Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 56 #2
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Capítulo 56 #2

Me paso una mano por el pelo.

—Sí, lo dijo, pero esa es su forma de actuar.

Solo sabe utilizar a la gente. Me escogió porque necesitaba algo de mí.

Y, por si aún tenías alguna duda, no la quiero.

Te quiero a ti. No pienso permitir que un encontronazo con Janelle eche a perder lo que tenemos.

No tienes nada de qué preocuparte con ella ni con nadie. Créeme.

Ivy se aparta un poco más de mí y se queda mirando por la ventana. El silencio nos envuelve durante mucho rato y yo permanezco aquí plantado sin tener ni puta idea de qué está pasando.

—Es que… Wade , no soy yo misma ahora mismo. Creo que esta noche debería dormir en mi cabaña. Necesito… una noche… para aclararme y pensar. Todo está pasando muy rápido y no sé qué va a deparar el futuro… mi trabajo, qué vamos a hacer ahora…

Miro al techo e inspiro con fuerza porque el pánico se está empezando a instalar en mi pecho.

— Ivy . Aquí tienes un trabajo hasta que tú quieras. Te lo dije hoy mismo. —Parece que estoy suplicando porque es exactamente lo que estoy haciendo. Suplico por el futuro que siento que se me escapa de entre los dedos—. No te vayas.

Ivy se gira para mirarme y veo la batalla interna que está librando, las dudas que habitan en su cabeza.

—No estoy enfadada contigo, Wade . Es que… no sé qué va a pasar ahora. Solo necesito dormir. Puede que vea las cosas más claras mañana por la mañana.

Se mueve para coger su bolso y su chaqueta.

Lo veo todo a cámara lenta. Quiero detenerla.

Quiero agarrarla y decirle que no se va a ir a ninguna parte.

Sin embargo, otra parte de mí me dice que la deje ir, que le dé el espacio que necesita para calmarse y para que se dé cuenta de que está delirando si piensa que volvería con Janelle o que me iría con cualquier otra mujer.

Se detiene antes de abrir la puerta y me mira.

—No es culpa tuya, Wade , es mía. He dejado que esto llegue demasiado lejos. Trabajamos juntos y todo esto se ha vuelto tan… complicado ahora mismo, puede que demasiado.

Me quedo boquiabierto. «¿Pero qué coño acaba de decir?».

— Ivy , no puedes pensar eso de verdad —digo cuando la agarro del brazo para que se quede conmigo un segundo más.

Baja la mirada hacia mi mano y luego vuelve a mirarme a los ojos.

—No me digas lo que tengo que pensar, Wade . Ya estuve cinco años con un hombre que me decía qué debía pensar.

Esas palabras son las que hacen que la suelte y la observe irse de mi cabaña porque si hay algo que sí puedo demostrarle es que no soy como el hombre con el que estuvo. Ni de puta coña.

Camino de un lado a otro.

Joder. Camino, bebo… y vuelvo a caminar más.

Para cuando llega la medianoche, ya he repasado todo mentalmente un millón de veces y, por más que lo intento, no consigo entender qué cojones ha podido pasar entre Ivy y Janelle como para que Ivy se asustara tanto.

Ella sabe lo que siento, sabe que lo último que haría en esta vida sería dejarla para volver con Janelle .

Preferiría dormir desnudo en el suelo del establo para siempre antes que compartir cama con Janelle .

Me paso una mano por el pelo y salgo al porche con una botella de bourbon medio vacía, ya que todo lo que hay en mi puta casa me recuerda a ella.

Hace frío afuera, pero el aire fresco me sienta bien.

Observo la oscura cabaña de Ivy , situada a unos sesenta metros de la mía.

Rememoro cada encuentro que he tenido con ella y todo lo que me ha contado durante estos meses mientras el ardor del bourbon me baja por la garganta.

Nunca ha podido confiar en nadie y siempre se ha enfrentado al mundo sola. Todos a los que ha amado la han decepcionado o la han abandonado de una forma u otra.

Y es entonces cuando la realidad me golpea como un puto rayo: me está alejando antes de que yo pueda herirla.

Esto se ha vuelto demasiado real para ella.

El hecho de que seamos felices. Tan tan felices.

Lo que le dije esta mañana y ahora que Sam no va a volver…

Todo ha adquirido una seriedad inigualable para Ivy .

Podría tenerlo todo, pero se ha entrenado a sí misma para creer que no se lo merece.

Me bebo el resto del bourbon de un trago cuando comprendo cuál es mi trabajo: mostrarle cuánto se merece todo esto.

Mostrarle que cuando más me necesite, ahí estaré acompañándola durante cada puto segundo y diciéndole que todo irá bien.

Incluso cuando se sienta demasiado vulnerable o asustada como para decirme que me necesita.

Veo que se enciende una luz en su cabaña, lo que me hace saber que sigue despierta y antes de darme cuenta, ya estoy bajando las escaleras del porche sin ponerme siquiera una chaqueta. Avanzo tan rápido como me permiten las piernas.

Llego a su cabaña en menos de treinta segundos.

Levanto la mano para llamar a la puerta, pero antes de que me dé tiempo, esta se abre de golpe.

Ivy aparece al otro lado con los ojos hinchados, un pañuelo en la mano y los zapatos puestos.

Había ensayado lo que iba a decirle, pero verla así, tan preciosa y lista para ir en mi búsqueda, hace que lo único que consiga pronunciar sea:

—Joder, cielo.

Entro en su cabaña y la envuelvo entre mis brazos. No se resiste. Al contrario, se aferra a la parte trasera de mi camiseta con fuerza.

Su voz suena amortiguada contra mi pecho cuando habla:

—Lo siento mucho, Wade . Sé que nunca harías… sé que me quieres. Es que estoy muy asustada.

Le doy un beso en la cabeza, en la cara, en los brazos que tiene alrededor de mi cuello… en cualquier parte que mis labios alcancen. Respiro su aroma y me doy un momento para apartarle el pelo de su rostro lleno de lágrimas y cubrirle las mejillas con mis manos. La beso en los labios.

— Ivy , no puedo pasar ni cuatro horas lejos de ti.

No sé qué es lo que te asusta tanto y soy consciente de que hay algo que te preocupa, pero podemos superar todo eso mientras duermo a tu lado.

Porque, Dios santo, no quiero pasar ni una sola noche sin ti.

—Vuelvo a abrazarla y susurro contra su pelo, ese pelo con olor a azúcar que tanto adoro—: Esto que tenemos, lo nuestro, no se parece a nada que hayamos tenido antes los dos.

Puedes tomarte todo el tiempo que necesites, cielo, y cuando estés lista para hablar de lo que te preocupa, estaré aquí.

Siempre voy a estarte esperando. Siempre.

Ivy echa la cabeza hacia atrás y me mira a los ojos durante un segundo. Una lágrima se desliza por su mejilla y, a continuación, susurra:

— Wade … estoy embarazada.

Sin poder evitarlo, mis brazos se tensan a su alrededor.

Dos simples palabras. Dos simples palabras que me cortan la respiración y que dividen mi vida en dos partes iguales para siempre: lo que viví antes de este momento y lo que aún está por venir.

Noto un nudo en el pecho y siento que el tiempo se detiene.

La miro a los ojos y sé con absoluta certeza que ya no es la gravedad la que me mantiene firme sobre la tierra.

Es esta mujer y el bebé que lleva dentro.

«Mi bebé».