Un corazón indomable (Silver Pines 2) Epílogo
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Epílogo

Ivy

Nueve años después

—Y no tengas miedo de enderezar a Scarlett al aproximarte. Tú mandas, peque, y asegúrate de que tu casco esté bien ajustado. Que mamá te lo revise.

—Lo sé, papá. Lo tengo todo controlado —le asegura Billi mientras termino de trenzarle su pelo largo y del color del bronce.

—Conoces el recorrido, no te pongas nerviosa —la anima, aunque parece que el que está nervioso es él.

Sonrío y contengo una carcajada. Wade se lo habrá repetido unas diez veces en lo que va de día, pero ella lo escucha como si fuera la primera vez porque es una auténtica niña de papá. De hecho, es su única niña.

—¿De qué te ríes tanto, Lianta? —pregunta él cuando le ato la trenza con un coletero.

—Ve a buscar tu casco para que papá vea cómo lo revisamos —le pido a Billi —. Y coge un par de pañales cuando bajes.

Me planto frente a Wade para rodearle los hombros con los brazos y le acaricio la nuca con los dedos.

—Dime una cosa… ¿Te han dicho alguna vez que eres un mandón, Wade Ashby ?

—Se me ocurren unas cuantas veces, sí —responde y luego se inclina hacia mí—. Y algunas veces no te ha importado que lo sea.

Me ruborizo, aunque hayan pasado diez años y tengamos tres hijos. Me besa la frente y se agacha para coger a nuestro hijo de once meses, River , de su trona.

—Deje de hablar así, señor Ashby , que hoy no podemos llegar tarde. La primera competición de salto de una chica es algo muy importante.

Wade gruñe.

—Ojalá hubiera escogido algo un poquito menos peligroso.

Me río al mismo tiempo que guardo las cosas de River en la bolsa y meto algunos juguetes y algo de comer para nuestro hijo de cinco años, Wyatt .

Dios sabe todo lo que se necesita para mantener entretenido a ese niño.

No puede estarse quieto ni treinta segundos, así que Wade se pasa el día persiguiéndolo por el rancho.

Veinte minutos después, ya vamos apurados porque es imposible controlar el tiempo con tres hijos.

—Venga, familia, que aún tenemos que recoger a la abuela de su cabaña —digo, y los voy empujando hacia la puerta para que se pongan los zapatos.

Este otoño hará diez años que mi madre está sobria y todavía vive en el rancho. Hasta ha conocido a un buen hombre, el dueño de la ferretería del pueblo, y ha vuelto a tejer, y ahora vende mantas personalizadas para sacarse un dinero extra.

Recuperar a mi madre ha sido el mejor regalo. Mamá Jo y ella son las mejores abuelas que podíamos pedir para nuestros hijos y se han hecho muy buenas amigas.

Salimos de la casa que construimos el verano en que Billi cumplió cuatro años.

Cuando descubrimos que estábamos esperando a Wyatt , supimos que la cabaña Bluegrass se nos quedaría pequeña, así que despejamos media hectárea cerca del río y construimos una casa modesta de cuatro habitaciones.

Después, cuando Wyatt tenía dos años, por fin nos casamos junto al río y frente a todos nuestros seres queridos.

En el otro extremo del río, dentro de la propiedad de Silver Pines , se alzan las cabañas para huéspedes que Wade mandó construir hace cinco años para las escapadas de fin de semana y los campamentos de integración de equipos.

No sé cómo hemos conseguido hacerlo todo sin volvernos locos durante estos últimos años.

Después de que Angel’s Wings quedara quinta en el derbi, lo intentamos de nuevo al año siguiente con un descendiente directo de Rising River , el caballo del padre de Wade , y quedamos en segundo lugar.

Los sueños del derbi dieron paso a los sueños de Wade de añadir una zona de hostelería en Silver Pines y yo estuve algunos años trabajando en el refugio para mujeres víctimas de abuso del pueblo con la esperanza de ayudar a alguien que compartiera mi historia.

Hay momentos en los que se me viene todo encima y me agobio, pero la mayoría del tiempo me siento muy feliz, sobre todo hoy, cuando Billi se dirige a su primera competición Sub-10 de la temporada.

Por supuesto, toda la familia Ashby estará allí para apoyarla y animarla.

El trayecto de Silver Pines a Almost Heaven Farms, situado en Midway, Kentucky , nos lleva alrededor de una hora, durante la cual mi madre les lee cuentos a los dos más pequeños en la parte trasera de nuestro coche.

Cuando llegamos y conseguimos bajar del vehículo, a la primera que veo es a CeCe , que lleva a dos de los tres pequeños Carter de la mano y carga al tercero en una mochila de porteo.

Ruby y Billi se juntan en cuanto se ven.

Como solo se llevan un año, siempre han sido como hermanas.

Ambas salen casi corriendo en busca de Scarlett .

El callado y curioso Rex, de tres años, camina detrás de CeCe y va arrancando briznas de hierba bajo el precioso sol de Kentucky .

—¿Qué tal la experiencia de sacar a toda la tropa de casa tan temprano? —pregunta CeCe con una sonrisa cuando me acerco y acaricio la cabecita rubia de la pequeña Rourie, de seis meses. Está acurrucada contra el pecho de su madre, completamente ajena al mundo exterior y duerme como si nada.

—Seguro que igual que la vuestra —contesto con una sonrisa.

—Un caos total —exclamamos al mismo tiempo y soltamos una carcajada.

Como Rex va caminando a trompicones delante de nosotras, avanzamos despacio hacia la zona de asientos junto a la barandilla, donde toda la familia espera a que empiece la competición.

—Hace tanto calor que podría freír un huevo en la acera —dice el abuelo Dean cuando nos sentamos.

Le paso a River , su pequeñín. Por alguna razón, el hombre de ochenta y siete años y nuestro bebé de casi un año tienen un vínculo especial.

River se ríe encantado cuando su bisabuelo lo hace botar en sus rodillas.

Nunca entenderé cómo es posible que este señor se conserve tan bien.

Wade está convencido de que nos va a enterrar a todos.

—Yayo, no puedes freír un huevo en la acera —lo desafía Wyatt , como si acabara de escuchar la mayor tontería del mundo.

—No lo pongas a prueba porque te lo demostrará y luego vas a tener que limpiar el huevo del suelo, hazme caso —le asegura Cole con una sonrisa.

—¿Lo dices en serio, tío Cole ?

—Es cierto, yo lo vi —añade Nash mientras coge a Rex en brazos.

—Un año que hizo muchísimo calor, se fue la luz y pusimos una sartén de hierro en la carretera para preparar el desayuno —le dice Wade a Wyatt .

Lo miro con una sonrisa y las diminutas canas entre sus mechones oscuros brillan bajo el sol veraniego. No entiendo cómo es posible que, diez años después, sea aún más atractivo que antes.

—¡Guau! ¿Podemos probarlo mañana? —pregunta Wyatt .

Jo levanta la vista, lo que hace que su conversación con mi madre y Olivia se detenga, para regañarlos y advertirles que ella «no piensa limpiar ese estropicio».

El novio de Mabel deja de prestarle atención durante tres segundos de reloj para decir que él llevará el beicon. Cole gruñe porque todavía no ha aceptado que Mabel ha empezado a salir con el quarterback de su instituto.

Pongo los ojos en blanco cuando los cuatro hombres se miran, se encogen de hombros y exclaman a la vez:

—¡Vale!

—Hombres —articula Mamá Jo cuando me mira por encima de sus cabezas.

Le sonrío. Sí, hombres. En concreto, los hombres Ashby , que siempre andan metidos en líos.

La competición empieza y hacemos todo lo posible por prestar atención mientras que cada uno lidia con sus respectivos hijos. Nos los vamos pasando de unos a otros, charlando y riendo, hasta que finalmente anuncian el nombre de Billi .

—Vamos, cariño, tienes las botas de la suerte contigo. ¡Llévalas con orgullo! —grita Ginger hacia Billi , que sonríe desde lo alto de Scarlett .

Ginger golpea el suelo con la punta de sus botas de color marfil y, dentro del corral, Billi hace lo mismo con las botas de equitación que Ginger le compró a juego con las suyas. A continuación, levanta los pulgares.

Me quedo de pie al lado de Wade y vemos cómo nuestra hija empieza su recorrido. Tiene una preciosa mueca de concentración en la cara al montar y completa sus saltos con una precisión perfecta.

—¡Sí, pequeña! Esa es mi niña —murmura Wade cuando Billi supera el salto más difícil como si fuera el pan de cada día. Cuando sale del corral al terminar su ronda, nos sonríe desde su montura y el corazón me estalla en el pecho.

—Es tan apasionada como su madre —me susurra Wade al oído cuando se inclina hacia mí.

Alzo la vista y sonrío al amor de mi vida.

—Y terca como su padre —añado.

Me da un beso demasiado largo que no es apto para un evento familiar.

—Humm, joder, qué bien hueles. ¿Cuántas horas nos quedan para que estemos a solas, cielo? —murmura.

—Demasiadas, pero… me ha parecido ver un armario en el pabellón principal —sugiero y señalo el edificio principal de la granja justo cuando me roza la mejilla con los labios.

—No me tientes, Lianta —gruñe con un tono de voz profundo en mi oído.

—Sabes que no te costará nada convencerme. Si no puedes esperar ni un segundo más, solo tienes que suplicarme —afirmo con la sonrisa más dulce del mundo.

Wade se ríe, como si jamás fuera a acceder a ello, pero siento su necesidad cuando me aprieta la cintura.

Se me acelera el corazón al sentir su tacto. Acerca sus labios a los míos y, justo antes de que me bese, susurra:

—Te lo suplico.

FIN… MÁS O MENOS

¿De verdad creíais que insinuaría algo asísin daros nada a cambio?

Wade se lo lleva todo, capítulo adicional

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