Capítulo 55
Ivy
Camino en piloto automático mientras regreso al pueblo para reunirme con Ginger en el salón de uñas de Annalise y tener nuestra tarde de chicas.
Una salida que no sé si puedo sobrellevar ahora mismo.
Estoy demasiado sensible… hasta que cruzo la puerta.
Ginger suelta un chillido de emoción y me envuelve en el abrazo más reconfortante del mundo.
Puede que estas próximas dos horas sean exactamente lo que necesito antes de enfrentarme a Wade . Antes de que todo cambie entre nosotros.
—Empezaba a preguntarme si me ibas a dejar plantada, nena. Casi me bebo una copa entera de champán sin ti. — Ginger me lanza una de sus perfectas sonrisas.
—Seguro que no es habitual que la gente deje plantada a Ginger Danforth —contesto según me siento a su lado.
—¿Cómo está tu madre? —me pregunta—. ¿Champán?
Niego con la cabeza.
—No, gracias, solo zumo de naranja, que tengo mucho trabajo cuando vuelva al rancho. —«Y estoy embarazada…». No dejo de repetirme esa frase cada dos segundos, como si me fuera a olvidar de ello—. Y mi madre está… bien. Ya está de camino a su nuevo centro. Espero que le ayude —añado.
Ginger me da un apretón en la mano.
—El momento en que haces las cosas lo es todo, cariño. Puedes creer que sabes lo que quieres, que lo tienes todo controlado, pero no es así. Puede que antes no fuera el momento indicado para tu madre, pero ahora sí que lo es.
—Eso espero. Cuando acabe lo de Florida, podré pasar algo de tiempo con ella. Dejaré que los otros entrenadores se encarguen un poco más de Ángel en el próximo mes o así. Esto es importante.
—Hablando de Florida… El jueves te vas a poner mis botas de la suerte.
—Trato hecho. —Sonrío y ambas metemos los pies en el espumoso baño.
Estoy los siguientes veinte minutos escuchando a Ginger .
Me cuenta todo el drama que Cole está viviendo con Gemma ; al parecer, Cole teme que ella quiera pasar más tiempo con Mabel ahora que parece que quiere ser una buena madre.
A juzgar por la forma en que Ginger habla de él, sé que se preocupa por Cole mucho más de lo que CeCe podría imaginarse.
Si no estuviera hecha un lío ahora mismo, intentaría averiguar más sobre lo que hay entre esos dos, pero mi corazón está en otro lugar en estos momentos.
—Ay, hostia puta —dice Ginger y le da un buen sorbo a su champán—. Creo que deberías reconsiderar tomarte una de estas. —Levanta su copa.
Cuando voy a preguntarle por qué, sigo su mirada hacia la puerta y escucho el tintineo de la campana cuando esta se abre.
Dos rubias muy guapas (y ruidosas) entran al salón.
La más escandalosa habla como si quisiera que todo el mundo supiera que acaba de llegar.
Es alta y tiene las piernas largas; parece una versión más desgastada de Margot Robbie .
Ginger se inclina hacia mí.
—Esa es Janelle , la exmujer de Wade , y es una auténtica arpía —susurra justo cuando la rubia más alta me clava la mirada desde el otro lado del salón.
La mujer entrecierra los ojos y parece preguntarse cómo es posible que nunca me haya visto. Es como si conociera a todo el pueblo y yo fuera una intrusa.
—Vaya, vaya, vaya… Mira quién asoma el hocico —canturrea Ginger mientras Janelle y su amiga se sientan justo a nuestro lado.
—Cuánto tiempo, Ginger . ¿Te ha tocado buscar nuevas amigas ahora que CeCe se tira a su hermano de otra madre?
—¿Te ha tocado hacerte un tratamiento de belleza para estar más guapa porque tu personalidad no tiene arreglo? —contesta Ginger con una sonrisa tan edulcorada que casi me echo a reír.
— Janelle Ashby —se presenta la mujer y me tiende la mano—. Debes de ser nueva en el pueblo, es la primera vez que te veo.
— Ivy Spencer —respondo. Ojalá pudiera teletransportarme de vuelta al rancho y alejarme de la última persona con la que me apetece lidiar hoy.
— Spencer … ¿Eres la nueva entrenadora de caballos en el rancho de mi marido?
—Exmarido —corrige Ginger .
Janelle ignora por completo el comentario de Ginger y me mira de arriba abajo. Parece que me está inspeccionando y me dan ganas de darle una bofetada. Puede que mi instinto maternal esté despertando.
—Sí, soy la nueva entrenadora —le aclaro—. Encantada de conocerte. Aunque he de decir que Wade no me ha hablado mucho de ti.
Ginger resopla a mi lado y levanta la mano para pedir otra copa de champán.
— Ivy está entrenando con Wade a una potra para el derbi.
Tiene un don con los animales y es un soplo de aire fresco para Wade , que, en mi opinión, es justo lo que necesita…
Me refiero al entrenamiento de caballos, por supuesto.
No me sorprendería nada que Wade decidiera mantenerla en el rancho de forma indefinida —comenta Ginger con una mirada que grita: «Que te den por culo».
Janelle vuelve a analizarme con atención. Veo en su cara el momento exacto en el que se da cuenta de que Wade podría ser algo más que mi jefe.
—Vaya, los hombres Ashby sí que tienen mujeres para elegir, ¿eh? Y hablando de ellos… ¿cómo está Cole , Ginger ? ¿Por fin se ha tirado a todas las mujeres de Kentucky y te ha ofrecido ese polvo de compasión que llevas años suplicándole?
Ginger le sonríe con total serenidad.
—Ay, cariño, ya te gustaría saberlo. Pero yo no voy por ahí contando mis escarceos amorosos… Soy una dama, a diferencia de ciertas tipas que rondan por el pueblo últimamente.
Janelle suelta una risita malévola y echa la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.
—¿Sabes qué? El otro día vi lo guapo que está Wade y no dudé en decírselo —dice mientras mete los pies en su baño espumoso.
Me hierve la sangre al instante y no puedo hacer nada al respecto. ¿Cuándo vio a Wade ? No me contó nada. Automáticamente, me regaño por ponerme celosa.
—Una pena que ese barco ya zarpó… lo siento tanto por ti. Lástima que no te dieras cuenta cuando todavía eras su mujer —suelta Ginger con voz afilada.
Janelle abre los ojos y nos mira.
— Wade es comprensivo y leal hasta la médula. He estado pensando mucho en él últimamente, ¿sabes lo que digo? Estuvimos hablando de intentarlo otra vez cuando fuimos a tirar hachas a Woody’s el otro día.
Recuerdo cuando Wade salió con Nash y Cole , y medito en qué pasó ese día. Sé que Wade estuvo allí, pero no tenía ni idea de que Janelle también fue.
Ginger suelta una carcajada.
— Janelle , eso jamás va a pasar. Puede que Wade sea leal, pero no es idiota. Nunca te va a dar otra oportunidad.
Janelle se recuesta en su asiento y vuelve a cerrar los ojos mientras me pregunto si algo de lo que dice es cierto. Parece muy segura de sí misma cuando sonríe y ronronea:
—Nunca digas nunca, Gingy.
Cuando Ginger y yo salimos del salón de uñas tras la pedicura más incómoda del mundo con la horrible exmujer de Wade , Ginger procede a repetirme un millón de veces cuando comemos en el restaurante local que Janelle es una mentirosa compulsiva y una reina del drama y que debería pasar olímpicamente de todo lo que dice.
Lo curioso es que soy plenamente consciente de ello.
Sé cómo se siente Wade y que, si hay algo que lo caracteriza, es su sinceridad.
Sé que jamás se interesaría por su exmujer.
Sin embargo, una parte de mí, esa que se aferra a la autopreservación y cree que no puedo confiar en nadie más que en mí misma, me susurra que puede que ella le ofrezca algo que yo no soy capaz de darle.
Aunque puede que solo sea mi inseguridad hablando porque dentro de nada voy a tener que convertir esta relación tan desenfadada que tenemos en algo muy real.
La cabeza me da tantas vueltas que no puedo pensar con claridad.
Un rato después, sigo sentada en el aparcamiento del Sage & Salt , donde me he pasado la última hora mirando una web de bebés en el móvil al mismo tiempo que intento pensar en cómo enfrentarme a Wade .
Por lo que he leído, nuestro bebé es ahora mismo del tamaño de una habichuela.
Sé que tengo que volver al rancho porque hoy vamos a preparar a Rowan y a Ángel para el viaje a Florida.
Pero, por alguna razón, me quedo paralizada cada vez que voy a arrancar la camioneta.
Intento darme ánimos y pienso en el consejo que me daría mi padre en una situación así.
Pero según me seco las lágrimas y trato de recomponerme, lo recuerdo.
Este hombre no se parece en nada a ninguno que haya conocido antes.
Este hombre no es Brad . Si este bebé no está destinado a nacer, lo superaré.
La cuestión es: ¿lo hago sola y me enfrento a lo que sea que tenga que venir, o hago que Wade sufra conmigo?
¿O me espero unas semanas más para ver qué me dicen en la ecografía?
No obstante, hay una cosa que tengo clara: solo hay una persona con la que puedo contar siempre y esa persona soy yo. Confiar en otra persona me aterroriza y, en este momento, estoy hecha un lío.
Bajo la mano y me acaricio el vientre, que todavía está plano. A simple vista, nada ha cambiado, pero sé en lo más profundo de mi corazón que nunca volveré a ser la misma.
—Vamos, cariño. Somos tú y yo contra el mundo —susurro en voz baja—. Vámonos a casa.