Capítulo 59
Wade
Una semana es demasiado tiempo y anoche se lo dije a Ivy .
Ni de coña voy a hacerla esperar siete días más para confirmar que nuestro bebé está bien, así que le cogeré una cita antes.
Nunca he sido muy de rezar, pero estoy dispuesto a suplicarle al universo por este bebé.
Voy a permitirme pensar que esto va a salir bien, igual que hace mi madre.
Siempre nos ha repetido que manifestemos lo que queremos en la vida, que a ella siempre le ha funcionado.
Nunca le hice mucho caso porque pensaba que era una tontería…
, pero ahora voy a manifestar con todas mis puñeteras fuerzas porque hasta que no escuché las palabras de Ivy , no me había dado cuenta de que quiero esto.
Lo quiero más que cualquier otra cosa que haya deseado en toda mi vida y no pienso plantearme otro final alternativo.
Cuando volvimos a mi casa, a nuestra casa, hablamos hasta bien entrada la noche de nuestras inquietudes mientras nos comíamos unos helados y veíamos Alerta Máxima .
Veía el miedo en sus ojos. El miedo a tener esperanzas, a desearlo con todo su ser.
Pero yo confiaré por los dos porque tengo el presentimiento de que este es el futuro que nos corresponde.
Esta vida juntos. Esta felicidad tan simple y pura.
A las nueve de la mañana, ya estoy listo.
He cogido cita en la consulta de la doctora Miller .
Ha sido la doctora de mi familia durante treinta años y confío plenamente en ella, tanto como para encomendarle a Ivy y a nuestra pequeña habichuela.
Me va a hacer el favor de verla hoy, pero me dijo que luego la va a derivar al otro médico de su consulta para que Ivy tenga su propio doctor.
Después de que me dijera que llevaba todo ese tiempo siendo la paciente del médico de Brad , me pareció importante.
Ivy merece tener su propio médico, su espacio.
Cuando voy a buscar a Ivy para irnos, la encuentro hablando con Haden y Dusty en el establo mientras ellos limpian.
Se ha recogido el pelo en una coleta alta y lleva unas mallas y una sudadera ancha.
Me pregunto si siempre me cortará la respiración igual que hace ahora y deseo con todas mis fuerzas que un pequeño y redondeado vientre empiece a llenar esa sudadera.
Me muero de ganas de ver cómo su bendito cuerpo se vuelve aún más precioso a medida que nuestro bebé crece dentro de ella.
—Los chicos terminarán tus tareas —le informo cuando me acerco a ella.
La atraigo hacia mí y la beso. Haden y Dusty ni siquiera levantan la vista, aunque veo que Haden está sonriendo de medio lado bajo su sombrero, pero como sabe que me debe un respeto, no hace ningún comentario.
Les encargo un par de tareas más que necesito que realicen antes de que Haden se vaya a hacer sus otras obligaciones.
Nash y CeCe aparecen por la esquina del establo justo cuando nos despedimos de los chicos.
—Apuntad el 22 de julio en vuestros calendarios, acabamos de decírselo a mamá. ¡Vamos a celebrar la mejor despedida de soltero y soltera en Las Vegas antes de la boda! —exclama CeCe con una sonrisa enorme y abraza a Ivy en cuanto entra al establo.
—¿22 de julio? ¿Ese será el gran día? —pregunto según le doy a Nash esa especie de abrazo con apretón de manos incluido que los hombres hacemos cuando estamos muy felices por el otro.
—Sí, señor. Tenemos que cuadrar la boda con el calendario de carreras de vuestro caballo porque tenéis que estar presentes en todo y, ya cuando empiece la temporada, no queremos perdérnosla.
—Buena suerte. Intenta mantener domada a la bestia nupcial y, hagas lo que hagas, no elijas nada sin preguntarle —me mofo con una sonrisa en los labios.
—Cállate, no soy tan controladora, Wade —me contesta CeCe .
Nash la mira y suelta una carcajada como si mi hermana estuviera bromeando, pero deja de reírse en cuanto ella lo fulmina con la mirada.
—Eres un poquito controladora, mi pequeña luciérnaga, pero es de lo más adorable —afirma Nash y la abraza.
CeCe le guiña un ojo a Ivy y se encoge de hombros. Sabe perfectamente que es una controladora de manual como yo, pero jamás lo va a admitir.
—Ya me he enterado de que Sam no va a volver. ¿Significa eso que te vas a quedar? —le pregunta CeCe a Ivy , aunque también me mira a mí en busca de respuestas.
—Eso espero —responde Ivy . Cuando nuestras miradas se encuentran, sus ojos brillan por el secreto que compartimos. Después, añade con una sonrisa—: No querría estar en ningún otro lugar.
Nash y CeCe se empiezan a ir para dar una vuelta con sus caballos, pero cuando llegan a la esquina, Nash grita:
—¡Que paséis buen día, tortolitos! —Se echan a reír al mismo tiempo que se alejan.
—Notarás un poco de frío —dice la doctora Miller mientras esparce un gel sobre el abdomen de Ivy .
Ivy está hecha un manojo de nervios… y yo también, no voy a puto mentir.
—Intenta relajarte y veremos qué hay por aquí. He revisado tu historial, el que redactó tu antiguo médico. He visto que te hizo varias revisiones, pero no menciona en ningún momento que tuvieras un cuello uterino débil y, como falleció, no he podido consultarle al respecto.
—Era bastante mayor la última vez que le vi. Fue hace un par de años —confiesa Ivy —. Ni siquiera sabía que había fallecido.
Le aprieto la mano cuando rememora esa etapa de su vida que seguro que preferiría olvidar.
—Dios, tengo muchas ganas de hacer pis —bromea Ivy cuando la doctora empieza a mover el transductor sobre su abdomen.
La doctora Miller sonríe.
—Si estás de pocas semanas, tendremos que hacer una ecografía transvaginal, pero, por ahora, probaremos así. Y lo siento, se ve mejor si tienes la vejiga llena porque empuja todo hacia adelante. No tardaremos mucho.
Observamos que la doctora pulsa varios botones en la pantalla a la par que mueve el transductor.
La habitación está en completo silencio salvo por el constante ruido de los botones.
—Solo estoy tomando algunas medidas —nos informa la doctora. Supongo que nota nuestro nerviosismo.
Después de lo que parece una eternidad, gira la pantalla hacia nosotros y sonríe.
—Parece que estás de entre ocho y nueve semanas. Tienes ahí dentro a un pequeñín muy movido.
Se ríe y señala la diminuta figura que se mueve por toda la pantalla. Pues sí que parece… una habichuela.
—Ahí está el latido del bebé, es fuerte y constante… Y tu pared uterina es lo bastante gruesa. Todo parece estar… en orden. No veo nada que me haga pensar que vas a tener un embarazo con complicaciones, Ivy —añade—. Pero haremos más pruebas para estar seguros.
Ivy solloza mientras suelta el aire que habrá estado conteniendo todo este rato. Le dedico una sonrisa y le doy un beso en la coronilla.
—¿Cómo? Wade … ¿estoy soñando?
Suelto una risa y la beso en los labios con suavidad.
—No, cielo, es muy real. Parece que nuestra habichuela ya está muy acomodada ahí dentro —susurro y el amor más grande que he sentido en la vida me invade por completo.
Nos quedamos mirando la pantalla, hipnotizados por nuestro bebé, una mezcla perfecta de los dos.
Se mueve un poco más hasta que la doctora nos interrumpe y nos dice que tendremos que volver cuando haga doce semanas.
Le da instrucciones a Ivy para que descanse, coma bien y evite situaciones de estrés y dice que es lo normal para cualquier mujer embarazada.
También le dice que puede seguir trabajando en los entrenamientos, siempre y cuando lo haga con los pies en la tierra.
Diez minutos después, mientras Ivy se viste, la doctora Miller me imprime tres imágenes de nuestro bebé y me las entrega.
Las observo completamente maravillado, como si fueran las fotos más increíbles que he visto en mi vida y las guardo en el bolsillo interior de mi chaqueta, justo sobre mi corazón.
«Mi pequeña habichuela… me muero de ganas de ser tu padre».