Capítulo 7
No correspondido: una palabra elegante para describir cuando el hombre que deseas no te desea a ti
—Sabéis —dice Cassandra mientras casi va dando saltitos por Main Street—. La última vez que vine a un festival pagano en Winter Falls me declararon reina del pueblo.
Elizabeth le da un empujón. —No lo hicieron. Nadie se inclinaba ante ti.
—Pero deberían haberlo hecho.
Elizabeth gruñe. —Yo y mi estúpida bocaza. Me refería a que no hay reinas en Estados Unidos. Somos una democracia, no una monarquía.
—Lo dicho, dicho está. La buena gente de Winter Falls debería inclinarse ante mí; así lo dice mi hermana.
Elizabeth suspira. —¿De qué trata este festival de todas formas?
¿Por qué he hecho sentir culpables a mis dos hermanas para que vinieran conmigo hoy a este festival?, esa es la pregunta que debería estar respondiendo. Ah, es cierto. Sé la respuesta a esa pregunta. Soy la vergüenza del pueblo y me da demasiado miedo venir al festival sola.
—Es Lammas. Según Google, es un día para celebrar la importancia de la cosecha. —Google es mi guía porque no me quedé en la reunión de negocios para aprender más sobre el festival.
—¿Cómo celebramos una cosecha? —pregunta Cassandra mientras escudriña la zona—. ¿Tenemos que matar a todos los adultos para asegurar una buena cosecha de maíz?
Me estremezco ante su recordatorio de la película Los chicos del maíz. Me engañó para que la viera cuando tenía diez años. Desde entonces no he vuelto a mirar un maizal de la misma manera.
—¿Podemos empezar contigo? Ya que eres una adulta y todo eso. Supuestamente. —Elizabeth murmura la última palabra, pero Cassandra la oye.
—Soy una adulta.
Pongo los ojos tan en blanco que temo que se me queden trabados. ¿Cassandra una adulta? Ni por asomo.
—¡Gabrielle!
Examino la zona y descubro a Ashlyn, la hermana pequeña de Lilac, saludándome con la mano. Está detrás de un puesto frente a la pastelería, Bake Me Happy. Un nombre fantástico. Los dulces siempre me hacen feliz.
—¿Qué estás haciendo? —pregunto mientras examino los muffins, cupcakes y minitartas.
Ella sonríe radiante. —Ayudando al padre de mi hijo con su pastelería.
Rowan gruñe a su lado. —Deja de referirte a mí como el padre de tu hijo.
Ella bate las pestañas mientras se frota su vientre, obviamente embarazado. —¿Acaso no eres el padre del bebé?
Él echa la cabeza hacia atrás y mira al cielo como si buscara respuestas. Pobre. Sé por experiencia que no encontrará ninguna ahí arriba.
—¿Tienes algún cupcake de caramelo salado y chocolate? —pregunto antes de que se enzarcen en una disputa por llamarle padre de mi hijo.
No hace mucho que conozco a Ashlyn, pero no hace falta ser un genio para darse cuenta de que discutir con ella es inútil, con mayúsculas.
—Prueba esto —dice Rowan y me entrega un minicupcake.
Me meto todo el dulce en la boca de golpe y gimo. —¿Quieres casarte conmigo?
Cuando me doy cuenta de lo que he soltado, me encojo, pero Ashlyn no se ofende. Se abraza a su brazo. —Lo siento. Él es todo mío y no voy a dejar que se escape. Me costó demasiado trabajo atraparlo.
—Chica de mis sueños —la reprende él, pero tiene una sonrisa en la cara.
—Me llevaré dos de esa delicia celestial que acabo de probar. —Cuando Ashlyn me entrega la bolsa, le pregunto—: ¿Cuánto es?
—Sin coste para los miembros de la familia.
—Técnicamente no somos familia.
Ella se encoge de hombros. —Casi. Mi hermana se casa con tu hermano.
Aunque su hermana, Lilac, y mi hermano, Beckett, aún no están prometidos, espero que anuncien su compromiso en cualquier momento. El otro día pillé a Beckett buscando anillos de compromiso.
—¿Significa eso que todas tus hermanas son mis hermanas ahora? —pregunta Cassandra.
No sé por qué Cassandra parece emocionada. Ashlyn y sus hermanas —Aspen, Ellery, Lilac y Juniper— están como una puta cabra, aunque Ellery y Lilac parecen algo normales.
—¡Por supuesto!
Elizabeth se queja. —Genial. Más hermanas con las que tengo que lidiar. Pastorear gatos sería más fácil.
—Dímelo a mí —musita Ashlyn.
—Por favor —dice Ellery mientras se une a nosotras con su bebé, Willow, en brazos—. Tú no pastoreas gatos. Los lanzas al viento y te ríes mientras estalla el caos.
Ashlyn sonríe. —No hay nada malo en un poco de caos.
Ellery acaricia la espalda de su bebé. —No puedo esperar a que nazca el tuyo.
Ashlyn se frota el vientre hinchado. —Yo tampoco. Yo tampoco.
Llegan más clientes y nos apartamos. Ellery me agarra del codo. —Siento lo de la reunión.
—¿Qué reunión? ¿De qué estás hablando? —pregunta Cassandra.
Ellery arruga la nariz. —Lo siento. Pensé que lo sabían.
—¿Saber qué? —Cassandra es como un perro con un hueso.
—Tropecé y me caí en la reunión de negocios del pueblo. —Suelto mi mentira y espero que se la crea.
Elizabeth resopla. —Mejor tú que yo.
—Tú no te caes todo el tiempo —afirmo.
Otra mentira. Estoy acumulando mentiras últimamente, pero esta no cuenta. Las mentiras piadosas para hacer que alguien se sienta mejor no son mentiras. Me da igual lo que diga Lilac al respecto.
—Claro. Y tampoco tuve que empezar a usar pantalones cortos debajo de las faldas en el instituto porque me pasaba el día enseñándolo todo cada vez que me caía.
—Eres una visionaria. Todas esas minifaldas traen pantalones cortos incorporados hoy en día.
—Me tengo que ir. Mis invitados me están haciendo señas. —Ellery me dice lo siento en silencio antes de marcharse.
—¿Qué hacemos ahora? —pregunta Cassandra mientras da una vuelta sobre sí misma—. Veo muchos puestos con cosas para comprar o comer, pero no tengo hambre y no estoy de humor para ir de compras.
—Sigamos caminando. Hay mucha gente más adelante.
Avanzamos por Main Street hasta llegar a la plaza del pueblo.
No es un trayecto largo. Winter Falls no es un pueblo grande ni por asomo.
Viniendo de Saint Louis, estoy sufriendo un choque cultural.
Pero en el buen sentido. Conocer a todos los residentes del pueblo es agradable.
Excepto cuando todo el mundo sabe que estás colada por cierto criador de cabras.
Podría pasar sin ese aspecto particular de la vida en un pueblo pequeño.
—¡Cáscaras! ¿Eso es una hogaza de pan? No he visto nada tan grande en mi vida. —Elizabeth señala la hogaza gigante de pan en la plaza del pueblo.
—Oh, cariño —dice River. Al verlo pavonearse hacia nosotras con un uniforme de bombero, tengo que abanicarme. Este hombre no debería vivir en un pueblo pequeño de Colorado. Debería estar desfilando por una pasarela en París o Milán—. Yo puedo enseñarte algo grande.
Elizabeth pone los ojos en blanco. —¿Qué llevas puesto? ¿Acaso es el día de disfrazarse de lo que quieres ser de mayor?
A juzgar por la sonrisita de su cara, al hermano de Phoenix no le molesta el comentario sarcástico. —Soy bombero voluntario. Apago fuegos de todo tipo. —Guiña un ojo por si no está claro a qué tipo de fuegos se refiere.
Cassandra arquea las cejas de forma sugerente. —Puedes apagar mi fuego cuando quieras.
Los hombros de Elizabeth caen ante el comentario coqueto de Cassandra a River. Hmm. ¿Acaso Elizabeth se está pillando por River? Eso sí que es un desastre anunciado. River es un mujeriego en MAYÚSCULAS. No tiene intención de sentar la cabeza más de lo que la tiene su hermano Phoenix.
Beee.
Hablando de Phoenix. —Hola, Gabrielle —saluda, y finjo que mi corazón no arde al oírle usar mi nombre de pila.
—Hola —casi susurro. ¡Uf! ¿Por qué no puedo ser una de esas chicas que baten las pestañas y se echan el pelo hacia atrás? No lo soy. Soy la chica que se tapa la cara con el pelo. Qué patética.
—¿Estás bien después de la reunión?
Se me enciende la cara ante su pregunta. ¿No se da cuenta de que no quiero hablar de ello? Y desde luego no quiero que mis hermanas sepan lo que pasó. De hecho, es casi increíble que no lo sepan ya.
—Vaya, Gabrielle. Debiste de caerte muy fuerte si todo el mundo está preocupado por ti —comenta Cassandra.
—¿Caerte?
—Ya sabes. Me caí. —Le suplico con la mirada para que me siga el juego.
Él se aclara la garganta. —Sí. No te hiciste mucho daño en la rodilla, ¿verdad?
El aire sale de mis pulmones. Menos mal. Su cabra me da un pequeño golpe en la mano y yo le rasco bajo la barbilla.
—¿Es Pan? —pregunto, ansiosa por cambiar de tema a cualquier cosa en el mundo que no sea la estúpida reunión.
—Sí. No me dejó salir de la granja sin traerla conmigo.
—Es una chica tan buena.
—Depende de cómo definas chica buena —murmura él.
River pone los ojos en blanco. —Mi hermano, el granjero bobalicón.
Phoenix le da un empujón. —No tiene nada de malo ser granjero. ¿O has olvidado que tú también creciste en una granja?
River se echa hacia atrás mientras tira de los tirantes de su uniforme. —Y aquí me tenéis ya crecidito —dice y le guiña un ojo a Elizabeth, que se sonroja como respuesta.
Pan bala antes de pegar un tirón de la correa y salir disparada. Phoenix se aferra a ella mientras la cabra se mete entre un grupo de turistas. River se fija en que todos los turistas son mujeres y sonríe con suficiencia.
—El deber me llama, señoras. —Se aleja pavoneándose.
Cassandra se cruza de brazos sobre el pecho. —Vosotras dos no tenéis remedio.
—¿A qué te refieres? —pregunta Elizabeth.
—¿Aún lo preguntas? —Me señala a mí—. Enamorada de un hombre que no puede tener. —Señala a Elizabeth—. Enamorada de un hombre que no puede tener.
—¡Oye! —protesta Elizabeth—. Admito que es mono de ver, pero no estoy enamorada.
No digo nada, porque me temo que Cassandra tiene razón.
Estoy enamorada de un hombre que no puedo tener.
O, al menos, me estoy enamorando de un hombre que no puedo tener.
No sé qué me asusta más. Estar enamorada de un hombre que nunca me corresponderá o que Cassandra tenga razón. Ambos escenarios me asustan de muerte.