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Curro lleva evitándome toda la mañana. Que a ver, no sería algo que me preocupara demasiado si fuera capaz de entenderlo.

Le he dicho de salir a desayunar, como todos los días, y me ha respondido que está muy ocupado.

Lo cual es mentira porque llevo viéndole charlar con sus compañeros las últimas dos horas.

Así que me he salido con los otros dos becarios y aunque ha estado entretenido, mi mente no puede dejar de darle vueltas a qué demonios le pasa a Curro conmigo.

Al final, ayer miré su conversación por la tarde (ya en mi casa) y me había puesto un gif que no supe identificar muy bien, como de un chico haciéndose el misterioso, así que no vi cómo responderle y ahí se quedó el tema.

No le di demasiada importancia. Hasta ahora, claro.

En este momento, ya lleva un buen rato tocándome los ovarios.

Le mando un mensaje por la aplicación de mensajería de la organización, que es por donde solemos comunicarnos cuando estamos trabajando.

¿Todo bien?

Sí, todo bien. ¿Por?

Su respuesta es tan rápida que me giro para mirarle y dedicarle una sonrisa. Él alza la vista y asiente, pero no me corresponde. Joder. ¿Qué he hecho ahora?

Pareces enfadado conmigo.

No estoy enfadado, ¿por qué iba a estarlo?

Me están poniendo nerviosas todas esas preguntas pasivo-agresivas, porque él no suele ser así. Y es plenamente consciente de que me estoy dando cuenta.

Por nada, no sé. Solo me parece que igual he hecho algo que ha podido molestarte.

No, solo que estoy muy liado hoy.

—Elena, ¿el informe?

Mi jefa me pilla de improvisto así que pego un respingo. Las manos se me congelan encima del teclado, y me alegro de estar  hablando por la aplicación de la organización y no haberme puesto en pantalla el WhatsApp Web, que no sería la primera vez.

—¿Eh? Ah, sí, te lo envié antes.

Frunce el ceño, y ya por eso deduzco que no debe ser un buen día para ella.

A mi jefa se le pilla al vuelo, todo se le refleja en la cara.

No es la peor jefa que he tenido (ya van casi dos años y medio de realizar prácticas en distintas organizaciones, la mayoría de ellas gratis), normalmente es una persona bastante tranquila y lo mejor de todo: es consciente de la mierda que me pagan y tiene en cuenta que estoy sobreexplotada. Que algo es algo.

No obstante, hay días que se le cruzan, como a todo el mundo, así que no puedo evitar ponerme alerta en estas situaciones.

—No he recibido nada.

—¿Has mirado en spam ? Siempre manda lo mío a spam , no sé por qué. Igual no le gustamos las becarias.

—Hablando de eso —Frunce el ceño un poco más, y se me sube toda la sangre al cuello, de puro pavor—. Hemos pedido presupuesto para el año que viene incorporar una nueva plaza al departamento. Si te interesa, es tuya.

Se me ilumina la cara, y hasta yo misma (que no me veo) me doy cuenta.

Estamos en noviembre, así que el próximo año está a la vuelta de la esquina, y yo de todas formas tenía convenio de beca hasta marzo.

Sí que es cierto que llevo ya ocho meses en esa organización, cobrando menos de lo que necesito para vivir (y teniendo que pedirles una aportación a mis padres que me da bastante vergüenza), pero en el mundo de la cooperación internacional las prácticas eternas están a la orden del día y los contratos o que te hagan un hueco son casi un milagro.

Y así es exactamente como me lo tomo.

—¡Claro que me interesa! ¡Muchísimas gracias!

El ceño fruncido se convierte como por arte de magia en una gran sonrisa al ver mi reacción.

—Hace no tanto yo también estaba de becaria mal pagada. En su momento me prometí no hacer a nadie pasar por eso si puedo evitarlo, y trabajas bien. Te lo mereces.

Me dan ganas de llorar. Un contrato, la ansiada independencia económica total. Por fin sentirse valorada…

Mientras mi jefa se vuelve a sentar frente a su ordenador y encuentra el e-mail que, efectivamente, se había ido a spam , tengo dos personas a las que escribirle.

Lo primero que hago es continuar la conversación con Curro, porque me da igual que esté enfadado conmigo, esto se lo tengo que contar. No va a haber nadie que me comprenda mejor que él.

¡Adivina a quién le han ofrecido un contrato el próximo año!

En cuanto pueda, se lo contaré a Blanca y a Marco, pero este es el peor momento posible para sacar el móvil y dejar de trabajar.

Lo último que quiero es que mi jefa se arrepienta de sus propias palabras.

"Le acabo de ofrecer un contrato y se pone a vaguear" no es el pensamiento que quiero que recorra su mente en estos precisos instantes, así que aunque me cosquillean los dedos de ganas de dar la buena noticia (siempre se me ha dado mal callarme las cosas, como creo que ya es evidente), me tengo que conformar con esperar a que Curro se conecte a la aplicación.

Cuando lo hace, no me contesta automáticamente. El pequeño icono de un ojo que aparece cuando alguien ha leído tu mensaje parece estarme mirando con malicia, pero su mensaje acaba llegando:

Me alegro mucho, Mele. Te lo mereces. ¿Tomamos una caña después y lo celebramos?

Mi alegría se multiplica. No solo me ofrecen un contrato, sino que Curro me perdona y vuelve a ser el de siempre.

Supongo que se habrá dado cuenta de que al fin y al cabo, soy su amiga, y que se alegra por mí igual que yo me alegraré por él cuando le suceda, si el mundo se porta bien.

Me apresuro a aceptar la propuesta con un gif de un gatito bailando y me doy cuenta de que no puedo parar de sonreír.

Está siendo un día maravilloso.