15. Una guerra locuaz
Una guerra locuaz
El engaño, la gran mentira, era una operación militar. La guerra política era la máquina utilizada para proyectarla al enemigo.
J OHN B AKER W HITE
Las ruedas del Rolls-Royce hicieron crujir la grava al pasar entre las puertas coronadas con alambre de púas.
La barrera se bajó tras el paso del coche y los guardias armados mandaron a los pastores alsacianos sentarse a sus pies.
Seguidamente retomaron sus posiciones escudriñando la línea de árboles que separaba la contigua aldea de Milton Bryan de las instalaciones ultrasecretas que había tras ellos.
Lockhart esbozó una sonrisa de satisfacción al contemplar la escena a través de la ventana trasera de su coche con chófer.
Habían cambiado muchas cosas desde los destartalados días de Woburn al inicio de la guerra.
El vehículo se detuvo frente a un edificio de ladrillo rojo y formidable sencillez, con el tejado salpicado de docenas de antenas de transmisión de distintas formas y tamaños.
En la puerta principal del inmueble esperaba un hombre bajito y rechoncho, con entradas y una sonrisa acogedora.
Sefton Delmer estaba orgulloso del feudo clandestino que estaba levantando en las afueras de Milton Bryan y ansiaba mostrárselo al director general del PWE.
Después de saludarse con un apretón de manos e intercambiar cumplidos, Delmer hizo pasar a Lockhart a un laberinto de estudios de sonido en distintas fases de construcción que pronto se llenarían de locutores alemanes, franceses e italianos con la misión de transmitir mensajes de desesperación, engaño y venganza a Europa a través de emisoras de radio falsas, conocidas en la jerga del PWE como Unidades de Investigación o RU ( Research Units ).
Según Delmer, la mezcla de fragmentos de verdad basados en información de inteligencia (propaganda «blanca») con noticias falsas y sugerencias subversivas (propaganda «negra») daría como resultado un material «gris» que minaría la moral alemana transmitiendo el mensaje que había sustituido a la campaña del PWE de incitación a la revolución: con el Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Soviética en contra, no había posibilidad de que Alemania ganara la guerra. 1
Delmer contaba con el apoyo entusiasta de Lockhart para su plan.
Puede que se hubiera convertido en un jefe más de Whitehall obligado a presentar memorandos políticos y mantener la profesionalidad del PWE, pero Lockhart seguía disfrutando con el ingenio subversivo y el malvado humor negro que caracterizaban el trabajo de Delmer.
Fue por esto por lo que, cuando su programa «GS1» fue criticado por sir Stafford Cripps, embajador británico en Moscú, por su vulgaridad y mal gusto, Lockhart lo defendió.
Las quejas de Cripps se centraban en una emisión de «GS1» en la que Der Chef describía gráficamente una orgía en la que participaban un almirante alemán y las esposas de tripulantes de submarinos.
Horrorizado por los detalles pornográficos del guion de Delmer, Cripps se quejó de que el PWE estaba produciendo contenidos moralmente censurables que no se ajustaban a los valores británicos.
En privado, Lockhart tachó a Cripps de «fanático religioso».
Sin embargo, como empleado del gobierno, el jefe del PWE actuó con cautela, consciente de los rumores que colocaban al embajador en el 10 de Downing Street como sustituto de Churchill.
Así, estuvo de acuerdo con Cripps en que Delmer había cruzado la línea de lo obsceno, pero suavizó el episodio con Eden, a quien trasladó medio en broma por escrito que «no existe europeo más lascivo o chabacano en su lascivia que el alemán», y que, sobre esta base, la propaganda de Delmer era acertada.
El periodista propagandista recibió una tibia reprimenda y Lockhart no hizo mucho por detener el progresivo avance de Der Chef. 2
Es más, dobló su apuesta por el propagandista estrella del PWE.
Ello incluyó aceptar con «una celeridad rayana en el entusiasmo» la propuesta de Delmer de construir en Milton Bryan unos estudios nuevos y edificios anexos para el análisis de inteligencia con el fin de convertir las instalaciones en la base operativa de una campaña ultrasecreta de «guerra radiofónica total» contra el Reich.
La campaña consistiría en la difusión de material «gris» a través de las RU y la interceptación de ondas de radio alemanas para emitir propaganda «negra», que llegaría a los oyentes como si se tratara de noticias oficiales del régimen nazi.
Mediante esta treta, Delmer veía al PWE anunciando al Volk que la guerra contra los soviéticos había terminado con el resultado de victoria alemana y que Stalin había sido capturado.
Así, cuando la verdad de que la Wehrmacht seguía luchando contra el Ejército Rojo se supiera, el pueblo alemán empezaría a cuestionar las siguientes noticias de Berlín y perdería la esperanza en un cese de la guerra, minando así su moral.
Lockhart disfrutaba con la idea de darle un golpe a Goebbels y valoraba el hecho de que el plan de Delmer fomentara el descontento entre el Volk sin pedirle abiertamente que tomara las armas contra Hitler.
El único problema que veía era que los transmisores de Milton Bryan no eran lo suficientemente potentes para anular las emisiones alemanas e inyectar el material «negro».
Delmer tuvo que esperar a que el PWE tuviera «más rifles radiofónicos» con los que disparar contra el enemigo. 3
La llegada de esta nueva y más potente artillería de radiodifusión fue la razón por la que Lockhart se tomó un descanso de los preparativos de la Operación Torch para inspeccionar las instalaciones de Milton Bryan y hablar con Delmer acerca del arma que daría vida a las «unidades de investigación» que albergaba.
Se trataba de un enorme transmisor de radio de 600 kilovatios, conocido como Aspidistra, cuyos componentes habían sido adquiridos en Estados Unidos y enviados a Gran Bretaña con un elevado coste de transporte.
Para Lockhart y Delmer, cualquier gasto merecía la pena.
Aspidistra era lo suficientemente potente para anular las frecuencias utilizadas por la radio enemiga, y su capacidad para cambiar de frecuencia en una fracción de segundo daba al PWE la posibilidad de poner palabras en boca de Goebbels sin problemas.
Aspidistra también podía amplificar las señales de radio habituales del Political Warfare Executive.
Esto significaba que, durante la invasión del norte de África, el PWE tendría más capacidad para controlar el relato del desembarco transmitido a los radioyentes desde Tánger hasta Trondheim.
Tal como informó Lockhart a Churchill cuando este le preguntó por la nueva arma, Aspidistra podía «generar confusión en las emisiones enemigas sobre Europa occidental» y «superar las interferencias en el norte y el oeste de Francia».
Fascinado por los artilugios y entusiasmado por la innovación, Churchill preguntó impaciente a Lockhart: «¿Cuándo estará en funcionamiento? ».
La respuesta fue la última semana de octubre de 1942, pocos días antes del inicio de la Operación Torch, previsto para el 8 de noviembre.
Esto provocó una carrera dentro del PWE para incluir Aspidistra en los planes de desembarco que se estaban concretando después de semanas de trabajo arduo y discusiones acaloradas hasta altas horas de la noche en Bush House.
La invasión era principalmente una operación estadounidense y, por motivos propagandísticos, se consideró que debía hacerse hincapié en ello, ya que la información procedente del norte de África indicaba al PWE que las guarniciones francesas de Vichy se rendirían más fácilmente a los norteamericanos que a sus antiguos aliados británicos, con quienes estaban resentidos por su «deserción» de Francia en 1940.
El énfasis en la participación de EE. UU.
llevó a Lockhart a asistir a reuniones de planificación con el organismo homólogo estadounidense del PWE, la Oficina de Información de Guerra (Office of War Information, OWI) y el del SOE, la Oficina de Servicios Estratégicos (Office of Strategic Services, OSS); no es de extrañar que, cuando Lockhart y Brooks fueron invitados a informar al comandante supremo de la fuerza expedicionaria aliada, el general Dwight D.
Eisenhower, este se quejara de la cantidad de acrónimos que aparecían en la operación.
Quejas aparte, Ike impresionó a Lockhart por su nivel de comprensión de la esencia de la guerra psicológica y agradeció la ayuda que el PWE podía brindar a sus tropas.
Un día, mientras discutían sobre la propaganda para la Operación Torch durante el almuerzo, Eisenhower llegó a sugerir a Lockhart que el PWE imprimiera panfletos con la imagen del marqués de Lafayette, el oficial francés que había desempeñado un papel fundamental en el apoyo al Ejército Continental de George Washington durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.
Esta propuesta cayó en saco roto —se consideró que los súbditos de las colonias francesas no estarían familiarizados con Lafayette—, pero la historia de Estados Unidos y el amor de Francia por la libertad fueron temas recurrentes en los 25 millones de panfletos que el PWE dejó caer sobre el norte de África y Francia durante la invasión aliada. 4