Capítulo 4
La familia: esas personas que te vuelven loca pero a las que estás obligada a amar de todos modos
—Ya estás aquí —dice Cassandra en lugar de saludarme cuando entro en la casa de Lilac y Beckett.
—Pues claro que estoy aquí. ¿Dónde iba a estar si no? Es una cena familiar. ¿Esperabas que os diera el plantón?
—¿Es que no puedo alegrarme por la visita de mi hermana, que se mudó muy, muy lejos?
Pongo los ojos en blanco. —Me mudé a Winter Falls desde White Bridge. Está a treinta minutos en coche. Deja de ser tan melodramática.
—No estoy siendo dramática.
Elizabeth bufa detrás de ella. —¿Cuándo no eres dramática?
Las dos empiezan a discutir sobre la definición de dramática. No quiero participar en sus riñas y voy en busca de Lilac. La encuentro en la cocina.
—¿En qué puedo ayudar?
—Puedes llamar a tu hermano y decirle que venga a casa inmediatamente.
Abro mucho los ojos. Nunca había oído a Lilac sonar frustrada. Normalmente es la definición de la calma, y no puedo evitar preguntarme si tiene emociones.
—¿Qué pasa?
Ella resopla. —Se supone que los viernes por la noche son las noches de cena familiar. Beckett tiene la obligación de estar aquí, ya que es parte de la familia.
—¿Desde cuándo los viernes son la noche de la cena familiar?
—Desde que Lilac se unió a la familia y decidió que necesitábamos un ritual de reunión familiar —responde Elizabeth a mis espaldas.
—Por mí perfecto. Una noche menos que tengo que cocinar —Cassandra levanta las manos en señal de victoria.
Elizabeth le da un empujón. —Si tú no cocinas nunca.
—Puede que no, pero me haces sentir culpable cada vez que me «toca» cocinar a mí y no lo hago.
Por esto aproveché la oportunidad de mudarme a Winter Falls. Compartir casa con mis dos hermanas, que viven para discutir la una con la otra, me estaba crispando los nervios, sobre todo porque trabajo desde casa.
Mi decisión de mudarme no tuvo nada que ver con la proximidad del apartamento a la granja de Phoenix. Nada en absoluto. Ahora solo tengo que repetirme esas mismas palabras otro montón de veces y puede que acabe creyéndomelas.
—Deja que llame a Beckett —digo, y saco el móvil del bolso.
Lo desbloqueo y veo otro mensaje más de él. ¿Por qué te escondes de mí? ¡Uf! ¿Por qué no puede dejarme en paz? Ha pasado más de un año desde que me fui. Suéltame de una vez.
Mi teléfono pita con otro mensaje. Te encontraré.
—¿Quién es?
Levanto la vista de la pantalla para descubrir a Lilac, Elizabeth y Cassandra mirándome fijamente. Bajo la barbilla para dejar que el pelo me cubra la cara.
—Nadie —murmuro.
—¡No nos mientas! —grita Cassandra.
—No estoy mintiendo —miento.
—Sí, lo haces. Estás mostrando varios indicios de que estás mintiendo. Estás evitando la mirada, el pelo te cuelga ocultando tu rostro y estás inquieta —dice Lilac.
¿He mencionado que, además de no mostrar emociones, Lilac es una enciclopedia con patas?
—Mentir es malo —continúa ella.
Tampoco cree en las mentiras. Ni siquiera en las pequeñas mentiras piadosas para hacer que alguien se sienta mejor.
—Quizá no sea asunto nuestro —sugiere Elizabeth, y me dan ganas de rodearla con mis brazos y abrazarla por darme una salida.
—¡Bah! Todo lo que concierne a Gabrielle es asunto nuestro —afirma Cassandra. La hermana entrometida ataca de nuevo.
Oh, cómo desearía ser una de esas personas que pueden decirle a su hermana dónde meterse sus opiniones. O, al menos, salir de esta casa sin mirar atrás. Pero no soy así.
No me gusta crear problemas ni causar molestias. No quiero que nadie se disguste. Quiero que todos se lleven bien y sean felices. No es pedir demasiado, ¿verdad?
—Gabrielle tiene derecho a su intimidad —dice Lilac.
Ya os dije que aprobaba la elección que hizo mi hermano con esta mujer. Ahora, solo falta que se casen antes de que ella se dé cuenta de lo sobreprotector y dominante que puede llegar a ser Beckett.
Cassandra gruñe. —De verdad que no sabes cómo funciona esto de las hermanas.
—Tengo cuatro hermanas. Creo que estoy plenamente familiarizada con la dinámica de las relaciones familiares.
Las cuatro hermanas de Lilac (Aspen, Ellery, Juniper y Ashlyn) están aún más locas que las mías, lo cual es decir mucho.
Ashlyn es la más joven. Es, sin duda, una chica rebelde.
También está casada con el ex-quarterback de la NFL, Rowan Hansley.
Aspen es la mayor. Está prometida con el hermano de Phoenix, Lyric.
Después va Ellery, que es la dueña de The Inn on Main.
Está prometida con Cole y tiene una niña adorable, Willow.
Lilac es la siguiente y luego está Juniper.
Juniper dirige el Refugio de Fauna Silvestre a las afueras del pueblo y está prometida con Maverick Langston.
Sí, el Maverick Langston: el héroe de comedia romántica favorito de todo el mundo.
—Ahí te ha pillado —canturrea Elizabeth.
Cassandra se cruza de brazos sobre el pecho. —Estemos de acuerdo en no estar de acuerdo.
—No puedes «aceptar que no estás de acuerdo». Es un dicho completamente ridículo.
Cassandra ignora a Lilac. —Necesitamos saber qué está pasando con Gabrielle para evitar otra situación de Olivia.
—Oh, oh. Ha sacado la carta de Olivia.
—¿De qué estáis hablando? Olivia y yo no tenemos nada en común.
—Me doy cuenta de lo duras que suenan mis palabras y reculo—.
No quiero decir que le pase nada malo a nuestra hermana mayor, pero yo no soy ella.
¿Me habéis visto alguna vez traída a casa por la policía?
No. Nunca me he sentado siquiera en el asiento trasero de un coche patrulla.
—No te pierdes gran cosa —murmura Cassandra antes de elevar la voz—. No me refiero a que Olivia sea una alborotadora. Necesitarías un cambio de personalidad completo para convertirte en ella.
—Por favor, dime que te das cuenta de que un cambio de personalidad no es posible.
Cassandra le pone la palma de la mano delante de la cara a Lilac antes de continuar: —Me refiero al distanciamiento de Olivia de la familia.
—¿Crees que yo me distanciaría de la familia? —Tiene que estar bromeando. Esta familia es lo único que tengo.
Elizabeth me pasa un brazo por los hombros. —Sé que tú no te distanciarías de esta familia.
Cassandra se planta con los puños en las caderas. —¿Y qué hay de los seis meses antes de mudarnos, cuando apenas nos hablaba y faltaba a todas las reuniones familiares, eh?
La vergüenza me invade. ¿Por qué dejé que Patrick me aislara de mi familia? ¿Cómo lo permití?
Elizabeth aprieta el brazo. —Odio —en serio, odio— tener que darle la razón a Cassandra, pero en este caso no se equivoca.
Suspiro. Más vale que me rinda. No puedo ganar cuando Elizabeth y Cassandra se alían.
—Está bien. El mensaje era de mi exnovio.
—¿De Charles?
Charles fue el último hombre que presenté a mi familia. A Patrick nunca se lo presenté. Al menos no fui una completa idiota en lo que a él respecta. Por supuesto, el hecho de que Patrick llamara a mi familia «un atajo de huérfanos» que no le interesaba conocer tampoco ayudó.
—No, de Patrick.
—¿Quién es Patrick?
—¿Tuviste un novio del que no sabíamos nada? —Los ojos de Cassandra no podrían abrirse más—. No sé si debería estar orgullosa o espantada.
—No era nada serio —afirmo.
—¿Está mintiendo otra vez? —le pregunta Elizabeth a Lilac.
Hablo antes de que Lilac pueda dejarme en evidencia por mentir de nuevo. —No era serio por mi parte. Patrick, por otro lado... —Me encojo de hombros mientras dejo la frase en el aire.
—¿Y no está contento con que te hayas mudado? —aventura Cassandra.
—Mmm-hmmm.
No es mentira si haces un sonido evasivo, ¿verdad? Porque cabe la posibilidad de que le dijera a Patrick que tenía que reunirme con un cliente en Chicago antes de salir pitando hacia Colorado con mi familia.
—¿Come piña? —pregunta Lilac.
Frunzo el ceño. Qué pregunta más extraña. —Eeeh...
—Según mi experiencia, hay dos tipos de personas. Las que comen piña en la pizza y las que piensan que la piña en la pizza es asquerosa y se niegan a comerla incluso después de haber quitado la piña.
—¿Vale? —No estoy segura de a dónde quiere llegar.
—Puedo enviarle a ese Patrick pizzas hawaianas con piña en plena noche durante semanas. Incluso puedo arreglarlo para que las pague él.
Cassandra se queda con la boca abierta. —Madre mía. Creo que me he enamorado. Y yo que pensaba que las bombas de purpurina eran la venganza definitiva.
—A Patrick le encanta la piña.
Lilac aprieta los labios. —Olvídalo.
—Pero odia los champiñones. Ni siquiera toca una pizza si ha tenido champiñones encima.
Ella sonríe con malicia. —Excelente.
—¿De verdad puedes asegurar que tenga que pagar la pizza él mismo? —pregunto. Cassandra no es la única que admira a nuestra futura cuñada.
—Naturalmente. No es difícil.
Cassandra junta las manos como si estuviera rezando y le hace ojitos a Lilac. —Tienes que enseñarme. ¿Te imaginas las bromas de venganza que podría gastar?
Elizabeth gime. —No creo que tengamos dinero suficiente para la fianza si aprendes a hackear.
—Por favor, nunca me pillarían.
—Ni siquiera sabes hackear todavía y ya estás afirmando que eres invencible.
—No he dicho invencible, pero Lilac puede enseñarme cómo cubrir mi rastro.
Lilac se muerde el labio. —No creo que Beckett aprobara que te enseñara ninguno de mis trucos.
Cassandra parpadea coqueta. —No tiene por qué saberlo.
—Yo no miento.
—Pero...
—No, antes de que digas que omitir la verdad no es mentir, deja que te detenga ahí. Es mentir.
Cassandra abre la boca para discutir con ella una vez más, pero la puerta se abre y Beckett grita «¡Ya estoy en casa!» antes de que ella tenga oportunidad.
—Ya era hora —murmura Lilac antes de caminar por el pasillo para recibirlo.
—Mantendremos esto entre nosotras por ahora —dice Cassandra como si me estuviera haciendo un gran favor.
Ya me gustaría. No me está haciendo un favor. Le oculta la información a nuestro hermano mayor porque quiere soltársela en algún momento inesperado para presumir de que sabía algo antes que él.
Da igual. Mientras no tenga que hablar de mi imbécil de exnovio con mi hermano, puedo seguirle la corriente.