Un desastre irresistible (Winter Falls 6) Capítulo 21
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Capítulo 21

El primer beso: puede dejarte de culo si no tienes cuidado

Phoenix asoma la cabeza en mi despacho. No, no es mi despacho. Es su despacho, el que me ha prestado, pero lo robaría por completo si pudiera. Por desgracia, tras la charla de esta mañana, es dolorosamente obvio que no está interesado en una relación.

Su ex le hizo tanto daño como el mío a mí, y los dos llevamos las cicatrices.

Yo me estoy dejando la piel para borrar las mías, pero él se regodea en las suyas.

Es un desperdicio, pero no hay nada que yo pueda hacer al respecto.

No soy el tipo de chica que va a hacer que nadie cambie de opinión, y mucho menos él.

—¿Estás lista?

Sonríe y esos dos hoyuelos asoman; desearía con todas mis fuerzas poder ser la chica que le hiciera cambiar de opinión. Le demostraría lo leal y entregada que puede ser una mujer.

—Tierra llamando a Gabby.

Phoenix chasquea los dedos ante mi cara y doy un respingo en la silla.

—Lo siento. Estaba pensando.

—¿En qué estabas pensando?

Siento que me arden las mejillas. —En el trabajo —miento.

No parece creerme, pero lo deja pasar. —¿Estás lista para ir al pueblo?

Guardo rápidamente mi trabajo antes de apagar el ordenador. Cierro el portátil de un golpe y me pongo en pie. —Lista.

Me indica la puerta con un gesto. —Después de ti.

—Todavía no me has dicho en qué necesitas mi ayuda —le digo mientras nos dirigimos al pueblo en su camioneta.

Señala con la cabeza la parte trasera del vehículo. —Tengo que hacer una entrega.

Miro hacia atrás, pero vuelvo a mirar frotándome los ojos cuando me doy cuenta de que la parte trasera está llena hasta los topes de caca de cabra.

—¿Qué vas a hacer con caca de cabra?

—El estiércol puede usarse como fertilizante. —Ah. Claro. Debería saberlo. —Eden. ¿Conoces a Eden?

—Creo que no, pero recuerdo haber pasado por delante de una tienda llamada Eden’s Garden .

— Eden’s Garden es su tienda. Su madre la abrió y le puso su nombre. Cuando falleció, Eden se hizo cargo.

—¿Y usa la caca de cabra para ayudar a que crezcan sus plantas?

Él suelta una risita. —Sí, usa la caca de cabra.

Arrugo la nariz. —Pero huele fatal.

—En realidad, la caca de cabra prácticamente no tiene olor. Es la orina de cabra lo que ofende a tu delicado olfato.

Pongo los ojos en blanco. —Me crié con tres hermanas y un hermano con un solo cuarto de baño. No diría que mi olfato es delicado.

—¿Un solo baño? ¿Pensaba que tu familia tenía dinero?

—¿Por qué habrías de pensar que mi familia tiene dinero? —Es decir, es verdad, ¿pero cómo lo sabe él?

—No creerás en serio que puedes guardar un secreto en Winter Falls, ¿verdad?

—Supongo que no. —Y entonces, porque soy una idiota que anhela que este hombre lo sepa todo de mí, le confieso mis secretos—.

Mis padres recibieron una herencia cuando yo era un bebé.

Antes de eso, no eran más que un profesor de escuela y una contable corrientes.

Decidieron ahorrar el dinero para nosotros, sus hijos, así que seguimos viviendo en la casa que compraron cuando se casaron hasta que murieron.

Me pone la mano en el muslo y me lo aprieta. —Siento que los perdieras.

Inspiro profundamente y suelto el aire despacio.

Después de tanto tiempo, todavía me duele pensar en ellos.

Los echo de menos todos los días. Mamá fue quien me enseñó a cocinar.

Cada vez que estoy en la cocina mezclando ingredientes, pienso en ella y desearía poder llamarla para comentar lo que sea que esté preparando.

Desearía poder preguntarle qué opina de Phoenix.

Y mi padre era el hombre más dulce del mundo. Cuando llegaba del trabajo, lo primero que hacía era buscar a mamá. La levantaba en vilo y le daba vueltas, emocionado de verla al final del día. Yo quiero el tipo de amor que ellos tenían, pero empiezo a pensar que su amor era algo legendario.

—Gracias —digo con un hilo de voz. Me aclaro la garganta y continúo con la historia—.

Cuando Beckett se hizo cargo de nuestra crianza, utilizó parte del dinero de la herencia para alimentarnos y vestirnos, pero dejó el resto invertido.

Después de conseguir el puesto de director ejecutivo de Clean Mountain Environment , nos preguntó si podía invertir el dinero en acciones de la empresa.

Solo Olivia se opuso... pero ella siempre se opone.

—Nunca hablas de Olivia.

Me quedo mirando por la ventana. —Porque es doloroso. Olivia no nos quiere.

Vuelve a apretarme el muslo. —No me lo creo. ¿Cómo podría alguien no quererte?

«Ejem, ¿hola? ¿Y tú quién eres para hablar? Tú te niegas incluso a intentar tener una relación conmigo». Sin embargo, me guardo esos pensamientos. No tiene sentido abrirme en canal ante alguien que no está dispuesto a hacer lo mismo.

—En resumen, mi familia tiene dinero, pero no tenemos dinero.

—Entendido. —Se mete en un campo y se detiene—. Ya hemos llegado.

Una mujer nos saluda con la mano mientras se acerca.

—Tú debes de ser Gabrielle.

Dos pueden jugar a este juego. —¿Y tú eres Eden? —Solo que mis palabras suenan más como una pregunta que como una afirmación. Muy bien, mantente fuerte, Gabrielle.

—No te he visto por mi tienda. Claro que, si estás viviendo en la granja con Phoenix, no te harán mucha falta las plantas. —Me guiña un ojo. Pues sí. No hay secretos en este pueblo.

Phoenix baja el portón trasero y coge una pala de encima del montón de estiércol.

—¿Dónde quieres el fertilizante? ¿Aquí? ¿O en otro sitio?

Me reúno con él junto a la camioneta. —¿Dónde está mi pala?

—Solo he traído una.

—¿Pero entonces cómo voy a ayudar?

—Yo tengo una pala para ti —dice Eden antes de tenderme la que ella sostenía.

Me dispongo a «ayudar» a Phoenix a pasar el estiércol a un gran montón en el jardín de Eden. ¡Ja! Jardín de Eden. Acabo de pillarlo. Este pueblo está loco.

A juzgar por lo rápido que se vacía la mitad de la camioneta de Phoenix comparada con la mía, no sirvo de mucha ayuda.

Él podría haber hecho este trabajo solo perfectamente.

Pero entonces yo no tendría la oportunidad de ver cómo se le marcan los bíceps mientras trabaja.

¿Quién iba a decir que los bíceps eran sexis?

Creedme. Lo son cuando pertenecen a Phoenix.

Se pasa el dorso de la mano por la frente antes de declarar que hemos terminado. Su camiseta se le pega al pecho por el sudor. Los músculos sudados son más sexis que los músculos a secas. ¡Ay, por Dios! No me extraña que sienta sofocos.

—Creo que nos merecemos un helado después de todo nuestro duro trabajo —dice mientras cierra el portón de un golpe.

—No le diré que no a un helado. —Nunca, pienso pero no lo digo. No hace falta que sepa que mi obsesión por el chocolate se extiende al helado de chocolate.

—Recogeremos la camioneta más tarde —le grita a Eden antes de cogerme de la mano y llevarme hacia Main Street, donde están todas las tiendas.

—¿No te importa pasear por el pueblo con la ropa de trabajo y todo sudado?

—¿Estás diciendo que apesto? —Se levanta el brazo y se huele el sobaco—. A mí me huele a gloria bendita. Pero quizá tú tengas una opinión distinta. —Me planta el sobaco en la cara. Me defiendo entre risas.

—No seas asqueroso.

Me pasa un brazo por los hombros y me atrae hacia él. —¿Estoy siendo asqueroso ahora? ¿Con mi cuerpo sudado pegado al tuyo?

Cielo santo. No querría saber lo mucho que deseo que su cuerpo sudado y desnudo esté sobre el mío. Haría casi cualquier cosa por que eso sucediera.

Pongo los ojos en blanco y desvío la mirada antes de que se dé cuenta de lo que estoy pensando. Mi vista se posa en un hombre que camina hacia nosotros. Lleva la cara oculta por un sombrero, pero reconocería ese andar en cualquier parte. Es Patrick. De verdad está aquí.

Pensaba que todo esto de la relación falsa y lo de vivir en la granja eran gilipolleces. Estaba convencida de que Patrick nunca vendría a Winter Falls a buscarme. Pero el error de mi razonamiento está parado justo delante de mí. Me quedo paralizada.

—¿Qué pasa?

—Es Patrick —le susurro e indico al hombre con un movimiento de barbilla—. ¿Qué hacemos?

A Phoenix se le dilatan las fosas nasales y un músculo de la mandíbula le da un espasmo, pero inspira profundamente y relaja sus facciones.

—Hacemos exactamente lo que deberíamos estar haciendo.

«¿Deberíamos estar haciendo?» ¿De qué está hablando?

Baja la mirada hacia mis labios. ¿Se refiere a besarme? Me lamo el labio inferior mientras imagino su boca sobre la mía. Suelta un gemido y entonces sus labios se funden con los míos.

Pensaba que me daría uno de esos besos de apenas rozar los labios, pero Phoenix no es lento y no es delicado. Su lengua exige entrada y no dudo en abrirme a él. ¿Por qué lo haría? Es todo lo que he deseado durante meses.

Gimo cuando me invade el sabor a café, chocolate y a algo propio de Phoenix. Su lengua saquea mi boca y yo soy una espectadora complaciente. Me agarro a su camiseta y lo atraigo hacia mí hasta que no queda ni un milímetro de espacio entre nosotros.

Siento la erección de Phoenix presionando contra mi vientre y un cosquilleo se extiende desde mis labios por todo mi cuerpo hasta mi centro. Sí. Quiero sentir su dureza empujando contra mí mientras me besa como si no quisiera detenerse nunca.

—¡Abro una nueva ronda de apuestas! —grita Sage, y yo me tambaleo en los brazos de Phoenix.

Él suaviza el beso antes de apartarse. Apoya su frente contra la mía mientras ambos intentamos recuperar el aliento. Sus ojos están llenos de ardor y deseo, y no puedo apartar la mirada.

—Tú, Gabrielle Grace Dempsey, no eres lo que esperaba.

Él tampoco es lo que yo esperaba, pero es exactamente lo que quiero. Lástima que no sea lo bastante valiente para decirle esas palabras.