Un error a medida 44.
76%

44.

Lo de haber quedado para comer con una amiga es cierto.

Claudia fue mi compañera de piso hace un par de años y luego se mudó a Roma, dejándome tirada y con Patricia como único recurso posible.

Si bien tengo que reconocer que Patricia es una compañera de piso más…

normal, con Claudia cuando estaba bien, estaba muy bien.

Salíamos de fiesta, nos comíamos el mundo y sobre todo, nos reíamos un montón.

Tuvimos un breve rollo de una noche que no llegó a nada más y que ninguna de las dos ha vuelto a mencionar nunca.

A mí me hace cierta gracia este hecho, porque es como si hubiéramos pactado sin palabras hacer como si no hubiera sucedido.

Como si pusiera en peligro una amistad que, a día de hoy, se basa en vernos una vez al año, cuando vuelve a Madrid a visitar a sus abuelos.

La comida es agradable, y rememorar viejos tiempos me sirve para aislarme un poco de los nuevos. Por un segundo, me planteo si no sería todo mucho más sencillo antes, cuando todo era fiesta y faltar a clase de vez en cuando, si la resaca se hacía demasiado.

Después recuerdo que Claudia fue la que vivió mi ruptura con Nando, y lo poco que quedó de mí tras él, y se me pasa de golpe, como si me hubieran dado un susto para que se me quitara el hipo.

Es como si este recuerdo se juntara con el momento que he tenido esta mañana con Marco, y ese miedo que tengo a que me vuelva a pasar algo aunque sea remotamente similar me atenaza. Siento los músculos tensos, así como mi expresión.

El móvil me vibra en el regazo, haciendo que recuerde que estoy en el metro, ya de camino a casa. Ella tenía un vuelo que coger y yo pocas ganas de seguir charlando y ocultando parte de mi vida.

Desbloqueo el móvil para encontrarme un mensaje de Curro.

¿Qué tal el finde?

Igual lo que necesito ahora mismo es un amigo. Y puede que este no sea el amigo que necesito en este momento, pero desde luego es el que ha aparecido. Fuera de cualquier otra cosa que haya podido pasar entre nosotros, Curro siempre ha sido mi amigo, ¿no¿

Un poco intenso, la verdad. Pero bien. ¿El tuyo?

Aquí, con los colegas. Esperando a ver si alguna chica guapa me propone pasar la resaca mañana ;)

Me descoloca el cambio de tono que ha pegado Curro. Entiendo que ya nos hemos besado y que por ello él lo ve… diferente. Pero ¿que se convierta en otra persona?

Pues nada, si te encuentras a alguna chica guapa me lo cuentas jaja

Me siento un poco mal en el mismo momento en el que lo envío, aunque lo he hecho sin pensar. Suspiro, y la señora que está sentada a mi lado en el metro me mira de reojo, interesada de pronto en mi vida, así que intento apartar el móvil hacia el otro lado para que no pueda leer nada.

Los dos ticks azules me confirman que Curro ha leído mi mensaje. No sé qué hago aún dentro de la conversación, así que me salgo antes de que pueda contestarme y darse cuenta de que estoy pendiente de él. Lo que me faltaba en esta situación.

Me dedico a cotillear Instagram, y a los cinco minutos de ver historias de gente con la que ya no tengo contacto alguno, me doy cuenta de que Curro no me ha contestado.

Frunzo el ceño de manera casi inconsciente.

Nunca tarda tanto en responder, y de alguna manera me hace sentir mal que me ignore. Quizás porque no estoy acostumbrada.

Entro en su conversación para encontrarme con que está en línea. Alzo la vista y descubro que estoy en la parada de mi casa. Menos mal que me ha dado por comprobarlo.

Salto de mi asiento, dejando a la señora con mucha curiosidad sobre mi vida (estoy segura) y me precipito al exterior del vagón, comprobando por el camino que llevo el bolso. No sería la primera vez, por desgracia, que me olvido el bolso en el metro con las prisas.

Mientras subo las escaleras, compruebo de nuevo la conversación de Curro.

Nada. Está pasando de contestarme.

Una parte de mí se molesta muy profundamente.

Es la misma que escuece cuando el chico que me parece más guapo de la discoteca le va detrás a Blanca, la que quiere quedar con Nando con un escotazo y el pintalabios más rojo de todos.

Lo que tiene de bueno esa parte de mí en algunas situaciones (me saca de unos cuantos embrollos) lo tiene de malo el resto del tiempo.

Y es esa parte de mí la que le vuelve a escribir a Curro, sin darme tiempo a plantearme lo que estoy haciendo:

Ah, ¿era una indirecta?

«Como si no lo supieras, pedazo de bruja» me recrimino.

Me siento culpable al instante, así que bloqueo el móvil y lo destierro al bolso, cambiándolo por las llaves de mi casa. Sé que no debería buscar esa atención, pero de alguna manera el perderla me ha vuelto loca por un segundo.

Bueno, todo el mundo se equivoca alguna vez, ¿no? No es para tanto.

Ya se le pasará, lo que sea que le esté sucediendo conmigo. Yo voy a centrarme en tratar de no marearle más.

«Me lo prometo» y me dejo caer en mi cama, agotada.