Capítulo 17
—Escucha al caballo, Ephraim, es tu mayor debilidad. Estás tan ocupado disfrutando de la carrera que no lo escuchas.
—¿Ahora habla? —Se inclinó sobre el equino y le dio unas palmaditas en el cuello—. ¿Qué pasa, chaval? ¿Quieres decirme algo?
Craig movió la cabeza dándolo por imposible.
—¿Hemos terminado? —preguntó el jockey incorporándose rápidamente.
—Sí —dijo el escocés llevando a su yegua a las caballerizas.
—Pero aún no es la hora del almuerzo.
—Solo piensas en comer —masculló Craig alejándose.
—Eso que te pasa seguro que tiene un nombre —gritó Ephraim iniciando un suave trote.
Craig trató de ignorar el comentario, pero sabía perfectamente a lo que se refería.
Estaba de mal humor, de muy mal humor. Desde lo ocurrido con Anne y la discusión sobre Poppy le picaba el cuerpo como si un montón de hormigas se le hubieran colado dentro de los pantalones.
Y eso que todavía no había hablado con Edward. Bastante tenía con Charles.
Llevó a Ealain a su cuadra después de cepillarla y revisarla para asegurarse de que todo estaba bien.
—Cuando Ephraim traiga a Seabhag, asegúrate de que está en perfectas condiciones y si hay cualquier problema, búscame —le dijo a Tom, que asintió repetidamente.
Caminó hacia la casa y se topó con Anne, que salía en ese momento.
—¡Oh! —exclamó ella chocando con él.
—¿Hay fuego en alguna parte? —preguntó sujetándola para que no perdiera el equilibrio.
—Perdón. —Se apartó y luego se inclinó cortésmente.
—¿Adónde vas?
—Al pueblo.
—¿Ahora? Falta una hora para el almuerzo.
—Exacto —sonrió burlona—. He quedado para comer con Imogen Lynott.
—Anne…
—¿Qué?
—Sabes qué.
—No tengo ni idea.
—¿En serio? ¿Imogen?
—Me invitó a comer y yo acepté. No creo que esto sea cosa tuya.
—¿Te acuerdas de lo de tomar malas decisiones?
Ella apretó los labios y elevó el mentón.
—Al parecer es algo que no puedo evitar.
Hizo ademán de bajar los escalones de la entrada, pero Craig le cortó el paso.
—Puedes.
—No, no puedo y he decidido dejar de intentarlo. Haré lo que considere y si me equivoco, pagaré las consecuencias. Es como funciona esto.
—Cuando dices «esto», ¿te refieres a la vida?
—Por supuesto. Cometes errores y aprendes la lección.
—¿Y qué lección has aprendido tú de tus errores exactamente?
—Que debo mantenerme alejada de ti.
—Vaya. Así que yo soy el problema.
—Estoy bastante segura de que eres uno muy grande.
Craig frunció el ceño al verla señalarlo de arriba abajo como si su tamaño tuviese algo que ver en aquella conversación. Levantó las manos en señal de rendición.
—Como quieras, pero te estás metiendo en un problema.
—Tranquilo —dijo con sorna—. Aquí no hay caballos ni carreras. Y voy vestida como una señorita.
Se alejó de él y aceleró el paso en cuanto estuvo en el sendero. Craig la observó hasta que la perdió de vista. Luego se frotó la nuca y entró en la casa aún más irritado.
Charles lo interceptó cuando se dirigía al despacho de Edward.
—¿Adónde vas?
—A hablar con tu padre.
—¿De mí?
Craig enarcó una ceja.
—¿Quieres que le hable de ti?
—No.
—Bien.
Charles no se movía y estaba en mitad del pasillo.
—¿Quieres algo más? —preguntó el escocés empezando a perder la paciencia.
—Tenemos que hablar.
Craig no dijo nada y Charles miró a su alrededor como si sopesara dónde.
—Mi madre está en su despacho, en el salón de día no habrá nadie. —Sin más preámbulo se dio la vuelta y caminó hacia allí.
Craig tuvo la tentación de ignorarlo y continuar con su plan de hablar con Edward, pero tras unos segundos de lucha interna, lo siguió.
—Cierra la puerta, por favor —pidió Charles, camino del mueble de las bebidas—. ¿Brandy?
—No, gracias.
Charles se sirvió una cantidad generosa y se la bebió de un trago. Cuando se giró a mirarlo tenía los ojos tristes y Craig maldijo para sí.
—¿Nos sentamos? —Charles le indicó uno de los sillones y él se sentó en otro gemelo—. ¿Alguna vez te has enamorado?
Craig negó con la cabeza.
—No te enamores. En serio. Sobre todo no te enamores de alguien indebido.
—¿Estás enamorado de Imogen Lynott?
Charles lo miró como si hubiese usado una lengua desconocida. Conocía las palabras, pero se le escapaba su significado. Craig se hubiese reído de no estar tan cabreado.
—Imogen no tiene nada que ver con esto.
—Entonces, ¿quién?
Charles apretó el vaso vacío entre los dedos.
—Estoy enamorado de Poppy.
Joder. Joder. Joder. Esa palabra se repitió una y otra vez en la cabeza de Craig y contuvo el aliento tratando de no pensar en Poppy arrodillada delante de él.
—Sí, lo sé —afirmó Charles como si supiera en qué estaba pensando—. Una completa locura.
—Lo… ¿siento?
—Puedes compadecerte de mí. Está claro que estoy en una mierda de situación.
—No sé si es conmigo con quien deberías hablar de esto.
—¿Porque te has follado a la mujer que amo?
—Charles…
—¿Qué? ¿Te molesta oírlo? Pues no te molestó hacerlo.
—Yo no sabía…
—No, no lo sabías. ¿Y ahora? ¿Te la has vuelto a tirar?
—No.
—¿Seguro?
—Ya te expliqué cómo sucedió.
—Sí, me lo explicaste. Tomaste a la mujer que amo por una puta.
Craig no se inmutó.
—¿Necesitas a alguien con quien pelear? El del boxeo es Anthony.
Charles soltó el aire con un bufido y dejó caer la cabeza visiblemente derrotado.
—No sé qué hacer, Craig. De verdad que no sé qué hacer.
—¿Y por qué me lo cuentas a mí?
—¡Yo qué coño sé! Apenas puedo razonar lo suficiente para no cagarla aún más.
—Habla con tu padre.
—No hay nada que hablar, Craig. ¿Acaso no sabes cómo funciona esto? Soy el hijo del conde de Kenford. No puedo casarme con una criada.
—Ya.
—¿Ya? ¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¡Me condenarían al ostracismo! No tendría amigos. Ni siquiera podría pisar esta casa.
Craig sabía lo estricta que era la sociedad inglesa en esos temas, pero no imaginaba un solo escenario en el que alguien pudiera prohibirle pisar Slioscreige .
—Por no hablar de su padre.
—¿El padre de Poppy?
—Sí. Es un desgraciado. La ha maltratado y, ahora que sabe lo nuestro, no hace más que chantajearla amenazando con armar un escándalo. Ya le he dado más de cien libras. No puedo ir derrochando el dinero así. Tengo que tomar una decisión.
—¿Por qué le pagas? No serás el primer hijo de un conde que tiene un lío con una criada.
—¿Has escuchado la parte en la que te he dicho que amo a Poppy?
—¿Y su padre sabe que la amas?
—No.
—¿Entonces? No le pagues. Dile que puede contar lo que le dé la gana, verás como deja de molestarte.
—¿Y ella? La echarían de esta casa y no la contrataría nadie. Tendría que volver a la posada de su tío y, como comprenderás, no es el mejor sitio para una joven como ella.
—No creo que su tío tuviese nada que ver con… aquello.
—No. Eso fue para vengarse de mí.
—¿Vengarse de ti?
—Tuvimos una discusión terrible.
—Ah.
Charles se apartó el pelo de la frente. Tenía los ojos desquiciados.
—Le dije cosas que no sentía.
—Ya.
—Luego lo arreglamos y estos meses que ha trabajado aquí han sido… maravillosos.
—Hasta que volviste a cagarla.
Charles levantó la cabeza y lo miró desconcertado.
—¿Cómo lo sabes?
Craig no dijo nada, pero la furia se apoderó de Charles en cuanto entendió a qué se refería.
—Creía que solo había sido una vez.
—Y solo fue una vez, pero… —Craig no estaba muy seguro de que aquel fuera el mejor camino para esa conversación.
Charles maldijo entre dientes y sus puños se cerraron con rabia.
—No tiene dos dedos de frente —masculló—. Maldita estúpida.
—No deberías insultarla.
—¿Se te insinuó?
Hizo mucho más que insinuarse .
—¿La hiciste sentir como una puta? —preguntó Craig saliendo de sus pensamientos.
—¿Cómo lo…?
—Ahí tienes tu respuesta. Quiso demostrarte que tenías razón.
—Oh, Dios. Voy a matarla. O me matará ella a mí.
—Reconozco que tienes una situación difícil entre manos, pero vas a tener que tomar decisiones, Charles. No se arreglará solo.
—¿Y qué hago?
—No lo sé.
—¿Tú qué harías?
—No lo sé. Nunca me he enamorado. No sería justo para ti que te diera mi opinión. Pero quizá deberías dejar de follarte a las mujeres de otros mientras decides qué hacer.
—Mi padre no deja de atosigarme para que le cuente lo que pasó en el baile.
—Y me consta que tu padre es muy persuasivo.
—Si se entera, me mata.
—Pero si se entera por otra persona, además de matarte, esparcirá tus huesos para que no descanses nunca.
Charles asintió.
—La cagué bien.
—Hasta el fondo.