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El martes llega sin novedades, se desliza como si fuera un día normal.Yo me paso la mañana pensando que, depende del grado de toxicidad con el que me haya encontrado, hay una posibilidad de que Marco me cancele el plan en el último momento.

No sería lo más común, porque de costumbre la primera cita suele transcurrir sin problemas o incluso resultar ser de ensueño, pero tampoco me extrañaría demasiado.

Hemos quedado a las ocho para tomar algo.

Que espero que sea algo de comer, porque a mí no me puedes tener hasta las diez de la noche (como mínimo) y pretender follar (que lo pretendemos) y no darme nada para llenar el estómago.

Ha habido veces en mi vida que he estado a punto de llevarme un táper para después, y lo hubiera hecho si no fuera raro tener que mirarle, desnuda poscoito y decirle «Ah, perdona, ¿quieres? ».

Mientras llegan las ocho y ya enfundada en mis vaqueros y en mi chupa de cuero marrón, con la raya del ojo pintada y un poco de rímel (ese look "no me importa pero sí me importa" tan de primera cita) me entretengo charlando con mi prima por teléfono.

Mi prima Noelia siempre ha sido un referente para mí, porque tiene tres años más y una vida digna de novela rosa.

Vive en un pueblecito de Galicia pero es casi como si lo hiciera en Nueva York, porque siempre está en medio de todos los fregados posibles.

Todo esto viviendo en casa de nuestros abuelos, lo que lo hace todavía más interesante.

El caso es que al final, después de que me actualice de sus movidas, he acabado contándole mi vida y claro, este plan es, quiera o no, parte importante de ella.

Las carcajadas que se echa escuchándome me renuevan la vida para, al menos, otros veinticinco años.

—Nena, estás fatal de la olla.

—Creo que lo he sacado de ti.

—Se te ha pegado, titi, porque todo lo bueno se pega y yo estoy pringada con cosas buenas.

—Tú estás pringada en general, parva.

"Parva" significa "tonta" en gallego. Como es el idioma de nuestros abuelos y aunque yo haya pasado toda mi vida en Madrid, a veces lo usamos para comunicarnos entre nosotras. Más que nada para insultarnos, para qué mentir.

Me hace un poco de burla mientras habla con alguien fuera de la llamada, asumo que con nuestra abuela. Debe estar pidiéndole que recoja algo por una vez en su vida, así que decido que ahí es donde se separan nuestros caminos telefónicos.

—Bueno, te dejo que voy a ver si me zumbo a un italiano.

—Con fines benéficos.

—Exactamente.