Capítulo 61
Tras el almuerzo, Anne, Craig y Julie se escabulleron del resto. Julie se quedó a cierta distancia de ellos para asegurarse de que nadie los sorprendía. En cuanto estuvieron solos Craig levantó a Anne y giró con ella en brazos.
—¡Lo hemos conseguido! —Rio a carcajadas abrazada a su cuello.
Craig la dejó en el suelo y la besó casi con desesperación. Desde lo ocurrido la noche anterior sentía que se moría sin su boca.
—Esto va a ser insoportable —dijo cuando sus labios se separaron—. Tenemos que casarnos cuanto antes, Anne.
—Yo también lo deseo, amor mío. —Volvió a besarlo y Craig se dijo que aprendía demasiado rápido.
—Si sigues besándome así, me vas a volver loco.
—¿No lo hago bien? ¿Es mi lengua? ¿O los mordisquitos que…?
—¡Dios, Anne! —dijo pegándola tanto a su cuerpo que sentía cada curva contra sus huesos—.
No puedes hablarme así y pretender que mantenga la compostura.
Tienes que ser más… Menos… No me hagas caso, sé exactamente cómo eres.
Yo le rezaré a algún santo. Y tu lengua es deliciosa y me encanta que me muerdas. No sabes lo mucho que me gusta.
Anne echó la cabeza atrás y se rio feliz.
—Tengo que hablar con tu padre hoy mismo.
—Sí. La carrera ya ha pasado y, aunque se va a sorprender, estoy segura de que te aprecia.
—No sé si me aprecia tanto como para darme a su hija.
—Pues su hija ya es tuya —dijo ella poniéndose de puntillas para llegar de nuevo a su boca—. Y quiere que la beses, escocés del demonio.
Julie se giró un momento y sus mejillas se sonrojaron al ver el grado de intimidad que compartían.
—Madre mía —musitó para sí—. ¿Por qué hace tanto calor aquí? En la tribuna corría la brisa y no se notaba este sofoco. Deberíamos irnos —gritó sin girarse—. Se preguntarán dónde estamos.
Anne se separó de Craig, pero no lo soltó.
—No quiero —musitó.
Craig le acarició el pelo con ternura.
—Todavía quedan muchas carreras —dijo y la besó en la frente.
—Mi padre se estará preguntando dónde estás —dijo poniendo morritos.
—Seguramente lord George lo tiene muy entretenido.
—Si no puedo estar contigo, me vuelvo a Goodwood House —dijo bajando los brazos.
—Tengo que estar con Bentinck ahora que ya no habrá más caballos McEntrie en pista. Además, hay muchos que me han preguntado por nuestros purasangres.
—Entonces me marcho. Me daré un baño y me pondré un bonito vestido para que no puedas quitarme los ojos de encima cuando regreses.
Craig dejó escapar un largo suspiro y la atrajo de nuevo hacia su cuerpo.
—Voy a estar pensando en ese baño toda la tarde.
Anne le sacó la lengua, divertida, y Craig la agarró por la nuca.
Su risa se deshizo contra la boca del escocés.
Craig le mordió el labio inferior y tiró suavemente, enseñándole un juego nuevo.
El gemido que ella dejó escapar le confirmó que lo deseaba tanto como él a ella, y eso iba a matarlo. La apartó despacio.
—Tienes que irte.
—¿Otra vez echándome? —se lamentó ella—. Lo estás tomando por costumbre.
—Ve con Julie, a ghaoil .
Ella sonrió satisfecha.
—¿Cómo se dice «sí, mi señor y dueño» en gaélico?
—Anne… —Craig se frotó la nuca con el corazón acelerado.
—Si me lo dices, me iré.
Él suspiró.
—Depende.
Anne enarcó una ceja.
—¿Depende?
—Sí. Para nosotros no hay un sí universal. Depende del contexto.
—Pues dime cómo sería responder así a cualquier cosa que tú me pidieras.
—¿Cualquier cosa? —Su mirada se oscureció y Anne se estremeció de gusto.
—Cualquier cosa.
— Seadh, mo thighearna agus mo mhaighstir —dijo despacio, articulando cada palabra—. Y ahora vete antes de que decida comprobar hasta dónde llega ese «cualquier cosa».
— Seadh, mo thighearna agus mo mhaighstir —repitió Anne en un susurro.
Craig cerró los ojos y dejó caer la mano.
—No tienes instinto de conservación.
—¿Yo también puedo decirte « a ghaoil »?
—Puedes. Y ahora, obedece a tu señor y vete.
— Seadh, mo thighearna agus mo mhaighstir —dijo haciendo una reverencia—. Esperaré con anhelo tu regreso, a ghaoil .
Se dio la vuelta, y Craig le dio una palmada en el trasero.
—¡Eh! —exclamó ella, apartándose sorprendida mientras se frotaba una nalga.
—Si yo fuera tú, correría —advirtió el escocés dando un paso hacia ella.
Anne no esperó a saber por qué y echó a correr hacia Julie sin parar de reír.
—Si os marcháis, yo me voy también —dijo Emma con cara de hartazgo—. He visto carreras suficientes para los próximos diez años.
—Mamá, no has prestado la menor atención —dijo Anne conteniendo la risa.
—Estás tú muy contenta, me parece a mí.
—Tengo motivos, ¿no crees?
Anne miró a Julie y a Jonathan, que hablaban sin parar delante de un puesto de dulces.
—¿Esos dos…? —Emma no terminó la pregunta, pero a Anne no le hizo falta.
—Sí.
—Es un buen muchacho.
—Lo es. Y ha tenido mucha suerte con Julie.
Miró a su madre con calidez.
—¿No vas a preguntarme si me importa?
—¿A ti? ¿Por qué iba a importarte?
Anne inclinó la cabeza a un lado.
—Se suponía que me estaba cortejando a mí.
—Ah, eso…
Anne frunció el ceño y la miró de frente.
—¿Mamá? ¿Qué…?
—Ay, niña, de verdad, qué tontos sois los hijos. Os pensáis que podéis engañar a vuestra madre.
—¿De qué hablas?
—¿Te crees que no sé lo que pasa entre Craig y tú? —Movió la cabeza—. ¿Has conseguido que ese testarudo se baje del burro en el que iba montado?
—¿Tú…? ¿Sabías que él…?
—¿Que estaba enamorado de ti? —Se rio—. Hace mucho. Después de lo de Doncaster tuvo una discusión enorme con tu hermano Frederick. Ahí lo tuve del todo claro.
—¿Qué?
Su madre dejó escapar el aire sin apartar la mirada de los azules ojos de su hija.
—Mi niña. Lo pasaste muy mal. Y todos estábamos muy enfadados contigo y con la situación. Se dijeron cosas muy duras e injustas.
—Eso ya pasó.
—Pero Craig te defendió. Tu hermano y él casi llegaron a las manos, y temo que lo escogió porque no podía golpear a tu padre.
—Pero… Yo los oí hablar. Y los dos dijeron cosas… que me hicieron daño.
—No sabía que los hubieses escuchado —dijo Emma—. Pero está claro que no debiste de oír toda la conversación, porque yo estaba presente y te aseguro que Craig te defendió de un modo que me hizo sentir vergüenza por no haberlo hecho yo.
Los ojos de Anne se inundaron de lágrimas.
—Creía que ya no me importaba —dijo limpiándoselas rápidamente mientras se aseguraba de que el puesto tras el que se habían resguardado la protegía de miradas ajenas.
Emma la cogió de las manos mirándola con cariño.
—«Lo ha hecho para proteger a los suyos, Anne no es ninguna estúpida, Frederick. Y es mejor jinete que cualquiera de los miembros del Jockey Club. Deberías tenerle más respeto, tiene más valor en uno de esos pequeños pies que tú en toda tu envergadura».
Anne se cubrió la cara con las manos y rompió a llorar. Su madre la abrazó dándole palmaditas en la espalda.
—Ya, mi niña, ya. —Le besó el pelo—. Vaya par de tontos.
Me recordáis a tu padre y a mí. ¿Por qué nos gustará tanto complicarnos las cosas?
Y no se lo tengas en cuenta a Frederick, está muy arrepentido.
Pasaba por un momento delicado y lo que creyó una irresponsabilidad por tu parte fue la gota que colmó un vaso ya lleno por culpa de la familia de Charlotte.
—¿Tan mal están?
—No. Ya están mucho mejor. Charlotte habló con sus padres y les dejó claro que el hombre de su casa era su esposo y que, aunque aceptaba sus consejos, como había hecho siempre, no toleraría que le faltasen al respeto nunca más.
—¿Por qué no ha hablado conmigo de todo esto?
—Ya sabes cómo es. Contarle sus problemas a su hermanita pequeña le supone una humillación. Cree que a partir de ese momento dejarías de mirarlo como alguien que merece admiración.
—Pues comportándose del modo en que lo ha hecho es como podría haberlo conseguido.
—Lo sé, pero son hombres, ¿qué quieres, hija? —Se rio su madre.
Anne se limpió los restos de lágrimas y sonrió también.
—Entonces, ¿te parece bien, mamá?
—¿El qué?
—Que Craig y yo nos casemos.
—¡¿Vais a casaros?! —exclamó Emma con cara de susto.
Anne tardó unos segundos en darse cuenta de que su madre se burlaba de ella.
—Muy graciosa.
—Pues claro que me parece bien. Incluso sabiendo que te marcharás a Slioscreige .
—¿Hay algo que no sepas, mamá?
—Sí. Una cosa. ¿La boda será aquí o allí? Tu hermano se casó en Escocia, creo que me merezco un poco de consideración.
—Mamá…
—¿Qué?
—Tú odias tener que organizar esas cosas.
Emma enarcó una ceja.
—Katherine me dirá que soy una mala madre si no organizo la boda de mi hija.
—Pero si la organiza tía Elizabeth tendrás la excusa perfecta para ir a verla. Con tu nuevo libro. ¿No te gustará ver su cara cuando lo lea?
—Eres perversa, niña.
Anne la abrazó riendo y su madre no pudo más que rendirse.
—Pero no digas nada. —Anne se apartó de golpe y la miró asustada—. Papá aún no lo sabe.
—Entonces más le vale a Craig darse prisa, antes de que tu padre descubra que es el último en enterarse.