Capítulo 60
Wade
El trayecto de vuelta al rancho transcurre en silencio. Ivy va mirando las ecografías, que sujeta sobre su regazo, y veo todo lo que piensa en sus ojos cuando mira la campiña soleada a través de la ventana.
A mitad de camino, por fin dice algo.
—Creo que Brad lo amañó todo para que su médico me mintiera —comenta en voz baja.
Suelto un suspiro y alargo el brazo para coger su mano.
«Justo lo mismo que había pensado». La parte de mí que quiere cuidarla desea protegerla de todo esto.
De hecho, quiere conducir hasta el puto rancho Bellingham para exigirle respuestas, aunque sea a base de golpes.
Pero eso no es lo que Ivy necesita en estos momentos.
Ahora necesita que mantenga la calma y esté aquí para ella mientras procesa la situación.
—Es una posibilidad —admito con total sinceridad—. Y, aunque la doctora Miller no lo haya dicho, no puedo evitar pensar que a ella tampoco le cuadra. A fin de cuentas, sus palabras sobre tu ecografía han sido que es «de lo más normal».
Ivy me mira, asiente y vuelve a observar los campos que se ven a lo lejos.
—Él sabía que estaba planeando irme. Ahora todo tiene sentido.
Él no quería hijos, pero sabía que yo sí.
Seguro que lo hizo para tenerme controlada.
Así es como me maltrataba. Con el control —repite y me dan ganas de matar al hijo de puta ese por lo que le hizo—.
Si me tomaba la píldora y todo salía como debía, él obtenía lo que quería y yo no me quedaba embarazada.
Y ahora que lo pienso, iba con mucho cuidado cuando nos…
acostábamos. Me pregunto si esa era su forma de ser más cauteloso.
Le resultaba más beneficioso que yo creyera que no podía quedarme embarazada, que pensara que había algo en mi interior que no funcionaba.
Me quitó toda esperanza, pero me sentía agradecida de que se quedara a mi lado, aunque yo estuviera… defectuosa.
—No quiero que vuelvas a decir eso de ti misma, ni siquiera en un supuesto hipotético, ¿de acuerdo? Ivy , incluso si no pudieras quedarte embarazada, jamás estarías «defectuosa». Lo sabes, ¿no?
Ella sonríe y me da una palmadita en la mano.
—Ahora sí lo sé, pero por aquel entonces no lo sabía.
Con la mandíbula tensa, medito bien mis próximas palabras.
—Sabes que solo tienes que pedírmelo y conduciré encantado hasta allí para conseguirte las respuestas que buscas. —Lo haría puto encantado.
—Lo sé —se limita a responder sin apartar la mirada de la ventana.
—Pero no necesitas que lo haga —contesto con firmeza.
Ivy me lanza una mirada rápida.
—¿Creo que no? Es que… no sé cómo lidiar con este descubrimiento —susurra dolida.
Sus ojos muestran su sufrimiento cuando asimila que existe la posibilidad de que lleve tres años viviendo engañada y creyendo que jamás podría tener un bebé… Su expresión casi me aniquila.
Paro la camioneta a un lado de la carretera y me desabrocho el cinturón para acercarme lo máximo posible a ella. Tomo su rostro entre mis manos y la beso en los labios con suavidad.
—No, cielo. No necesitas que me encargue de esto porque tú eres lo suficientemente fuerte como para decirme qué necesitas para poder dejar atrás este tema y yo haré lo que haga falta.
Si no quieres volver a hablar del tema, no lo haremos.
Si decides que quieres demostrar de alguna forma que esto fue cosa de Brad , invertiré cada puto centavo que tengo y todos los recursos posibles para ayudarte.
—Lo sé. —Asiente al mismo tiempo que una lágrima cae por su mejilla.
—Una vez me dijiste que no necesitabas que te rescatara y tenías razón.
No lo necesitas. No tengo que ser tu héroe porque tú ya eres tu propia heroína.
—Vuelvo a besarla y coloco la mano sobre nuestro bebé para que esa pequeña vida transmita su energía a mi palma—.
Te fuiste y tomaste el control de tu vida, y eso te trajo hasta aquí, hasta mí, justo donde tienes que estar —le recuerdo.
—Te quiero, Wade —susurra con un leve sollozo. Mira mi mano sobre su vientre y, después, vuelve a mirar otra vez hacia la ventana—. No podemos volver atrás, solo seguir hacia delante. Llévame a casa.
Vuelvo a besar sus labios, maravillado por su increíble fuerza. Dios santo, la admiro muchísimo.
—Lo que quieras, cielo. Estoy a tu merced.
La atraigo hacia mis brazos, hacia su hogar, y le susurro cuánto la quiero. Y es aquí cuando me doy cuenta de que esto es lo único que importa. Nosotros y nuestra habichuela.
Ivy tiene razón… no podemos volver atrás, solo seguir avanzando. ¿Y sabes qué? No hay nadie más en este planeta con quien querría dejar el mundo atrás.