Un error a medida 24.
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¿Dos días? Ni veinticuatro horas le ha durado el cabreo. Si pensábamos que nos íbamos a librar de Saúl tan fácilmente, subestimábamos la labia del chaval.

«Ya está, en la siguiente cita Marco me tiene que dar plantón» decido en cuanto leo el mensaje de Blanca de cuánto se ha arrepentido Saúl y que le ha prometido que se lo compensará.

«En esta no, porque me va a pillar todo el plan, pero en la siguiente se lo voy a poner complicado para que me la cancele. Me voy a poner pesada. Eso es...».

Un pensamiento se me cruza como una flecha en la mente: «Bueno, pesada no. Me voy a poner real. Esas cosas que te saldrían con cualquier chico si no pensaras en hacerte la interesante. Eso será suficiente para asustar a un tóxico».

Eso sí, por el día de hoy voy a aprovechar el polvo y a apuntar cualquier comportamiento un poco chungo que le vea a Marco para comentárselo a Blanca. Ya que me meto, me meto hasta el fondo.

En la oficina reina la paz, el martes tranquilo después del lunes de la muerte. Me he ido a tomar un café con todos los becarios (esta vez, sin dejar a nadie de lado) y ha habido tan buen rollo que casi se me ha olvidado todo lo malo de mi vida. A veces, es así de simple.

He quedado con Marco en su casa (no me ha hecho mucha falta convencerlo) y sé que es para lo que es. Y me viene perfecto: voy a las siete, echamos un par de polvos y me voy a mi casa a tiempo para cenar y hacerme los tapers; esta vez, sí.

Estoy fantaseando un poco con la idea cuando, como si lo hubiera convocado, me manda un mensaje:

Oye, que se me está haciendo tarde en la oficina.

«Wow. ¿Es que me lees la mente? ¿Es que alguien ha creado a este tío solo para cumplir este propósito?» no puedo evitar pensar.

Me apresuro a mandarle una captura de pantalla a Blanca acompañada del icono de la palmada en la frente. Tenía pensado forzar a que sucediera algo similar en la siguiente cita, pero si Marco me lo pone en bandeja yo no pienso rechazar la oportunidad.

Tía, ¿son todos iguales? Es que en serio…

La indignación de Blanca me da alas, y un hormigueo agradable se planta en mi estómago. Miro a ambos lados en mi oficina, para asegurarme de que nadie me presta atención (no queda bien estar demasiado tiempo con el móvil en la mano) y me vuelvo a meter en la conversación de Marco.

¿Qué quieres decir con eso?

Realmente, en el fondo es que me molestan ese tipo de mensajes.

Se te está haciendo tarde en la oficina, vale, ¿y qué?

¿Eso me lo estás contando por compartir tu frustración, porque quieres quedar más tarde, porque prefieres quedar otro día…

? Al fin y al cabo, son las cuatro de la tarde y hemos quedado a las siete.

Odio este tipo de tíos. Menos mal que es guapo.

¿Le has contestado a ese mensaje?

Blanca parece estar más ansiosa que yo por saber cómo se desarrolla el asunto.

Supongo que quiere comprobar si yo sigo mis propios consejos, o si solo me limito a darle la turra a ella para hacer oídos sordos cuando me pasa a mí.

Le reenvío el mensaje a Marco y los dos ticks azules lo reciben con un ansia que se me antoja voraz.

Vaya. Creo que está intentando vivir su frustración a través de mí, y en cierto modo no la culpo.

Marco no lee el mensaje, y a mí se me aprieta un poco el estómago. Si sueltas esa "bomba" totalmente ambigua, por lo menos quédate un poco pendiente del aparatito como para responder rápido, ¿no? ¿O piensas dejarme horas esperando, hasta que sean las siete y yo aún no sepa qué esperarme?

Por lo menos, es una buena razón para desahogarme con Blanca y hacerle pensar sobre sus propias cosas:

Y no lo lee, tía. Es que, ¿qué pasa con los tíos? ¿Que mi tiempo no vale lo mismo que el suyo, o qué? Estoy cabreada.

Normal… Si es que es normal que te cabrees.

Casi me relamo del gusto al imaginármela replanteándose todas las milongas que le debe de haber entochado el Saúl respecto a lo que pasó ayer.

Pensando que joder, que en realidad sí que está muy feo y que no tendría que haber cedido tan rápido.

Me dan hasta escalofríos de pensarlo, ¿soy muy mala persona?

Por desgracia, mi alegría se corta cuando recibo un mensaje de marco:

Nada, que voy a hacer lo posible por llegar a tiempo, pero te voy avisando por si acaso. Si al final no llego, me paso yo por tu casa, vale?

«Mierda, eso parece razonable» mascullo mentalmente, pensativa.

Percibo la mirada de mi jefa alzarse de su mesa (ya soy una especialista en esas cosas) y dejo el móvil sobre la mesa, cambiando con ademán distraído la pestaña del Excel en el que me ha puesto a trabajar.

Carraspeo un poco, haciéndome la entregada, y cuando vuelve a bajar la cabeza yo ya me he lanzado a agarrar el pequeño aparato con ambas manos.

Vale, no te preocupes. Tú vete avisándome y yo me planeo la tarde.

Venga. Luego nos vemos.

Está claro que el chaval tiene intención de verme y no parece estar muy dispuesto a dejarme plantada. Pero lo que sí está clarísimo es que Blanca no tiene por qué saber nada de esta parte de la conversación.