Un eclipse en el alma (Hechizo nocturno) 6
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EL HOMbrE QUE FUE

— Dhut hest solty —dijo Eneas, los dedos entrelazados sobre la mesa.

El Gran Salón quedó en silencio tras sus palabras—.

Los Mormont siempre cobramos nuestras deudas.

Llevamos esperando mucho tiempo por esta venganza.

Primero fueron los Wolfgang. A continuación pagarán los Greystar y los Startclyde.

Y muy pronto será el turno de Oakwater y Holbrooke.

Cicero, su primo, frunció el ceño.

—Pero los Wolfgang no tomaron parte en la Guerra del Eclipse Rojo —comentó—. De hecho, sufrieron tanto como si hubieran propiciado la caída de nuestro clan. ¿Por qué deben pagar?

—¿Por qué no? —soltó Eneas, cortante—. Los Wolfgang siguen siendo seguidores de la luz, fieles a su cometido natural.

El difunto lord Ronald fue un cobarde al elegir no participar en la guerra del eclipse.

Ni siquiera para vengar las muertes de sus cinco hermanas y su padre.

Y además, como bien sabemos, no fue ese el caso de los hijos mayores de Ronald.

¿Acaso has olvidado que fue Marlon Wolfgang quien asesinó a Rastus, tu hermano?

—Por supuesto que no. —Cicero, airado, bajó la mirada; Eneas vio cómo apretaba los puños en su regazo—. No podría. Estuve allí. Me aseguré de que Marlon no viviera más tiempo del que vivió mi hermano. —Volvió los ojos hacia Eneas—. ¿Y qué hay de Tiberius?

—Es tan cobarde como su padre. Todo lo contrario a sus hermanos. El señorito se meó en los calzones cuando le puse la daga en el cuello. Ahora está en manos de los Reedstter; se los prometí. Gracias a Sienna y a su padre, mis sirvientes y yo pudimos infiltrarnos en la celebración de Wolfgang.

—¿Los Reedstter?

—Sí. —Eneas se removió en su asiento—. Tiberius Wolfgang se acuesta con la hija y con el hijo del señor Reedstter, ¿no lo sabías?

—Cicero negó con la cabeza; la idea de aquella orgía pareció excitarlo—.

Lo hace. Y, según se rumorea, desvirgó a Tilda Weethaker, prima de los Reedstter, quien fue su primera prometida antes que la joven Treddaway.

—¿Y por qué se canceló el compromiso? —preguntó Cicero.

—El señor Weethaker, tras confirmar los rumores.

.. entre otros trapos sucios del joven Tiberius.

.., decidió enviar a su hija a un convento.

Al menos la pobre chica no estaba en cinta.

—Dejó escapar una risa—. Lord Wolfgang se aseguró de que el señor Weethaker no dijera una palabra para no manchar el nombre de su familia, y prometió a la más pequeña de su prole al hijo menor de Weethaker.

Mary Longstar, la segunda prometida de Tiberius, corrió con mejor suerte: murió de fiebres a los pocos días de anunciarse el compromiso.

¡Y ni hablar del más famoso de los rumores sobre el señorito!

—añadió Eneas con una sonrisa jocosa—. Tiberius y Jason Greystar, su cuñado, marido de la bellísima Frida.

Cicero soltó una risotada mientras golpeaba la mesa con la mano abierta.

Eneas se limitó a ampliar su sonrisa. Sabía que la mayoría de estas historias eran solo calumnias y chismorreos infundados por los numerosos enemigos que lord Wolfgang se había granjeado en Suecia.

Por supuesto, Eneas no iba a desmentirlas.

A su primo, a ojos vistas, parecían complacerle; su escandalosa risa colmó largo rato el Gran Salón.

De pronto, las puertas se abrieron hacia adentro con gran estruendo.

Eneas vislumbró a su padre mientras este se acercaba a la mesa donde aguardaba con su primo Cicero.

Helio IV Mormont, heredero de Cletus II, se bajó la capucha de su túnica de terciopelo negro, similar a la que vestían Cicero y Eneas.

Este vio que los servidores de su padre, que lo flanqueaban como un manojo de sombras, también descubrían sus rostros.

El Gran Amo echó una mirada a su hijo antes de ocupar su asiento. Seguramente, pensó Eneas, su padre había escuchado la carcajada de Cicero antes de entrar al salón. Eneas, que se había levantado a la par que su primo para recibir a su padre y al resto de su comitiva, tragó saliva y se sentó.

—Padre —dijo Eneas. Era el único hijo vivo del Helio IV.

Helio V, el primogénito, había perecido en la Guerra del Eclipse Rojo a manos del maldito William Oakwater; Casandra, su única hija mujer, también lo había seguido a la muerte cuando Julius Startclyde le clavó su espada en la cabeza para salvar a su hermano que estaba a punto de morir por el hierro de Casandra.

Eneas vio caer a ambos. Apenas logró escapar de la brutal contienda (lo que hizo, para ser exacto, minutos antes de que Ben Holbrooke acabara derrotando al abuelo Cletus, clavándole un puñal en la espalda y confinándolo para siempre en el Limbo de los Tres Espejos)—. Cicero y yo...

—Ya sabemos lo que Cicero y tú han estado haciendo —lo interrumpió su padre. Su tono era impasible.

Eneas bajó la cabeza.

Su padre y su séquito tomaron asiento en la amplia mesa de madera oscurecida con forma de un diamante de cuatro puntas.

Helio IV Mormont ocupó el asiento principal, como correspondía.

Edwin y Finn Goreen, ambos hermanos, hicieron lo propio en el lado izquierdo del Gran Amo; Arrow Dur, gordo y envejecido (en otra época conocido como «la Flecha Veloz», uno de los mayores traidores de la Historia Mágica), se sentó junto a los Goreen; y Barion Quarlac y Linch Blackburn en el mismo flanco que Eneas y su primo.

Finn Goreen fue el primero en tomar la palabra (ninguna sorpresa, pensó Eneas).

—El golpe a los Wolfgang en su propia casa —empezó— resultó ser una jugada maestra, debo reconocer.

—Sonrió a Eneas—. Clavar la espada en el corazón de Jason Greystar ha sido uno de los mayores placeres de mi existencia.

—Edwin y Finn, como la mayoría de los Goreen, poseían rasgos delicados, ojos grandes y fieros, y el cabello cetrino.

Sus ojos, producto de una extraña mutación mágica, eran violáceos con vetas plateadas.

—Eso quiere decir que no has vivido lo suficiente, Finn —replicó Eneas, mordaz—. Jason era apenas un muchacho. No era rival para nadie. Además, ni siquiera tomó parte en la Guerra del Eclipse.

—Él no —intervino Edwin, el más sensato de los Goreen—.

Su padre, por otro lado, asesinó a muchos de los nuestros en la guerra.

Y no albergo duda de que Jason habría participado en la contienda si hubiera tenido edad suficiente a la sazón.

La historia habría sido otra, Eneas; tal vez algunos de nosotros no estaríamos ahora en esta mesa.

—Emplazó la vista hacia su hermano—. Aunque debo reconocer que Greystar no era un digno adversario aquella noche.

Hasta donde tengo entendido, estaba ebrio. ¿Verdad, Finn?

Finn negó con rapidez.

—Pero me dio batalla.

—No conoces una auténtica batalla —apuntó Cicero. Y tenía razón: Finn no había participado en la guerra del eclipse. Aunque, de haberlo hecho, Eneas sospechaba que no habría vivido para contarlo ese día. Una lástima.

—¿Qué hay de Holbrooke? —Helio clavó sus ojos azul metálico en su hijo—. ¿Por qué no está ahora mismo en nuestras mazmorras?

—Se había ido, padre —respondió Eneas—. Se fue mientras acudía a mi encuentro con Julius. Pero mi hermana ha sido vengada. Julius por fin pagará por habérnosla arrebatado.

—Holbrooke escurridizo —espetó Arrow Dur con amargura. El amo del clan Dur se había hecho con el Conjuro Negro a una edad muy avanzada, y por eso parecía el más anciano del salón—. Si el Amo lo ordena, enviaré a mi hija a por él. Ella también puede ser escurridiza.

Eneas le dio la razón a Arrow esbozando una sonrisa por lo bajo.

—No —increpó Helio—. Ben Holbrooke morirá por mi mano... o por la de mi padre una vez consiga liberarlo del Limbo de los Tres Espejos.

—Todos esperamos el regreso del Amo Cletus —dijo Finn.

—¿Acaso consideras que mi padre no ha sabido gobernar con igual sabiduría que su predecesor? —dijo Eneas, alzando la ceja.

—N-No... —Finn entró en pánico. Balbuceó—. No... No fue lo que quise decir... Yo...

—Te entendimos bien, Finn —indicó Edwin con tono apático—.

Nos ha llegado información de que Richard Wolfgang, en ausencia del beodo de lord Ronald, ocupará su lugar en la corte del rey de Suecia y como cabeza de la familia Wolfgang.

Al menos hasta que aparezcan sus herederos directos.

El varón más joven... Dustin, creo que se llama. .. aún no ha dado señales de vida...

—He ordenado a mis hombres que lo busquen —repuso el amo Quarlac— y lo traigan vivo o muerto.

—Muerto no nos servirá de nada —dijo Edwin—. Tendrá que ser vivo.

—En ese caso —inquirió Dur—, ¿por qué mantenemos con vida al joven Tiberius? Con uno es más que suficiente para invocar el poder del espejo.

En sus buenos tiempos, Arrow Dur había poseído una melena roja resplandeciente, por la que se había ganado el mote «Flecha en Llamas», además del de «Flecha Veloz».

Sin embargo, con el paso del tiempo, aquellos cabellos flamígeros se fueron destiñendo (o apagando, más bien) hasta tornarse tan blancos como un montículo de nieve virgen.

Su rostro había perdido firmeza y adquirido una papada carnosa bajo el mentón cubierto por una insulsa barba gris claro.

El viejo Dur se llevaría a la tumba el porqué había decidido esperar tanto para realizar el Conjuro Negro que lo mantendría joven por la eternidad (siempre y cuando estuviera bien alimentado).

Ni siquiera el padre de Eneas conocía la razón.

—Que no muera hasta que el Amo lo disponga —dijo Finn, que hablaba por hablar. Como si hiciera falta señalar lo evidente.

Eneas quiso replicarle más atrás. Sin embargo, su padre se adelantó.

—Dustin no morirá —sentenció el Gran Amo—. Y tampoco Tiberius. Al menos no hasta cumplir nuestro cometido. De momento he decidido poner mi atención en obtener la cabeza de William Oakwater.