16. Que todos los pecados sean mal recordados
Que todos los pecados sean mal recordados
Toda mi vida es una mentira.
R OBERT B RUCE L OCKHART
Con estos despojos del pasado recién desenterrados, Peterson preguntó a Lockhart qué podía hacer para convencer a Mólotov de que extendiera un visado para el exagente británico.
Lockhart le respondió ofreciéndole una versión alterada de su relato de inocencia de toda la vida.
Se lamentó ante el embajador de que esperaba que «ese mito hubiera muerto», pero estaba claro que los rusos seguían creyendo la versión propagandística que ellos mismos habían creado hacía dos décadas.
Contradiciendo sus propias memorias, Lockhart afirmó entonces a Peterson que nunca tuvo tratos con los Fusileros Letones ni con Sávinkov, y que incluso desaconsejó al gobierno británico trabajar con el conocido terrorista antibolchevique.
Tal era la desesperación de Lockhart por volver a Moscú, que estaba dispuesto a reescribir su ya manipulada historia.
Por muy dispuesto que estuviera Peterson a llamar mentirosos a sus anfitriones, la respuesta de la prensa soviética a La gran conspiración añadía sobre el caso de Lockhart nuevas capas de acusación contra las cuales habría sido imposible protestar sin arriesgarse a despertar la ira de Stalin.
Pravda atacó al escocés por su amistad con «el agente de la reacción imperialista, Trotski, en quien la inteligencia británica llevaba mucho tiempo poniendo los ojos» como posible aliado.
Izvestia retomó este mismo hilo afirmando que fueron Trotski y Lockhart quienes planearon el golpe contra Lenin.
Esta demonización de Trotski había nacido del odio de Stalin hacia él.
No contento con perseguir a su rival fuera de la Unión Soviética como parte de la carrera por suceder a Lenin en la década de 1920, Stalin mandó asesinar a Trotski en su supuesto refugio, una casa con jardín en Ciudad de México, en 1940.
Ser mencionado en el mismo contexto que Trotski significaba ser enemigo de Stalin.
Por esta razón, cuando Peterson finalmente accedió a trasladar la petición de Lockhart a Mólotov, el comisario «perdió los estribos» y respondió secamente que «Lockhart es muy conocido en la Unión Soviética».
Habiendo entendido lo que Mólotov había querido decir, Peterson puso fin a la conversación y a las esperanzas de Lockhart de visitar Rusia por última vez. 7
Privado de la oportunidad de volver a la acción, a Lockhart no le quedó más remedio que librar la Guerra Fría desde detrás de su micrófono en Bush House, desde los atriles en las giras patrocinadas por el British Council y a través de los artículos que escribía para ser publicados —a menudo con pseudónimos— en periódicos y revistas de toda Europa.
Así como en la década de 1930 su misión había consistido en difundir propaganda antifascista, Lockhart apuntaba ahora hacia el expansionismo soviético evocando la historia del golpe de Estado checo como una advertencia a toda Europa sobre el frágil hilo del que pendían las libertades en el continente.
Consciente de que la BBC no era una emisora falsa emitiendo desde Milton Bryan, Lockhart moderó inicialmente sus comentarios antisoviéticos.
Sin embargo, tras la muerte de Masaryk y Beneš —cuya salud se deterioró rápidamente en los meses posteriores al golpe de 1948—, sus emisiones se volvieron más abiertamente anticomunistas y sus escritos no se anduvieron con chiquitas.
En un artículo de 1951 destrozó la reivindicación de Stalin de ser el heredero de Lenin recordando que él apenas vio al ambicioso don nadie en Moscú en 1918 y mucho menos lo encontró sentado bajo el árbol de enseñanzas de Lenin.
Fue igualmente crítico con Nikita Jrushchov, que asumió el control de la Unión Soviética tras la muerte de Stalin en 1953.
Descartando las pretensiones de Jrushchov de ser un reformador, Lockhart dijo a sus lectores que «la nueva imagen de Moscú representa un cambio de táctica.
Ahora recurren a las sonrisas para lograr lo que años de amargura no habían conseguido».
El sistema seguía podrido, solo que ahora «los campos de prisioneros están bien escondidos».
Estos comentarios mordaces sobre el régimen soviético y sus mensajes en alabanza de la libertad convirtieron el programa de radio World Affairs en un faro para los checos agraviados por la toma del poder por parte de los comunistas.
En 1948, un sociólogo estadounidense que investigaba las inclinaciones de los oyentes en Checoslovaquia calculó que el cincuenta por ciento de la población del país que tenía una radio la sintonizaba semanalmente para escuchar a Lockhart.
Entre ellos se encontraban los miembros de la resistencia anticomunista, cuyos líderes se pusieron en contacto con Lockhart a través del embajador checo en Irlanda, Pavel Růžička, y le pidieron que transmitiera mensajes codificados a sus miembros a través de World Affairs . 8
Nada de todo esto era comparable a las operaciones de propaganda «negra» que Lockhart había supervisado en el PWE, pero sus esfuerzos por mantener la moral en Checoslovaquia y condenar a la Unión Soviética eran, en su opinión, una misión última cuya ejecución no estaba dispuesto a tolerar que nadie impidiera.
De vuelta en el gobierno en 1951, Eden informó a Lockhart de que la financiación de las emisiones anticomunistas de la BBC para Europa del Este iba a verse reducida.
Esto llevó a Lockhart a cuestionar airadamente cómo se podían justificar tales recortes cuando el Kremlin estaba aumentando el número de programas de radio y las horas de emisión.
De manera similar protestó ante su viejo amigo Robert Vansittart por cómo las fluctuaciones en la política angloamericana hacia los soviéticos estaban confundiendo sus temas de propaganda.
Entre queja y queja, Lockhart hacía todo lo que podía por ser un buen soldado.
Viajó a Alemania Occidental en varias ocasiones en la década de 1950 para visitar las instalaciones de Radio Free Europe, una iniciativa respaldada por la CIA que emitía para la Unión Soviética, e informó favorablemente a Whitehall sobre los avances de los estadounidenses en el campo de la propaganda estratégica.
Aun así, Lockhart no se veía en el papel de veterano estadista de la guerra psicológica, sobre todo porque tan eminente cargo no le ahorraba las mismas viejas disputas a las que había tenido que enfrentarse durante décadas.
Sus intercambios de opiniones con la BBC y el Foreign Office sobre el apoyo a la propaganda antisoviética le provocaban una deprimente sensación de déjà vu , como si el problema de financiación del British Council en la década de 1930 y la incierta política gubernamental del «buen alemán» en la década de 1940 volvieran a repetirse en frustrantes segundas partes.
Tras años de disputas con Whitehall, Lockhart estaba demasiado cansado para seguir luchando.
Sus protestas por la reducción de la financiación disminuyeron y su interés por combatir en la Guerra Fría se diluyó.
En 1961, a los checos anticomunistas que le escribían elogiando World Affairs , les decía que «soy un anciano y, aunque hago todo lo posible por ayudar a su país, ya no estoy en el mundo oficial». 9
El descontento con el gobierno no fue la única razón por la que Lockhart se retiró definitivamente de la vida política.
A pesar de los continuos tratamientos a los que se sometía, seguía luchando contra el agotamiento perpetuo y los episodios recurrentes de eccema.
Tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para presidir una conferencia de tres días celebrada en la Universidad de Oxford en 1951, en la que se enseñaba a los jóvenes mandarines ministeriales el arte de lidiar con las maquinaciones soviéticas.
Del mismo modo, apenas duró unas semanas en el puesto de asesor de política propagandística del gabinete del primer ministro que Eden le consiguió en 1952: desplazarse a Londres más allá de su habitual visita semanal para la emisión de World Affairs era demasiado para él.
Sin embargo, el hecho de que por esa época todavía encontrara un hueco para acercarse a la capital y almorzar en el Carlton Grill con viejos amigos como Moura, Leeper y Nicolson indica que el cambio de prioridades también fue un factor que influyó en el alejamiento de Lockhart de las funciones oficiales.
Sabía que estaba entrando en el ocaso de su vida y que la enfermedad contra la que había luchado desde la década de 1940 solo podía empeorar.
Lockhart decidió invertir la poca energía que le quedaba en cosas que importaran. 10