer logotipo que le había enseñado a Julia—.
¿Por eso te has puesto tan triste? —preguntó con aire pensativo, señalando con el cursor la capa inferior, la que simbolizaba el mar—.
¿Porque estás preocupada? ¿Porque el equilibrio puede quedar alterado para siempre si los planes de Jens se acaban llevando a cabo?
Julia asintió.
—Sí, era por eso —reconoció en voz baja. Todo aquello le afectaba mucho. Tanja sacudió la cabeza con determinación, como si acabara de decidir algo—. ¿Qué ocurre? —preguntó alarmada. ¿Por qué la joven de repente parecía tan contenta? ¿Se alegraba de que Julia estuviera tan preocupada?
—Ay, nada —replicó Tanja—. Simplemente se me ha ocurrido una idea.