Un desastre irresistible (Winter Falls 6) Capítulo 17
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Capítulo 17

Broma: un acto travieso que en realidad puede ser muy dulce si se hace correctamente

—Esto es tan emocionante —declara Cassandra antes de empezar a cantar y bailar por la calle hacia la plaza del pueblo.

—Cálmate, señorita Desafinada. Es una boda, no un carnaval.

Ella se da la vuelta para señalarme con el dedo. —No lo entiendes. Es una boda pagana. Nunca he estado en ninguna.

—¿Cómo sabes que es una boda pagana?

Miro mi atuendo. Llevo un vestido veraniego con el corpiño ajustado y falda corta.

Mi ropa es la típica de una boda, pero ¿voy vestida apropiadamente para una boda pagana?

Me gustaría que Phoenix estuviera aquí, pero tenía «algo» que preparar antes de la ceremonia.

No le pregunté qué era. Quería que fuera una sorpresa.

Sin embargo, ahora me arrepiento de mi decisión.

—Y yo que pensaba que estaba emocionada porque las bodas son el coto de caza sagrado de los solteros —gruñe Elizabeth.

—¿Solteros como yo? —River salta frente a nosotras antes de girar la mano y hacer una reverencia.

—¿De quién se supone que vas? ¿De Robin Hood? —Elizabeth estudia su atuendo de pantalones caqui y blusa blanca vaporosa—. Te faltan las mallas.

Él arquea las cejas. —Las mallas las reservo para las damas especiales.

Ella suelta una risita mientras le da un empujón. —Pobre Lady Marian. No sabrá en qué se está metiendo contigo, ¿verdad?

—¿Sabías que en algunos de los primeros cuentos de Robin Hood se supone que Lady Marian es virgen? —Finge que le dan arcadas.

—Me equivocaba. No eres Robin Hood. Eres Casanova.

Él se anima. —Casanova. Clásico. Guapo. Aventurero. Acepto. —Le ofrece el codo a Elizabeth—. ¿Desea la dama acompañar a Casanova a las nupcias?

Ella se agarra de su brazo. —Vamos, Casanova. —Y se van dando saltitos.

—Toda mi familia está de atar —murmuro.

—Yo no estoy de atar —canta Cassandra antes de hacer una voltereta lateral sin manos en la acera.

—Todo el mundo te ha visto la ropa interior. Menuda forma de demostrar que estás cuerda.

—Cuadrante uno asegurado.

Suelto un chillido y me doy la vuelta para buscar el origen del graznido. Descubro a una de las cotillas de pie detrás de mí. Debería habérmelo imaginado.

—Ay, Luisa, casi me matas del susto. —Me paso la mano por el pecho, donde el corazón me late como un tambor. Bum-bum. Bum-bum .

—¿Quién es Luisa? Soy Sage.

¿Cómo podría olvidarlo? Ella no deja que nadie olvide quién es.

—Un vestido precioso —digo en su lugar. Lleva un vestido fucsia que le llega hasta el suelo. Ahora que lo pienso, no creo haberla visto nunca con otro color que no sea el rosa.

Ella da una vuelta para que la vea. —Gracias, cielo.

Señalo su walkie-talkie. —No sabía que eso estuviera tan de moda.

—Todas tenemos uno —dice Feather mientras se une a nosotras con el resto de las cotillas.

Llevan vestidos fucsias a juego mientras sostienen walkie-talkies. ¿Qué traman ahora?

—¿Para qué son los walkie-talkies? —pregunto.

—Somos el equipo de seguridad de la boda —responde Sage.

Abro mucho los ojos. —¿Seguridad?

—¡Vaya que sí! No vamos a dejar que Patrick atraviese nuestro perímetro. —Feather agita su walkie-talkie en el aire.

—Es una pena que la pintura para tela no funcionara en estos vestidos —es la extraña respuesta de Cayenne—. Íbamos a llevar escrito «Equipo de Seguridad de las Cotillas».

¿Está mal alegrarse de que la pintura para tela no funcionara?

—Yo quiero ser miembro del Equipo de Seguridad de las Cotillas —dice Cassandra.

Sage frunce los labios. —No llevas un vestido rosa fucsia.

—Oh, bueno. —Cassandra se encoge de hombros y se aleja a saltos, dejándome sola con las cotillas.

—¿No deberíais estar... esto... vigilando el perímetro? —No tengo ni idea de cuál es la terminología correcta.

—Tienes toda la razón, mi querida Gabrielle. —Sage hace un saludo militar antes de empezar a dar órdenes a todo el mundo. A diferencia de mí, no parece importarles que las mandoneen, a juzgar por cómo se dispersan a los cuatro vientos.

Me quedo sola en la calle. Me debato entre dar media vuelta e irme a casa. Odio ir a los sitios sola. Puede que conozca a la mayoría de las personas que asisten a la boda, pero sigue dando miedo entrar en una fiesta tú sola. Uf. ¿Por qué me empeñé en venir a esta boda?

Basta ya, Gabrielle. Estás aquí para apoyar a tus amigos. No tienes por qué ser una cobarde llorona todo el tiempo. Puedes hacerlo. Vale. Lo tengo controlado. Charla de motivación terminada.

Camino la última manzana hasta la plaza del pueblo, que está absolutamente abarrotada de gente. Nadie se fija siquiera en mí cuando me uno a ellos. Anda. Quizá no debería ser tan miedica todo el tiempo.

Veo a Lilac y Beckett parados cerca del quiosco. Les saludo con la mano y Lilac me hace señas para que me acerque.

—Deberías estar con nosotros. La familia tiene que permanecer unida —dice Lilac.

No creo que se refiera a permanecer unida en sentido figurado, como mantenerse en un frente común. No, está siendo literal, en el sentido de que la familia tiene que estar físicamente junta.

—No soy de la familia —le recuerdo.

—No eres un pariente consanguíneo, pero eres familia en el sentido más general. No me pidas que te lo explique. Aspen se enfadó bastante conmigo cuando discutí con ella sobre la definición de pariente consanguíneo.

Toso para ocultar mi risita ante la explicación de Lilac. No pretende ser graciosa, pero es divertidísima.

Beckett me pasa un brazo por los hombros y me besa el pelo. —¿Cómo lo llevas?

Le doy un codazo. —¿Podría todo el mundo dejar de preguntarme si estoy bien? No voy a tener una crisis porque mi exnovio haya pasado de ser un cretino al mayor gilipollas del universo.

Al menos, eso espero. Y, si me da, espero que sea en privado. Además, no sabemos con certeza si es Patrick quien ha estado acampando a las afueras del pueblo.

—¿Qué está pasando? —pregunto cuando veo a la madre de Lilac encendiendo incienso.

—Está bendiciendo el espacio —explica Lilac—. Recorrerá la zona para invitar a los espíritus a reunirse con nosotros en este momento sagrado.

—Hola —jadea Phoenix al unirse a nosotros. Tiene la cara roja y está sudando.

Le arqueo una ceja. —¿Qué has hecho? —murmuro.

Él sonríe con picardía. —Nada.

—No te creo.

Él me guiña un ojo. —No te preocupes. Es solo una broma divertida.

—Phoenix Apollo Alston, si arruinas la noche de bodas de Aspen y Lyric, haré que te arrepientas.

—Te ha llamado por tu nombre completo —dice Lilac—. Eso significa que habla en serio.

Phoenix se inclina para susurrarme al oído: —Hemos llenado de globos la suite nupcial de The Inn on Main . Están prohibidos en Winter Falls, pero a Aspen le encantan los globos en secreto.

Me derrito ante él. —Es la broma más dulce que he oído nunca.

—Reunámonos en nuestro círculo sagrado —nos convoca la Sra. West, y todo el mundo se mueve para formar un círculo alrededor del quiosco donde Lyric espera a su novia.

Phoenix me da un codazo y señala hacia donde Aspen camina hacia el quiosco.

Está preciosa con una corona de flores silvestres y un vestido blanco de corte maxi.

El vestido parece bastante inocente hasta que me fijo en el detalle de encaje alrededor de su cintura que deja ver una franja de piel. Para rematar, va descalza.

Cuando ve a Lyric, acelera el paso y prácticamente corre hacia él. Él se ríe antes de rozar brevemente sus labios con los de ella y coger sus manos entre las suyas. La Sra. West da un paso adelante y les entrega una cinta a cada uno.

—¿Qué está pasando?

—Es un handfasting. Se atarán las manos mientras recitan sus votos antes de saltar la escoba para atraer la buena suerte —explica Phoenix.

—¿Van a atar el nudo literalmente?

Él me guiña un ojo. —Ahora lo vas pillando.

Mientras Lyric recita sus votos, envuelve las manos de ambos con la cinta. Cuando es el turno de Aspen, ella hace lo mismo. Una vez terminan, la Sra. West les ayuda a atar los nudos antes de guiarlos hacia una escoba. Con las manos en alto, saltan la escoba.

—¡Estamos casados! —grita Aspen.

—Ahora viene lo divertido —dice Phoenix antes de caminar con paso seguro hacia el quiosco y situarse en el centro.

—¿Y ahora qué?

—Se invita a familiares y amigos a contar historias o cantar canciones sobre la pareja —explica Lilac.

Phoenix se aclara la garganta. Espera a que la pareja se siente en un banco frente a él antes de empezar.

—Sé que ahora debería contaros historias de amor sobre la pareja, pero todos habéis estado presentes durante los últimos veinte años de su historia de amor. Creo que ya hemos tenido suficiente de esas historias.

—¡Me encanta el amor! —grita Ashlyn desde el otro lado del círculo. Cuando me pilla mirándola, me saluda con la mano.

—En su lugar, siento que es mi deber como hermano de Lyric contar tantas historias vergonzosas sobre este hombre como sea posible. —Le guiña un ojo a Aspen—. No es demasiado tarde para pedir la anulación.

Ella le saca la lengua y Lyric gruñe: —No vamos a pedir ninguna anulación.

—Mi primer recuerdo de Lyric es jugando al pañuelo. Solo que él no jugaba a eso. En el mundo de Lyric, el juego se llamaba pene, pene, vagina. —Siento que me arde la cara mientras el resto de la multitud ríe.

—Por supuesto, esto es Winter Falls. A nadie le importa que un niño de cinco años use las palabras pene y vagina. No, el problema era que no dejaba de confundir a los niños con las niñas.

Recorre la multitud con la mirada hasta que se detiene en Peace, un oficial de policía que trabaja con Lyric.

—A Peace no le hizo ninguna gracia. Le dijo a Lyric en términos muy claros que él era un pene y no una vagina. Lyric no estuvo de acuerdo, y así fue como supimos que Lyric juega sucio.

—Y lo sigue haciendo —grita Peace, y las carcajadas estallan entre la multitud.

Una vez vuelve el silencio, Phoenix continúa. —¿Y quién puede olvidar la vez que señaló a la Sra. West cuando estaba embarazada y dijo: «Te veo la barriga. Sé lo que has hecho»?

—Y, sin embargo, por alguna razón, nunca quiere oír los detalles —gruñe la Sra. West.

Lyric gime y la cara de Phoenix se vuelve de un tono verdoso.

—Era yo, por cierto. Yo era el bebé de la barriga —dice Ashlyn porque necesita ser el centro de atención o le explota la cabeza.

—Has terminado —gruñe Lyric antes de levantarse.

Sus manos siguen atadas a las de Aspen, y acaba arrastrándola con él mientras marcha hacia Phoenix en el centro del quiosco.

—¡Basta de historias! ¡A celebrar! —grita Aspen antes de que Lyric pueda hablar.

Lyric se lanza hacia Phoenix, quien se ríe y se despide con la mano mientras baja del escenario hacia mí.

—¿Qué me dices, Gabby? ¿Quieres fiesta?

Nunca he sido muy de fiestas, pero creo que esta podría ser una a la que sí quiero asistir. Prácticamente cualquier cosa que Winter Falls ha ofrecido hasta ahora ha sido divertida. Y nadie me hace sentir que sobro por ser tímida.

—Sí. —Asiento.

Él me coge la mano y me guía hacia donde están dispuestas las mesas y las sillas. Por un momento, me permito fingir que somos una pareja de verdad. No dos personas fingiendo estar juntas por culpa de mi capullo de exnovio.

Suspiro. Si tan solo fingir pudiera hacer que las cosas se hicieran realidad.