54.
—Visto en perspectiva, podría ser peor. Podría haberte gritado.
—¿Sabes eso de preferir que la otra persona se enfade a que no diga nada?
—No me suena. Yo siempre voto porque se callen y me dejen en paz.
—Ya, prima, porque tú vives más feliz pensando que nunca haces nada malo.
—Qué mala leche tienes, Elena.
Se me escapa una risa tan fuerte que el móvil se resbala y tengo que parar su recorrido con un manotazo que me impacta el aparato en la oreja.
Me dejo caer encima de la cama tras quitarme los zapatos.
Cuando mi cuerpo toca la superficie blanda, me relajo un tanto, pero tengo que manotear tras mi cuerpo para apartar el edredón que se me ha hecho una bola en la espalda. Gajes de no hacer la cama nunca.
No suelo llamar mucho a mi prima, pero sí lo hago cuando tengo algo importante sobre lo que desahogarme.
Y sobre todo, cuando necesito reafirmación de algo, porque somos tan parecidas que tendemos a darnos mutuamente la razón.
Que soy consciente que no es lo mejor, que tienen que darte otros enfoques y todo ese rollo.
Pero joder, estoy un poco en la mierda con lo de Blanca y me hace falta alguien de mi lado.
Noelia termina de reírse y escucho un ruido de platos de fondo.
—¿Te has vuelto a olvidar de vaciar el lavavajillas? —aventuro, divertida.
—La abuela me va a matar —confirma—. Creo que está a tres minutos de volver de jugar al tute. Como me pille me deshereda.
—Si tú ya naciste desheredada.
—Bueno, pues me empieza a cobrar alquiler, que sería peor. En fin, ¿y cómo estás después de esa escenita?
—Si no hubo escenita, se largó sin más. Ese es mi problema.
—Esa chica es muy de tu rollo, es normal que seáis mejores amigas.
—Eso no te lo voy a negar. Pero ahora no sé si hablarle, dejar que se le pase o qué.
—¿Tú qué quieres hacer?
—¿Yo? Arreglarlo. Olvidarlo. Pasar página. Todas esas movidas de libro de autoayuda.
Acaricio las sábanas de franela (mejor invento del mundo) con la mano libre, intentando buscar confort.
—Pues ya te hablará, estoy segura. Tú no has hecho nada malo. Osea, a mí es que me parece algo hasta bonito.
—Si te estuviste descojonando de mí media hora cuando te lo conté, pava —protesto.
—Que me parezca que estás loca no significa que no pueda pensar también que es un gesto bonito.
—Bah, puedo reconocer que fue un poco… retorcido. Pero sí que es verdad que considero que no es como para enfadarse. Al menos, no para siempre.
La última frase me queda mucho más melancólica de lo que me gustaría.
Realmente tengo miedo de que a Blanca le dé un ataque de cabezonería de los suyos, elevado a la máxima potencia, y deje de hablarme.
Al fin y al cabo, yo suelo apoyarme más en ella que ella en mí, porque mis grupos de amigos de la universidad están bastante más disueltos y desde que la conozco, ha sido como un espacio seguro y divertido en el que refugiarme.
Se me está cayendo el refugio, y eso me aterra. Veo cómo las paredes se desmoronan y tengo miedo de no poder reconstruirlo a tiempo.
—No es para enfadarse, para nada —insiste Noelia—. Tía, tú quédate tranquila que se va a solucionar.
—Gracias, prima —le digo de corazón.
—No me des las gracias, dame información sobre el italiano ese que parece haberte robado el corazón…
—Tampoco exageremos —protesto, aunque se me planta una sonrisa de tonta que podría ver desde Galicia.
—Lo suficiente como para que no cayeras en la tentación de volver a quedar con tu ex… ¿no?
Hago una mueca, un poco asqueada solo por el recuerdo de Nando.
Ni siquiera me había dado cuenta de que su mensaje seguía ahí, sin contestar.
En algún punto, lo pulsé sin querer y se ha quedado marcado como leído, y ni me ha importado.
Tengo que reconocer que es algo que no me hubiera esperado de mí misma ni en un millón de años.
—Ni lo había pensado. Supongo que sí.
—En cualquier otra situación hubieras ido cagando leches a verle y ya te digo yo que ahora mismo estarías mucho peor.
—Eh, cuidado colega —advierto, poniéndome seria—. Que también entra en juego que soy una tía lista que no quiere volver a hundirse en la mierda.
—O que la mierda se hunda en ti —murmura mi prima.
—Te he oído.
—Perdona, perdona —se apresura, con una risita—.
Si lo sé, pero tampoco hubiera resultado raro ni hubieras sido la persona más idiota del mundo si hubieras caído en quedar con tu ex.
Eso lo hacemos todas, sin excepción. Y no pasa nada, se aprende a palos.
Lo que me alegro es de que te hayas ahorrado unos cuantos porque tenías el chocho puesto en otro sitio.
—Qué bruta eres.
—Para servirte. Bueno, titi, te dejo que acaba de llegar la abu y voy a intentar mandarte una foto de la cara que me está poniendo porque es digna de ponerla de perfil en el grupo de la familia —Me río—. Un besote.
—Un beso, prima.
Cuando cuelga, me siento un poco mejor. Considero a Noelia "la familia que se elige" a pesar de ser, precisamente, de mi familia, porque creo que nos elegimos la una a la otra en aquella comida familiar donde nuestras madres se estaban tirando los trastos a la cabeza.
Nos cogimos del brazo y me llevó a su cuarto a enseñarme la última edición de la Superpop, hicimos el test de "¿Quién sería tu crush si estuvieras en High School Musical? " y ahí nació una amistad verdadera.
Y realmente me calma en días así, con lo que no puedo estar más agradecida por su existencia.
Supongo que ahora solo queda esperar.