Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 62
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Capítulo 62

Wade

Yo: Necesito que todos vengáis a cenar a la casa principal esta noche. Tengo algo que anunciar.

Nash : ¿No se te ha pasado por la cabeza que, a lo mejor, estamos ocupados?

Yo: Es importante y tú solo tienes cuatro sitios en los que puedes estar: el rancho, el bar, el Olympia o detrás de mi hermana como un cachorrito faldero.

Cole : Ahí estaré, pero Mabes no vendrá porque Gemma ha aparecido hoy… por segunda semana consecutiva. Es un puto milagro.

Nash : Puede que siga a tu hermana a todas partes, pero no soy ningún «cachorrito», soy un perro grande y fuerte, como un pastor alemán.

Yo: Lo que tú digas, colega.

Cole : ¿Se supone que tenemos que hacernos los sorprendidos cuando nos digas que lo tuyo con tu entrenadora va en serio?

Yo: No es por eso por lo que quiero que nos reunamos. Esperad un poco, coño.

Sonrío. Creen que lo saben todo, pero esta vez sí que los voy a sorprender.

Nash : ¿Acaba de admitir que van en serio?

Cole : Por fin, cojones.

Nash : Ya era hora, eh.

Yo: En esta familia se nos permite tener privacidad, deberíais probarla alguna vez. No hace falta que escriba en la puta pared del rancho con quién me acuesto al final del día.

CeCe : Uy, me encantan los anuncios. Ahí estaremos. Salgo en nada de la oficina.

CeCe : @ Nash , te quiero, cariño, pero sí que me sigues como un cachorrito. Lo siento, pero es la verdad.

Yo: ¿Ves?

Nash : Un cachorrito de pastor alemán. Uno agresivo.

CeCe : Sí, pues claro, cariño.

Nash : Salvaje e indomable.

CeCe : El más salvaje de todos.

Yo: Como siempre, esta conversación se ha desviado del tema.

Nash : ¿ Wade ?

Yo: Me voy a arrepentir de esto, pero… ¿qué?

Nash : ¿Recuerdas cuando me dijiste que te pegara un tiro si alguna vez una mujer te ataba así?

Yo: Que te den por culo.

Nash : No hace falta ser tan hostil, hombre. Solo quería darte la bienvenida al club. 🙂

Me guardo el teléfono en el bolsillo y me dirijo a mi habitación, donde Ivy está terminando de hablar por teléfono con su madre.

Ya lleva dos semanas y media en rehabilitación y, al parecer, le está yendo de maravilla: «El tratamiento le está viniendo de perlas», fueron las palabras exactas de la coordinadora.

Por la forma en que Ivy llora, deduzco que acaba de darle la noticia sobre nuestra habichuela.

Acaban de hacerle la ecografía de las doce semanas y todo va viento en popa, como dijo el nuevo médico de Ivy .

Hemos estado haciendo espacio en mi cabaña para todas sus cosas, que tampoco son muchas, solo lo que se trajo a Silver Pines .

Cuelga el teléfono y se suena la nariz.

—Estos días no paro de llorar… sobre todo cuando… Wade , ya lo sé.

La miro y le limpio una lágrima de la mejilla con el dedo, sin tener ni idea de qué está hablando, pero eso suele ser la tónica general cuando empieza a divagar.

—¿Ya lo sabes? —pregunto según cojo mis llaves del tocador y me las meto en el bolsillo.

—Lo sé. Le pedí a mi madre que consiguiera el nombre del programa de donantes que le ha financiado el tratamiento para poder enviarles una nota de agradecimiento —me explica cuando me coloco delante de ella y le doy un beso en la coronilla.

«Mierda». No quería que se enterara.

Le aparto el pelo del hombro y le acaricio la mejilla con el pulgar. Ella levanta la vista hacia mí.

—Le he pillado con las manos en la masa, señor Ashby —se mofa con una mirada de complicidad—. ¿Fundación Angel’s Wings ?

Asiento con la cabeza.

—Sí. Técnicamente la creó el rancho y no lo hicimos solos. Nash también ayudó. Cuando le conté que pensaba hacerlo, quiso participar en el proyecto. En cuanto al nombre… aparte de que parecía el más apropiado, no tuvimos mucho tiempo para pensarlo.

—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunta, aunque no parece molesta.

—¿Lo habrías aceptado? ¿O me habrías dicho que podías encargarte tú sola?

Entrecierra un poco los ojos, pero luego esboza una sonrisa preciosa.

—Te crees que me conoces muy bien, ¿eh?

Suelto una carcajada y le levanto la barbilla con un dedo para besarla en los labios.

Cuando la abrazo, siento la pequeña curva de su vientre contra mi abdomen.

Nunca he visto nada más hermoso que ella, con esas mejillas sonrosadas y el vientre cada vez más grande a medida que mi hijo crece en su interior.

La miro, plenamente consciente de que aún tengo otro secreto, y le acaricio el pómulo con los nudillos.

—Tengo noticias para ti, Lianta: te conozco. Y ahora es una fundación legítima que ayudará a más personas que están en la misma situación que tu madre durante muchos años.

—Muchísimas gracias —dice y me abraza—. Gracias por cuidar de mi familia, Wade .

—Tu madre también es ahora mi familia. —La beso de nuevo porque nunca me canso de hacerlo. Justo en ese momento, me vibra el teléfono y, cuando lo saco para echarle un vistazo, suelto un suspiro—. ¿Lista? Todo el mundo está de camino.

Ella me devuelve el beso y respira hondo.

—Vamos allá. Llegó la hora de la verdad, Jefe.

—Me debes veinte dólares. — Nash le dedica una sonrisa burlona a Cole mientras los demás gritan por nuestra noticia.

Ginger se levanta de golpe, chilla de emoción y abraza a Ivy .

—Una pequeña versión gruñona de Wade … ¡Qué ganas de verla! ¿Creéis que nacerá con cara de pocos amigos? —pregunta.

La miro con el ceño fruncido, irritado.

—¡Sí, justo así! ¡Mira esta cara, Ivy ! — Ginger me enmarca el rostro con los dedos desde su altura—. Esto es lo que vas a parir en exactamente seis meses. —Se ríe y me da un codazo.

—Felicidades, papá Wade —dice Olivia con una sonrisa.

—¡Qué ganas de ser tía otra vez! —exclama CeCe mientras me abraza.

La rodeo con los brazos. Estoy maravillado por cómo las cosas pueden cambiar en un año. Ambos somos felices tras empezar de cero.

—El amor te sienta bien, Sargento —comenta Nash cuando se pone al lado de CeCe .

—Lo mismo digo —respondo y le doy un tirón a la coleta de mi hermana—. Ahora solo falta que el señor donjuán siente la cabeza.

Los dos miramos a Cole , que está abrazando a Ivy mientras le da la enhorabuena.

—Ni en nuestros mejores sueños. — CeCe se ríe y niega con la cabeza.

— Mabel va a ser una niñera fantástica, eso os lo aseguro —afirma Cole cuando se acerca a mí. Me da la mano y acaba tirando de mí para darme un abrazo.

Mi madre es la siguiente.

—¿Otra vocecita que me llame «abuela»? Es lo mejor del mundo —dice según me abraza. Me coge el rostro con las manos y me mira a los ojos—. Tu padre estaría muy contento de que hayas encontrado a tu persona. —Luego se inclina y susurra—: Te dije que algún día tus niños corretearían por el lago.

—O niñas… pero sí, lo dijiste —contesto con una sonrisa.

—Siempre tengo razón. —Me guiña un ojo y se dirige a la cocina en busca de una botella de champán y de un pastel para celebrarlo.

—Y nos lo recuerdas siempre que puedes, mamá —le grita Cole al mismo tiempo que ella se aleja.

—Tú eres el siguiente. — CeCe señala a Cole y él resopla.

—Ya tengo a la única chica que necesito, mi Mabes .

—Y tienes a todo Lexington —añade Ginger y se ríe por lo bajo.

Todos los presentes se giran para mirarla.

—¿Qué? Solo digo que es difícil renunciar a toda una ciudad —responde Ginger con inocencia.

—¿Celosa? —pregunta Cole con una sonrisa. Se pone la gorra del revés, se sienta en la silla y se reclina con los brazos cruzados sobre el pecho.

Ginger se queda callada un momento y acaba contestando con más intensidad de la necesaria:

— Cállate la boca, Cole Ashby . Soy una dama. —Se cruza de brazos con los ojos clavados en él.

—Va a ser lo mejor porque él mismo me ha contado que le das un poco de miedo —suelta Nash con una sonrisa.

Cole le lanza una mirada asesina, así que meto más cizaña:

—Es totalmente verídico, no hay duda de que le das miedo.

—Que os den por culo a los dos —gruñe Cole .

—Por supuesto que debería tenerme miedo —dice Ginger al mismo tiempo.

—Solo tengo una pregunta —interviene el abuelo desde el otro lado de la habitación.

Todos nos giramos hacia él.

—¿Alguien ha informado a Wade de que ya no es el jefe? Porque si no, quiero ser yo quien lo haga.

—Sigo siendo el jefe —respondo de inmediato con toda la confianza del mundo, lo cual hace que mi familia estalle en carcajadas.

Miro a Ivy , que se está riendo con ellos.

—¿De verdad lo eres? —pregunta mientras se muerde el labio inferior.

—Puedes ser la jefa de vez en cuando —le susurro al oído como si no estuviera totalmente hechizado por ella. Que sí que lo estoy, cada minuto de cada día.

—Lo que tú digas, campeón —responde entre risas y con los pulgares en alto.

Sí, definitivamente ya es parte de esta puñetera familia y no me molesta en lo más mínimo.

—Ven conmigo, nos vamos ya —le murmuro a Ivy al oído cuando la cena se ha acabado y le ha dado las gracias a Nash por décima vez por ayudar a su madre.

—Tengo que ayudar a limpiar.

—No, no hace falta. He jugado la carta del embarazo: estás cansada y ha sido un día muy largo.

Ivy sonríe y se coloca una mano en la cadera con aire desafiante.

—No tengo ninguna intención de jugar la carta del embarazo. No me importa limpiar.

—Lo sé, pero tengo una sorpresa para ti y tengo que asegurarme de que te corras al menos un par de veces antes de que me mandes a la cocina a prepararte el helado que se os antoje a la habichuela y a ti esta noche.

Ivy sonríe y esa sonrisa hace que mi puta alma resplandezca.

—En eso tienes razón —admite y se encoge de hombros con una risita.

Sé que he despertado su curiosidad porque le brillan los ojos de emoción.

—¿Tengo que cambiarme de ropa antes de que vayamos a la sorpresa? —Echa un vistazo a sus mallas y su sudadera.

Niego con la cabeza.

—No, no está muy lejos. —Me río.

— Wade Ashby , ¿qué estás tramando? —pregunta mientras le coloco los zapatos frente a sus pies.

—Déjate llevar y ven conmigo, Lianta —la insto y la guío hacia la puerta con la esperanza de que siempre quiera seguirme.