Capítulo 56
Wade
—Esta etapa pasa volando y quiero pasar tanto tiempo con ellas como pueda. Al menos hasta que empiecen el colegio.
—Lo entiendo perfectamente y te agradezco que me avises con tanta antelación.
La verdad es que no me sorprende; yo tampoco querría despedirme de esas caritas todos los días —le digo a Sam mientras mece el cochecito doble, donde sus gemelas de cinco meses duermen.
Tiene el pelo oscuro recogido en lo alto de la cabeza, parecido a como lo lleva Ivy , y va vestida con unas mallas cómodas y una sudadera enorme de Nike .
Parece feliz. Cansada, pero feliz. No me pilló por sorpresa cuando me dijo si nos podíamos ver hoy para comentarme que no volvería a trabajar a tiempo completo.
Y, sinceramente, tampoco me entristeció mucho la noticia.
Una parte del peso que sentía cada vez que miraba el calendario que hay sobre mi escritorio se ha disipado casi en su totalidad en los últimos treinta minutos.
Esto facilita mucho las cosas. Puede que ahora no me cueste tanto convencer a Ivy para que se quede en mi rancho como entrenadora principal.
—Así que… ¿ Ivy se ha adaptado bien? —pregunta Sam al tiempo que cubre a la gemela número uno con una manta.
Asiento con la cabeza.
—Está haciendo un trabajo fantástico en el rancho.
—¿Y crees que querrá quedarse?
—No lo sé —respondo con sinceridad cuando cuelgo la cuerda que estaba enrollando en un gancho que hay en la pared exterior del establo.
—¿Puedo decirte algo, Wade ? Dejando de lado el tema laboral, te noto… más relajado y menos gruñón que de costumbre. Sea lo que sea que estés haciendo, no lo dejes. Te sienta bien —comenta con una sonrisa y yo suelto una especie de risa y resoplido a la vez.
Como si la hubiera invocado al hablar de ella, la camioneta de Ivy aparece al final del largo camino del rancho. Sam me mira.
—Hablando de la reina de Roma.
Ivy nos observa con cautela cuando aparca frente al establo y se coloca las gafas de sol sobre la cabeza.
Su ropa me recuerda a lo que pasó esta mañana cuando, con su cuerpo cubierto de mi semen, le dije que la quería.
Puede que eso me convierta en un depravado, pero la polla me palpita bajo los vaqueros solo de recordarlo.
Y ahora que le he confesado mis sentimientos, no creo que pueda dejar de pensar en eso.
—Cuánto tiempo sin vernos —saluda Ivy a Sam y la abraza con una sonrisa enorme en la cara. La última vez que se vieron fue durante las dos semanas en las que Sam le enseñó cómo trabajábamos aquí antes de coger la baja por maternidad.
—Es lo que tiene ser madre. — Sam se encoge de hombros.
—¿Ya sabes cuándo vas a volver? —pregunta Ivy y nos mira a ambos alternativamente.
—En realidad, Sam acaba de renunciar como entrenadora principal.
Va a dejar su puesto para quedarse en casa con las gemelas y a lo mejor regresa dentro de seis meses para hacer algo a tiempo parcial los fines de semana.
Puede que les dé clases a los más pequeños —explico con la mirada clavada en Ivy , quien abre la boca ligeramente.
—Espero que no te estén esperando en otro trabajo. Es posible que este grandullón necesite que te quedes más tiempo por aquí —añade Sam tras reírse.
—Eh… es genial que puedas quedarte con ellas más tiempo. — Ivy desvía la mirada hacia las pequeñinas, que empiezan a removerse.
—Justo le decía a Wade que esta etapa es única y quiero disfrutar de cada segundo —comenta Sam mientras aparta un mechoncito de rizos oscuros de la frente de una de las gemelas.
—Ya me imagino —murmura Ivy y se muerde el labio inferior.
Decido que esto es algo bueno para Ivy .
Dijo que tendrá problemas para tener hijos, así que puede que le venga bien ver a Sam con sus bebés adoptadas.
La observo cuando le dedica una sonrisa dulce a una de las gemelas y espero que se dé cuenta de que ella también puede vivir esto, aunque no sea exactamente como ella planeaba.
Sam tampoco contaba con ser madre de esta manera.
—Supongo que se acabó la hora de la siesta —se queja Sam según se agacha para comprobar sus pañales—. Mierda, tengo casi una hora de camino hasta casa. ¿Te importa si les doy de comer y las cambio antes de irme?
—Pues claro que no —respondo y señalo la casa principal—. Nuestra casa es tu casa. Mamá Jo estará encantada de ver a las bebés.
Sam levanta la vista del cochecito y mira a Ivy .
—¿Quieres echarme una mano? —pregunta.
—Me encantaría. Si me necesitas, soy toda tuya. — Ivy sonríe y me mira a los ojos.
—Ve —la insto—. Ya he terminado casi todo lo que tenía que hacer, solo estoy esperando el informe diario de Ángel.
La observo con atención, pero no veo nada que me indique que se está sintiendo mal. De hecho, parece emocionada por ayudar a Sam con las bebés.
— Devin trabaja desde casa. Normalmente, hacemos estas cosas juntos, así que hacerlo sola es una experiencia nueva para mí —dice Sam con entusiasmo.
Ivy asiente y Sam desengancha una de las sillitas del carrito para entregársela.
—Es mejor que lleves a Amelia , que es la más tranquila. Yo me quedo con Annie la revoltosa.
Ivy ríe y baja la mirada hacia la pequeña, que no para de arrullar.
—¿Te vas a portar bien conmigo si ayudo a tu mamá a darte de comer, Amelia ? —pregunta al mismo tiempo que acaricia la mejilla suave y regordeta de la bebé.
Una oleada de necesidad me recorre al verla. Quiero darle esto algún día y haré lo que haga falta para hacerla feliz.
Ivy se dirige hacia las escaleras que llevan a la casa principal. Amelia emite soniditos de entusiasmo desde su sillita y no me pasa desapercibida la forma en la que el rostro de Ivy se ilumina cuando Sam la mira y le dice:
—Has nacido para esto.
Dos horas después, Sam se ha ido e Ivy y yo hemos ayudado a Dusty y a Rowan a prepararse para su viaje a Florida con Ángel.
Ivy ha estado callada desde que se despidió de Sam .
Intento darle un poco de espacio y atribuyo su silencio a que está preocupada por su madre.
Ha hablado un par de veces con ella y sabe que ya está instalada en el centro, pero es lógico que se preocupe por cómo está.
También me pregunto si lo de Sam le ha afectado más de lo que quiere aparentar.
Desde luego, ha sido un día muy abrumador para Ivy .
Cuando volvemos a mi cabaña, le hablo de cualquier cosa que se me ocurre: Florida, qué película vamos a ver esta noche, qué aderezo quiere para la ensalada… Pero está distraída y hace algo de lo que nunca he sido testigo.
Se queda callada.
— Ivy … —la llamo después de hacerle una pregunta directa sobre el papeleo para la candidatura de Ángel en el derbi.
—¿Humm? —Aparta la mirada de la ventana del salón, a través de la cual observa cómo se pone el sol tras las colinas. Está nerviosa y sé que hay algo que le preocupa.
—No has escuchado nada de lo que he dicho, ¿verdad?
—Perdón, Wade —murmura, pero no añade nada más, algo impropio de ella.
Me doy cuenta en ese preciso instante de que, sea lo que sea que se le esté pasando por la cabeza, no tiene nada que ver con su madre ni con Sam . Y pienso averiguar ahora mismo qué es.
Dejo los utensilios de cocina sobre la encimera y camino hacia ella. Después, la agarro por los hombros y la atraigo hacia mi pecho. La abrazo sin decir nada.
—Tenía razón, das los mejores abrazos del mundo —comenta.
—¿Que qué? —pregunto entre risas.
—Nada, Wade . Es que hace tiempo tuve una corazonada sobre ti.
Le doy un beso en la coronilla.
—¿Vas a decirme qué se te está pasando por esa cabecita?
—Es que hoy han pasado muchas cosas. No me suelen sorprender mucho… —suelta de la nada. Luego levanta la vista y me sonríe con los ojos llenos de lágrimas.
No tengo ni la más remota idea de a qué se refiere, pero, a juzgar por su expresión, veo que está teniendo un debate consigo misma. Es como si quisiera decirme o preguntarme algo.
—¿Qué pasa, Lianta? No quiero parecer un capullo, pero no te sueles callar ni debajo del agua. Si en esa cabeza se está desarrollando una batalla campal, déjame luchar a tu lado.
La preocupación me invade en cuanto un pensamiento se me viene a la mente. A lo mejor es por lo que le dije esta mañana. ¿Me pasé? ¿Fui demasiado rápido para ella?
—Es que estoy… abrumada —farfulla al sorberse la nariz.
Lo entiendo porque la necesidad que yo siento de protegerla también me abruma. La beso y ella se deja llevar y alza las manos para rodearme la nuca, donde siempre le ha gustado posarlas.
—¿Es por haber pasado el rato con Sam ? ¿Ha sido demasiado? ¿Te dijo algo que te ha molestado?
—No, Wade , ha sido muy amable conmigo. Pero… eso es lo que yo ansío para ti. Un futuro, una familia…
Nada de esto tiene sentido.
—Podríamos tenerlo si es lo que quieres. Independientemente de la forma en la que podamos conseguirlo.
— Wade , ¿por qué tienes que ser tan perfecto? —pregunta mientras se seca una lágrima—. ¿No crees que te resultaría más fácil conseguirlo con otra persona? ¿Más simple? Incluso cuando estabas con Janelle , habría sido más fácil. Ella podría haberte dado un futuro, una familia.
Suelto un bufido. «Ni de puta coña». La miro y veo que lo dice en serio.
—¿A qué viene todo esto, Ivy ?
Ivy deja escapar un suspiro suave y se gira para mirarme de frente.
—La he visto hoy en el salón de uñas… a Janelle . Me dijo que estuvo hablando contigo, que quería intentarlo de nuevo y solo pude pensar en que… O sea, sé lo que sientes por mí, pero si quieres una familia… seguro que te iría mejor con otra persona, aunque no tiene por qué ser Janelle .
«Espera… pero ¿qué cojones?».
Aprieto la mandíbula y respiro hondo con las manos en mis caderas. Intento mantener la calma. El hecho de que Ivy pueda sentirse amenazada por Janelle y sus mentiras, que pueda hacerla dudar de nuestro futuro juntos, me supera.
«Puta Janelle ».
— Ivy , sí que la vi el otro día en Woody’s , pero no es lo que piensas. Apareció cuando estábamos allí. Vino y me pidió dinero.
Ivy le da vueltas a la cabeza y se muerde el labio.
—¿Te dijo que quería intentarlo de nuevo? ¿Formar una familia contigo?