Capítulo 10
Ansioso: cuando no puedes esperar para meterte en los asuntos de otra persona y causarle problemas
—Buenos días —saludo a Petal con la mano mientras paseo por Main Street.
—Asegúrate de pasarte hoy —grita ella—. El nuevo lote de velas para mejorar el ánimo ya está listo.
¿Velas para mejorar el ánimo? No quiero saber de qué está hablando.
—Voy a trabajar en Clove’s Coffee Shop —le digo con la esperanza de que mis palabras la hagan desistir.
—Mañana entonces —dice antes de doblar una esquina.
¿Quizá no avanzar nada en el trabajo en casa de Phoenix sea mejor que venir al pueblo?
Pensé que trabajar en la casa de campo sería estupendo, pero no podía evitar quedarme mirando por la ventana todo el rato.
Cuando me he dado cuenta de que eran las diez y no había publicado ni una sola actualización en las redes sociales, he decidido que tenía que salir de allí.
Sonrío mientras continúo por Main Street.
Los residentes de Winter Falls pueden estar como una cabra, pero el pueblo en sí es más que adorable.
Main Street está llena de tiendas locales y peculiares.
Paso por delante de Bohemian Treasures, una joyería llena de artículos «cuidadosamente elaborados por la propietaria».
En el lado opuesto de la calle está Naked Falls Brewing.
Me encantaría ir allí a cenar alguna vez.
Las cervezas artesanales son deliciosas.
Hay una obra entre la joyería y Bake Me Happy. Creo que aquí es donde se está construyendo el centro comunitario. Un hombre con un casco me saluda con la mano, yo bajo la barbilla y cruzo la calle a toda prisa.
Me quedo boquiabierta cuando me encuentro frente a Bertie’s Recording Studio. He oído hablar de este lugar. Tengo varios grupos independientes como clientes y algunos de ellos han grabado discos aquí, pero no sabía que el estudio estaba en Winter Falls. Qué pasada.
Obligo a mis pies a moverse de nuevo antes de que alguien piense que soy una especie de acosadora superfán. Al lado del estudio está Eden’s Garden. Respiro profundamente cuando me llega el olor a lavanda.
Pasada la floristería está la plaza del pueblo.
En el centro de la plaza hay un pequeño parque con césped y un cenador.
En un lado de la plaza están los juzgados y la comisaría de policía.
Al otro lado está la biblioteca. Podría trabajar en la biblioteca en vez de en una cafetería, pero necesito una dosis de cafeína.
Cruzo la plaza y abro la puerta de la cafetería. Clove me sonríe desde detrás del mostrador.
—Mira lo que ha traído el gato.
Sonrío y pido un capuchino grande. Cuando me entrega la bebida, le pregunto: —¿Tienes wifi?
Intento retirar mi bebida de sus manos, pero ella aprieta el agarre. —¿Que si tengo wifi?
Estoy confundida. ¿Acaso no sabe qué es el wifi?
—Vosotros, los jóvenes mocosos, siempre estáis preguntando por el wifi.
Nunca me habían llamado mocosa antes. No estoy segura de saber qué es uno, a decir verdad.
Trago saliva y fuerzo las palabras: —Esto... ¿es que necesito trabajar?
Hago una mueca cuando las palabras salen sonando como una pregunta. Olvida lo de mocoso. Soy una tonta de remate.
—No entiendo todo eso de trabajar con ordenadores y la línea.
¿La línea? —¿Te refieres a «en línea»?
—En línea. La línea. ¿Qué más da?
Arrugo la nariz. —¿Nada?
Quizá debería haberme ido a trabajar a la biblioteca.
—¿La biblioteca tiene wifi?
—¡Gabrielle Grace Dempsey! —refunfuña Clove.
—¿Cómo sabes mi segundo nombre?
Ella sonríe con suficiencia. —Nosotras, las cotillas, lo sabemos todo.
La campana sobre la puerta suena y entra el viejo Mercury. —Quiere decir que fisgaron en los registros públicos —lanza una mirada severa a Clove—. Deberías ser más prudente.
Clove por fin suelta mi café, permitiéndome alejarme del mostrador, cosa que no dudo en hacer.
—Hola, señor Mercury. ¿Ve? Puedo ser valiente. No siempre soy una tonta.
Él me suelta un gruñido. —Es Mercury. Nada de señor.
—Valeee.
—Deja de asustar a la pobre chica, Mercury —le recrimina Clove—. Eres un viejo cascarrabias.
—No tengo mal carácter.
Permítame que discrepe, pero no voy a decirle en voz alta que es un gruñosaurio.
Yo no. Aunque puedo lidiar con él. Después de todo, estoy acostumbrada a los dinosaurios gruñones.
Mi hermano era uno hasta que conoció a Lilac.
Aunque todavía puede ser un amargado de cuidado en ocasiones.
Por ejemplo, cuando hace de hermano mayor protector.
—Por favor, si tú no tienes mal carácter, yo soy la reina de Tombuctú.
—Tombuctú no tiene reina. Es una ciudad de Malí —murmuro.
—¿Qué has dicho? —ladra Mercury y doy un respingo.
Clove le da un latigazo con un trapo. —Te he dicho que dejes de asustarla.
—No-no-no tengo miedo. —Y tampoco estoy tartamudeando. Mentira cochina.
—¿Cómo vamos a convencerla de que se quede en Winter Falls con Phoenix si no dejas de darle estos sustos de muerte?
Abro mucho los ojos y retrocedo unos pasos. ¿Con Phoenix? ¿Es que no saben que ese hombre no quiere a ninguna mujer? Y mucho menos a mí.
—VOSOTRAS, las mujeres, y vuestra infernal manía de hacer de alcahuetas. Estáis arruinando este pueblo.
—¡No es verdad! Le estamos dando a este pueblo una nueva generación. Si no fuera por nosotras, el pueblo moriría.
—Compórtate o le diré a Sirius lo que tramas.
Ella sonríe con malicia y sus ojos se iluminan de emoción. —¿Vas a decirle que he sido una chica mala?
¿Es Sirius su marido? ¿Se refiere a su vida amorosa? Me estremezco. No necesito oír los detalles de la vida amorosa de Clove. No me malinterpretéis. Me alegro por ella. ¡Bien por ti, Clove! Pero no quiero detalles. Es hora de escabullirse de aquí.
Estoy casi en la salida cuando Clove pregunta: —¿A dónde crees que vas, jovencita?
Examino la zona con la esperanza de que esté hablando con otra persona, pero el local está desierto a excepción de Mercury. ¿Dónde están todos los turistas que había este pasado fin de semana cuando más se los necesita?
—No finjas que no sabes que te estoy hablando a ti.
Pero se me da muy bien fingir. Puedo fingir todo el día. Puedo fingir que no soy una chica idiota que se enamoró del chico equivocado. Puedo fingir que no me gusta Phoenix de una forma descomunal. ¿Veis a qué me refiero? Soy una maestra del fingimiento.
Miro por encima del hombro a Clove y ella señala hacia la pared. —La clave del wifi está ahí.
Maldición. Tengo que ser más observadora.
Patrick siempre me decía que no viviera con la cabeza en las nubes todo el tiempo.
Frunzo el ceño. Patrick. ¿Qué estará tramando?
¿Por qué me envía flores? ¿Por qué le importa?
Dijo que soy una inútil. ¿Cómo es posible que quiera que vuelva una mujer «inútil»?
—Gracias —susurro antes de escabullirme a la mesa del rincón más alejado del mostrador.
Cuando suena el teléfono y capta la atención de Clove, suelto el aire que estaba conteniendo y saco el portátil del bolso para ponerme a trabajar. Estoy conectándome al wifi cuando me doy cuenta de que está hablando extremadamente alto y dando golpes en el mostrador. La miro de reojo.
—¡Y yo te pregunto para qué necesitas su dirección!
Cielo santo. ¿Siempre habla así de alto? Debería haberme ido a la biblioteca. Podría sobrevivir una mañana de trabajo sin café, aunque sea lunes. ¿Y a qué vienen esos golpes?
—Te lo sigo diciendo. No tenemos a nadie con ese nombre en Winter Falls.
Menos mal que he metido los auriculares en el bolso del trabajo. Los saco, pero cuando me los pongo en la cabeza, Clove chasquea los dedos para llamar mi atención y gesticula con la boca un no. ¿Qué? ¿Acaso tiene alguna regla extraña sobre usar auriculares en su cafetería?
—No me llames estúpida, jovencito. Sé quién vive en mi pueblo y sé que Gabrielle Dempsey no es una de las residentes.
Se me para el corazón al oír mi nombre. No me digas que Patrick está llamando a todo el mundo en el pueblo intentando encontrarme, ya que no estoy en el apartamento que él me buscó. ¿Qué le pasa?
—Si es tu novia, deberías tener su número de teléfono y saber dónde vive.
Ella suelta un bufido.
—Dudo sinceramente que tu novia haya perdido el teléfono y se haya olvidado de darte el nuevo número. Buenos días.
Cuelga el teléfono y me enarca una ceja.
—¿Hay algo que tengas que decirme?
—¿Y a mí? —pregunta Sage mientras entra apresuradamente.
—Iré a buscar a Lyric —declara Mercury.
—No hace falta involucrar al jefe de policía —afirmo.
Él mueve la mano para indicar que me ha oído, pero sigue su camino hacia la comisaría.
—Y ahora, jovencita —Sage se cruza de brazos sobre el pecho—. ¿En qué clase de lío te has metido?
No puedo sostenerle la mirada, pero consigo hablar sin tartamudear. —No estoy metida en ningún lío.
Clove resopla. —Por eso un hombre que dice ser tu novio ha llamado aquí buscándote esta mañana.
Jugueteo con el mantel. —No tengo novio.
—Entonces, ¿quién es Patrick?
Abro la boca, pero antes de que pueda inventar una mentira para Sage y Clove, el resto de la pandilla de las cotillas entra en la cafetería. Cayenne, Feather y Petal casi se frotan las manos de anticipación.
—Estoy deseando empezar —dice Cayenne y me da la razón.
—Un momento. —Lyric entra en el local y mira con severidad a las mujeres—. Esto es un asunto policial, no un asunto de cotillas.
Sage pone los ojos en blanco. —Apuesto a que es de los dos.