Capítulo 2
Hogar, dulce hogar: un lugar donde las visitas no deseadas aparecen sin invitación
Dejo la caja sobre mi cama nueva, en mi dormitorio nuevo, en mi apartamento nuevo y sonrío.
Ha pasado. Mi sueño se ha hecho realidad.
Tengo un lugar propio por primera vez desde que me mudé a Colorado.
No me malinterpretéis. Adoro a mis hermanas, pero ninguna mujer de veintiocho años quiere vivir con sus hermanas si puede evitarlo.
Especialmente cuando una de esas hermanas cree que su trabajo es «ayudarte a salir de tu caparazón». No, gracias.
Por suerte para mí, tengo un coche eléctrico desde que mi hermano, Beckett, se subió al tren de lo ecológico tras ser nombrado director general de una empresa de ingeniería ambiental.
—Esto no me gusta.
Hablando de mi hermano.
—¿Qué es lo que no te gusta? —pregunto. Como si no lo supiera.
Su novia, Lilac, lo sigue a la habitación. —¿Qué le pasa a este apartamento? Es perfectamente adecuado para una persona que vive sola.
Madre mía. Vivir sola es exactamente el problema.
Beckett me rodea con un brazo y me atrae hacia él. —¿No quieres quedarte en White Bridge con nosotros?
Lo aparto o, mejor dicho, lo intento. Beckett mide un metro ochenta y pico frente a mi escaso metro cincuenta y siete.
Además, él hace ejercicio, mientras que mi idea de deporte es caminar a paso ligero hacia la cafetería cuando hay oferta de chocolate caliente.
Empujarlo es equivalente a intentar mover un tren de mercancías: imposible.
Resoplo. Tengo ganas de decirle que no es mi padre y que no puede elegir dónde vivo, pero las palabras resultarían crueles, ya que Beckett nos crió a mí y a mis tres hermanas después de que nuestros padres fallecieran.
Estoy agradecida de que lo hiciera, ya que de lo contrario habríamos acabado separadas en familias de acogida, pero tiene que aceptar que ya somos adultas y dejar de intentar controlar nuestras vidas.
—¿Tú quieres vivir con dos de tus hermanas?
Me revuelve el pelo. —¿Puedo elegir a cuáles dos?
—¡A mí! —declara Cassandra al entrar en la habitación—. Obviamente, quiere vivir conmigo.
—Pero si no tengo celosías por las que puedas bajar.
Ella se encoge de hombros. —No pasa nada. Ya no necesito escaparme a escondidas.
Cassandra era la reina de escaparse a escondidas cuando éramos pequeñas. El pobre Beckett no sabía qué hacer con ella. Aunque sus travesuras no se podían comparar con las de Olivia. La policía la trajo a casa más veces de las que puedo contar.
Yo no. Yo era la niña buena. Beckett ya tenía bastantes tonterías con las que lidiar considerando que mis dos hermanas mayores pensaban que las reglas eran para los «flojos». Yo no iba a sumarme a sus problemas.
Beckett gime. —Vosotras me habéis sacado canas.
—El pelo canoso es sexy en los hombres maduros. ¿No crees, Lilac? —dice Elizabeth mientras ella también se une a nosotros en mi dormitorio.
Lilac arruga el entrecejo. —¿Estás intentando que Beckett me parezca atractivo? Ya sabes que ya me he mudado con él.
Y doy gracias a las estrellas del cielo por ello.
Que Lilac se mudara con Beckett es la razón por la que he acabado con este sitio, ya que es su antiguo apartamento.
Le quedan seis meses de contrato y me preguntó si quería vivir en su apartamento el tiempo restante.
Por una vez, no pregunté si Elizabeth o Cassandra querían la oportunidad primero. No, la atrapé con ambas manos.
—¡Hooooola! —grita alguien.
—Tal vez ha llegado el comité de bienvenida —dice Elizabeth antes de salir disparada.
La sigo hasta la puerta principal, donde las mujeres mayores que conocí en la fiesta de compromiso la semana pasada están paradas en el umbral abierto. Hoy llevan camisetas de color rosa fucsia con las palabras Comité de bienvenida escritas en ellas. Deben de tener predilección por el rosa fucsia.
—Sí. —Elizabeth asiente—. Es el comité de bienvenida.
—Hora de las presentaciones —dice una mujer mientras entran en mi apartamento. Tengo que echarme a un lado antes de que me pase por encima.
—Soy Sage. Soy la líder del grupo. —Señala a la mujer que está a su lado—. Esta es Petal. Puedes acudir a ella para todas tus necesidades de velas sexis, ya que es la dueña de Sensual Scents.
¿Necesidades de velas sexis? ¿De qué está hablando? No tengo oportunidad de preguntar antes de que continúe con las presentaciones.
—Y esta es Feather. Si tienes alguna pregunta sobre libros sexis, ella es tu mujer. También es la dueña de la heladería, Feather’s Frozen Delights. Clove está de pie al lado de ella. Es la dueña de Clove’s Coffee Corner. Y, por último, Cayenne. Ella dirige Earth Bliss, el estudio de yoga.
Probablemente debería estar anotando esto. Nunca recordaré todos sus nombres.
—¿E-e-en qué puedo ayudaros?
¡Uf! Odio cuando tartamudeo, pero me están poniendo nerviosa porque han irrumpido en mi casa y se han puesto cómodas. ¿Os ofrezco algo de beber o os echo? ¿A quién pretendo engañar? Nunca echaría a nadie.
—Estamos aquí para hablar de tus pretendientes potenciales —anuncia Sage con una amplia sonrisa en el rostro.
¿Pretendientes potenciales? El rubor de mi tartamudeo desaparece y la sangre se me retira del rostro.
¿Seguro que no piensan que van a hacer de alcahuetas conmigo?
Sé que dijeron que son las mejores de la ciudad en esto de los emparejamientos, ¿pero no necesito aceptar que me hayan emparejado antes de que empiecen?
—Oh, oh. Sé que el rosa simboliza el amor y la amabilidad. No me di cuenta de que también simbolizaba ser una entrometida. —Los ojos de Elizabeth se agrandan cuando se da cuenta de lo que ha dicho y se tapa la boca con la mano.
Cassandra le da un golpe con la cadera. —No le hagáis caso. Es propensa a decir gilipolleces incómodas cuando está nerviosa.
—No te preocupes, querida. —Petal le da una palmadita a Elizabeth en la mano—. En realidad, preferimos el término entrometida.
—Pero luego nos dimos cuenta de que cotilla tiene un toque especial —añade Cayenne—. ¿No creéis?
Cuando todas fijan su atención en mí, fuerzo una sonrisa. —¿Sí?
—Ahora. —Sage saca un cuaderno de su bolso de gran tamaño—. Ya tengo la lista preparada para ti, Gabrielle. —Se sienta en el sofá y da palmaditas en el sitio a su lado—. Quizá deberías sentarte para esto.
Miro la puerta abierta. Desearía ser el tipo de persona que pudiera salir corriendo o decirles a estas mujeres que se larguen de mi casa, pero no lo soy.
Cassandra se da cuenta de hacia dónde estoy mirando y cierra la puerta de un portazo antes de dedicarme una sonrisa burlona.
¡Maldita sea! Esta mujer es una auténtica cizañera.
Nunca le diría esas palabras a la cara, pero ciertamente puedo pensarlas.
Y tal vez fantasear con que realmente las dije más tarde hoy, cuando repase esta conversación en mi mente una y otra vez.
Sage golpea el sitio a su lado. —Siéntate, Gabrielle.
Mi cuerpo obedece sin mi permiso y acabo con el trasero plantado en el sofá.
—Ya te he dicho que Phoenix es nuestra primera opción. Pero, si prefieres, tengo más nombres.
Me arquea una ceja y me encojo de hombros, ya que no confío en que mi boca hable sin tartamudear.
—Las otras posibilidades son River, Peace o Cedar.
—Estáis siendo ridículas —dice Lilac al entrar en el salón. Tiene el pelo hecho un desastre y los labios hinchados—. Cedar ni siquiera vive en Winter Falls.
—¿Os habéis echado un kiki en la cama de Gabrielle? —Cassandra levanta la mano como para chocar los cinco con Lilac. Cuando Lilac se limita a mirar su mano con el ceño fruncido, Feather se la choca.
—Esto es mejor que leer esos libros de romance sexi —dice Feather con una sonrisa en el rostro.
Alguien, por favor, pegadme un tiro ahora mismo. Mi hermano y su novia han tenido sexo en mi cama mientras yo estaba en la otra habitación con cinco señoras mayores que quieren buscarme novio. ¿Podría mi vida ser más vergonzosa?
—No necesitamos la lista. Gabrielle ya ha elegido a un hombre. —Elizabeth me guiña un ojo.
Escondo la cara entre las manos. Pide y se te dará.
—Bueno, ¿quién es? —pregunta Sage.
—Phoenix —responden Cassandra y Elizabeth al unísono.
Por esto necesito un lugar propio. Nunca les dije ni una palabra a mis hermanas sobre lo que siento por Phoenix, pero de alguna manera lo han descubierto. Tal vez si no estoy cerca de ellas todo el tiempo, pueda tener algo de privacidad.
—Este va a ser nuestro mayor desafío hasta ahora.
Miro entre mis dedos para ver quién ha hablado. Es Petal, la de las velas sexis, aunque todavía no he descifrado qué son las velas sexis. No creo que quiera saberlo.
Beckett gruñe. —No vais a hacer de alcahuetas con mi hermana y un criador de cabras.
—¡Oye! —Aparto las manos de mi cara para fulminarlo con la mirada—. ¿Qué tiene de malo un criador de cabras?
—¿Además de que él no quiere ser emparejado? —Ah, sí. Beckett estaba allí cuando Lyric les dijo a todos que Phoenix no quería ser emparejado. Se vuelve hacia Lilac—. ¿Sabes por qué?
Ella frunce el ceño. —Creo que sí lo sé, pero no estoy segura de si tengo libertad para decíroslo.
No hace falta que rompa cualquier promesa que haya hecho. Sé por qué Phoenix no quiere ser emparejado. Sigue enamorado de ella. Sea quien sea ella. Él no me quiere de todas formas. Soy demasiado «agradable» y «blanda».
—Está bien, Lilac. No necesito saberlo. —O más bien, preferiría no volver a oír nunca más delante de mí que Phoenix está enamorado de otra mujer.
—Pues yo sí —insiste Cassandra—. Quiero todos los detalles morbosos.
Lilac frunce el ceño. —Los detalles no pueden estar sucios.
Lilac tiene tendencia a interpretar todo literalmente. A Cassandra eso la saca de sus casillas, pero a mí me parece divertido. Para ser sincera, si le molesta a Cassandra, a mí me divierte. Aunque no encuentro nada divertido en esta conversación.
Sage cierra su cuaderno de un golpe y se levanta. —Parece que tenemos trabajo por hacer.
Sale contoneándose del apartamento con un saludo y el resto del grupo la sigue en fila.
—¿Qué acaba de pasar? —pregunto mientras miro la puerta por la que se han ido.
—Creo que has sido aceptada oficialmente en Winter Falls —dice Lilac.
Mis ojos se agrandan. —¿Ah, sí?
—Sin embargo, tal vez quieras mantenerte alejada de las cotillas. Pueden ser bastante entrometidas.
—A mí me parecen increíbles.
Pongo los ojos en blanco ante Cassandra.
Tenía que parecerle que son increíbles. No me sorprendería que pidiera unirse a sus filas.
Puede que piense que el amor es para los tontos, pero mi hermana vive para entrometerse en la vida de los demás.
¿O tal vez se limita a entrometerse en la vida de sus hermanas?
En cualquier caso, voy a seguir el consejo de Lilac y me mantendré fuera del camino de las cotillas. Dan más miedo que Cassandra cuando está en pie de guerra.