Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 54
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Capítulo 54

Ivy

—Es un programa ambulatorio y totalmente voluntario. Tú decides si te quedas o si te quieres ir. Podrás llamar a tu madrina, aunque aquí te asignaremos una y tendrás permitido usar tu teléfono y recibir visitas.

Mi madre asiente. Aún tiene el ojo hinchado y amoratado, así como algunas marcas de quemaduras en la frente y la mejilla, pero su aspecto ha mejorado después de haberse duchado a primera hora de la mañana.

Parece decidida a comenzar su tratamiento mientras preparamos las cosas que le traje de su caravana.

Me sorprendió verla limpia cuando llegué.

Habían regado las plantas y los platos estaban lavados.

La señora Potter me prometió que se iría un par de días a la semana para ver que había agua, revisar la calefacción y asegurarse de que todo estuviera en orden.

Estaba tan ocupada con nuestro intenso programa de entrenamiento que no había tenido tiempo de pasarme por allí, pero la señora Potter me dijo que no había habido problemas en casa de mi madre desde Navidad.

Casi todas las noches ha visto que apagaba las luces a una hora decente.

Me contó que prácticamente todas las noches se han tomado un té juntas en el porche.

Me pregunto cuánto tiempo lleva mi madre intentando mantenerse sobria, pero luego recuerdo que lo importante es que está aquí ahora y parece tener muchas ganas de seguir hacia adelante.

—Como estarás en Williamsburg , solo estarás a cuarenta y cinco minutos en coche, así que iré a verte cuando volvamos de Sarasota .

Mi madre me da una palmada en la mano y me calma con sus palabras.

— Ivy , cariño, me has estado cuidando durante mucho tiempo. Ven cuando puedas, sin presión. Entrenar un caballo para la carrera es tu sueño, así que concéntrate en eso. Vive el momento. Yo estaré bien.

Me abraza con fuerza y sé que me está pidiendo que confíe en ella y tenga fe.

Veo un destello de la madre que recuerdo: la que me cuidaba cuando estaba enferma, la que se reía a carcajadas con mi padre, la que nos preparaba la cena y nos ayudaba con los deberes.

Entre este giro de los acontecimientos y la confesión de Wade de esta mañana, siento que, por primera vez en mi vida, estoy en el lugar correcto. Por fin estoy avanzando.

—Su coche está aquí, Glenda . —El doctor Evans nos sonríe desde la puerta—. Deje que la ayudemos con las maletas.

Le devuelvo la sonrisa.

—Es un placer —contesto.

Se me llenan los ojos de lágrimas cuando mi madre me mira, lista para irse, pero las contengo y me las guardo para después.

Lo único que deseo ahora es que entre en el centro y sane.

Cojo la última maleta de mi madre y la acompaño hasta la puerta, donde la abrazo y le digo una vez más lo orgullosa que estoy de ella.

Luego, la veo desaparecer en el asiento trasero de la furgoneta.

A medida que la furgoneta se aleja de la zona de carga y descarga, suspiro de alivio.

«Por favor, que esta sea la definitiva».

—Señorita Spencer . —Me sobresalto cuando escucho la voz del doctor Evans detrás de mí. No me había dado cuenta de que seguía allí—. Me gustaría comentarle una última cosa antes de que se vaya.

Me giro hacia él y señala dos sillas que hay un poco más allá de la sala de espera.

—Sentémonos —me insta.

Supongo que quiere hablarme sobre mi análisis de sangre. También repaso mentalmente cuánto dinero tengo disponible en la cuenta porque puede que quiera que liquide parte de la factura de mi madre antes de irme. Sin embargo, no es eso lo que quiere.

En cambio, me hace una pregunta que derrumba mi mundo por completo.

—¿Sabe usted que está embarazada?

Parpadeo y me aferro al borde de la silla para estabilizarme, ya que la habitación ha empezado a dar vueltas a mi alrededor.

¿Embarazada? Eso es imposible.

Mi respiración se vuelve errática al darme cuenta de que sí que es posible.

Empiezo a calcular cuántos días han pasado desde mi último período.

¿Cuándo cojones fue? ¿Soy ese tipo de mujer?

¿De las que ni siquiera se dan cuenta de que están embarazadas porque viven en una neblina sexual con un ranchero sexy y mandón?

¿Soy la protagonista de una puta telenovela?

Quizá sí. ¿Fue en diciembre? Sí, tuve la regla en diciembre, a principios de mes.

Y ahora estamos a dos de febrero. Me da un vuelco el corazón y, después, se detiene de golpe.

La idea de llevar el bebé de Wade es un sueño que ni siquiera me permito considerar.

—Yo… no, no lo sabía… ¿Estoy embarazada? ¿Está seguro? —pregunto con el pánico anidando en mi pecho.

—Completamente seguro —me responde con una sonrisa tranquilizadora.

Se me rompe el corazón por una pérdida que ni siquiera ha llegado.

—He estado tan ocupada últimamente que ni siquiera me he dado cuenta de que tenía un retraso. Estoy tomando anticonceptivos —le explico.

El doctor Evans ni se inmuta.

—¿Ha tomado algún otro medicamento en los últimos dos meses? ¿Algo fuera de lo común?

Le doy vueltas. «¿Aparte de la cantidad ingente de sexo?».

—Solo vitaminas. También he tomado algunos remedios naturales para fortalecer el sistema inmune durante la temporada de gripe.

—Me mira fijamente, así que le doy más detalles—.

Vitamina C, gordolobo, hierba de San Juan, equinácea…

y unos cuantos más porque después de Navidad tuve una gastroenteritis que apenas duró cuarenta y ocho horas.

Asiente con la cabeza.

—Eso podría haberlo causado. A veces, los remedios naturales pueden interferir con la píldora y, en algunos casos, esta no tiene una eficacia del cien por cien.

Cuando me comentó que sentía náuseas y mareos, tuve una corazonada y decidí comprobarlo en su analítica.

Y no me equivocaba. Debe de estar de unas siete u ocho semanas a juzgar por sus niveles de hCG.

También tiene un leve déficit de hierro, pero podríamos controlarlo con un buen suplemento prenatal.

Ni siquiera he asimilado lo que está pasando, pero quiero llorar por un bebé al que ya quiero con locura y al que temo no llegar a conocer nunca.

—Supongo que esta noticia le ha pillado por sorpresa. ¿Necesita… hablar con alguien? —pregunta el doctor Evans .

—No, yo… es que… se supone que no… no puedo tener un embarazo sin complicaciones.

Frunce el ceño mientras revisa mi historial.

—¿Y por qué es eso?

Le cuento mi historia y él toma algunas notas al mismo tiempo que me escucha atentamente.

—Me gustaría programarle una ecografía para comprobar cómo está el bebé y el latido de su corazón. Le haremos un chequeo general. Sus niveles están muy bien por ahora. ¿Llegó a pedir una segunda opinión sobre su fertilidad?

Niego con la cabeza. No me permito sentir esperanza porque puede que esto sea lo último que quiera Wade ahora mismo. Dice que me quiere, pero ¿me querrá lo suficiente como para superar esta pérdida conmigo?

—¿Sería posible contactar con su antiguo doctor para preguntarle sobre ello? —pregunta el doctor Evans y me tiende una caja de pañuelos. Cojo uno agradecida.

—Sí, creo que sí —respondo. Me limpio los ojos y respiro hondo.

—Vamos a programar esa ecografía, así podremos saber más. Le traeré algunas muestras de suplementos vitamínicos y le programaré una cita. Enseguida vuelvo.

En cuanto se marcha, las compuertas se abren. Empiezo a llorar por un bebé que aún ni he perdido.