Capítulo 15
Anne llamó a la puerta del despacho de su padre y esperó a escuchar su voz antes de entrar. Se detuvo al otro lado del escritorio y durante unos segundos los dos se miraron en silencio.
—Papá…
Edward apartó la mirada y cerró los ojos un instante como si escuchar su voz lo debilitara.
—Papá… —repitió ella rodeando la mesa para acercarse a él.
Sin decir nada, le rodeó el cuello y lo abrazó.
—Te prometo por lo que más quiero que no he hecho nada malo. No estés disgustado por mí, por favor.
Edward se puso de pie sin intentar apartarla y la rodeó con sus brazos con ternura.
—Hija, lo único que yo quiero es que…
—Lo sé, lo sé —lo cortó apartándose para verlo bien y apoyó las palmas de las manos en su pecho—. Me he portado bien, estoy haciendo las cosas bien. No hice nada en el baile, pregúntale a Craig.
Edward frunció el ceño y echó la cabeza atrás levemente.
—¿A Craig?
Anne se sonrojó al instante y su padre la empujó suavemente para separarla de él y luego bajó los brazos.
—¿Qué tiene que ver Craig en todo esto? —Hizo una pausa buscando en sus recuerdos—. Ahora que lo pienso… te pasaste con él toda la noche. ¿Qué significa eso, Anne?
—Nada, papá —dijo intentando que su voz no temblara—. Craig es un amigo. Es de la familia, solo está… ayudándome.
—¿Ayudándote a qué?
¿Cómo se había metido en ese lío?
—A no cometer errores.
—No estoy entendiendo nada. Tengo la cabeza embotada de intentar adivinar las cosas que les pasan a mis hijos. —Caminó hacia el mueble de las bebidas—. No se me da bien la adivinación, Anne. Háblame claro, por favor.
Lo observó mientras se servía un dedo del drambuie que le enviaba Dougal y que él siempre decía que deberían patentar. Edward bebió un sorbo y luego se giró expectante.
—Empieza por decirme qué pasó en ese baile.
—No puedo, papá.
—¿Que no puedes? ¿Por qué?
—Porque… no es a mí a quien le corresponde decirlo.
Edward entornó los ojos y lo pensó un momento. Poco a poco encajó las piezas.
—¿Charles?
Anne desvió la mirada para no delatar a su hermano. Edward apuró el contenido del vaso y lo dejó con cierta violencia sobre el mueble antes de regresar a su asiento.
—¿Qué ha sido? ¿Otra doncella?
Anne se mordió el labio sujetándose las manos.
—No hay manera de meterlo en cintura. Al final nos va a traer la ruina.
—Papá…
—Y se ha quedado ahí parado viendo cómo yo te…
—Papá… —Anne se acercó a él de nuevo y puso una mano en su hombro—. No pasa nada. De verdad.
—¿Vas a contarme qué hizo?
—No puedo, papá.
—Entonces dejemos de hablar de ello. Mañana me lo explicará él. —Le señaló la silla al otro lado del escritorio—. Siéntate.
Anne obedeció, algo más tranquila.
—Ahora dime qué pasa con Craig.
—No pasa nada. —Intentó sonreír, aunque solo consiguió una mueca—. Él me está… ayudando.
—¿Ayudando a qué? —repitió la pregunta.
—A… no cometer… errores.
—¿Qué?
Anne tragó saliva y luego se mordió el labio. Su corazón golpeaba tan fuerte que sospechaba que su padre podía oírlo.
—No me fío de mi criterio y le pedí… que me ayudara.
Edward se recostó en el asiento y dejó escapar el aire con un suspiro.
—¿Que has hecho qué?
—Le pedí que me guiara, papá. Él es un hombre cabal, mamá lo adora y cree que es perfecto. Tú lo respetas muchísimo y te he escuchado decir que es el mejor de los McEntrie. —Se retorció las manos—. Por eso… creí que era… lo más inteligente.
—¿El qué?
—Pedirle consejo. Bueno, no consejo, una…
guía. O sea… a veces no sé qué debo hacer.
Mi mente me dice que haga algo y creo que es una decisión completamente lógica.
Como cuando obligué a Mike a bajarse de Poderoso.
Había descubierto que cobraba por amañar las carreras, iba a hacerte perder a cambio de recibir mucho dinero.
¿Debería habértelo dicho? ¿Debería haberlo denunciado?
Probablemente. Pero ¿qué hice yo? Me vestí con su ropa y me subí al caballo dispuesta a solucionarlo ganando la carrera.
Y la gané, pero las cosas no salieron como esperaba.
Me descubrieron y te puse en evidencia. Os puse en evidencia a todos, también a los McEntrie.
Podría haber sido un desastre si tú y Craig no lo hubieseis arreglado.
Pero en mi cabeza todo estaba bien y era lógico.
Y no puedo confiar en mi criterio, así que le pedí a Craig que me ayudase, que me dijese qué hacer en cada momento.
Por eso no se separó de mí en el baile de los Timberlake.
Pero de repente él no estaba y yo fui a buscarlo y entonces vi…
—Se paró en seco al ver la expresión anonadada de su padre.
Se le congeló la sangre en las venas. El cuello de Edward estaba tan tenso que podía ver sus músculos con total precisión.
—¿No lo planeaste? —preguntó el conde con voz grave—. ¿No planeaste participar en esa carrera?
Anne negó con la cabeza muy despacio.
—¿Lo decidiste… en el momento?
Anne asintió.
—¡Joder!
Su padre golpeó el escritorio con el puño y los objetos que había encima saltaron.
—Lo siento… —musitó ella con voz temblorosa—. Lo siento, papá, yo…
—¿Que lo sientes? —Tenía los ojos desorbitados—. Creía que lo habías planeado. Creía que pensaste en ello y no tuviste en cuenta las consecuencias. Creía que era un juego para ti, Anne.
Se levantó de la silla y se paseó por la estancia con una mano en la cintura y la otra frotándose la frente, como si le estuviese costando mucho mantener la calma.
—Yo…
Se levantó también. No sabía muy bien qué debía decir. No entendía si su padre estaba enfadado por lo ocurrido entonces o por lo que ella acababa de decir. Cuando se acercó y la agarró por los hombros, los ojos de Anne se llenaron de lágrimas, temiendo lo que iba a decirle.
—Anne… Anne, hija… —La atrajo hacia sí y la abrazó con fuerza—. Hija mía…
Ella se aferró a él sin saber muy bien qué estaba pasando.
—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó apartándola para verla bien—. ¿Por qué no me contaste…? ¡Maldita sea! ¿Qué estoy diciendo? Si no te dejé hablar. Me puse a gritarte como un energúmeno sin darte opción a decir nada.
—Papá… ¿Estás enfadado conmigo o me estás… perdonando? Es que no estoy muy segura…
Edward limpió las lágrimas de sus mejillas y le sonrió con ternura.
—Hija mía. Yo soy quien debería pedirte perdón, no tú. Hiciste aquello para protegerme y… ¡Dios! —Volvió a abrazarla poniendo una mano en su pelo—. Eres una niña tonta y atrevida. ¿Cómo se te ocurrió hacer eso?
—Soy mejor jinete que Mike.
—Muchísimo mejor jinete, desde luego.
—Creí que nadie se daría cuenta —musitó sin apartar la mejilla de su pecho.
—Yo no me di cuenta durante la carrera —reconoció su padre acariciándole el pelo—. Te camuflaste muy bien.
—Papá… sí que lo pensé. Lo pensé muchas veces. Disfrazarme de Mike. Incluso me imaginé golpeándole esa dura cabezota que tiene y dejándolo inconsciente. Pero no lo habría hecho, porque… no soy estúpida, aunque a veces lo parezca.
Edward la apartó de nuevo.
—No pareces estúpida. Siempre has sido una jovencita muy inteligente, un poco alocada y demasiado sincera. Pero estúpida, nunca.
—Pero tú creíste…
—Y no voy a poder perdonarme por ello. Todos estos meses tratándote tan injustamente…
Ella lo abrazó con fuerza y una sonrisa de felicidad en los labios.
—No me importa, papá, si ahora estamos bien.
—Debiste decírmelo —dijo él—. Siento que creyeras que tenías que protegerme, en lugar de venir corriendo a pedirme ayuda.
—No había tiempo. Te habrían descalificado a ti. Habrías estado bajo sospecha.
—Aun así, lo habría preferido. Eso me habría evitado la vergüenza de saber que he estado tratando a mi hijita injustamente.
—Tu hijita ha cumplido ya los diecinueve años, no es ninguna niña.
Edward sonrió burlón.
—Para mí sigues siendo un bebé. Y me temo que lo serás siempre.
Anne se apartó para verle la cara.
—Papá…
—Dime, hija.
—¿De verdad crees que soy mejor jinete que Mike?
—De verdad. Pero deja de llamarlo Poderoso, se llama Blue.
—De ningún modo —negó ella.
—Es inquietante que lo llames así. No lo hagas.
—Debería haber sido un chico. Entonces no os importaría cómo lo llame.
Edward soltó una carcajada y Anne se rio con él. Cuando las risas amainaron volvió a ponerse serio.
—¿No vas a contarme lo que hizo Charles?
—No, papá.
—Buena chica —dijo colocándole un mechón de pelo—. Y ahora, deja que vaya a hablar con tu madre. Probablemente esta noche acabe durmiendo en una de las habitaciones de invitados.
Anne se ofreció a interceder por él, pero su padre se negó, asegurando que con Emma lo mejor era no tratar de esquivar el rapapolvo.