Un desastre irresistible (Winter Falls 6) Capítulo 12
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Capítulo 12

Regla: un acuerdo que haces con la mujer con la que tienes una relación falsa que no tienes ni la más remota posibilidad de no romper

Phoenix

En cuanto acepto esta farsa, el ruido estalla en la cafetería mientras todo el mundo habla a la vez. Miro a Gabrielle. Su pelo vuelve a colgarle sobre la cara mientras encoge los hombros intentando refugiarse en sí misma. Tengo que sacarla de aquí.

Camino hacia ella y le tiendo la mano. Se me acelera el corazón cuando no duda en agarrarse a mí. Confía en mí. Esa sensación me hace sentir que mido tres metros a pesar de no haberme ganado su confianza.

La guío hacia la puerta, pero Cassandra se planta delante de mí y detiene nuestro avance.

—¿Adónde vais?

—A casa —gruño e intento esquivarla. Me bloquea de nuevo.

—Pero tenemos que discutir los detalles de cómo va a funcionar esto.

—Deja de ser tan cotilla. —Elizabeth empuja a Cassandra—. Vete —me dice moviendo solo los labios.

Afortunadamente, nadie más intenta detenernos, porque se me ha agotado la paciencia. Cuando recibí un mensaje de Clove diciéndome que moviera el culo a su cafetería porque Gabrielle me necesitaba, casi pierdo la cabeza.

El mensaje ya tenía quince minutos de antigüedad cuando lo leí, ya que no llevo el teléfono encima en todo momento; un error que voy a rectificar de ahora en adelante. Corrí a la cafetería para descubrir que casi todo el pueblo estaba interrogando a Gabrielle.

Llegamos a mi camioneta y ayudo a Gabrielle a subir antes de apresurarme al lado del conductor y salir pitando de allí.

—Pensaba que los coches estaban prohibidos en Winter Falls.

—Tengo una dispensa permanente, ya que difícilmente puedes transportar heno y estiércol en un carrito de golf.

Ella suelta una risita y puedo respirar por primera vez desde que leí el mensaje de Clove. Está bien. Y si no lo está, lo estará.

—¿Qué hacías en el pueblo, de todas formas? La idea de que te quedaras conmigo era para mantenerte fuera de peligro.

Ella se gira para mirar por la ventana. Mierda. Tengo que ser más amable con ella. No es fuerte.

Se aclara la garganta. —No podía concentrarme en la granja.

Lo sabía. Las mujeres no quieren vivir en la granja. Nunca se quedan.

—No dejo de distraerme con lo hermosas que son las vistas por las ventanas.

Espera. ¿No estaba aburrida?

—Y me apetecía un capuchino.

Debería haberlo sabido. Un café sofisticado que no puede conseguir en la granja. La granja nunca es lo suficientemente sofisticada.

—Aunque debería haber ido a la biblioteca. Clove es una cotorra.

Sí, bueno, al lado de Gabrielle todo el mundo parece una cotorra. Aunque ella nunca tiene problemas para charlar conmigo. Porque confía en mí. Me froto el pecho con una mano cuando empieza a dolerme. Maldita sea. ¿Por qué no puedo ser el hombre que ella necesita?

Llegamos a casa. No, no es su casa , me recuerdo a mí mismo. Últimamente tengo que repetírmelo mucho.

La acompaño al interior de la casa y directamente a mi despacho.

—Puedes trabajar aquí a partir de ahora.

—Pero este es tu despacho, y era el de tu padre. No puedo entrometerme en la tradición.

—No te estás entrometiendo —insisto mientras recojo los documentos del escritorio y hago una pila con ellos. Pongo el montón en un estante vacío de la librería—. ¿Es suficiente espacio para que trabajes?

Aunque los papeles ya no están, el ordenador de sobremesa ocupa casi la mitad del escritorio.

—No necesito mucho espacio. —Levanta su bolso—. Mientras tenga sitio para mi portátil, estoy de maravilla.

Señalo el escritorio. —Adelante. —Camino hacia la puerta—. Tengo que volver al trabajo.

—Eh...

Me doy la vuelta. —¿Qué ocurre?

Sus mejillas se oscurecen. —¿No deberíamos... esto... hablar de esto de la relación falsa?

¿Cómo demonios he permitido que el pueblo me convenciera para esto?

Que Gabrielle y yo pretendamos salir juntos es la idea más ridícula que se le ha ocurrido a Winter Falls hasta ahora.

Pero cuando oí que su imbécil de exnovio llamó a la cafetería buscándola, no pude abrir la boca y aceptar lo suficientemente rápido.

Quiero —no, necesito— que Gabrielle esté a salvo.

Pero nunca consideré su parte en esto. ¿No le parece bien fingir que es mi novia?

—No respondiste cuando acepté la relación falsa. ¿Tienes algún problema con fingir que sales conmigo?

Ella resta importancia a mi preocupación con un gesto. —Está bien. Totalmente innecesario, pero está bien.

No estoy de acuerdo. Si su ex anda husmeando por Winter Falls, no tardará mucho en acabar aquí. Pero no tiene sentido asustarla. Está a salvo conmigo.

—Bien. ¿De qué querías hablar?

—Esto... ¿cuáles son las reglas?

Suelto una carcajada. —¿Reglas? ¿Sueles tener reglas cuando sales con alguien?

—No suelo «fingir» que salgo con un hombre. —Hace comillas en el aire. Es malditamente adorable.

—De acuerdo. ¿Qué reglas quieres que establezcamos?

—¿Nos cogemos de la mano? ¿Nos besamos?

No habría nada que disfrutara más que poner mis labios sobre los suyos. En cuanto a ir de la mano, nunca he sido un hombre al que le importara mucho, pero con Gabrielle, estaría dispuesto a intentarlo.

—Quiero decir, sé que nuestra relación no es real. —Sus palabras me sacan de una fantasía en la que enredo mis dedos en su cabello dorado mientras tomo sus labios.

—Nada de besos, pero podemos cogernos de la mano en público —gruño como un idiota cavernícola.

Sus hombros caen y me doy cuenta de cómo deben de haberle sonado mis palabras. No tiene ni puta idea de lo mucho que me cuesta no tocarla. «No se quedará», me recuerdo. A estas alturas me estoy convirtiendo en un disco rayado, pero el recordatorio es necesario.

Abro la boca para explicarme —ni idea de cómo—, pero ella habla antes de que tenga oportunidad.

—Y necesitamos una historia.

—¿Una historia?

—Cómo nos conocimos, nuestra primera cita. Ya sabes... nuestros antecedentes.

—Nos conocimos cuando mi cabra decidió comerse tu falda.

—Vale, nuestro meet cute queda decidido. —Suelta una risita. No tengo ni idea de qué demonios es un meet cute, pero si la hace reír, estoy totalmente a favor.

—¿Cómo me pediste salir?

—Fácil. Te pedí salir allí mismo. —Que es lo que quise hacer cuando mi cabra, Pan, se enganchó a la falda de Gabrielle hace meses.

—¿Y adónde fuimos en nuestra primera cita? —Sus mejillas se ensombrecen y supongo que le está costando todo su valor mantener esta conversación, pero lo está haciendo. Vaya. Quizá es más valiente de lo que creo.

—Fácil. A la cervecería.

—¿A Naked Falls Brewing? ¿La cervecería que hay junto al estudio de grabación? —Ante mi asentimiento, sonríe—. Apuesto a que tienen unas IPA magníficas.

—¿Bebes cerveza?

—Ahora sí.

Arqueo una ceja y ella se explica. —Pensaba que no me gustaba el sabor del alcohol. —Mira por la ventana y me pregunto qué diría su idiota de ex sobre su forma de beber para que tenga esa expresión de dolor en la cara.

Aprieto los puños antes de poder acercarme a ella.

—¿Pero ahora sí te gusta? —la animo.

Sacude la cabeza para alejar cualquier recuerdo que la atormente. —Sí. Lilac me dio a conocer las IPA y el resto, como suele decirse, ya es historia.

Una mujer afín a mis propios gustos. Y llena de sorpresas.

No esperaba que la tranquila y tímida Gabrielle fuera bebedora de cerveza, pero empiezo a darme cuenta de que solo es tímida y callada cuando está rodeada de un montón de gente que no conoce.

O cuando la gente la confronta por algo de lo que no quiere hablar.

—Tengo algunas en la nevera que puedes probar esta noche.

—Qué ganas tengo. ¿A qué hora debería tener lista la cena?

—Eres una invitada aquí. No tienes que hacerme la cena para ganarte el sustento. —No quiero que piense que tiene que ser mi criada y cocinera.

—Disfruto cocinando después de un largo día de trabajo. —Se fija en la hora del reloj de la pared y hace una mueca—. Aunque hoy no haya sido un día tan largo.

—Te propongo un trato. Tú cocinas esta noche y yo te llevo a la cervecería mañana. Los martes hay dos por uno en IPAs de seis a siete.

—¡Trato hecho, señor! Además, que salgamos en una «cita» hará que esto de la relación falsa sea más convincente.

Suelto un bufido. No me gusta la idea de que esta cita sea otra cosa que real, pero estoy feliz de fingir que salgo con ella o de ser su novio falso o lo que sea a lo que me haya apuntado si eso la mantiene a salvo.

Todo este plan tiene el beneficio añadido de quitarme de encima a las cotillas. Sé que han decidido que soy el próximo residente de Winter Falls al que van a buscar pareja. No van a tener suerte. No hay ninguna mujer para mí.

No soy idiota. Sé que piensan que esta relación falsa se convertirá en real. Se equivocan. Gabrielle es una chica de ciudad. Muy pronto echará de menos las luces brillantes.

La miro de reojo. Por mucho que desee que ella sea la mujer que se quede, sé que no será así. Si Tina, que creció en una granja, no se quedó, ¿por qué iba a hacerlo Gabrielle?