Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 61
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Capítulo 61

Ivy

—Quédate quieto. Si sigues toqueteándome, te va a quedar desigual —le advierto.

—Vale la pena —contesta Wade sin inmutarse lo más mínimo. Luego desliza las manos por la parte trasera de mis vaqueros.

No es la mejor idea cuando estoy inclinada sobre él con unas tijeras en la mano. Me agacho, lo beso en los labios y sonrío.

—Fuiste tú quien me pidió que te cortara el pelo, ¿te acuerdas? Porque querías «parecer un padre» —repito sus palabras de esta mañana, cuando volvió a nuestra habitación de hotel en Florida con unas tijeras y un peine e insistió en que tenía que cortarle el pelo.

—Sí, pero, me cago en todo, eso fue antes de que te plantaras delante de mí con tu culo al alcance de mis manos y tus tetas perfectas pegadas a mi cara —gruñe como si fuese una tortura, lo cual me hace volver a sonreír.

—Qué avaricioso eres, Jefe —me burlo al mismo tiempo que niego con la cabeza.

—Por ti, siempre —murmura y acerca peligrosamente sus labios a mis pechos a través de la camiseta.

—Tenemos que salir para la pista en media hora. Si quieres que te corte el pelo, deja de intentar desnudarme —lo regaño.

Wade carraspea y se endereza, tieso como una estatua.

Parece una escultura de un dios griego según paso los dedos por sus mechones ondulados y desordenados, seguidos del peine y de las tijeras.

Mentiría si dijera que no me tienta, con su barba recién afeitada y ese olor que me vuelve loca tan cerca de mis labios.

Es tan irresistible que me cuesta horrores no subirme a su regazo, pero si lo hago, va a terminar con el pelo desigualado justo antes del momento más importante de la carrera de Ángel.

El comienzo de su carrera, para ser precisos.

—Vale, me portaré bien. Pero si lo consigo, significa que luego me puedo comportar como un puto demonio cuando Ángel consiga su certificado de cajón. En cuanto entremos por esta puerta. ¿Trato hecho?

Me río cuando desliza la mano por la cara interna de mi muslo para tentarme aún más.

—Trato hecho…

—Respira —me insta Wade noventa minutos después y una descarga me recorre el cuerpo cuando me frota el hombro; es lo que me pasa cada vez que me toca.

Lo miro y sonrío.

—Lo sé, es que estoy acojonada —confieso. Muevo los pies, que están a buen resguardo dentro de las botas de Ginger , y levanto polvo bajo el sol de Sarasota .

Esta pista no se parece a ninguna que haya visto en el mundo de las carreras profesionales de caballos.

Es un circuito de prácticas que fue diseñado para ser una copia exacta de una pista de carreras.

No han escatimado en detalles porque los dueños y entrenadores no quieren sorpresas la primera vez que sus caballos salen a correr.

El Centro de Entrenamiento de los Hermanos McKechnie es un referente y si no lo supiera, juraría que estoy en una carrera de verdad.

Angel’s Wings ha tenido dos entrenamientos cronometrados en los últimos tres días y ha rozado sus mejores tiempos.

Su mejor marca ha sido de ochocientos metros en cincuenta y cuatro segundos.

Los últimos dos días han sido una locura.

He estado distraída porque intentaba procesar todo: el embarazo, nuestro futuro, mi pasado…

Por suerte, el equipo que Wade me proporcionó para que me ayudara con los entrenamientos durante estos últimos tres meses me ha cuidado las espaldas y ha hecho un trabajo impecable de cara a esta carrera.

Todavía no me he hecho a la idea de que voy a ser madre, pero esta noticia ha venido acompañada de mucha introspección.

En cuanto vi a mi habichuela moverse dentro de mí, supe que había vivido engañada.

Llámalo intuición maternal. Durante tres años, pensé que nunca podría tener esto.

Creí ciegamente al médico de Brad y acepté lo que me dijo como si fuera la verdad absoluta.

Enterarme de que nuestro bebé tiene las mismas posibilidades que cualquier otro de vivir en este mundo ha sido la mejor noticia que he podido recibir en la vida.

Aun así, sentí que debía pasar por el duelo de todos esos años en los que perdí la esperanza y por el futuro que no supe que podía tener.

Un futuro que ahora es una posibilidad real gracias al hombre tan increíble que está a mi lado.

El mismo que ahora me mira con una sonrisa llena de confianza.

—No tienes por qué estar nerviosa. Lianta, la has entrenado bien y lo va a hacer genial, así que vamos a disfrutar de la carrera.

—Frunce el ceño y, a continuación, me susurra al oído—: Y camina a mi lado, porque como siga viendo tu culo en ese vestidito, voy a arrastrarte a un pasillo antes de que empiece la carrera.

Sus palabras me encienden al instante. Ya hace calor en Florida y es un alivio poder ponerme mis vestidos veraniegos, aunque sea durante un par de días, en comparación con el frío de febrero en Kentucky .

Wade no ayuda a que me refresque cuando me lanza esa mirada cargada de deseo. Nunca me cansaré de que me mire así.

Justo cuando llegamos al área de preparación, aparecen Rowan y Ángel mientras el locutor habla del linaje de Ángel, de sus estadísticas y me menciona como su entrenadora. Me tomo un momento para saludarla y acariciarla, para conectar con ella en medio del caos y decirle:

—Puedes hacerlo, pequeña.

Rowan nos saluda con un asentimiento de cabeza y con los ojos oscuros tan brillantes y alegres como siempre.

—Estamos preparadísimos para esto. Enseguida os traemos esa certificación de cajón. —Nos guiña un ojo y le devuelvo la sonrisa, aunque siento que voy a vomitar.

Wade se ríe a mi lado.

—Venga, mamá, vamos a sentarnos. No puedes hacer nada por ella aquí abajo.

Asiento con la cabeza y lo sigo hacia los palcos de los propietarios al mismo tiempo que voy contando mis respiraciones.

En cuanto nos sentamos, la voz del locutor resuena por los altavoces.

Habla de los caballos que compiten, de sus aspiraciones y de las victorias de sus antepasados mientras los evaluadores, los asistentes y el veterinario revisan a Ángel y a Rowan , así como el equipo de ambos.

Todos apuntan en sus cuadernos las notas que decidirán el destino de mi niña.

Los minutos transcurren a cámara lenta hasta que veo cómo el evaluador levanta el pulgar hacia el encargado del registro.

Suelto un pequeño grito mental de alegría y Wade coloca su enorme mano sobre mi muslo.

Hasta aquí, todo bien. Lo único que tiene que hacer ahora es salir disparada cuando se abran las compuertas y lo demás será pan comido.

Un silencio ensordecedor se apodera de la multitud cuando los caballos se preparan.

Cierro los ojos y espero al sonido de la campana.

En cuanto lo oigo, los abro de golpe y veo cómo las compuertas se abren de par en par.

Justo como la he entrenado, Ángel sale disparada como alma que lleva el diablo.

—¡Y arranca el Simulacro Trimestral de los Hermanos McKechnie !

—anuncia el locutor y aprieto la mano de Wade con tanta fuerza que se me ponen los nudillos blancos—.

El candidato favorito, Cosmic Pines , se posiciona en el centro.

Maine’s Footprint tropieza y aquí viene la debutante, Angel’s Wings , que avanza hacia Cosmic Pines .

Este último se mantiene junto a Next Level en el carril interior.

—En serio, voy a vomitar —digo al aire y Wade suelta otra carcajada. Aparta la mano de mi muslo para frotarme la espalda.

—Me cago en la puta, eres tan adorable cuando estás nerviosa.

— Angel’s Wings amenaza por el interior. Cosmic Pines toma la delantera al encarar la primera curva.

El locutor anuncia que Ángel está casi a la misma altura que el otro caballo.

—¡Sí, cariño! ¡Vamos! —grito.

— Maine’s Footprint está en tercer lugar y el favorito, Cosmic Pines , se mantiene entre Angel’s Wings y Next Level mientras avanzan hacia el poste de los ochocientos metros.

Los caballos están en perfecta sincronización cuando toman la curva.

—Ahora, Ro, ahora —murmuro.

Veo que Rowan cambia su peso y le da a Ángel la señal que hemos practicado una y otra vez en el momento exacto. Observo cómo se impulsa en la curva y cambia de apoyo.

—Vamos, vamos, pequeña —susurro y levanto el puño cuando Ángel y Rowan empiezan a ganar terreno. Después grito porque me es imposible contener tanta emoción.

— Angel’s Wings toma la delantera mientras que Cosmic Pines se acerca al poste de los cuatrocientos metros y se abre hacia el exterior.

Footprint se queda atrás, a pesar de su esfuerzo inicial, y el resto se aproxima a la recta final.

Angel’s Wings va al frente tras recorrer mil doscientos metros en apenas un minuto.

Observo la pista sin ni siquiera respirar.

—Te estás poniendo azul. Tienes que respirar, cielo —me susurra Wade al oído.

Cierto, es verdad. Suelto el aire de golpe y asiento sin decir nada.

— Angel’s Wings le saca dos cuerpos a Cosmic Pines y carga con fuerza por el exterior…

Todo se vuelve borroso.

— Angel’s Wings sigue abriéndose paso. Están entrando en los últimos cien metros, con Footprint en la retaguardia —exclama el locutor, cada vez más entusiasmado según llegan los segundos finales de la carrera—.

¡ Angel’s Wings se mantiene al frente, Cosmic Pines pasa al tercer puesto y…

ahí lo tenemos! ¡ Angel’s Wings gana por un cuerpo!

Me levanto de golpe de mi asiento y empiezo a brincar y gritar con la cara empapada de lágrimas.

Puede que solo sea una carrera de práctica, pero es como si fuera la victoria más importante de toda mi carrera profesional y me lanzo a los brazos de Wade .

Me aprieta contra su pecho y me susurra que me quiere.

Y yo me doy cuenta de que, como él dice, estoy exactamente donde debo estar.