Capítulo 13
Se sentó en un banco del jardín y contempló las estrellas a través de las lágrimas. ¿Cómo iba a resolver eso? ¿Cómo iba a enfrentarse a lo que había visto?
—¿Qué haces aquí? —preguntó Craig sin aliento—. Llevo un buen rato buscán…
—¿Dónde narices estabas? —le gritó furiosa, poniéndose de pie—. Tenías que estar a mi lado. Todo el tiempo.
—Anne, ¿qué ocurre?
—Si hubieses estado ahí, yo no… yo… —Le costaba respirar y se le nubló la vista.
Craig la sujetó por instinto, la hizo sentarse de nuevo y ocupó el lugar junto a ella.
—¿Qué ha pasado?
Anne se cubrió la cara con las manos y lloró desconsolada. Al escocés se le revolvieron las tripas.
—Dime lo que ha pasado, Anne.
—Yo… no te encontraba… no sabía… —Los hipos apenas la dejaban hablar—. He visto… ¡Oh, Dios mío!
—Anne, mírame —ordenó sujetándola de los hombros—. Tienes que obedecerme, ¿recuerdas? Es nuestro pacto. Mírame.
Ella levantó la cabeza y posó sus ojos en él sin dejar de llorar. Craig suavizó el tono.
—Cuéntamelo.
—No puedo.
—No te lo estoy pidiendo. Te lo estoy ordenando, Anne.
Ella sorbió por la nariz y bajó la cabeza.
—He ido al invernadero y he…
Craig frunció el ceño y maldijo para sus adentros. Todo el mundo sabía que una joven sola nunca debía entrar a un invernadero durante un baile.
—¿Qué has visto?
—Mi hermano. Charles…
Craig creyó comprender lo que había sucedido.
—¿Cuánto has presenciado?
—¿Tú sabes…? —Se cubrió la boca con la mano.
—Anne…
—¿Tú también has…? ¿Por eso has desaparecido?
—No, Anne. No he desaparecido. Solo necesitaba un poco de tranquilidad. Odio los bailes, ¿recuerdas?
Ella asintió.
—Me he encerrado en la biblioteca de los Timberlake, me he tomado un brandy con Julian y luego he ido a buscarte, pero no te encontraba por ninguna parte. No podía imaginarme que estarías en el invernadero —añadió en un tono muy bajo.
—¿Con Julian?
—Lo encontré allí solo, con media copa en la mano y cara de condenado. Necesitaba hablar con alguien y parece que le valía cualquiera.
Anne tragó saliva mientras se retorcía las manos.
—¿Qué te ha dicho?
La expresión de Craig mostró una suspicacia repentina.
—Ese joven intentó cortejarte, ¿verdad?
—Eso no viene al caso.
—Yo creo que sí. Me da la impresión de que parte de sus dudas tienen que ver contigo.
—¿Dudas? ¿Qué dudas?
—No está seguro de querer casarse.
Anne abrió la boca y volvió a cerrarla sin emitir sonido alguno. Craig enarcó una ceja porque algo no encajaba.
—¿No quiere a Imogen?
—Ha dicho que no puede olvidar a otra persona. No te ha mencionado, pero está claro que se refería a ti.
—Eso es una tontería. Nunca ha habido nada entre nosotros. Además, éramos unos críos.
—Pues dejaste una huella imborrable en él con aquel beso —dijo con sorna.
—Deja de burlarte de mí.
—No me burlo, Anne. Tendrías que haber oído cómo hablaba.
—¿Qué le has dicho?
—No sé qué os pasa a los ingleses que necesitáis saber lo que piensan los demás antes de tomar una decisión.
—¿Qué le has dicho?
—Que no debería casarse si no está seguro.
—Desde luego —afirmó rotunda.
—¿Desde luego? ¿Te parece bien?
—Me parece muy bien. Si no se quieren, si prefieren estar con otras personas, deben casarse con esas otras personas.
—¿Quieres casarte con Julian?
—¿Qué? —preguntó confusa.
—Está claro que él te prefiere a ti.
—¡No! ¡Hablaba de Imogen!
—¿Imogen no quiere casarse? ¿Te lo ha dicho ella?
—No. Ni siquiera me ha mirado cuando hemos llegado.
—Eso me ha parecido. Supongo que tiene celos de ti.
—Deja de insistir con ese tema. Julian no está enamorado de mí, eso es una estupidez.
—Has dicho que no debería casarse si prefiere estar con otra per… sona.
Craig arrugó el ceño. De repente la niebla se estaba disipando.
—¿Charles estaba con I…?
—¡No lo digas! —suplicó Anne poniéndose de pie asustada—. Si no lo dices, no ha pasado.
—No funciona así, Anne.
—Nadie más lo sabe, solo yo. Y, al parecer, ahora también tú.
Craig se frotó la nuca mientras ella iba y venía delante de él como si el jardín se le hubiese quedado pequeño.
—Hablaré con Charles, le diré…
Las arcadas regresaron al recordar a su hermano en una posición tan indecente. Se agarró el estómago y se dobló, pero lo había echado todo hacía un rato. Craig la sujetó del brazo y tiró de ella volviendo a sentarla.
—Respira hondo —ordenó—. Inspira. Espira.
Siguió guiándola hasta que recuperó la calma.
—¿Qué has visto exactamente? —preguntó—. Podrías haberte confundido.
—Imposible.
—Cuéntamelo —insistió él.
—Mi hermano estaba… No tenía los pantalones… puestos —dijo con un escalofrío.
Craig asintió, aunque su rostro no mostraba la menor expresión.
—Había una mujer tumbada en una mesa.
—¿Una mujer? ¿Entonces no le has visto la cara?
—He reconocido… su vestido.
Craig asintió de nuevo, consciente de que ella no quería decir el nombre.
—Estaban… Ellos…
—Sí, lo entiendo, no hace falta que me cuentes más.
—Mi madre se va a disgustar muchísimo.
—Nadie tiene por qué enterarse. Quizá el compromiso se cancele.
—Estamos en un baile de celebración. Nadie rompe su compromiso después de eso, a no ser que… pase algo terrible.
—No creo que lo haya hecho a propósito —dijo Craig siguiendo el hilo de sus pensamientos.
—¿Cómo lo sabes? Quizá ella ha comprendido que Julian no la ama y ha querido facilitarle las cosas.
—Facilitarle las cosas sería devolverle el anillo y su palabra, Anne, no dejar que tu hermano…
—Ni se te ocurra decirlo —lo cortó poniéndole la mano en la boca.
Craig le agarró la muñeca con suavidad y apartó su mano despacio. Anne sintió aquel gesto como algo íntimo y se le aceleró el corazón.
—Perdón —dijo ella bajando el brazo.
Durante un momento permanecieron en silencio y ella se calmó por completo. Se limpió los restos de lágrimas de la cara con ánimo resuelto.
—Dime qué debo hacer y lo haré.
—Anne.
—Me volveré loca si tengo que decidir yo. Además, hicimos un trato.
—Pero no puedo meterme en un tema familiar tan importante.
—Puedes si yo te lo pido. Por favor, Craig. Si no decides tú, tendré que hacerlo yo, y no puedo.
—No hagas nada —aceptó al fin—. No te metas, no interfieras.
—Pero…
—He dicho que no hagas nada.
—Charles me ha visto. Y ella lo ha oído decir mi nombre. Los dos saben que yo lo sé.
—Más motivo para mantenerte al margen. Cuando tu hermano te pregunte, di que no has visto nada. Él sabrá que mientes, pero entenderá que has decidido ignorarlo.
—¿Te parece bien?
—No tengo costumbre de juzgar el comportamiento de los demás. No conozco sus circunstancias y, por lo general, no me interesan. Lo único en lo que pienso ahora mismo es en cómo librarte a ti del problema.
Anne sonrió levemente.
—Te preocupas por mí.
—Por supuesto.
—Está bien, entonces. No diré nada, aunque ellos sepan que lo sé.
Se quedaron en silencio de nuevo y Anne contempló las estrellas buscando aquellas que George le había enseñado.
—Quiero mucho a Charles —dijo con voz serena—. Sé que no es feliz desde hace tiempo. Antes siempre estaba contento y encontraba el modo de hacernos reír a todos. Pero ya hace mucho que no es el mismo.
—¿Le has preguntado?
—Sí. Muchas veces. Pero dice que está bien y que no pasa nada.
—Sé lo que es eso —respondió Craig pensativo—. Alasdair hizo eso durante mucho tiempo. Todos veíamos lo mal que estaba, pero él no dejaba que saltáramos el muro que había construido para mantenerse apartado.
—Quizá mi hermano necesita una Victoria.
—Es posible.
—Estuviste con él en ese hospital.
—Fue espantoso. Nunca había visto nada parecido. No sé cómo Adam tiene tanta sangre fría.
—Tú también la tienes. Con los caballos.
—No es lo mismo. Yo no les clavo un bisturí y les rajo la carne.
Anne sonrió burlona.
—Es lo que hacen los cirujanos. Cada uno tiene su función en el mundo.
Craig la observó con atención.
—¿Cuál es la tuya?
—Pues… diría que no meterme en líos y seguir respirando.
Craig enderezó la espalda.
—¿Te estás autocompadeciendo, Anne?
—Veamos… Una joven de mi edad y posición debe aspirar a casarse, tener hijos y cuidar de su familia hasta el fin de sus días. Yo no voy a casarme ni a tener hijos, así que mis opciones se reducen a seguir respirando mientras intento molestar lo menos posible.
—¿Por qué no ibas a casarte?
Sabía la respuesta a esa pregunta, pero no podía verbalizarla.
—¿Volvemos dentro? —dijo poniéndose de pie.
—Anne… —Él se levantó también—. Contesta.
—No.
—¿Por qué?
—Porque no quieres oírlo.
—¿Por qué no iba a…? —Enmudeció y cerró los ojos un momento.
—Dijiste que mis sentimientos por ti no eran reales y tú siempre tienes razón —dijo ella como si no hubiera nada que discutir.
—Anne… —dijo él con aspereza—. Creía que habíamos dejado el tema para siempre.
—Así es.
Se dio la vuelta para alejarse y Craig la siguió a una prudencial distancia.