Un desastre irresistible (Winter Falls 6) Capítulo 5
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Capítulo 5

Abochornar: el momento en que un grupo de viejas cotillas le cuenta a todo el mundo y a su perro que tu enamoramiento «ya no es tan secreto»

Phoenix

—Oye, hermano, qué detalle por tu parte unirte a nosotros.

Miro con furia a Lyric. Sabe perfectamente que no quiero estar aquí, pero River me embaucó para que viniera a la reunión mensual de negocios del pueblo. Suelo evitar estas reuniones a toda costa, ya que todo el mundo pasa más tiempo cotilleando que haciendo negocios.

Me importa un bledo cuál sea el último cotilleo. Creo en el «vive y deja vivir». Al parecer, soy de la minoría, ya que la mayoría de los residentes de Winter Falls disfrutan cotilleando casi tanto como les gusta meter las narices en los asuntos de los demás.

—Voy a darle una patada en el culo a River —refunfuño.

Lyric me da una palmadita en la espalda. —No puede evitar que hoy le haya tocado un grupo de turistas.

Resoplo. Claro que podía. River siempre tiene un grupo de turistas, ya que es su trabajo como guía turístico.

Por desgracia para mí, River tiene varios trabajos más aparte de dar recorridos ecológicos por Winter Falls a los turistas.

Es bombero voluntario y ayudante de policía cuando hace falta.

También es el secretario municipal y toma actas en estas reuniones.

Y, sin embargo, aquí estoy yo, dispuesto a sustituirle.

—Deberías aprender a no jugar al póker con él.

Gruño ante el humor en la voz de mi hermano. Lo que tengo que aprender es a no usar un «te debo una» como ficha. No volveré a olvidarme la cartera.

—No creo que deba estar aquí.

Al oír la voz de Gabrielle, me giro para encontrarme a Ashlyn, la actual alcaldesa de Winter Falls, arrastrándola al ayuntamiento.

—No deberías meterte con la alcaldesa —dice Ashlyn.

Ante el anuncio de Ashlyn, Gabrielle se detiene en seco. —¿Eres la alcaldesa?

—Y la mejor maldita alcaldesa que Winter Falls haya visto jamás.

—Creo que necesito ver alguna prueba —murmura Gabrielle.

—Chica de mis sueños —gruñe Rowan, el marido de Ashlyn—, ¿quieres dejar de zarandear a la pobre chica por todas partes?

Le quita la mano de su mujer a Gabrielle de un tirón.

—Pero si aún no la he acompañado a su asiento.

—Estoy bien —dice Gabrielle, pero cuando recorre la sala con la mirada buscando un sitio para sentarse, de repente todos los asientos están ocupados por bolsos, carteras o abrigos. Empieza a retroceder hacia la puerta. —Quizá debería marcharme.

—Hay un asiento justo ahí, jovencita —grita Sage e indica la silla que tengo al lado.

Me paso la mano por la cara. Debería haberlo visto venir. Es una emboscada. Con razón todas las sillas de la sala se han ocupado de repente. Esas dichosas cotillas.

River hoy no tiene ningún grupo de turistas. Probablemente esté sentado en casa disfrutando de su tiempo libre. Más le vale dar las gracias a su buena estrella por no estar en la lista negra de las cotillas. Pienso borrar mi nombre de la lista en cuanto pueda.

Me levanto para mirar con furia a Sage. —No soy uno de tus experimentos.

—¿Experimento? —Se lleva la mano al pecho—. ¿Yo? ¿Jamás?

Sí, lo haría, pero discutir con ella es como hablar con una pared de ladrillos; una completa pérdida de tiempo.

—No debería estar aquí. Ni siquiera soy dueña de un negocio —murmura Gabrielle.

—¿Ah, sí? Supongo que el dueño de Gabrielle se hace viral es otro —dice Ashlyn lo bastante alto para que todos en la sala la oigan.

Las mejillas de Gabrielle se oscurecen y baja la barbilla. —¿C-c-ómo lo has sabido?

Ashlyn señala a su hermana, Lilac, que está sentada en la primera fila con sus otras hermanas Aspen, Ellery y Juniper. Las hijas West deberían venir con una etiqueta de advertencia: «Atención: Venderán tus secretos por una jarra de margaritas».

Saludan a Gabrielle y Juniper levanta su botella de cerveza. —Bienvenida al caos.

—¿Tienen cerveza en la reunión mensual?

—Y aperitivos. —Señalo al fondo de la sala, donde Lennon ha montado un puesto de cerveza y palomitas.

—Siéntate, Gabrielle. —Ashlyn señala la silla que tengo al lado y Gabrielle se deja caer en ella. El olor a canela y manzana llega hasta mí y aprieto la mandíbula para evitar que se me escape un gemido. Nada huele mejor que la manzana con canela.

Bang. Bang. Bang. Ashlyn golpea el mazo sobre la mesa. —Demos comienzo a la reunión.

Abro mi cuaderno y anoto la hora.

—¿Qué estás haciendo?

Frunzo el ceño ante la pregunta de Gabrielle. —Al parecer, hoy me toca hacer de secretario.

—¿Hacer de secretario? ¿Quién es normalmente el secretario municipal?

—Mi capullo de hermano.

—Phoenix Apollo Alston, no hables de tu hermano con ese lenguaje.

Suspiro. —Sí, mamá.

¿Está mal desear que mis padres se fueran a otro viaje de un año para «descubrirse» a sí mismos? Su año en Bali se vio interrumpido cuando Lyric y Aspen volvieron a estar juntos tras una década de malentendidos.

Su viaje estuvo inspirado por la lectura que mamá hizo de Come, reza, ama. Tal vez debería comprarle Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta. Papá siempre ha querido comprarse una moto.

—¿Tu madre está aquí? —La mirada de Gabrielle recorre la sala hasta que se fija en mi madre, que la saluda con la mano. Sus ojos se agrandan y esconde la barbilla contra el pecho.

—El primer punto del día es el próximo festival de Lammas. —Ashlyn hace un gesto hacia Lilac—. ¿Quieres poner al día a todo el mundo, señorita «Siempre con la vista puesta en el dinero»?

—¿Por qué Ashlyn llama a Lilac? —susurra Gabrielle.

—Es la interventora municipal.

—¿Hay algo que Lilac no sepa hacer? —murmura mientras observa a Lilac levantarse y marchar hacia el frente de la sala.

—¡Buuu! ¡Aburrido! —Las cotillas de la parte de atrás la abuchean.

Lilac se eriza. —No hay nada de aburrido en asegurar que uno de nuestros muchos festivales anuales recauda dinero para el pueblo. Dependemos de los beneficios para el mantenimiento de las calles, la escuela...

—Pero si ahora somos ricos —interviene Feather.

—No —insiste Lilac—. Casi todos los beneficios del tesoro...

—¡Del botín desaparecido! —corrige Ashlyn.

A Lilac se le hinchan las aletas de la nariz, pero persevera. —Han sido asignados para el centro comunitario.

—¿De qué están hablando? —pregunta Gabrielle.

—Es una larga historia, pero básicamente Ashlyn y Aspen recuperaron el dinero que un ladrón de bancos había escondido en Winter Falls hace más de sesenta años.

Se queda boquiabierta. —No bromees.

—No. Ellas mismas desenterraron el dinero.

—Este pueblo es increíble.

¿Lo dice en serio? Examino su rostro en busca de cualquier signo de engaño, pero está sonriendo y sus ojos brillan. Incluso se balancea un poco en el asiento. Quizá, después de todo, valga la pena arriesgarse con Gabrielle.

—¿No se supone que deberías estar anotando todo esto? —pregunta cuando se da cuenta de que no estoy tomando notas.

—Creo que las actas de la reunión deben limitarse a los asuntos reales del pueblo.

—Supongo que el hecho de que tu madre te regañe por soltar palabrotas no está incluido. —Se ríe.

Dejo que el sonido de su risa me envuelva. Lo que no daría por oír ese sonido en mi casa todos los días. Pero es un espejismo. No duraría ni un día en la granja. Rayos, si apenas se mudó a Winter Falls hace unas semanas. No hay forma de saber si tiene intención de quedarse a largo plazo.

—Como decía. —Lilac intenta poner un poco de orden en la reunión—. Debemos asegurarnos de no gastar de más en los preparativos del festival de Lammas.

—Nadie quiere hablar del festival de Lammas —grita Sage.

La puerta se cierra de golpe y entra el viejo Mercury. Se hace el silencio entre la multitud mientras él avanza cojeando con su bastón hacia la primera fila.

—Yo quiero hablar del festival de Lammas —afirma antes de empezar a dejarse caer en una silla. Gabrielle se apresura a ayudarle a sentarse. Él le aparta las manos de un manotazo. —No necesito ayuda.

Ella asiente pero permanece a su lado hasta que él está sentado de forma segura. Le sonríe y él gruñe antes de que ella regrese a la silla que hay junto a la mía.

—¿Quién es él?

Antes de que pueda responder, Aspen le saluda: —Hola, Mercury.

Él le frunce el ceño antes de hacerle un gesto a Ashlyn para que continúe.

—El viejo Mercury —me inclino para susurrarle la respuesta a Gabrielle. Inmediatamente me arrepiento de la acción cuando el aroma de manzanas y canela me golpea.

—Es uno de los fundadores originales del pueblo. —También es un viejo gruñón cuya casa está encantada, pero tiene un oído excepcional, así que no añado esos rasgos a mi explicación.

—Basta de interrupciones —les ordena a las cotillas.

—No seas un carcamal, Mercury —dice Sage.

—Sí, Mercury —coincide Feather—, tenemos que seguir con nuestra labor de hacer de alcahuetas o todo el pueblo se extinguirá.

—El pueblo ya se habría extinguido hace tiempo sin nosotras. ¿Quién crees que se aseguró de que las hermanas West estuvieran todas emparejadas con hombres locales, para que tengan sus bebés aquí y no se muden del pueblo? —pregunta Petal.

Juniper levanta la mano. —Mi hombre no es de aquí.

—Tú no cuentas, cielo. Todo el mundo sabe que nunca dejarías a los animales de tu Refugio de Fauna Silvestre .

—¿Y qué hay de mí? —pregunta Lilac—. ¿Yo cuento? Mi pareja tampoco es de aquí.

Clove resopla. —Qué graciosa es. Como si fuera a abandonar nuestro pueblo antes que la de los animales.

Mercury golpea el suelo con su bastón. —He dicho que no más interrupciones.

—Tenemos que interrumpir. Difícilmente podremos emparejar a Gabrielle y Phoenix si estamos mudas, ¿verdad?

Ante las palabras de Sage, Gabrielle se queda sin aliento.

—Yo no... quiero decir... yo no...

Agita las manos frente a su cara, pero eso no ayuda a disipar el color brillante que ahora tiñe sus mejillas.

—No te preocupes por eso. Solo son las cotillas. Nadie les hace caso —miento en un intento por calmarla.

—Sí que nos hacen caso —afirma Sage—, y nosotras escuchamos a la gente del pueblo, que es como sabemos que Gabrielle es la mejor elección para ti, ya que tú ya le gustas.

Gabrielle suelta un chillido y se pone en pie de un salto. Sus ojos están desorbitados mientras mira alrededor de la sala. Se queda boquiabierta, pero no le salen las palabras. Vuelve a cerrar la boca de golpe antes de salir corriendo de la sala.

Cierro mi cuaderno y me levanto. —Deberíais avergonzaros de vosotras mismas.

—Nosotras no...

—¡No! —la interrumpo—. Para variar, voy a hablar yo.

Sage cierra la boca de golpe.

—La habéis avergonzado. Gabrielle es una residente nueva en el pueblo.

¿Desde cuándo avergonzamos a los nuevos miembros del pueblo?

Deberíamos recibirla con los brazos abiertos.

Pero no. Vuestro grupo —señalo con el dedo a Sage, Feather, Cayenne, Clove y Petal— la ha mortificado. Me avergüenzo de todas vosotras.

Me agacho y recojo el bolso de Gabrielle antes de salir furioso de la sala.