Un corazón indomable (Silver Pines 2) Capítulo 53
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Capítulo 53

Ivy

El sábado por la mañana, me levanto temprano para ir primero a Jellico y luego al hospital para despedirme de mi madre porque va a ingresar en su nuevo centro de rehabilitación.

El rancho está en silencio cuando me dirijo al establo para ver a Wade antes de irme.

Lo único que se oye es el martilleo que proviene de Spirit , la cabaña que está situada a dos cabañas más allá de la mía.

Wade ha contratado a unos obreros para que reformen algunas de las cabañas deterioradas de la propiedad en las próximas semanas.

El sol ni siquiera ha salido aún, pero se respira cierto aire primaveral.

Me encanta venir al establo a esta hora.

Sé que Rowan ya está trabajando con Ángel y que Dusty , que se irá a Florida antes que nosotros, está en la pista de práctica.

La cabeza me va a mil por hora cuando entro en la oficina; hay mucho en juego con el certificado de cajón de nuestra potra y con mi madre.

Todo se desvanece cuando abro la puerta y veo a Wade concentrado; lleva sus gafas y tiene un lápiz entre los dientes.

Está contemplando los planos de la primera cabaña que están remodelando.

Se ha quitado el sombrero de vaquero y tiene el pelo revuelto.

Su olor a cuero templado y especias invade mis sentidos, y siento la necesidad de abrazarlo.

Me recorre el cuerpo con la mirada cuando se percata de mi presencia, lo cual enciende algo en mi interior sin siquiera tocarme.

Me dedica una media sonrisa cuando ve que vamos igual vestidos: ambos llevamos una camisa negra y gris de franela y unos vaqueros.

—¿Nos hemos vuelto aburridos y predecibles? —pregunto según me acerco.

Wade se quita las gafas y las deja junto al lápiz sobre el escritorio.

Se muerde el labio inferior, tan jugoso y perfecto, y se me queda mirando un segundo antes de rodear el escritorio con su habitual sonrisa burlona en los labios, envolverme entre sus fuertes brazos y besarme con demasiada agresividad para ser las seis y media de la mañana y estar en su oficina.

Aun así, no puedo contener la oleada de sensaciones que me recorre de pies a cabeza y el deseo que invade cada rincón de mi cuerpo.

Wade se ríe y pasa junto a mí para cerrar la puerta de la oficina con llave y bajar las persianas. Me quedo quieta cuando me acaricia los brazos por detrás. Me quita el coletero y lo lanza vete tú a saber dónde.

—Ni de coña somos aburridos y predecibles, Lianta —me susurra al oído.

Me aparta el pelo y me besa el cuello. En cuanto su aliento y sus labios me rozan, mi cuerpo empieza a arder.

—¿De verdad creías que ibas a entrar en mi oficina para despedirte con esa camisa tan ajustada y esas tetas perfectas en primer plano sin provocarme la necesidad de follármelas?

—Supongo que di por hecho que serías capaz de ser profesional —murmuro justo cuando sus labios cálidos se posan en mi cuello. Luego los desliza hacia el lóbulo de mi oreja, lo atrapa entre sus dientes y lo muerde con fuerza. Mi coño palpita y aprieto los muslos.

—Lo que me haces sentir es de todo menos profesional…

Wade mueve las manos hacia la parte de delante de mi cuerpo y me cubre los pechos. Mis pezones endurecidos suplican su contacto a través de la tela de mi sujetador.

Giro la cara hacia un lado y me deposita un suave beso en la mejilla.

—Dime cómo te hago sentir, Wade . —Lo provoco con una pequeña sonrisa.

Me encanta ser su perdición.

Le da un tirón brusco a mi camisa y todos los botones se abren de una. Mis pechos quedan al descubierto cuando me arranca el sujetador y lo tira al suelo.

Me pellizca un pezón y la sensación lanza una descarga directa a mi coño.

—Me haces sentir… joder… totalmente fuera de control, Lianta.

Gimo cuando echo la cabeza hacia atrás y la apoyo contra su pecho.

Wade no se detiene y juguetea con mis pezones mientras baja la mano y presiona su palma contra mi coño a través de los vaqueros.

Gimoteo al notar su tacto y pego el culo contra su erección.

Llevo la mano hacia atrás y la agarro por encima de la tela, lo que hace que jadee de deseo.

Ojalá pudiera deshacerse de toda nuestra ropa con la misma velocidad con la que me ha quitado la camisa.

Wade me da la vuelta y me levanta con un solo brazo.

Con el otro, aparta los papeles del borde de su escritorio y me sienta sobre la mesa.

Me quita las botas y los vaqueros con una sola mano al mismo tiempo que enreda la otra en mi pelo y me besa profundamente, explorando cada rincón de mi boca con desesperación.

Soy como plastilina en sus manos y mi cuerpo le suplica sin necesidad de que emita alguna palabra.

«Úsame, toma todo lo que quieras de mí, pero haz que me corra. Por favor».

Wade se separa de mí y me contempla sentada sobre su escritorio.

Se quita las botas a toda prisa, se desabrocha los pantalones y los aparta con una patada.

A continuación, se arranca la camisa y se queda completamente desnudo frente a mí.

Tiene un aspecto divino y magnífico con esa sonrisa provocadora en los labios.

Levanta la mano y me acaricia el labio inferior con el pulgar. Lo presiona contra mi comisura y lo desliza dentro de mi boca. Lo lamo con ansia mientras lo observo a través de mis pestañas y él responde con un gemido gutural.

—Sé una buena chica y junta esas tetas perfectas —me ordena.

Le muerdo el pulgar y, cuando se le escapa un siseo, le sonrío con dulzura.

—¿Alguna vez te han dicho que eres un mandón, Wade Ashby ? —pregunto.

—Sí y no hagas como que no te encanta. —Me besa para callarme—. Ahora, cierra esa preciosa boquita, haz lo que se te dice y toma mi polla como la zorra que eres —lo susurra contra mis labios y me provoca escalofríos por todo el cuerpo.

Gimo cuando me roza el pezón con los nudillos. Tiene razón, me puto encanta su lado mandón, así que hago exactamente lo que me pide.

Wade

La madre que me parió, podría correrme ahora mismo de solo ver a Ivy con los ojos entornados, los labios hinchados de tanto besarme y el culo apoyado en mi escritorio.

Su brillante coño está completamente expuesto y como la buena chica que adora ser, ha juntado las tetas y está esperando pacientemente a que deslice la polla entre ellas.

Meto la mano entre sus piernas y paso tres dedos por su abertura empapada.

Jadea de forma entrecortada cuando uso su propia excitación como lubricante.

—Métete los dedos en ese coño tan apretado mientras te follo las tetas.

Le aparto las manos para juntarle los pechos y deslizo la polla entre ellos. Ella gime como si fuera lo que más deseaba en este mundo.

—Me encanta cuando eres una puta necesitada antes del desayuno —gruño cuando empiezo a follarle las tetas.

En cuanto las siento, echo la cabeza hacia atrás.

Su cuerpo es increíble. Miro hacia abajo justo cuando introduce un dedo en su estrecho coño y después, se mete otro; con la otra mano, se agarra a mi escritorio.

Cierra los ojos y deja escapar de su cuerpo tembloroso un gemido entrecortado.

Me inclino para escupir entre sus pechos y vuelvo a restregar mi polla contra ellos. Se estremece por completo al sentirla.

—Joder, Ivy … Incluso tus tetas encajan con mi polla como si estuvieran hechas para mí.

— Wade … esto es demasiado. Me voy a correr ya —gime cuando alterna entre meterse los dedos y acariciarse el clítoris.

—No, Ivy , vas a ser una buena chica y vas a esperar a que te dé permiso para correrte.

Gime mi nombre y yo inclino la cabeza hacia atrás y cierro los ojos.

La combinación de observarla mientras se masturba y la calidez de su piel alrededor de mi polla me llevan al límite.

En la puta vida me voy a cansar de esta mujer.

Intento aguantar durante un minuto más, pero la sensación es tan maravillosa que no puedo parar.

Ivy levanta el brazo que tiene libre y me agarra el culo para clavarme las uñas al mismo tiempo que susurra mi nombre.

El calor me recorre el cuerpo como si hubiera avivado un fuego al derramar un chorro de whisky .

—Por favor, Wade … me voy a correr.

Quiero decirle que espere, pero verla desnuda sobre mi puto escritorio me empuja directo al precipicio y más cuando me clava las uñas en la piel.

—Mírame, Ivy . Abre la boca y saca la lengua. Puedes correrte cuando yo me corra.

Abre los ojos y me responde con ese descaro que me vuelve a hacer perder la razón.

—Gracias, señor. —Se corre y eso termina de rematarme.

Mi semen se esparce por su pecho, su barbilla y sus labios. Es una puta maravilla. Mi polla late y palpita entre sus pechos y voy reduciendo el ritmo sin apartar los ojos de ella. Nos quedamos así un momento para recuperar el aliento.

Contemplo lo hermosa que está y el desastre que hemos hecho, y me resulta imposible dejar de mirarla.

—Estás… —farfullo, sin encontrar las palabras adecuadas.

Ivy se ríe y observa su pecho cubierto de semen.

—¿Hecha un desastre? —termina por mí.

Gruño cuando le limpio el semen de la barbilla con los dedos y le pinto los labios con él. La miro unos segundos más.

—No, cielo. Iba a decir que estás… A tomar por culo. Estoy total y absolutamente enamorado de ti, Ivy .

Abre la boca de par en par.

Vale, puede que no haya sido la mejor idea decirle que la quiero por primera vez con el cuerpo cubierto de semen y mi polla entre sus tetas, porque su expresión ahora mismo es de pura sorpresa.

Pero es que no he podido contenerme ni un puto segundo más.

La quiero. Amo cada una de las cosas que la hacen ella y está guapa. Es mía.

—¿Acabas de decir que me quieres? —pregunta. Sigue inmóvil sobre el escritorio.

Me inclino y me saboreo en sus labios cuando la beso. Mi sabor se ha mezclado con el de ella y la combinación es exquisita.

—Sí, he dicho que te quiero. Te quiero, Ivy , y yo no utilizo esa palabra a la ligera.

Quiero que estés presente en mi puñetero mundo.

Quiero trabajar contigo cada bendito día.

Quiero hablar contigo y ver las caras que pones cuando digo algo que te sorprende.

Quiero prepararte el café por las mañanas y la cena por las noches.

Quiero ver cómo esos labios se convierten en la sonrisa más preciosa que he visto y que ilumina todo mi universo.

—La beso de nuevo y permanezco pegado a sus labios—.

Pero, sobre todo, quiero esto que tenemos.

Quiero una vida juntos —lo digo de la forma más simple y sincera que puedo.

—Yo… Wade … —balbucea.

—Shhh. No te lo he dicho para que me des una respuesta ahora. Solo quería que lo supieras.

Y lo digo en serio. Sé que tiene miedo porque el último hombre al que le entregó su corazón le hizo mucho daño, pero voy a esperar lo que haga falta.

Cojo un paño caliente de mi baño privado y la limpio.

Ivy se viste y busca frenéticamente el coletero que tiré antes al suelo, pero no aparece por ningún lado.

Tendría que haber salido hacia Jellico hace treinta minutos, pero como la he atacado cual león a su presa, va tarde. Para ponerle fin a su sufrimiento, abro un cajón, saco un coletero rojo de mi pequeña colección y se lo doy.

—Toma, tengo varios de repuesto. —Sonrío.

—¿Guardas mis coleteros?

—Nunca se sabe cuándo necesitarás otros diez extras —contesto con sarcasmo—. Así que los guardo cuando te los dejas por todos lados.

Ivy se acerca, coge el coletero y se pone de puntillas para darme un beso en los labios. Mira el coletero y después, vuelve a poner sus ojos en mí.

—Te quiero muchísimo, Wade Ashby —confiesa con voz suave y una paz que jamás había sentido me inunda el pecho.

Me he quedado sin palabras y por eso me limito a besarla de nuevo.

Lo curioso es que ni siquiera necesitaba que me lo dijera. Mientras siguiera mirándome como hace ahora durante el resto de mi vida, me daba por satisfecho.