Capítulo Once
LENA
Ha pasado poco más de una hora, pero aun así lo conseguimos. Llegaron las batas. Las flores de azúcar sobrevivieron. Las velas están donde deben estar. Las cajas están arregladas. El sistema de sonido reproduce música en vez de humo.
Según cualquier criterio razonable, la salida en busca de suministros ha sido un éxito.
Según el mío, también es un problema, porque casi dos horas en el auto de Logan han hecho que me resulte más difícil descartarlo. Me hizo caso cuando se lo pedí. No estuvo de acuerdo, pero tampoco intentó tomar el control.
Para cuando empieza el ensayo, funciono a base de café, adrenalina y la profunda incomodidad de saber que Logan no está haciendo nada raro. Bueno, nada más raro de lo que ya es todo entre nosotros.
El ensayo es un caos, pero soportable.
El hotel insiste en que hagamos el recorrido de prueba bajo techo porque el jardín está demasiado mojado para ensayar allí. A los siete minutos, el trayecto más corto entra en conflicto con los tiempos previstos.
El pasillo es más corto, así que la música terminaría treinta segundos después de que Sienna llegara junto a Bennett.
Stefano, uno de los acompañantes del novio, sugiere que ella «camine con más lentitud emocional».
La tía Celeste afirma que nunca se debe pedir a una novia que avance despacio durante una tormenta porque eso sería tentar al destino.
Bennett hace un chiste sobre correr a toda velocidad hasta el altar. Sienna no se ríe.
—Sigues haciendo bromas —dice en voz baja—. No sé si te importa que el mal tiempo pueda cambiarlo todo.
El salón queda en silencio a su alrededor.
La sonrisa de Bennett desaparece. —Sí me importa.
Mira el jardín mojado a través de los ventanales del salón de baile. —Odio que tal vez no sea lo que imaginabas. Pero también quiero que estés dentro, donde tu vestido no se arrastre por el barro. Hago bromas porque, si admito que yo también estoy decepcionado, creo que te sentirás culpable.
La expresión de Sienna se suaviza. —No necesito que intentes ahorrarme la decepción.
—Lo sé. —Le toma la mano—. Lo siento.
Ella le aprieta los dedos. —Gracias.
Entonces mira a Dennis. —Caminaremos a una velocidad humana normal. Haz que la canción empiece más tarde.
Dennis asiente como si esa posibilidad hubiera alterado su concepción de la música. El ensayo continúa.
Ver cómo Sienna y Bennett arreglan las cosas me deja intranquila. Nadie ganó. Nadie se marchó. Nadie los castigó por ser sinceros en público.
Logan está junto al arco con una mano en el bolsillo. Me descubre mirando a la pareja y después me observa con esa paciencia silenciosa que cada vez me cuesta más resistir.
Stefano se coloca dos veces en el lado equivocado. La tía Celeste llora durante un recorrido de práctica. Bennett sigue haciendo reír a Sienna cuando está claro que ella intenta seguir estresada, lo cual es de muy mala educación por su parte, pero funciona.
Antes de la cena, el cortejo nupcial dispone de veinte minutos para cambiarse y respirar.
Dedico doce de esos minutos a revisar la distribución de mesas y los otros ocho a fingir que no estoy esperando que Logan me hable.
Me encuentra cerca de las puertas del comedor privado, con las tarjetas con los nombres que rescatamos de la impresora de la oficina de ventas.
—¿Todo en orden alfabético? —pregunta.
—Por mesa y restricción alimentaria.
—El romanticismo sigue vivo.
Lo miro. —Gracias por lo de hoy.
Su expresión se inmoviliza.
—Los recados —aclaro—. Y lo de la carretera.
—De nada. —Me dedica una sonrisa cálida que me provoca un revoloteo en el estómago.
—Lo que dije antes de que nos interrumpiera la gerencia iba en serio —le digo—. Estaba equivocada.
Apoya un hombro en el marco de la puerta. —Te creo.
Una dama de honor abre la puerta del comedor desde el otro lado y casi lo golpea con ella. El momento se esfuma.
—Deberíamos entrar —dice. Se refiere a la cena.
—Sí. —Asiento y fuerzo una sonrisa.
El comedor privado está caluroso y demasiado ruidoso. No dejan de llegar platos. No dejan de llenarse copas. Sienna por fin parece feliz, lo cual debería relajarme, pero, por lo visto, mi cuerpo ha olvidado cómo hacerlo.
Logan hace un brindis breve después del padre de Bennett.
Es divertido. Sencillo. Sin excesos. Habla de lo imposible que era avergonzar a Bennett hasta que apareció Sienna y de que todos supieron que ella era diferente porque Bennett empezó a revisar el teléfono como un adolescente.
La gente se ríe. Sienna se pasa un dedo bajo un ojo.
Bennett manda callar a Logan, pero sonríe.
Bajo la mirada hacia mi plato y me digo que no me afecta.
Funciona durante casi cuatro segundos.
Para cuando llega el postre, la cena casi ha terminado. La gente se levanta de sus asientos, se acerca al bar y charla en pequeños grupos.
Me pongo de pie para ayudar a Sienna a recoger las tarjetas con los nombres que han sobrado de la mesa de bienvenida.
Entonces veo a Marina. Está junto a Logan en el bar. Otra vez.
Se ríe. Con una mano sostiene la copa; la otra descansa sobre el brazo de Logan. Él no coquetea con ella. Lo veo. Responde a algo que dice con educación y brevedad. Tiene el cuerpo vuelto hacia el lado contrario, no hacia ella. No está haciendo nada malo.
Me digo que no importa. Aunque se acueste con ella, ¿a quién le importa?
Pero a mí sí. Me importa muchísimo. Y odio que así sea.
Marina dice algo más y le sonríe. Logan levanta la vista. Me ve.
Lo primero que cambia es su expresión, como si supiera exactamente lo que estoy pensando. Se me calienta la cara.
Sienna me toca el codo. —¿Lena?
—Necesito un minuto.
—¿Qué?
—Estoy bien. Solo necesito aire.
Dejo las tarjetas sobrantes antes de que acabe doblándolas por la mitad y salgo deprisa del comedor.
Llego a la puerta del baño con el corazón demasiado acelerado.
Ya no son solo los celos los que me impulsan. También está la posibilidad de haberlo entendido todo mal, en todos los sentidos. Puede que Logan me deseara y que yo le importara un poco, pero quizá soy demasiado complicada como para que luche por mí.
Marina es hermosa. Estar con ella es más fácil. Y es evidente que está interesada.
—A veces eres demasiado difícil —me decía Trevor siempre que intentaba explicarme.
Tal vez la conexión entre nosotros solo existe en mi imaginación.