Un desastre irresistible (Winter Falls 6) Capítulo 18
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Capítulo 18

Un secuestro no siempre implica a un niño

—Te vienes conmigo —anuncia Juniper en cuanto le abro la puerta de la casa de campo una semana después.

—¿Qué pasa? ¿Se ha escapado alguno de tus animales? ¿Andan sueltos tus perros otra vez? Espera. Deja que me ponga los zapatos —empiezo a meter los pies en unas botas de agua.

Juniper las aparta de una patada. —Nada de botas de agua.

Frunzo el ceño y bajo la mirada hacia mis zapatillas de casa de peluche. —¿Qué? No esperarás que me ponga a pisotear campos embarrados con mis zapatillas, ¿verdad?

Me agarra del brazo y me saca a tirones de la casa. —¿Quién ha dicho nada de campos embarrados?

—¿De qué otra forma vamos a encontrar a tus animales?

—¿Qué animales?

Planto los pies en el porche. —¡Los animales que se han perdido!

Resopla. —No se ha perdido ningún animal.

Me froto la frente. —Creo que hoy no he tomado suficiente café.

Phoenix suelta una risita al llegar al porche. Sube los tres escalones de un tirón y admiro cómo se tensan sus músculos con el movimiento.

—Gabby, tú siempre tomas suficiente café. Si te hiciéramos un corte, tu sangre no sería roja, sería marrón.

—No tomo tanto café.

Él resopla. —Claro que no. —Le sonríe a Juniper—. ¿Qué te trae por mi lado de la valla?

Ella señala en mi dirección con la mano. —Esta se viene conmigo.

Retrocedo un paso. —¿A-a dónde vamos?

—¡Al club de lectura! —lo anuncia como si el club de lectura fuera un concierto de rock al que me muero por asistir.

—Vaya, no me he leído ningún libro para el club de lectura.

A decir verdad, ni siquiera sabía que hubiera un club de lectura en el pueblo.

Aunque no debería sorprenderme. Winter Falls puede que sea pequeño, pero está lleno de actividades comunitarias.

Puedo imaginarme perfectamente instalada aquí para siempre, preferiblemente con un criador de cabras buenorro.

Miro a Phoenix de reojo. Él servirá perfectamente. Más que perfectamente.

—No hace falta que te leas el libro —me dice Juniper—. La pareja se conoce, se enamoran, tienen mucho sexo, él hace algo increíblemente estúpido, rompen, él se da cuenta de que no puede vivir sin ella y le suplica que vuelva, y viven felices para siempre.

—No seas una hater de la novela romántica.

Su sonrisa es triunfal. —¿Ves? Tienes que venirte de todas formas al club de lectura conmigo.

—Bueno...

Inspecciono el exterior como si la granja pudiera escupir una excusa para quedarme en casa con Phoenix.

Por las tardes, él se tumba en el sofá a ver deportes mientras yo me siento cerca de él a leer, pero siempre me imagino que estoy tumbada con la cabeza en su regazo leyendo mientras él me acaricia el pelo y mira la televisión.

Sacudo la cabeza y saco esas visiones de mi cabeza. Phoenix no me quiere. Sí, existió aquel «casi beso» y el famoso «beso en el pelo», pero nada desde entonces. Fuimos a una maldita boda juntos y no pasó nada. Si eso no grita «¡No disponible!», no sé qué lo hará.

—Anda, ve —insiste Phoenix—. No querrás pasarte todas las noches en el sofá con este viejo aburrido, ¿verdad?

Suspiro. Ojalá pudiera decirle cuánto deseo pasar cada velada en el sofá con él. No necesitaría leer más romances sexis si pasara mis noches con él.

—¿Te preocupa tu seguridad? —pregunta Juniper—. Porque no deberías.

No me preocupa mi seguridad. ¿Me preocupa que Patrick sea un imbécil? Eso sí es una preocupación. ¿Me preocupa que vaya a avergonzarme hasta el infinito? Es prácticamente un hecho. ¿Pero preocuparme por mi seguridad? Qué va. No puede hacerme daño cuando todo el pueblo vela por mí.

¿Por qué dudo entonces? Obvio. Un grupo grande de gente. No, gracias. Los grupos grandes y yo no mezclamos. Aquí una tímida introvertida.

—No me he leído el libro —repito mi excusa.

—Ni siquiera sabes qué libro toca este mes.

Maldición. Ahí me ha pillado.

—¿Qué libro es?

— Things We Never Got Over.

Doble maldición. Por supuesto que lo he leído. He leído todos y cada uno de los libros que ha escrito Lucy Score.

—¡Ja! —Juniper me señala la cara—. Tu expresión grita que te lo has leído. Vámonos.

—Un segundo —dice Phoenix y me arrastra al interior de la casa de campo cerrando la puerta tras él. Me hace girar hasta que quedamos cara a cara antes de acuclillarse para que nuestros ojos estén a la misma altura—. Si no quieres ir, no vayas.

—Qué fácil es decirlo para ti —mascullo.

Él arquea una ceja. —¿Ah, sí? ¿No soy yo el granjero gruñón y asocial?

Frunzo los labios. —¿Quién ha dicho que lo fueras? No eres ni gruñón ni asocial.

Suelta una risita. —Esto no va sobre mí. Va sobre ti. Si no quieres ir, nadie va a obligarte.

—¿Estás seguro? Juniper parece lista para echarme al hombro, subirme a su moto y secuestrarme.

—¡Yo limito mis secuestros a estrellas de cine sexis que están aterradas de los animalitos monos! —grita Juniper a través de la puerta.

Phoenix me guía más hacia el interior de la sala.

—Aún puede oírnos aquí —digo a modo de prueba.

—¿Qué has dicho? No te oigo.

Las comisuras de Phoenix se elevan ante el grito de Juniper antes de ponerse serio de nuevo. —No tienes por qué ir. Yo mismo echaré a Juniper.

—¿Lo harías?

—Por supuesto. —Hace una pausa—. Pero quizá deberías ir.

Frunzo el ceño. ¿Está intentando librarse de mí? ¿Es que no disfruta de nuestro ritual nocturno tanto como yo? Deja de ser tonta, Gabrielle. Phoenix no te quiere. Esto es de mentira. M. E. N. T. I. R. A. De mentira.

—No te estoy echando, pero creo que te vendría bien hacer amigos en el pueblo. Si es que piensas quedarte en Winter Falls, claro.

Tengo toda la intención de quedarme en este pueblo tan peculiar.

Todo el mundo es insistente a más no poder, pero ni una sola vez nadie se ha burlado de mí por tartamudear o por ser tímida.

Y desde el fiasco original en la reunión municipal donde las cotillas anunciaron que me gustaba Phoenix, nadie ha mencionado nada al respecto.

Además, necesito al menos dos vidas enteras para probar todos los dulces de Bake Me Happy y todas las cervezas de Naked Falls Brewing. Está bien tener metas.

—Vale —exhalo—. ¿Pero qué pasa con la cena?

—Tenemos vino y aperitivos —dice Juniper a través de la puerta abierta, y le lanzo una mirada fulminante—. ¿Qué? Me he cansado de esperar a que terminarais vuestra charla de corazón a corazón.

—Claro que sí —mascullo antes de señalar la cocina—. Me refería a que he hecho la cena.

—Yo puedo comer. ¿Qué has hecho? —Mira el reloj—. Oh, porras. Llegaremos tarde si comemos y, si llegamos tarde, Aspen se cabreará.

—¿Aspen?

—¿Quién si no? Es la dueña de Fall Into A Good Book.

—Pensaba que aún estaría de luna de miel.

—Solo han estado fuera una semana y han vuelto esta mañana. —Hace una mueca—. Quizá deberíamos saltarnos el club de lectura por completo.

Esta conversación me está dando un latigazo cervical. —¿Qué? ¿Por qué? Si eres tú la que estaba lista para secuestrarme.

—Me había olvidado de la luna de miel de Aspen y Lyric. Se va a pasar toda la noche presumiendo del viaje. No necesito oír lo increíble que es el sexo con Lyric. —Finge una arcada.

Phoenix tose. —Yo tampoco.

Son unos mojigatos, lo cual, considerando que viven en Winter Falls y las historias que Phoenix contó en la boda, me sorprende. Por otra parte, yo tampoco quiero oír que mi hermano tiene sexo. Puaj. Qué asco. Vale, ya lo entiendo.

—¿Quizá no mencione sus escapadas sexuales?

—¡Ja! —ladra Juniper—. Las cotillas no permitirán que no mencione sus escapadas sexuales.

—¿Las cotillas están en el club de lectura? —Empiezo a pensar que no hay forma de evitar a esas mujeres vestidas de fucsia.

—¿Quién crees que elige los libros que leemos?

—¿Aspen?

Ella estalla en carcajadas. —¡Ja! Eres graciosísima. Como si Aspen tuviera algún control sobre las cotillas.

—Nadie tiene control sobre esas señoras —masculla Phoenix a mi lado.

—Esta noche van a estar sobreexcitadas con el regreso de Aspen como mujer casada. Me imagino que no hablaremos del libro en absoluto.

—Pero Things We Never Got Over es un libro fantástico. Quiero comentarlo.

—¡Genial! Vamos a comentar este... ¿romance de oficina? —Sacudo la cabeza—. ¿Romance de multimillonarios? —Vuelvo a sacudirla—. ¿Romance con alienígenas?

Resoplo. —No te has leído el libro, ¿verdad?

—Ya te he dicho que no hace falta leerse el libro.

—Espera fuera, Juniper. Gabby saldrá en un minuto.

—¿Gabby? ¿Te llama Gabby? Ooohh. —Mueve las cejas—. Esperaré fuera. No necesito ver a mi hermana de otro padre enrollarse con mi hermano de otra madre.

—Ashlyn no es la única hermana loca de la familia West —mascullo lo bastante fuerte para que me oiga. Ella guiña un ojo mientras cierra la puerta tras él.

—Ve a divertirte —me dice Phoenix en cuanto estamos solos—. Yo calentaré la cena y guardaré las sobras para el almuerzo de mañana.

Sigo dudando. A Juniper sola puedo manejarla. ¿Pero una habitación llena de hermanas West y las cotillas? No estoy segura de que exista un introvertido en este planeta capaz de soportar ese escenario en particular.

Phoenix me aprieta la nuca. —Estarás bien. Si no lo estás, envía la batiseñal.

—La batiseñal. ¿Hay una app para eso?

Él guiña un ojo. —Hay una app para todo. —Vuelve a apretarme la nuca antes de retirar la mano—. Pásalo bien. Tendré tu chocolate caliente esperándote cuando vuelvas a casa.

Casa. Oh, cómo me gusta cómo suena que Phoenix y su casa de campo sean mi casa.