Capítulo 16
Juego de adivinanzas: un juego inmaduro practicado por las mujeres a lo largo de los siglos en el que intentan que su pareja adivine por qué están enfadadas
Phoenix
Dejo de martillear en la valla que estoy arreglando cuando noto una columna de polvo a lo lejos. Alguien viene. Y no puede ser Juniper, ya que ella siempre va en bicicleta al Refugio de Fauna Silvestre.
Para cuando logro volver a la casa, Gabby ya está en el porche delantero, entrecerrando los ojos mientras observa a lo lejos cómo se acerca el coche.
—Entra —le ordeno—. Podría ser Patrick.
Ella gruñe. —Si es Patrick, definitivamente no voy a entrar.
Estoy dividido. Por un lado, quiero permitirle enfrentarse al hombre que abusó de ella. Pero, por otro, no quiero que corra peligro. Es la razón principal por la que está aquí, para empezar.
Aunque debo admitir, aunque sea solo para mis adentros, que me gusta tenerla aquí. No duda en echar una mano en la granja. Incluso si algunas de las formas en las que «ayuda» causan más daño que bien. Además, tiene la cena en la mesa todas las noches.
Y la mujer sabe cocinar. No calienta esas atroces comidas preparadas del supermercado. Esas que Tina conducía hasta White Bridge para comprar, ya que en Winter Falls no creen en la comida precocinada. Con todo el tiempo que pasó conduciendo, podría haber aprendido a cocinar.
Sacudo la cabeza. No debería comparar a Tina y Gabby. No es justo para ninguna de las dos. Además, estoy empezando a darme cuenta de que no hay comparación posible. Gabby es de otro mundo comparada con Tina.
—Creo que es un coche de policía de todos modos. —Gabby señala hacia el vehículo.
Gruño al darme cuenta de que tiene razón. —Supongo que te puedes quedar fuera.
Ella suelta una risita y me da una palmadita en el brazo. —Me gusta cómo crees que tenías elección en el asunto.
Y a mí me gusta cómo está saliendo de su caparazón. No se ha cubierto la cara con el pelo en días. El pecho se me hincha de orgullo. No tengo derecho a estar orgulloso de ella, pero lo estoy.
El coche de patrulla aparca en la entrada y Lyric sale del vehículo.
Gabby le saluda con la mano. —¿Por qué no nos has dicho que ibas a pasarte? Habría preparado un poco de mi limonada casera.
Nos. Joder, me gusta cómo suena ese «nos». Déjalo ya, Phoenix. Ella solo está aquí temporalmente. Huirá en cuanto pueda.
Lyric se pone la gorra mientras camina hacia el porche. —Me temo que no estoy aquí por placer.
Siento un soplo de aire antes de que Pan pase corriendo a mi lado, salte del porche y corra hacia él. Le da cabezazos en la mano hasta que Lyric la acaricia.
Él se ríe entre dientes. —¿Sabe que es una cabra?
—¿Qué hacía en la casa, de todas formas?
Gabby se cruza de brazos y resopla. —Me ha seguido adentro cuando he terminado el ordeño esta mañana. Es buena compañía.
Suponiendo que definas buena compañía como ser un grano en el culo. Pero no voy a tener esta discusión delante de mi hermano. Mi hermano, que está observando nuestra interacción con demasiado interés.
Le miro con los ojos entrecerrados. —No me digas que tú también has apostado.
Él se encoge de hombros. —¿Qué quieres que te diga? Esas hermanas West y las cotillas son implacables.
—Dímelo a mí —murmuro entre dientes.
Las cotillas han estado intentando emparejarme desde que Lyric volvió con su novia del instituto, Aspen. Creen que ahora me han pillado porque estoy jugando a las casitas con Gabby. Pero eso es justo lo que es: un juego.
Aunque cuando le salieron ampollas en las manos ayudándome a limpiar el estiércol de los establos de las cabras, estuve muy tentado de besarla. Probablemente lo habría hecho si no hubiera sonado el teléfono. Parece que el destino piensa que debería guardar mis manos para mí mismo.
Gabby me da un codazo. —No hables mal de las ancianas. Merecen nuestro respeto.
—¿En serio? ¿Merecían nuestro respeto cuando le dijeron a todo el mundo en la reunión del pueblo...? —Hago una pausa. Maldita sea. Voy a avergonzarla otra vez—. Cuando dijeron lo que dijeron.
Ella me planta la palma de la mano en la cara. Tiene que ponerse de puntillas para alcanzarme, pero está decidida. —Phoenix Apollo Alston, acordamos no volver a hablar del incidente jamás.
—Me has llamado por mi nombre completo.
Ella baja la mano y se la apoya en la cadera. —Te lo merecías.
Lyric se ríe y desvía mi atención de sus caderas y de lo mucho que disfrutaría apretándolas con mis dedos mientras la poseo. Mi miembro da un respingo e inhalo profundamente antes de que mi cerebro sufra un cortocircuito y siga los deseos de mi cuerpo.
—Por muy divertido que sea esto —comienza él—, deberíamos entrar. Tenemos cosas que discutir.
—Volveré al trabajo.
Antes de que Gabby pueda dar un paso hacia el despacho, él la detiene. —Esto te concierne a ti.
—Maldita sea —murmura ella antes de caminar con paso fuerte hacia la cocina.
Pan la sigue y, maldita sea, la estúpida cabra se mantiene pegada a ella como si fuera una mascota y no una cabra de ordeño de mi rebaño. Apenas logro sacar al animal de la casa al final del día. Si esto sigue así, Gabby va a obligarme a construirle un corral interior.
La tomo del codo y la guío hacia la mesa. —Siéntate. Todo irá bien.
—Si tengo que escuchar a un oficial de policía dado que esta «discusión» me involucra, me merezco un café.
—No te muevas. Te prepararé uno. —Y entonces, continúo con mi idiotez besando su cabello.
Casi me quedo helado cuando me doy cuenta de lo que he hecho, pero no voy a entrar en pánico ni a darle a mi hermano más munición para usar en mi contra. Tal como están las cosas, la noticia del beso en el pelo circulará por Winter Falls antes de que pase una hora.
Cuando regreso de la cocina con cafés para todos y me siento al lado de Gabby, pregunto: —¿Qué está pasando?
Lyric se frota el cuello. —Podría no ser nada.
Gabby resopla. —Por eso estás aquí.
—Vale. De acuerdo. Mi instinto me dice que es algo. —Cuando hace una pausa, le hago un gesto para que continúe—. Se ha visto a un extraño acampando en el bosque.
Espero a que diga algo más, pero al parecer quiere que juegue al juego de las adivinanzas. —¿Y?
—Tengo un mal presentimiento.
Mierda. Lyric tiene instintos excelentes. Es una de las razones por las que es un gran policía.
—¿Qué te dice ese presentimiento?
Gabby levanta la mano. —Un momento. ¿Estamos preocupados porque Lyric tiene un mal presentimiento?
—Confío en mi instinto —le dice él.
—Oki doki. Solo quería asegurarme de que entiendo lo que está pasando aquí, eso es todo. —Bebe un sorbo de su café y observa a Lyric por encima del borde de la taza.
—Es demasiada coincidencia que encontremos a alguien acampando cerca cuando estamos pendientes de Patrick —explica él.
—Estoy de acuerdo.
Gabby deja la taza de café en la mesa antes de preguntar: —¿Qué vas a hacer al respecto?
Su voz ya no es la de la valiente Gabby que ha sido durante la última semana o dos en mi presencia. No, la tímida Gabrielle ha vuelto. Aprieto los puños sobre mi regazo. Maldito sea Patrick. Le reto a que entre en mis tierras. Yo me encargaré de él.
Winter Falls es un lugar no violento —¿qué esperas cuando un pueblo ha sido fundado por hippies?—, pero tengo un rifle y una escopeta para proteger mis tierras y mis animales. Los coyotes y los lobos no responden a sentadas ni a discusiones, pero vaya si responden a los perdigones.
—No puedo exactamente darle caza y echarle del pueblo.
—¿No puedes? —pregunta Gabby en voz baja.
—¿Quieres solicitar una orden de protección? —le espeta él.
Ella baja la barbilla y su pelo le cubre la cara. Maldita sea. No quiero que vuelva a encerrarse en sí misma.
Pongo mi mano sobre su muslo. —No te preocupes. No te atrapará.
Ella deja escapar un suspiro. —No le tengo miedo. —Solo que sus palabras susurradas no inspiran confianza en su afirmación.
—¿Por qué no dais un paso más en vuestra relación? —sugiere Lyric—. Id al pueblo y pasead fingiendo ser pareja un par de veces. Solo habéis estado juntos en el pueblo una vez. Quizá si intensificáis las cosas, capte la indirecta y se vaya a casa.
—No lo sé. No quiero que tome a Phoenix como objetivo.
Me duele el corazón al oír sus palabras. No debería preocuparse por mí, pero no puedo negar que su preocupación me calienta el pecho.
—No te preocupes por mí. No me hará daño —gruño.
—Supongo que esto significa que no iré a vuestra boda este fin de semana —dice Gabby.
—Vas a venir a la boda. Aspen me matará si una de sus hermanas no aparece.
—No soy su hermana de verdad. Que mi hermano tenga una relación con la hermana de Aspen no nos convierte en parientes.
Lyric levanta una ceja. —¿Quieres decírselo tú a Aspen?
Ella suelta una risita y yo me relajo al oírla. Ahí está mi Gabby.
—Además, todo el pueblo estará en la fiesta. No hay forma de que un forastero se cuele.
—¿Estás seguro?
—Tan seguro como de que mis hermanos van a avergonzarme durante los discursos.
—No te avergonzaremos. —Lyric no parece convencido. Con razón—. Mucho.
Golpea la mesa antes de levantarse. —Os dejaré a los dos volver al trabajo. Estad atentos a los extraños.
—Siempre lo estoy.
Cuando regreso a la casa de campo después de acompañar a Lyric a su coche, encuentro a Gabby dibujando ochos en la mesa con el dedo.
—¿Qué estás pensando?
Ella arruga la nariz. —¿Y si Lyric se equivoca? ¿Y si mi asistencia a su boda lleva a Patrick directamente allí y causa un alboroto y arruina su boda?
La levanto de la silla y la rodeo con mis brazos, pegándola a mí, que es donde debe estar. Maldita sea. Estos pensamientos erróneos y dispersos tienen que cesar de una vez. Expulso de mi cabeza la idea de que Gabby me pertenece.
—Su boda no se va a arruinar. Y nada de esto es culpa tuya. No tienes la culpa.
Ella se funde contra mí y yo la sujeto con fuerza. Solo por esta vez, me prometo. No me permitiré ceder a la tentación de abrazarla de nuevo después de esto.