Capítulo 3
Fantasía: imaginar algo que de verdad, de verdad deseas, pero que crees que no puedes tener porque eres un idiota que vive en el pasado
Phoenix
No importa cuántas veces entre en Electric Vibes , siempre me sorprende el ambiente hippy que tiene el bar, aunque nada que sea hippy debería pillarme por sorpresa teniendo en cuenta que me crié en Winter Falls.
Al fin y al cabo, el pueblo fue fundado por hippies.
Y mis padres, aunque no fueron de los fundadores originales de Winter Falls, adoptan todo lo relacionado con ese mundo.
Así es como terminé con una granja ecológica de cabras después de que ellos se jubilaran, ya que yo me hice cargo de la explotación.
—Oye, Phoenix, ¿dónde están tus cabras? —pregunta Lennon.
Lennon es el dueño de Electric Vibes . Su nombre real no es Lennon. Se lo cambió porque su héroe es John Lennon. También intenta emular a su ídolo copiando el aspecto de los Beatles: pelo por los hombros, gafas redondas y barba descuidada.
—En la granja, que es donde deben estar.
Llega mi hermano, Lyric, y me da una palmada en la espalda.
Luce una sonrisa de oreja a oreja. Su prometida, Aspen, debe de andar cerca.
Desde que los dos se reencontraron, se han convertido en un par de adolescentes salidos.
Me alegro por ellos, pero podría esforzarse un poco en no restregarme sus escapadas sexuales por la cara.
—River ya nos ha traído la primera jarra.
Señala con la cabeza hacia donde está sentado nuestro hermano. Como es natural, no está solo. Nunca lo está. Hay un grupo de mujeres rodeando el reservado, compitiendo por su atención. Juro que lo único que tiene que hacer es chasquear los dedos y las mujeres vienen corriendo.
—Chicas, estos son mis hermanos Lyric y Phoenix.
Lyric levanta las manos mientras se sienta. —No estoy disponible.
Ante sus palabras, las mujeres giran su atención hacia mí. —No me interesa —gruño mientras me siento frente a Lyric.
River le susurra algo a la mujer más cercana y ella asiente antes de llevarse al resto de las mujeres. Frunzo el ceño ante sus payasadas. Menos mal que Winter Falls atrae a muchísimos turistas. De lo contrario, mi hermano ya habría provocado una revuelta entre las mujeres de la zona.
—Gracias por dejarme a todas las chicas para mí solo. —Esboza una sonrisa burlona mientras estira los brazos sobre el respaldo del reservado.
—Lo que tú digas —refunfuño mientras me sirvo una cerveza.
—No hace falta que pregunte cómo le va a Lyric —comenta.
Lyric sonríe. —Pues no.
—Falta poco más de un mes para la boda. ¿Estás listo para atarte a una sola mujer?
Lyric mira con dureza a River. —No me proyectes tu incapacidad para comprometerte. Yo sé lo que se siente al tener el amor de una buena mujer.
Yo tuve el amor de una buena mujer hace tiempo, pero ella no pudo soportar mi vida como granjero.
Le advertí que sería un trabajo duro. Dijo que no le importaba.
Pero vaya si le importó cuando no podía irse de compras con sus amigas todos los días por el pueblo.
¿Qué clase de compras se pueden hacer en Winter Falls, de todas formas?
—¿Cómo va la cosa?
Suelto un quejido ante la pregunta de Forest. Es el dueño de la tienda de animales local, Unleashed . También piensa que llevar pantalones equivale a una tortura.
River se ríe entre dientes. —No lo sé, Forest. ¿Cómo va la tuya?
Forest gruñe. —Todo apretujado ahora mismo. Malditos turistas. Lilac ha dicho que o me ponía pantalones o me iba a casa. —Se tira de la entrepierna del pantalón—. Esta mierda es incómoda.
Lyric frunce el ceño. —Lo que es incómodo es verte hurgarte la entrepierna.
Forest levanta las manos en señal de rendición. —Vaya, no. El madero está en el local.
Lyric pone los ojos en blanco. Es el jefe de policía en Winter Falls y a los lugareños les encanta hacerle la vida imposible con su trabajo a pesar de haberle elegido para el cargo.
—Estoy fuera de servicio. Si tenéis algún problema, tenéis que llamar a Peace.
Dice tonterías. Nunca está «fuera de servicio» a menos que Aspen le tenga entre sus garras... literalmente.
El rostro de Lyric se ilumina. —Hola, Sol. —Hablando de Aspen. La rodea por la cintura y la sienta en su regazo antes de besarla. Aparto la mirada. No tengo ningún interés en ver a mi hermano magreándose con su prometida.
Mi mirada se posa en una mujer de larga melena rubia en un reservado al otro lado de la sala.
El pulso se me acelera cuando me doy cuenta de que Gabrielle está aquí.
Gira la cabeza hacia un lado y puedo contemplar su hermoso rostro.
Unos ojos verde claro en los que dan ganas de ahogarse, pómulos altos y una nariz y barbilla algo puntiagudas.
Ahora está sentada, pero sé que es menuda.
La coronilla apenas me llega a la barbilla cuando está de pie, lo que significa que encajaría perfectamente en mis brazos.
Saco esos pensamientos de mi mente. No. No encajaría perfectamente.
Ya he aprendido la lección sobre las mujeres. Me va mejor hablando con mis cabras.
River me da un codazo. —Ve a hablar con ella.
Aparto la vista de Gabrielle a la fuerza. —¿Hablar con quién?
—No te hagas el tonto conmigo. Sé que estabas poniendo ojitos a Gabrielle.
—¿Qué demonios son ojos de cordero degollado?
—Deberías unirte a nosotros —dice Aspen desde su sitio en el regazo de Lyric.
—Pensaba que era una noche de chicos.
Ella resopla ante mi respuesta. —Estás en el único bar de Winter Falls. ¿De verdad creías que podrías librarte de estar sentado solo en un rincón?
En realidad, sí, lo creía. Si no, me habría quedado en casa con mis cabras.
Me levanto. —Probablemente debería volver a la granja.
Aspen se pone en pie de un salto y me agarra de la mano. —Probablemente deberías soltarte el pelo de vez en cuando.
Mientras River me empuja por detrás, Aspen me arrastra por la sala hacia la mesa donde Gabrielle está sentada con sus hermanas.
Como el hermano de Gabrielle, Beckett, está con la hermana de Aspen, Lilac, todos se conocen.
Por supuesto, en un pueblo pequeño como Winter Falls, todo el mundo se conoce de todos modos.
River trae una silla, pero a mí me empujan al reservado junto a Gabrielle.
La miro de reojo. Su pelo le protege el rostro.
Me dan ganas de recoger esos mechones sedosos en mi puño y tirar hasta que su cuello quede expuesto ante mí.
Me aclaro la garganta y muevo las piernas al notar que el pantalón se me aprieta de repente.
Maldita sea. No debería tener ese tipo de pensamientos sobre Gabrielle. Es demasiado amable e inocente para alguien como yo. No duraría ni un día en la granja.
—Hola, Phoenix —murmura, y me dan ganas de oírla jadear mi nombre con su voz suave después de haberla besado hasta la saciedad.
Mierda. Tengo que largarme de aquí. La mujer está colada por mí. No puedo darle esperanzas. Por mucho que quiera, es una mala idea. Me deslizo hacia un lado, pero River me bloquea la salida. Me guiña un ojo y yo le gruño.
—Soy Cassandra. La hermana mayor de Gabrielle. —La sonrisa desaparece de su rostro y me mira con los ojos entrecerrados—. Y su guardiana.
Gabrielle resopla mientras sus mejillas se oscurecen. —No eres la guardiana de nadie —murmura con voz suave.
—Ya —dice la otra mujer del reservado—. No puedes vigilar la puerta cuando siempre te estás escapando por ella. —Me saluda con la mano—. Por cierto, soy Elizabeth.
—Deberíamos pedir una jarra de margaritas.
Nada más salir las palabras de la boca de Aspen, Lennon ya está dejando una jarra de margaritas de fresa sobre la mesa.
—Esto ha estado un poco aburrido por aquí desde que tu hermana se quedó preñada. Disfrutad.
Lyric gime. —Lo aburrido es bueno.
—El Señor Agente, también conocido como el mismísimo Señor Aburrido, ataca de nuevo —refunfuña Lennon antes de marcharse.
Aspen suelta una risita. —Supongo que Lennon se ha olvidado de cómo os gusta a ti y a tus hermanos bañaros desnudos en las cataratas.
Los ojos de Gabrielle se agrandan. —¿Os bañáis desnudos? ¿O sea, nadar sin nada de ropa?
Muevo las cejas. —Sin nada de ropa es la definición de bañarse desnudo.
No creía que fuera posible, pero sus mejillas se oscurecen aún más. El rubor le baja por las mejillas hasta el cuello. Me dan ganas de seguir esa piel sonrosada para descubrir dónde termina el rubor.
Maldición. No. Gabrielle es delicada. Se la comerían viva en la granja.
—¿Cuándo ocurre eso? Tengo que anotarlo en mi calendario. —Cassandra saca su teléfono a toda prisa.
Elizabeth se lo quita de las manos de un golpe. —No vas a ir de voyerista.
—No te preocupes. No será un juego. Será de verdad. —Sus ojos recorren mi cuerpo y el de mis hermanos, y se lame los labios.
Aspen le gruñe. —Nadie ve a mi prometido desnudo excepto yo.
—No hay problema. Tiene dos hermanos para chuparse los dedos con los que puedo deleitarme la vista.
Gabrielle hace un ruido de desaprobación, pero no dice nada. La decepción me invade. No. Me niego a estar decepcionado. Tengo que parar con estas fantasías. Gabrielle nunca será mía.
—¿Qué más hacéis para divertiros por aquí en este pueblo de mala muerte?
Ante la pregunta de Cassandra, la música se detiene con un chirrido y el silencio desciende sobre el bar. «Mala muerte» y «Winter Falls» no pueden ir en la misma frase. No hay nada aburrido ni insignificante en este pueblo.
—Creo que la señorita Cassandra, de la gran ciudad de Saint Louis, ha lanzado un desafío —anuncia Forest desde el pequeño escenario.
—¡Madre mía! ¿Tenéis micrófonos plantados por todo el bar? —Cassandra da palmaditas y chilla—. Increíble. ¿Cómo funciona este desafío?
Se pone de pie de un salto y lanza los brazos al aire. —¡Acepto vuestro reto!
—Por favor, decidme que el reto consiste en que alguien la ate de pies y manos y le ponga una mordaza —murmura Gabrielle, y yo suelto una carcajada.
River se levanta. —Yo me apunto.
Cassandra sale disparada y River la persigue. Elizabeth les frunce el ceño. Espero que no quiera nada con mi hermano, porque decir que ese hombre es un mujeriego es quedarse muy corto.
Lyric gruñe. —Supongo que será mejor que vaya a asegurarme de que no queman el pueblo.
—Yo no me preocuparía por el fuego. Cassandra le tiene miedo. Me preocuparía más por que entre en la fábrica de cerveza e intente beberse su propio peso en cerveza —dice Gabrielle.
—¡No sería la primera vez! —corean Gabrielle y Elizabeth al unísono.
Vaya. ¿La he juzgado mal? ¿Es Gabrielle más fuerte de lo que parece?
Qué va. Son ilusiones mías. Lo sé de sobra. Ninguna mujer puede soportar vivir conmigo en la granja, por muy guapa y dulce que sea. Ya he aprendido la lección.